La excelencia y virtud de la memorización del Qurân

 

Viernes 2 Diciembre de 2016
Ÿumu‘ah 3 de Rabi’ûl-Auwal 1438
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

De todas las criaturas que habitan la faz de la Tierra, tan sólo los seres humanos tienen la capacidad de leer y escribir. Al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se le ordenó leer en la primera revelación: “¡Lee! [¡oh, Muhammad!] En el nombre de tu Señor, Quien creó todas las cosas. Creó al hombre de un coágulo. ¡Lee! Que tu Señor es el más Generoso” [Sûrah Al-‘Alaq (96), âyah 1 a 3]. El acto de leer es el primer paso para obtener información y conocimiento. Dado que la lectura es la primera fuente que proporciona una información fundamental con respecto al conocimiento, la moralidad, la educación y el comportamiento, el Sagrado Qurân merece ser leído mucho más que cualquier otro tipo de libro.

De este modo, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no sólo pasó gran parte de su tiempo recitando el Qurân, sino que también animó a sus sahâbah (radiallâhu ‘anhum) a que lo hicieran, como se menciona en numerosos ahadîth. Él comparó a los que aprenden el Qurân con los frutos, diciendo: “El ejemplo de un creyente que recita el Qurân es como una naranja, que tiene un olor agradable y un sabor dulce. El caso de un creyente que no recita el Qurân es como un dátil, pues no tiene olor pero su sabor es dulce. El hipócrita que recita el Qurân es como la calabaza silvestre, que no tiene olor y su sabor es amargo. Y el hipócrita que recita el Qurân es como el raihân (una flor muy fragante) que tiene un desagradable olor y su sabor es amargo” [Al-Bujari y Muslim]. [Bujari]. Tanto el sabor como el aroma del creyente que recita el Qurân son buenos. Este creyente ha aprendido las verdades en el Qurân y ha probado los placeres espirituales que se producen al leerlo. El Sagrado Qurân encuentra su verdadero significado en el alma, el corazón y la boca del creyente. De este modo, su buen comportamiento extiende la fragancia en su entorno; aquellos que se encuentran a su alrededor pasan a estar radiantes y entusiasmados. El creyente que no recita el Qurân no puede influir a los demás, a pesar de haber saboreado la fe y probado la dulzura del Libro de Allâh. Aquellos que se encuentran a su lado no pueden disfrutar con su fragancia. Este hadîth compara a los creyentes que recitan el Qurân con una naranja. El interior del fruto tiene un buen sabor y huele bien cuando es pelado. La fe embellece el interior, mientras que recitar el Qurân refleja la belleza interior y permite que exista una unidad entre el interior y el exterior.

Aquellos que memorizan el Qurân encontrarán inevitablemente algunas dificultades al principio y cometerán algunos errores. Algunos podrían pensar que el acto de recitar el Qurân de esta forma es algo irrespetuoso. Para impedir que aparezcan estos temores, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien es bien versado en la lectura del Qurân estará en la compañía de los ángeles escribientes, nobles y rectos, y aquellos que tienen dificultades para leer el Qurân, y deben esforzarse mucho para hacerlo, obtendrán el doble de recompensa” [Bujari]. El primer mérito es la recompensa por recitar el Qurân, y el segundo es por hacer frente a una dificultad al leerlo. En estos ahadîth se indica que las tentativas para recitar el Qurân y escuchar los temas a los que hace referencia cuando existan dificultades serán valoradas y recompensadas por Allâh.

‘Uthmân (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El mejor entre ustedes es aquél que aprende y enseña el Qurân”. [Bujari, Abû Dâwûd y Tirmidhî]. El Qurân es la base del Islam y de su conservación y transmisión depende la existencia misma de la Fe. Por ello, la virtud de la enseñanza y el aprendizaje del Islam son evidentes y no requieren de mayor interpretación. Existen, sin embargo, diferentes grados de excelencia. El más elevado es aprender el Qurân con sus significados y explicaciones mientras que, el más bajo, es sólo aprender sus palabras.

Abû Sa‘id (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh Altísimo dijo: “Si alguno no encuentra tiempo para recordarme y para pedir favores de Mí, porque está ocupado en la lectura del Qurân. Le daré más de lo que le doy a los que piden de Mi” La superioridad de la Palabra de Allâh sobre toda otra palabra es como la superioridad de Allâh sobre toda Su creación”. [Tirmidhî]. En otras palabras, comparado con aquellos que piden favores de Allâh, aquél que está tan ocupado en memorizar y comprender el Qurân que no encuentra tiempo para suplicar a Allâh, recibirá un favor mucho más grande.

‘Âishah (radiallâhu ‘anhâ) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo una vez: “Quien es bien versado en la lectura del Qurân estará en la compañía de los ángeles escribientes, nobles y rectos, y aquellos que tienen dificultades para leer el Qurân, y deben esforzarse mucho para hacerlo, obtendrán el doble de recompensa”. Aquel que es hábil en memorizarlo y en recitarlo. Es digno del mayor elogio el dominar sus significados también. Como los ángeles se trasfieren el Qurân desde Al-Lauhul-Mahfûdh (la Tabla Protegida) él también lo lleva a otros a través de su recitación y, por lo tanto, cumple la misma función que estos ángeles. Otra interpretación es que se reunirá con estos ángeles en el Día del Juicio Final. Para quien es difícil la lectura del Qurân, obtendrá el doble de recompensa, una por la lectura y otra por el esfuerzo de leer el Qurân, a pesar de las fallas que se cometen una y otra vez. Esto no quiere decir que su lectura excederá a la de la persona versada en el Qurân. La recompensa de esta persona es mucho mayor, hasta que la hace merecedora de estar en la compañía de ángeles especiales.

‘Abdullâh Bin ‘Amr (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “En el Día del Juicio, se dirá los hombres devotos del Qurân: Reciten y asciendan los escalones del Ÿannah y reciten lentamente como lo hacían en la vida mundana, pues el lugar al que llegarán será aquel donde reciten su última âyah”.

Mu‘âdh Yuhani. (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien lee el Qurân y actúa conforme a él, sus padres serán vestidos con una corona en el Día del Juicio Final y el brillo de ésta será mayor que el del sol si éste estuviera dentro de una casa mundana. Así que ¿Qué piensan de alguien que actúa en conformidad con él?”. Así, a través de las virtudes de leer y actuar de acuerdo con el Qurân, los padres del lector serán honrados con una corona cuyo brillo será mayor que el del sol dentro de una casa. El sol está a una gran distancia y, aun así, su luz es intensa. Si el sol estuviese dentro de nuestra propia casa, su luz ciertamente sería más intensa aún. La luz de la corona puesta en la cabeza de los padres de un lector del Qurân será todavía más intensa. Aún más, si esto está reservado para los padres del que lee el Qurân ¿Cuál será la recompensa del propio lector? Si los beneficiarios de la recompensa es esa, la recompensa para quién es, de hecho, la causa de la recompensa deberá ser mucho más grande. La recompensa dada a los padres se debe a que ellos le dieron la vida o porque fueron ellos quienes lo educaron.

Hâkim (rahmatullâhi ‘alaihi) narró de Buraidah (radiallâhu ‘anhu) un dicho de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Quién lee el Qurân y actúa de acuerdo con él recibirá una corona tejida de luz y sus padres serán vestidos con trajes que serán más valiosos que el mundo entero. Ellos dirán “¡Oh, Allâh! ¿Por qué hemos recibidos estos vestidos?” y se les responderá: “Es por la lectura del Qurân de sus hijos”. Anas (radiallâhu ‘anhu) narró de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que dijo: “A quien enseñe la lectura del Qurân a su hijo (sin memorizarlo), todos sus pecados anteriores y futuros les serán perdonados y a quien enseña a su hijo la memorización del Qurân será resucitado el Día del Juicio con un semblante como la luna llena y se pedirá a sus hijos que comiencen a recitar y, por cada âyah que el hijo recite, el padre será elevado un grado en el Paraíso hasta que complete la recitación del Qurân”.

‘Alî (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien lee el Qurân y lo memoriza y toma lo lícito como lícito e ilícito lo que es ilícito, será admitido en el Paraíso por Allâh Altísimo que aceptará su intercesión por diez miembros de su familia que habían sido destinados al infierno”.

Por la Gracia de Allâh, entrará al Paraíso cada creyente aunque deba ser castigado por sus pecados. El hâfidh, sin embargo, será favorecido con esta entrada desde el comienzo. Las diez personas por quienes podrá interceder serán aquellos musulmanes pecadores que cometieron pecados mayores.

Aquellos que no son huffâdh y no pueden memorizar el Qurân deben, por lo menos, hacer que alguno de sus parientes sea hâfidh, así, por la Gracia de Allâh, podrán ser salvados de sus propios pecados. Gracias a Allâh por su favor a aquella persona cuyos padres, tíos y abuelos fueron huffâdh.

Hermanos y hermanas, ruguemos a Allâh para que nos dé el Taufîq de memorizar el Qurân a nosotros, nuestra familia y toda la Ummah. Amîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh