La mejor persona ante Allâh es aquel que beneficia a la creación de Allâh

Viernes 14 Octubre de 2016
Ÿumu‘ah 12 de Muharram 1438
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Y daban de comer, a pesar de su propia necesidad y apego a ello, al pobre, al huérfano y al cautivo. No os alimentamos sino por la faz de Allâh, no buscamos en vosotros recompensa ni agradecimiento. Realmente tememos de nuestro Señor un día largo, penoso. Allâh los habrá librado del mal de ese día y les dará resplandor y alegría. Su recompensa por haber tenido paciencia es un jardín y seda” [Sûrah Al-Insân (76), âyât 7 a 12].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “La creación es la familia de Allâh, y la mejor persona ante Allâh es aquel que beneficia la creación de Allâh”. La cualidad que destaca un musulmán es que el beneficia los demás sin esperar de recibir algo en cambio de ellos sino busca la complacencia de Allâh.

El Qurân menciona en la historia del Profeta Musa (‘alaihis-salam) cómo él ayudó a las hijas de Shuaib (‘alaihis-salam) cuando estaban necesitadas, solamente por la complacencia de Allâh: “Y cuando se encontraba camino a Madián dijo: “¡Pueda que mi Señor me guie por el camino correcto!” Cuando llegó a la aguada de Madián, encontró pastores dando de beber a sus rebaños, y vio que apartadas de ellos había dos mujeres que sujetaban a sus rebaños, entonces les preguntó: “¿Qué les sucede?” Respondieron: “No podemos abrevar a nuestro rebaño hasta que los pastores se hayan ido, y nuestro padre es ya un anciano (para hacerlo él)”. Entonces Musa abrevó al rebaño por ellas, y al terminar se retiró a la sombra y exclamó: “¡Señor mío! Realmente necesito cualquier gracia que me concedas”. (Más tarde,) una de ellas regresó y acercándose a él con recato le dijo: “Mi padre te envía una invitación para retribuirte por haber abrevado nuestro rebaño”. Y cuando se presentó ante él, le relató su historia, y (el padre de ellas) le dijo: “No temas, estás a salvo de los opresores”. Una de ellas dijo: “¡Oh, padre! Contrátalo, pues qué mejor que contratar a un hombre fuerte y honesto”. Dijo: “Quisiera ofrecerte en matrimonio a una de mis dos hijas a condición de que trabajes con nosotros durante ocho años, pero si deseas quedarte diez será algo que tú hagas voluntariamente. No pretendo dificultarte las cosas, y me encontrarás, si Dios quiere, entre los que tratan con justicia (a sus empleados) [Sûrah Al-Qasas  (28), âyât 22 a 27]. Allâh hizo que se casara con una de las hijas de Shuaib (‘alaihis-salam)  y después diez años Allâh lo corono con la Profecía.

Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) narró que un hombre se presentó ante el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) preguntándole: “¡Oh Mensajero de Allâh! ¿Quiénes son los más queridos por Allâh?”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le respondió: “La gente que está siempre en la ayuda de otra persona, para quienes solucionar un problema de su hermano es más querido por Allâh que aquel que hace I’tikâf (retiro espiritual) por un mes en mi mezquita. A quién ayuda a su hermano musulmán en sus problemas, Allâh llenará su corazón con felicidad y afirmará sus pies en el Día que lo pies resbalarán”.

Narraron Hâkim, Baihaqî y Tabranî (rahmatullâhi ‘alaihum) que después de la muerte del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) estaba en I’tikâf en la mezquita de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y llegó un hombre, lo saludó y se sentó. Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) le preguntó: “¿Porque te veo tan triste?”. Respondió el hombre: “Adquirí una deuda con alguien y debo pagarle lo antes posible, pero no sé cómo voy a solucionar este problema”. Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) dijo: “¿Quieres que hable con esa persona para que te dé más plazo?”. El hombre respondió: “Eso me gustaría mucho y sería muy bueno para mí porque tendría más tiempo para juntar el dinero y pagar mi deuda”. Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) Respondió con lágrimas en sus ojos: “Yo escuché a quien habita en esta tumba (el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)) diciendo: “Para aquélla persona que ayuda a su hermano en su problema hasta que sale de él, eso será mejor para él que diez años de I’tikâf, y quién hace una noche de I’tikâf solamente para complacer a su Señor, Allâh pondrá entre él y el Fuego del Infierno tres fosos, y la distancia de cada foso será como la distancia entre el Este y el Oeste”.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cierta mujer fue al Infierno debido a su mal trato con un gato, ella lo amarraba y no lo alimentaba. Por otro lado, una persona calmó la sed de un perro, y esta acción fue un medio para su perdón”. De esto aprendemos que por beneficiar los animales podemos obtener el perdón, entonces cuanto no nos recompensará Allâh por beneficiar  un ser humano.

Narró también Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) que ‘Alî y Fâtimah (radiallâhu ‘anhumâ) hicieron promesa de que ayunarían tres días para que Allâh devolviera la salud de sus hijos Hasan y Husain (radiallâhu ‘anhumâ). Los dos niños se restablecieron, entonces los padres al comenzar a cumplir con su promesa de ayunar se dieron cuenta que no había nada en la casa para romper su ayuno. ‘Alî (radiallâhu ‘anhu) pidió prestado de un judio llamado Sham‘ûn, tres medidas de cebada. Fâtimah (radiallâhu ‘anha) molió una medida hasta hacer harina con la que cocinó cinco panes. Ya los tenían delante de ellos para romper el ayuno cuando se presentó un mendigo y dijo: “Assalamu ‘alaikum. Soy un necesitado de entre los musulmanes, dadme de comer algo, por Allâh”. Ellos dieron lo que tenían y se fueron a dormir sin probar más que agua, y al amanecer estaban ayunando otra vez. Cuando llegó la noche y pusieron la comida frente a ellos, se les paró enfrente un huérfano, y otra vez dieron todo lo que tenían. A la tercera noche se les presentó un prisionero e hicieron lo mismo. Al amanecer ‘Alî (radiallâhu ‘anhu) tomó sus hijos Hasan y Husain y fue donde el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Cuando los vio temblando a causa del hambre, dijo: “Me aflige profundamente lo que veo en vosotros”. Entonces se levantó y fue con ellos. Cuando llegó, vio a su hija Fâtimah (radiallâhu ‘anha) en su lugar de oración, en un estado tal que parecía que su espalda se pegaba a su estómago, y sus ojos estaban hundidos. Esa triste imagen afligió  más al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). En ese momento descendió Ÿibrîl (‘alaihis-salâm) y dijo: “¡Toma estos versículos! ¡Oh Muhammad! Allâh te felicita y ha hablado orgullosamente sobre tu familia y te reveló los siguientes versos: (Son realmente creyentes) los que cumplen sus promesas y temen el Día del Juicio, cuyo alcance será extensivo. Y, a pesar del amor que tienen por sus bienes materiales, alimentan al pobre, al huérfano y al prisionero. Dicen: “Les damos de comer simplemente porque anhelamos el rostro de Allâh. En realidad no esperamos de ustedes retribución ni agradecimiento. Tenemos temor de que nuestro Señor nos castigue el día terrible y penoso”. Pero Allâh los preservará del mal de ese día y los llenará de esplendor y alegría. Los retribuirá por su paciencia con el Paraíso y vestimentas de seda” [Sûrah Al-Insân (76), âyât 7 a 12].

Los musulmanes hasta el Día del Juicio Final recordarán los admirables esfuerzos que han hecho esta gente tan noble que siempre benefician los demás solo para complacer a Allâh.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos de la capacidad y bendición de entender estas palabras y poder practicar sus virtudes. Amîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh