Enseñanzas a través de preguntas y respuesta [parte 3]

 

Viernes 25 Noviembre de 2016
Ÿumu‘ah 25 de Safar 1438
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Hermanos y hermanas, la Jutbah de hoy es una continuación de las semanas anteriores. Seguiremos revisando las preguntas que hizo un beduino y que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) iba respondiendo.

El hombre dijo: “Quiero ser de entre los que tienen ihsan” Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Adora a Allâh como si lo vieras, pues aunque no lo veas, Él te ve”.

En una concepción occidental del término, la palabra Ihsân se traduce por caridad. Otros le dan el sentido de perfección porque el Ihsân, es la cumbre máxima de las posibilidades que tiende el musulmán para amoldar su forma de ser y hacerla justa, absoluta y acorde con todo lo que exige el Islam hasta el más mínimo detalle. Es decir, sería la absoluta perfección de todas las cualidades éticas y morales del ser humano. Sin embargo, la traducción más justa del Ihsân sería la excelencia y así el muhsin sería una persona excelente. La raíz de la palabra proviene del husn y hace que una persona sea hasan. En estas dos palabras están reunidas dos conceptos, la bondad y la belleza. El husun de una persona es su bondad interior como forma de ser que le hace bello (hasan) incluso a su aspecto físico. La bondad no sólo debe ser una actitud, sino revestirse de una forma espléndida, hermosa; no es meramente un gesto con el cual se satisface algo, sino que deben satisfacer todas nuestras actividades no sólo con bondad en su raíz sino incluso con belleza en su forma. De tal manera nuestros actos no sólo son bondadosos sino al ser bellos también, se convierten en excelentes, nobles y extraordinarios.

El Ihsân, como hemos dicho está al final de una cadena y viene después del Islam y el îmân. El Islam es cumplir la orden de Allâh con nuestro cuerpo: hacer el bien, prohibir el mal, realizar el salât, dar el zakât, hacer el Haÿÿ y los distintos actos de las ibâdât y mu’âmalât, etc. Si a esto le añadimos nuestra voluntad sincera de corazón, nos convertimos en  sinceros mu’minûnDe  no ser así, estaríamos restringiendo el Islam a una serie de actos externos (lo que conduce a la hipocresía) dejando nuestro fondo vacío de esencia. El mu’min es el que ama a Allâh porque pone su corazón en sus acciones, el muhsin es el que ve a Allâh. Eso es lo que nos quiere decir el hadîth, cuando le preguntó Ÿibrîl (‘alaihis-salam) a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) sobre qué es el ihsân“Que adores a Allâh como si lo vieras, pues aunque no Le veas, Él te ve”. Quien realmente vive así, ya no solamente obedece a Allâh con el Islam o Le ama con el îmân, sino que su universo entero ha cambiado; su relación con las criaturas y el mundo tendrá otra dimensión  ya que saborea la presencia de Allâh en todo lo que le rodea, siente Su poder y Su sustento en todo lo existente. De tal forma su bondad la ha convertido en belleza, y así pasa a ser una persona excelente.

Ese es el objetivo del musulmán; llegar a ser un muhsin, excelente en nuestra relación con Allâh y sus criaturas. El Qurân está repleto de aleyas que confirman eso y debemos detenernos cada vez que aparezca la raíz “hasan” para subrayar ese objetivo que debe proponer el musulmán. Y Muhsin es uno de los nombres de Allâh y de allí que algunos se llaman Abdul-muhsin. Esa excelencia en cuanto a la relación con las criaturas se muestra claramente en un hadîth: “Allâh ha prescrito la excelencia en todas las cosas. Por eso, cuando matéis (a un hombre), matadle de una manera excelente, y cuando degolléis (un animal), degolladlo de una manera excelente: que cada uno de vosotros afile su hoja y que no maltrate al animal que va a sacrificar”. [Muslim].

“Se excelente cuando vas a degollar a un animal…”. Es decir, hasta en los actos brutales y necesarios para nuestro alimento, como es el sacrificio de los animales, tenemos que ser nobles a la hora de realizarlos; no enseñarle al animal el filo de un cuchillo, tumbarlo con suavidad, cortar de un solo tajo para hacer el menor daño posible. Y hacemos todo eso porque sentimos la presencia de Allâh en cada instante convirtiendo toda acción en algo excelente aunque fuera brutal por  naturaleza como es este caso. Y Allâh nos dice: “Sed excelentes, ciertamente Allâh ama a los excelentes (muhsinîn)…”“…Allâh ordena que seamos justos y que seamos excelentes (ihsân)…”;  “y sedlo (muhsinîn) con vuestros padres, (muhsinîn) con los parientes, (muhsinîn) con los huérfanos, (muhsinîn) con los necesitados, (muhsinîn) con el vecino y con los viajeros”, etc. Con todas estas personas debería haber Ihsân. Otro hadîth del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dice: “Allâh prescribe el ihsân en toda cosa…”.

El musulmán es muhsin en todo acto que realiza, busca el detalle para lograr la perfección; no es meramente una vinculación espiritual sino también tiene su traducción práctica en nuestra vida cotidiana, dar el detalle final en todo lo que nos traspasa, sea un gesto o un pensamiento porque así nos situaríamos dentro de lo que es el Ihsân.

Ihsan es un concepto integral. Denota hacer las cosas de manera completa, bien y de buen gusto. Comprende cuatro componentes: Sinceridad (ijlâs), lo completo, buen gusto (hacer las cosas de buena manera), y exactitud (hacer las cosas de manera correcta).

Algunos han tratado de traducir el término Ihsan como excelencia, o benevolencia, mas, como podemos ver, Ihsan comprende cuatro cosas a la vez, por lo que es complicado traducirlo con una sola palabra al español que exprese su concepto en su totalidad, es mejor utilizar el término exactamente como es: Ihsan.

El concepto de Ihsan significa que un musulmán es una persona responsable y una persona de calidad que hace las cosas de una buena manera, por completo, de buen gusto y bien hechas, y nunca está satisfecho con nada que no sea hacer un trabajo de calidad en todo aquello que hace, motivado por realizar aquello que Allâh le ha prescrito, el Ihsan en sus acciones.

El  término ‘amalan presente en la âyah 2 de la Sûrah Al-Mulk, implica todo tipo de obras, no solamente las de tipo religiosas (por ejemplo: rezar, ayunar, etc.), sino también todas aquellas acciones no religiosas que son permitidas (por ejemplo: la forma en que nos vestimos, comemos, dormimos, trabajamos, estudiamos, enseñamos, nuestra relación con la familia, amigos, vecinos, y con los demás en general, etc.).  Cuando todas nuestras acciones, tanto religiosas como no religiosas son hechas con ihsan, pueden ser consideradas como ibadah (actos de adoración).

La forma superlativa del verbo usada en esa misma âyah, ahsan, implica que todas las buenas obras y acciones que hacemos deben ser en forma competitiva.  Sin embargo, la competición en el Islam no es para alcanzar un logro personal sino para buscar la complacencia de Allâh.

El beduino dijo: “Quiero ser la persona más justa” Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Quiere para la gente lo que tú quieres para ti mismo y serás la persona más justa”.

En otro hadîth Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Nadie completará su fe hasta que no quiera para su hermano lo que quiere para sí mismo”. Este hadîth nos quiere decir que no podemos lograr un îmân perfecto y completo hasta que no amemos para nuestros hermanos lo que amamos para nosotros mismos. Todo el bien que uno quiere para sí mismo, tiene que quererlo para su hermano. Y también, todo el mal que uno no quiere para sí mismo, tiene que detestarlo para su hermano.

Esta cualidad de amar algo para nuestros hermanos es una cualidad que crea la hermandad y el amor entre nosotros. A través de esta cualidad, los mayores empiezan a tener misericordia con los jóvenes y los ricos empiezan a tener compasión con los pobres o necesitados. Este hadîth también nos enseña que una de las cualidades obligatorias del îmân es que un musulmán debe amar algo para su hermano como lo amaría para sí mismo. Para un musulmán, amar a otro musulmán lo llevará al Paraíso, pues se narra en un hadîth que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) preguntó a un sahâbih: “¿Acaso tú amas el Paraíso?” Él respondió: “Si, por supuesto”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Pues ama para tu hermano lo que amas para ti mismo”. Esa era la cualidad del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), lo que él amaba para sí mismo, él lo amaba para su Ummah.

El beduino siguió preguntando: “Quiero que Allâh cubra mis faltas el Día del Qiyâmah” Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Cubre las faltas de tus hermanos y Allâh cubrirá tus faltas el Día del Qiyâmah”.

Todo ser humano comete errores. Es nuestra condición. Nuestros errores, pecados y defectos sólo Allâh los conoce, porque Allâh es Al-‘Alîm (El Sabio) y también es Al-Jabîr (El Que Está Bien Informado), por tanto nada está oculto de Él y conoce perfectamente nuestras fallas y defectos. Si Allâh hubiese querido que nuestros pecados tuvieran mal olor, nadie querría sentarse con nosotros. Como criaturas imperfectas, estamos llenos de defectos y errores, pero Allâh por Sus Cualidades de Misericordia oculta nuestros defectos del conocimiento de la gente. Allâh nos oculta con murallas, nos oculta con casas y nos oculta con la oscuridad, todas las barreras que fueron creadas por Allâh ocultan nuestros defectos y pecados, pero el problema es cuando uno comienza a hacer público los defectos. Allâh describe a este tipo de personas, diciendo en el Qurân: “Aquellos que desean que se propague la obscenidad entre los creyentes tendrán un doloroso castigo en esta vida y en la otra. Allâh sabe y vosotros no sabéis” [Sûrah An-Nûr (24), âyah 19].

La enseñanza que nos entrega el Islam al respecto se basa en lo dicho por el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Aquel que cubra los errores de su hermano musulmán en este mundo Allâh cubrirá los suyos el Día del Juicio”. El Día del Juicio o Yaumul-Qiyâmah es como Allâh describe en el Qurân: “El día que se pongan al descubierto los secretos” [Sûrah (86), âyah 9]. El Profeta Ibrahîm (‘alaihis-salam) decía: “¡Oh, Allâh! No me avergüences el día en que los hombres sean resucitados”.

Para las personas que ocultan los defectos de sus hermanos en esta vida, Allâh ocultará sus defectos en el Día del Juicio, aquel día no será avergonzado en frente de los profetas, los veraces, los piadosos, los sabios, padres, hermanos, cercanos y amigos. Pero si en este Dunia hacemos públicos los defectos de nuestros hermanos, Allâh hará públicos nuestros defectos y pecados en esta vida y en la próxima.

Quiera Allâh darnos el Taufîq de inculcar estas enseñanzas en nuestra vidas y difundirlas en el mundo entero. Amîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh