LOS JÓVENES QUE CRECEN EN LA ADORACIÓN A ALLÂH

Viernes 3 de Marzo de 2017
Ÿumu‘ah 4 de Yudamadl-Âjirah 1438
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

‘Abdullâh Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “En el Día de la Resurrección los pies del hijo de Âdam (el hombre) no se moverán hasta que sea preguntado acerca de cuatro asuntos: En qué utilizó su vida; en qué gastó su juventud; de donde el obtuvo su riqueza y en qué la gastó; y qué hizo con su conocimiento”.

Narró Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo también: “Apresuraos en obrar el bien antes de que os lleguen asuntos que os impida realizar una obra benéfica; o riqueza que os lleve a cometer abusos y excesos, y que os entretenga en asuntos mundanales; enfermedad que os deje incapacitados; vejez en la que se desvaría; muerte súbita; o lo peor que se puede esperar, el Falso Mesías; o algo más amargo aun: la Hora Final”.

La juventud en nuestra sociedad es un activo, un bien, y se dice que, si alguien quiere determinar el futuro de cualquier nación, debe mirar hacia la juventud de aquella nación. La juventud de nuestra sociedad es nuestra real inversión, esto, porque nuestro Dîn nos ordena nutrir y criar a nuestros jóvenes de acuerdo a los requerimientos del Sagrado Qurân y la noble enseñanza de nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Si damos vuelta las páginas de la historia islámica, encontraremos muchas historias de jóvenes que jugaron un gran rol en la propagación del Islam. Por ser esta juventud un verdadero activo y beneficio para nosotros, no sólo en este mundo, sino que también en el Âjirah, ya que ellos fueron moldeados de acuerdo a las enseñanzas de nuestro Dîn. Estos jóvenes tienen un gran estatus ante Allâh Altísimo, porque fueron jóvenes llenos de audacia, energía y pasión. Ellos pudieron haber corrido detrás de las cosas mundanas, pero prefirieron elevar el Dîn de Allâh.

Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que oyó al decir Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Siete personas serán albergadas por Allâh bajo Su sombra, el día en que no habrá más sombra que la Suya: Un dirigente (imâm) justo; un joven que haya crecido en la adoración a Allâh; un hombre cuyo corazón está ligado a las mezquitas; dos hombres que se aman por Allâh, que se encuentran y se separan por Su causa; un hombre que haya sido requerido por una mujer de posición y belleza, y ha respondido ¡Temo a Allâh!; un hombre que da con generosidad y lo oculta de manera que su mano izquierdo ignora lo que da su derecha; y un hombre que a solas, sus ojos lloran al recordar a Allâh”. De este hadîth podemos conocer cuánta virtud recibe el joven que es criado en la adoración de Allâh Subnahû wa Ta‘âlâ.

En el Qurân podemos encontrar muchos y episodios relacionados con jóvenes que fueron bendecidos por Allâh. Dice Allâh: “Nosotros vamos a contarte su historia con la verdad: Eran unos jóvenes que creían en su Señor y los habíamos acrecentado en guía. Y habíamos puesto firmeza en sus corazones, de manera que se levantaron y dijeron: Nuestro Señor es el Señor de los cielos y de la tierra, no invocaremos aparte de Él a ningún dios pues si lo hiciéramos estaríamos diciendo algo falso. Estos, nuestra gente, han tomado dioses fuera de El a pesar de que no les aportan un poder claro. ¿Quién es más injusto que quien inventa mentiras contra Allâh?” [Sûrah Al-Kahf (18), âyât 13 a 15].

El Profeta Ismâ‘îl (‘alaihis-salam) era un niño criado en la fe, estaba preparado para sacrificar su vida ante la Orden de Allâh, como dice el Qurân: “Y cuando éste alcanzó la edad de acompañarle en sus tareas, le dijo: ¡Hijo mío! He visto en sueños que te sacrificaba, considera tu parecer. Dijo: ¡Padre! Haz lo que se te ordena y si Allâh quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes” [Sûrah As-Saffât (37), âyah 102].

Igualmente, el Profeta Yûsuf (‘alaihis-salam), criado en la fe, una vez fue seducido hacia el mal, pero fue protegido por Allâh. Acerca de su entrega a Allâh dice el Qurân: “Y cuando hubo alcanzado la madurez, le dimos sabiduría y conocimiento. Así es como recompensamos a los que hacen el bien. Entonces aquélla en cuya casa estaba lo requirió, cerró las puertas y le dijo: Ven aquí. Él contestó: ¡Que Allâh me proteja! Mi Señor es el mejor refugio. Es cierto que los injustos no tienen éxito” (…) “Luego, a pesar de haber visto los signos, les pareció conveniente encarcelarlo por un tiempo” [Sûrah Yûsuf (12), âyât 22, 23 y âyah 35]. Después él estuvo en la cárcel por que enseñó la fe y la certeza en Allâh (îmân y yaqîn), él continuó con la propagación del îmân y yaqîn.

De entre la admirable vida de los sahâbah se puede destacar la historia de Mus‘ab bin ‘Umair (radiallâhu ‘anhu), un joven que venía de una familia muy rica, siempre vestía de las mejores ropas y usaba los mejores perfumes. Era muy admirado por su belleza, buenos modales, inteligencia y por su fortuna. Un día pasó cerca de la Ka’bah y escucho a unos conversar sobre un hombre al que todos odiaban porque estaba separando al padre del hijo e insultaba a los dioses. Mus‘ab quiso saber quién era ese hombre. Se dirigió a la casa donde se reunía el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) con sus compañeros. Toco la puerta, la abrieron y todos quedaron maravillados con su presencia. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dio el da’wah y Mus‘ab atestiguo su fe en el Islam. Murió dando la vida por el Dîn de Allâh en la Batalla de Uhud y cuando encontraron su cuerpo lo único que tenía era una ropa que ni siquiera alcanzaba para cubrirlo totalmente buscaron hojas de palmeras, lo envolvieron y lo enterraron. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lloró mucho por él y por todos los musulmanes caídos.

Otro ejemplo de un joven musulmán que dedicó su vida a adorar a Allâh es Ÿa’far Ibn Abî Tâlib (radiallâhu ’anhu), quién era el primo paterno del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y el hermano mayor de ‘Ali (radiallâhu ‘anhu). Tenía un amor especial por los pobres y, a menudo mezclaba con ellos. Fue uno de los primeros de los sahâbah en emigrar a Abisinia (Etiopía) durante las persecuciones de Quraish. Fue el portavoz de los musulmanes y los defendió con éxito en la corte del rey Negus, ya que una delegación de Quraish había venido para obligarlos a volver a Makkah.

Cuando se encontraba en el campo de batalla y Zaid (radiallâhu ‘anhu) fue asesinado, la bandera de los musulmanes fue tomada por Ÿa’far (radiallâhu ‘anhu). Valientemente disipó cualquier idea de su mente de dejar el campo de batalla. Con la bandera en una mano y la espada en la otra, se metió en las líneas enemigas. El enemigo cortó su mano derecha, con la que sostenía la bandera; en seguida se trasladó a su izquierda. Cuando cortaron su brazo izquierdo, sostuvo la bandera con los dientes y la levantó con los sangrantes brazos. Alguien, por la espalda, le asestó un gran golpe de espada y cayó muerto. Ÿa’far (radiallâhu ‘anhu) tenía aproximadamente 33 años al momento de su muerte. Al oír la noticia de su muerte, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue a su casa para dar el pésame a su familia. Llamó a sus hijos ‘Abdullâh, ‘Aun y Muhammad, los consoló y los bendijo con su Du‘â. Después de su muerte Ÿa’far (radiallâhu ‘anhu) se hizo conocido como Ÿa’far At-Taiyar, el de las dos alas, en referencia a que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) tuvo una visión de él en el Paraíso con dos alas.

La hija de Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu), Asmâ (radiallâhu ‘anha), cuando su padre emigró con el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) desde Makkah hacia Madinah llevó consigo 6.000 Dirhams que gastó por la causa del Dîn. Su padre Abû Quhafah, preguntó a su nieta Asmâ: “¿Tu padre dejó algo en casa?” A pesar de que no había dejado nada ella dijo que si, y puso algunas piedras en un pote, lo cubrió y tomo a su abuelo, que era ciego, por la mano y la puso sobre las piedras, entonces él pensó que era dinero.

Usamah Bin Zaid (radiallâhu ‘anhu) fue aquel joven sahabi que a los cortos 17 años de edad fue nombrado por el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) como el Amir de una Ÿama‘ah compuesta, entre otros, de los más grandes sahâbah.

Demos ahora un vistazo a la juventud de la Ummah de hoy: ¿En qué está la juventud de la Ummah utilizando su audacia, talento, fortaleza e inteligencia? Todos nosotros sabemos qué están haciendo. Por eso debemos preocuparnos por nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc., haciendo un esfuerzo para educarlos con el conocimiento islámico y criarlos como nos enseñó nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y enseñarles actitudes y modales de nuestro Dîn.

Hermanos y hermanas, quiera Allâh darnos de nuestros jóvenes, la calidad de creyentes y musulmanes que fueron nuestros piadosos antecesores, y roguemos también para que proteja a nuestros jóvenes de alejarse de las órdenes de Allâh. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh