UN CREYENTE ES EL ESPEJO DE OTRO CREYENTE

Viernes 7 de Julio de 2017
Ÿumu‘ah 13 de Shawâl 1438
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allah el Altísimo en el Sagrado Qurân: “Los creyentes son, en realidad, hermanos; reconciliad pues a vuestros hermanos y temed a Allâh para que se os pueda dar misericordia” [Sûrah Al-Huÿurât (49), âyah 10].

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) se hace eco del siguiente hadîth del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “El creyente es el espejo de su hermano. El creyente es hermano de un creyente: lo protege de la ruina y guarda su espalda”. Un hadîth tan corto, pero como muchas de las palabras de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) profundo en significado. Lo que quiere decir es que tenemos la obligación de señalar a nuestros compañeros sus defectos y a decir la verdad sobre sus buenos aspectos. No dijo “Un musulmán es una espada (en la corrección de los errores) de otro musulmán” sino “un espejo”.

Un espejo tiene las siguientes cualidades, que nos también deberíamos reflexionar sobre otros compañeros: Un espejo tiene una relación uno a uno con lo que refleja, después de que la persona se ha ido el espejo no mantiene la imagen para que todos puedan ver, como si la persona no estaba allí; No anunciar un defecto en público; uno espejo no murmura; Un espejo no distorsiona la imagen, pero da una imagen honesta, imparcial, si hay algo mal lo muestra con la debida la proporción, si hay algo bueno lo muestra también en la debida proporción, es muy justo y tampoco exagera.

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narro que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien oculta los defectos de un musulmán, Allâh ocultará sus defectos en este mundo y la Otra Vida”. Otra narración señala que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Para quien oculta los defectos de un musulmán, Allâh ocultará sus defectos Día del Juicio Final. Para quien expone los defectos de un musulmán, Allâh expondrá sus defectos hasta que él va a quedar desgraciado en su propia casa”.

Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ) narró que una vez el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ascendió al Mimbar y proclamó con voz alta: “¡Oh, pueblo! Cualquiera que haya aceptado el Islam con su lengua mientras la fe no estaba firme en su corazón, no le dejen oprimir a los creyentes, o que se burle de ellos o conozca sus secretos, porque cualquiera que conozca los secretos de otros, Allâh conocerá sus secretos y lo hará desgraciado aunque se encuentre en el lugar más recóndito de su casa”. [Tirmidhi]. Narró también que un hombre se presentó ante el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) preguntándole: “¡Oh, Mensajero de Allâh! ¿Quiénes son los más queridos por Allâh?”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le respondió: “La gente que está siempre en la ayuda de otra persona, para quienes solucionar un problema de su hermano es más querido por Allâh que aquel que hace I’tikâf (quedar en la mezquita en retiro espiritual) por un mes en mi mezquita. A quién ayuda a su hermano musulmán en sus problemas, Allâh llenará su corazón con felicidad y afirmará sus pies en el Día que lo pies resbalarán”.

También aprendemos del Qurân que una de las excelentes cualidades de los creyentes es la hermandad y la asistencia a los hermanos más próximos. Allâh dice: “Los creyentes y las creyentes son amigos aliados unos de otros, ordenan lo reconocido como bueno y prohíben lo reprobable, establecen el salâh, entregan el zakâh y obedecen a Allâh y a Su mensajero. A ésos Allâh les hará entrar en Su misericordia; es cierto que Allâh es Poderoso, Sabio” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 71].

‘Alî Ibn Abî Tâlib (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) antes de la conquista de Makkah, me envió junto con Az-Zubair ibn Al-Awwam a un lugar y dijo: “Allá encontraran a una mujer que tiene una carta de parte de Hatib Ibni Abi Baltah para los Quiraish informando sobre las intenciones de conquistar de Makkah. Tráiganla a mí”.  La Encontramos justo donde el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) describió y dijimos: “Entréganos la carta que usted tiene” Ella dijo: “No tengo nada”. Dijimos: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no miente. ¡Por aquel en cuyas manos está mi alma! si no nos entregas la carta te llevaremos donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)” Ella puso su mano en sus trenzas y sacó la carta de Hatib Ibni Abi Balta a los Quraish. Volvimos al Profeta diciendo: “¡Oh Mensajero de Allah! Hatib ha traicionado a los creyentes. ¡Nos dejó en mala situación porque Informó a Quraish sobre nuestro plan!” El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llamó a Hatib y con toda calma le pregunto: “¡Oh Hatib, ¿Qué te hizo hacerlo?” Hatib dijo: “¡Oh, Mensajero de Allah! No pienses mal de mi; creo en Allah y Su Mensajero. Quise refugiarme con Quiraish porque no tengo nadie para proteger a mi familia y mi riqueza en Makkah y los demás Sahabah tienen gente para proteger a su familia y su riqueza”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Has dicho la verdad” y dijo a sus compañeros: “No digan nada de él, excepto bondad y no lo insulten”. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “¡Oh Mensajero de Allah! Ciertamente él ha traicionado a Allah, Su Mensajero y los creyentes, así que permítame golpearlo”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “No. Él es entre aquellos que lucharon con nosotros en la batalla de Badr ¿Acaso no sabes lo que Allâh ha dicho sobre aquellos que participaron en Badr? Allâh ha dicho: “Hagan lo que quieran, porque He garantizado para ustedes el Ÿannah Al escuchar esto, ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) comenzó a llorar y dijo: “Allâh y Su Mensajero saben mejor”.

El creyente es hermano del creyente, no le causa injusticia alguna. Quien esté al servicio de su hermano, Allâh estará a su servicio, y quien saque de apuros a un musulmán, Allâh le sacara de apuros el Día del Juicio Final, y quien proteja a un musulmán, Allâh le protegerá el Día del Levantamiento.

Se narra que después de que los incrédulos fueron derrotados en la Batalla de Badr, ‘Umair Bin Wahâb y Safuân Bin Umaya estaban sentados en el Hatim de la Ka’bah. El hijo de ‘Umair Bin Wahâb había sido tomado prisionero por los musulmanes. Ellos estaban hablando acerca de la derrota de Badr y de los setenta incrédulos que murieron en Badr. Safuân dijo: “Sin esas personas la vida no tiene sabor”. ‘Umair Bin Wahâb dijo: “¡Cuán cierto es! Si no tuviera deudas, y si no tuviera temor por mi familia e hijos, iría inmediatamente y mataría a Muhammad. Pero tengo una excusa de ir donde él, y es que es que mi hijo está prisionero por él”. Safuân encontró oportuno decirle: “No te preocupes, tus deudas serán mi responsabilidad, las pagaré por ti. Tu familia y tus hijos estarán con mi familia y mis hijos, me ocuparé completamente de ellos”. ‘Umair Bin Wahâb dijo: “Nuestra conversación debe mantenerse en secreto, solo entre nosotros”. La espada de ‘Umair Bin Wahâb fue afilada y bañada en veneno y se dirigió hacia Madinah. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu), estaba sentado con algunos sahabah (radiallâhu ‘anhum), y vio a su padre con la espada colgada de su cuello. ‘Umair Bin Wahâb dejó su cabalgadura en frente de la puerta de la Mezquita del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). ‘Umar (radiallâhu anhu) dijo: “Este es el enemigo de Allâh y ha venido con malas intenciones”, y le informó al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) de la llegada de ‘Umair Bin Wahâb. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) pidió que lo trajeran ante él. ‘Umar (radiallâhu anhu) cogió su espada y a su padre y los llevó ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Él Preguntó: “¡Oh ‘Umair, ¿qué te ha traído aquí?”, él dijo: “Vine por mi hijo. Trátenlo bien”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¿Cuál es el propósito de la espada?”, le respondió: “Quiera Allâh destruir esta espada ¿Qué utilidad nos trajo cuando la necesitamos?”. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le ordenó que dijera la verdad y por qué había venido. ‘Umair Bin Wahâb dijo: “Sólo vine por esta razón”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¡No! Tu estuviste sentado con Safuân Bin Umayya en el Hatim del Ka’bah en cierta noche, y tu dijiste esto y esto, y él dijo esto y se hizo responsable del cuidado de tu familia e hijos, porque tu querías matar a Muhammad”. Al oír esto ‘Umair Bin Wahâb inmediatamente recitó la Kalimah Shahadah y aceptó el Islam. Más tarde diría: “En ese día nadie estuvo presente excepto yo y Safuân Bin Umayya” Por eso había venido a matar al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y a extinguir la Luz del Islam, pero en lugar de eso, él regresó con la Luz del Imân. Lo que ocurrió esa noche ni siquiera el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo sabía, pero fue informado por Allâh. ‘Umar dijo: “Cuando ‘Umair entró a Madinah era la persona que yo más odiaba pero cuando salió fue la persona más amada para mi incluso más que mi propia familia”.

Allâh dice en el Qurân: “Y no seáis como aquéllos que se dividieron y cayeron en discordia, cuando ya les habían llegado las pruebas claras. Esos tendrán un inmenso castigo” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 105].  Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhu) dijo que Allâh ordenó a los creyentes a mantenerse como una ÿama‘ah –es decir como un grupo unido- y nos prohibió hacer divisiones entre nosotros. Estar divididos y formar grupos nos lleva a la destrucción, como ocurrió a las naciones previas a nosotros. Dice Allâh: “Di: Él tiene poder para enviaros un castigo desde lo alto o bajo vuestros pies, o confundiros en sectas y hacer que unos probéis la violencia de otros. Observa cómo aclaramos los signos para que puedan comprender” [Sûrah Al-An‘âm (6), âyah 65].

El musulmán es inviolable, en todo, ante otro musulmán: Su vida, honor y propiedad. Allâh no presta atención a vuestros cuerpos ni a vuestras imágenes, sino a vuestros corazones y actos. Dijo también Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) “El Islam nos previene de todas las cosas que nos pueden conducir a la desunión y enemistad, porque somos hermanos y hermanas, y adoramos al mismo y Único Allâh”.

Roguemos a Allâh para que nos conceda el don de entender y aprender de estas invaluables lecciones. Amín.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh