LA CUALIDAD DEL ÎTHAR, EL ALTRUISMO

Viernes 7 de Abril de 2017
Ÿumu‘ah 10 de Rayab 1438
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Al-Îthar, es decir el altruismo, desinterés o preferir a otros por sobre uno mismo considerando su felicidad y bienestar antes que el propio, es el tema de nuestra Jutbah de hoy.

Es asombroso que algunos valores Islámicos hayan desaparecido y sean desconocidos siendo que el Islam los promueve, y el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) las propagó, aplicó y practicó por sí mismo, tanto así que cuando pronunció la palabra Al-Îthar la gente preguntó ¿Qué significa?

También es asombroso que no haya un equivalente exacto en otros idiomas para traducir la palabra Al-Îthar. No es un caso único el de esta palabra, sino también de otros valores islámicos. La palabra Al-Hayâ, por ejemplo, es traducida como pudor o vergüenza en español, lo que no satisface completamente el amplio sentido de esta palabra en árabe. Lo mismo se puede decir de la palabra At-Tawâdu’, lo que es traducido como humildad. Esta complejidad en la traducción, también se aplica a la palabra Al-Îthar.

Es una verdadera pérdida, porque ¿De quién estamos aprendiendo valores? No de nuestros nutridos valores islámicos, claramente. Nos inclinamos hacia personas que ni siquiera tienen valores y solo los estamos imitando ciegamente. Ideal sería que nuestra Ummah fuese desarrollada y civilizada, y hubiese imitado de los no musulmanes sólo asuntos menores y sin importancia. Sin embargo, nuestra Ummah es débil, se queda atrás y aún enfrenta problemas, pero sin siquiera intentar resolverlos. Nuestra juventud imita a quienes no son musulmanes en su forma de vestir, comer y oír música no islámica. Cuando el asunto se centra en los valores islámicos, no quieren aprender nada ¿Dónde se puede encontrar entonces Al-Îthar? Solo se puede encontrar en las enseñanzas de nuestro Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y en la vida de aquellos que creyeron en el Islam y vivieron por él.

Tratemos de desarrollar ahora el significado de Al-Îthar.

Al-Îthar significa dar preferencia a otros por sobre uno mismo y considerar su felicidad y bienestar por sobre los propios. Es decir, renunciar a algunos de los placeres de esta vida por los demás para que así ellos los disfruten y uno renuncie a dichos placeres. Cuando decimos que una persona da preferencia a otra por sobre sí mismo, significa que tal preferencia se lleva a cabo solo buscando la complacencia de Allâh Altísimo y la recompensa de la Próxima Vida.

Los siguientes son algunos ejemplos de Al-Îthar:

En una cruda noche de invierno en Madinah, una mujer de los Ansâr trajo con ella una aterciopelada manta tejida para el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), él la recibió pues tenía necesidad de protegerse del intenso frio. Luego, el Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) salió utilizándola por primera vez, tal como tú usarías un traje que acabas de comprar. Uno de los compañeros de entre los Ansâr lo miró y dijo: “¡Qué bonita! Oh, Mensajero de Allâh. Regálamela”.  ¿Cuál sería tu reacción si estuvieses en la situación del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)? ¿Se la darías? El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo “¡Sí!” y se la entregó en ese mismo instante. ¿Entiendes ahora el significado de Al-îthar? Los demás compañeros se enojaron con este ansâri y le dijeron: “¡El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) la necesita!” El hombre respondió: “Yo tengo más necesidad de ella. Quiero que sea mi mortaja el día en que muera”. El hombre la conservó y fue su mortaja.

Veintitrés años después de la misión profética, Makkah y Jâibar estaban ya bajo el Islam y de ello se obtuvo un botín. Durante esta parte de su misión, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y los Sahâbah (radiallâhu ‘anhum) sufrían dificultades y pobreza, tanto que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía atar dos piedras contra su estómago debido al hambre. Después, Allâh le otorgó la victoria a los musulmanes y la parte del botín que le correspondía al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era una gran cantidad de ovejas, tantas como para cubrir el espacio entre dos montañas. Imagínense, tal cantidad de ovejas eran propiedad de un hombre sencillo que había sufrido la pobreza durante tanto tiempo. Sin embargo, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) buscó sólo la recompensa de la Próxima Vida. Un beduino vino donde el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y vio el botín. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le preguntó: “¿Te gusta?” El beduino respondió que sí. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Todo es ahora tuyo”. El beduino preguntó “¿En serio?” El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Si. Toma lo que desees”. El beduino corrió hacia las ovejas y las tomó todas. Luego regresó a su gente diciendo: “¡Acepten el Islam! Acabo de estar con el mejor hombre que jamás haya existido. Muhammad da con la generosidad de alguien que no le teme a la pobreza”. Es bien sabido que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nunca retuvo nada de lo que le perteneció cuando alguien se lo pedía.

Los Sahâbah (radiallâhu ‘anhum) eran la encarnación de la rectitud. Ellos adquirieron un nivel que es muy difícil de alcanzar en una sociedad moderna. Deberíamos sentirnos muy afortunados si tan sólo lográsemos una similitud parcial del carácter que ellos poseían. Algunas cualidades son únicas en ellos y el sacrificio es una de éstas. Allâh ha mencionado esto en el Qurân con estas palabras: “…y los prefieren a sí mismos, aun estando en extrema necesidad…” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 9].

Abû Ÿahm Bin Hudhaifah (radiallâhu ‘anhu) narró: “Durante la batalla de Yarmûk, fui a buscar a mi primo, quien estaba en el frente de batalla. Llevé conmigo algo de agua para él. Lo encontré en un estado a punto de morir. Me acerqué hasta él con el poco de agua que traía. De pronto, un soldado herido de gravedad que estaba cerca dio un quejido, mi primo vio su cara y me pidió que le llevase el agua a él primero. Fui, él se llamaba Hishâm Bin Abil ‘Âs (radiallâhu ‘anhu), apenas pude llegar donde él estaba cuando se escuchó el lamento de otra persona herida que estaba cerca. Hishâm me indicó en esa dirección. Cuando llegué donde él, estaba muerto, me volví donde Hishâm (radiallâhu ‘anhu) y lo encontré muerto también. Finalmente me apresuré para ir donde mi primo y él también se había unido a sus dos compañeros”. Esta es una de las máximas expresiones de Îthar, en que una persona agonizante renuncia a aplacar su sed para beneficiar a su hermano necesitado. Quiera Allâh bendecir con sus mayores recompensas las almas de estas personas por haber sido capaces de sacrificarse incluso a la hora de la muerte, cuando difícilmente tiene la capacidad de elegir.

Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ) dijo: “Uno de los Sahâbah recibió una vez una cabeza de chivo como regalo. Él se la envió, a su vez, a uno de sus vecinos que tenía una familia más numerosa y que tenía más necesidad. Esta persona pensó, por su parte, en otra que él consideraba más necesitada aún y le regaló la cabeza. La cabeza del chivo pasó de mano en mano más de siete veces y regresó, de este modo, hasta la persona que originalmente la había regalado”. Esta historia nos muestra como solían ser los Sahâbah (radiallâhu ‘anhum), pobres que preferían a sus hermanos antes que a ellos mismos.

Un día, durante la Batalla de Uhud, mientras las flechas eran lanzadas hacia el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) desde todas las direcciones, Abu Duyânah (radiallâhu ‘anhu) dio preferencia al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por sobre si mismo y lo abrazó para protegerlo de las flechas. Abu Bakr (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Cuando miré la espalda de Abu Duyânah (radiallâhu ‘anhu) vi que estaba tan herida por las flechas que parecía un erizo”. Abû Duyanah (radiallâhu ‘anhu) dio preferencia al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por sobre sí mismo. ¿Dónde está nuestro Îthar respecto del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)? ¿Estamos cultivando su Sunnah en nuestras vidas?

El día de Uhud, Talhah Ibn ‘Ubaidullâh (radiallâhu ‘anhu) vino donde el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le dijo: “No levantes tu cabeza Mensajero de Allâh. Que mi cuello sea golpeado antes que tu cuello Mensajero de Allâh” Cuando al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dispararon una flecha, Talhah (radiallâhu ‘anhu) la detuvo con su mano.

Un ansâri llamado Sa‘ad Ibn Al-Rabi (radiallâhu ‘anhu) fue anfitrión de ‘Abdur-Rahman Ibn ‘Auf (radiallâhu ‘anhu) que era de entre los muhaÿirûn. Sa‘ad dijo: “Aquí está mi dinero. Voy a dividirlo entre tú y yo. Esta es tu parte y esto es mío. Aquí está mi propiedad. Voy a dividirla en partes iguales entre tú y yo. Tengo dos esposas. Ve cuál de las dos te gusta para que pueda divorciarla y tú puedas casarte con ella después de que complete su ‘iddah (retiro prescrito)”. ¿Entiendes en qué medida estaba practicando Al-Îthar este sahabih? Sin embargo ‘Abdur-Rahman Ibn ‘Auf (radiallâhu ‘anhu) era decente y no hizo uso de esta oportunidad. Él respondió: “Que Allâh te conceda una buena recompensa. Indícame dónde está el mercado (para que haga algún negocio)”.

En todas las inmigraciones en la historia ha habido derramamiento de sangre y pérdidas, sin embargo, la inmigración más grande de la historia estuvo llena de Îthar y amor. Fue la emigración de los muhaÿirîn hacia Madinah. Considera como los Ansâr los recibieron. Cada Ansâr compartió su casa, dinero, ropa suyas y de su familia con los muhaÿir y sus familias. ¿Como se explica esto? debido al Îthar que expande las bendiciones de complacer a Allâh, y esto incrementa el sustento. Por otra parte, mientras más egoísta seas, lo opuesto al Îthar menos bendiciones sentirás.

Cuando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus compañeros emigraron a Madinah, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue donde los Ansâr y les dijo: “Sus hermanos han venido a ustedes y no saben nada de agricultura ¿Qué opinan acerca de compartir su propiedad con ellos?” Ellos respondieron: “¡Si Oh, Mensajero de Allâh! Dividiremos nuestro dinero en partes iguales entre nosotros y ellos”. Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) les pregunto, solo deseaba que le dieran una ayuda. Luego preguntó: “¿Pueden ayudarlos más?” Preguntaron: ¿Cómo Rasûlullâh?” Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¿Pueden compartir con ellos su fruta? Pues ellos no pueden hacer uso del dinero ni salir de Madinah, pues se encuentra sitiada”. Respondieron: “Si Oh, Mensajero de Allâh, pero a cambio de qué?” Él les dijo: “A cambio del Ÿannah”.

Al-Îthar no solo se reduce a temas económicos o financieros, sino también en el ámbito espiritual. Imam Al-Gazali (rahimahullâh) dijo en su libro Al-Ihiah, que existen tres niveles o grados del Îthar: 1) Dar a tu hermano lo que darías a tu sirviente, es decir, lo que queda o sobra; 2) Tratarlo tal como a ti mismo, le das lo que tomas para ti; y 3) Preferirlo a él por sobre a ti mismo. Es decir, cumplir con sus necesidades antes que las propias. Estos son los 3 niveles de Al-Îthar. El más grande en esta vida es buscar el placer de Allâh por sobre el de la humanidad, el propio o el de otra cosa.

Abû Muhammad ‘Abdullâh Bin Amr Ibn Al-‘Âs (radiallâhu ‘anhu) narra que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Ninguno de ustedes será un verdadero creyente hasta que sus deseos o inclinaciones no estén de acuerdo con lo que yo he traído”.

Hermanos y hermanas, debemos priorizar la complacencia de Allâh. Cuando vivimos solo para nosotros mismos, vivimos una vida corta donde nacimos pequeños y morimos pequeños. Sin embargo cuando vivimos por otros vivimos como grandes personas cuyas vidas perdurarán tanto como la humanidad exista.

Quiera Allâh introducir en nuestro corazón la elevada cualidad del Îthar y hacernos seguir los pasos de quienes la incorporaron tan bellamente en sus vidas. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh