OBTENER LA SALVACIÓN A TRAVÉS DE LAS BUENAS ACCIONES

Viernes 10 de Marzo de 2017
Ÿumu‘ah 11 de Yudamadl-Âjirah 1438
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos habló de tres personas quienes, debido a su sinceridad y a que siempre recordaban a Allâh en la prosperidad, Allâh Altísimo respondió sus llamados en la dificultad.

Narró Abî ‘Abdur-Rahmân ‘Abdullâh Ibn ‘Umar Ibn Al-Jattâb (radiallâhu ‘anhum) que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Hace algún tiempo partieron tres individuos hasta que llegaron a una cueva y entraron en ella para pasar la noche y una vez dentro, se desprendió una roca de la montaña y taponó la entrada, quedándose atrapados. Y se dijeron: “Realmente no nos libraremos de esta roca mientras no invoquemos a Allâh con la más recta de nuestras acciones”. Empezó uno de ellos su relato diciendo: “¡Oh, Allâh! Yo tenía mis padres ancianos a los que daba de beber la leche antes que nadie, pero un día me alejé de ellos demasiado, tratando de encontrar pasto para el ganado, por lo que tardé en volver a casa y cuando regresé los encontré durmiendo; así que ordeñé para darles de beber la leche y no quise ni despertarlos ni dársela de beber a nadie antes que a ellos. Entonces me quedé vasija en mano, esperando a que se despertaran hasta el amanecer y los niños llorando de hambre a mis pies. Por fin se despertaron y les di de beber su leche. ¡Oh, Allâh!, si esto lo hice tratando de complacerte, líbranos de esta roca”. Y en ese momento se descorrió un poco la roca sin que pudieran salir aún”.

Al respecto dice Allâh en el Qurân: “Hemos encomendado al hombre tratar con bondad a sus padres, pero si luchan contra ti para que asocies conmigo algo de lo que no tienes conocimiento, entonces no los obedezcas. Habréis de volver a Mí y os haré saber lo que hayáis hecho” [Sûrah Al-Ankabût (29), âyah 8]. Y dice también: “Tu Señor ha ordenado que sólo Lo adoréis a Él y que hagáis el bien con los padres. Y si a alguno de ellos, o a los dos juntos, les llega la vejez junto a ti, no les digas “uff” ni los rechaces, sino que háblales con buenas palabras. Baja sobre ellos el ala de la humildad que viene de la misericordia y di: ¡Señor mío! Ten piedad de ellos, al igual que ellos me criaron cuando era pequeño” [Sûrah Al-Isrâ (17), âyât 23 y 24]. Y dice también: “Hemos encomendado al hombre que trate bien a sus padres. Su madre lo llevó en el vientre fatiga tras fatiga y fue destetado a los dos años. Sé agradecido conmigo y con tus padres. A Mí has de volver” [Sûrah Luqmân (31), âyah 14].

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró: “Vino un hombre al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le preguntó: “¡Oh, Mensajero de Allâh! ¿De toda la gente, a quién le corresponde el mayor derecho a que se le haga el bien y se le dé compañía?” Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “A tu madre”. Y dijo: “Después ¿A quién? Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “A tu madre” Y dijo: “Después ¿A quién? Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “A tu madre” Y dijo: “Y después ¿A quién?” Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “A tu padre”.

Continuando con la historia de los tres hombres atrapados por la roca, dijo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “A continuación dijo otro: “¡Oh, Allâh! Yo tenía una prima a la que quería más que a nadie, tanto como puede querer un hombre a una mujer. Pues, quise tomarla, pero me lo impidió y se alejó de mí. Hasta que llegó un año de sequía, vino a mí y le di ciento veinte dinares a fin de que se quedara a solas conmigo. De manera que ella accedió en principio a mi pretensión. Y cuando estaba a punto de tomarla dijo: “Teme a Allâh y no lo hagas si no es con su legítimo derecho”. Así que me retiré de ella dejando el oro que le había dado, siendo la persona que más quería. ¡Oh Allâh, si esto lo hice por complacerte, sácanos de aquí!”, y se descorrió otro poco la roca, sin que todavía pudieran salir de la cueva”.

Dice Allâh en el Qurân: “Di a los creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, eso es más puro para ellos. Es cierto que Allâh sabe perfectamente lo que hacen” [Sûrah An-Nûr (24), âyah 30]. Y dice también: “Y no persigas aquello de lo que no tienes conocimiento pues es cierto que, del oído, la vista y el corazón, de todo ello, se pedirán cuentas” [Sûrah Al-Isrâ (17), âyah 36].

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Le ha sido prescrita,  irremediablemente, al hijo de Âdam, su parte de adulterio: el adulterio de los ojos es la mirada de aquello que no le está permitido mirar; el adulterio de los oídos es cuando oyen lo que no tienen que oír; el adulterio de la lengua es cuando dice lo que no tiene que decir; el de las manos es cuando toma lo que no le pertenece; el del pie es cuando va donde no debe; y el del corazón es cuando tiene deseos y apetitos que son ilícitos. Y todo ello lo aprueban o desmienten los órganos sexuales”.

Continuando con la historia de los tres hombres atrapados por la roca, dijo el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Después dijo el tercero: “¡Oh, Allâh! Yo contraté unos trabajadores y a todos les di su salario, excepto a uno que se marchó sin él. Pero lo invertí y se multiplicó su dinero. Hasta que vino un día y me dijo: “¡Siervo de Allâh, págame el salario que me debes!”, entonces le dije: “Todo esto que ves es de tu sueldo: camellos, vacas y corderos”. Él me respondió: “¡Siervo de Allâh, no te burles de mí!”, y le dije: “No me estoy burlando de ti”. Finalmente lo cogió todo y se lo llevó sin dejar nada. ¡Oh, Allâh!, si hice esto tratando de complacerte, libéranos de aquí” Y en ese preciso instante, se apartó la roca para que salieran y se marcharon”.

Dice Allâh en el Qurân: “Y adviérteles del día inminente en que los corazones llegarán a la garganta angustiados. Los injustos no tendrán ningún amigo ferviente ni ningún intercesor que puedan ser aceptado” [Sûrah Al-Gâfir (40), âyah 18].

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien haya hecho un agravio a un hermano contra su honor, dinero o algo parecido, que lo repare enseguida, antes de que no posea ni dinar ni dirham, es decir, antes de que llegue el Último Día. Pues si tiene acciones rectas en su haber, se le descontarán en relación al daño causado y si no tiene, se cogerán de las faltas del oprimido para cargárselas a él”.

‘Abdullâh Ibn ‘Amru Ibn Al-‘As (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “El verdadero musulmán es aquel que  pone a salvo a los musulmanes de su lengua y su mano. Y el emigrante verdadero es aquel que se alejó de lo que Allâh prohibió”.

Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Vuélvanse hacia Allâh. Recuerden a Allâh en el bien y la prosperidad, y Allâh los recordará en la adversidad y en los tiempos difíciles”. Volverse hacia Allâh para recordarlo, significa obedecerlo en las buenas condiciones y acercarse a Él con acciones voluntarias.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos de la capacidad vivir nuestras vidas en Su obediencia y buscar nuestra salvación mediante las buenas obras que Le complacen. Âmin.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh