SI RASÛLULLÂH (SAW) TE HUBIESE VISTO, TE AMARÍA

Viernes 21 de Julio de 2017
Ÿumu‘ah 27 de Shawâl 1438
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Allâh Altísimo dice en el Sagrado Qurân: “Di: Si verdaderamente amáis a Allâh ¡Seguidme! Y Allâh os amará y os perdonará los pecados” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 31]. Esta âyah se llama la âyah del amor y la devoción. Se dice que un grupo de gente afirmó pretendidamente amar a Allâh, y entonces fueron revelados estos versos, demostrando que el amor a Allâh tiene una prueba y un resultado. La prueba es seguir al Mensajero de Allâh y el resultado es el amor por el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Se narra que ‘Abdullah Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu), solía decir a su alumno Rabî Ibn Juthaim (rahmatullâhi ‘alaihi): “Oh, Rabî, si Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) te hubiese visto, te amaría”.

‘Abdullâh Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) era muy querido por el Mensajero de Allâh  (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y frecuentaba bastante su casa. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo apreciaba y se quedaba mucho tiempo conversando a solas con él, le confiaba muchos secretos. Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) a su vez, quería mucho al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Le respetaba tanto que temía cometer el más mínimo error al transmitir su mensaje. Fue compañero de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y percibió su sabiduría y su grandeza. No se separaba de él ni en Madinah, ni durante sus viajes. Era tanto su mérito entre los sahabah que ‘Ali (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ordenó en una ocasión a Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) trepar a un árbol para bajar algo de este, y sus compañeros miraron las canillas de ‘Abdullâh Ibn Mas‘ûd mientras que trepaba al árbol, y comenzaron a reírse por su delgadez. Entonces el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¿Qué os hace gracia? La pierna de ‘Abdullâh es más pesada en las balanzas del Día del Juicio que la montaña de Uhud”.

Este gran hombre murió en Madinah en el trigésimo segundo año después de la Hiÿrah. Az-Zubair Ibn Al ‘Auwam (radiallâhu ‘anhu), lideró la oración funeral y ‘Abdullâh fue enterrado en el cementerio Al-Baqi’. Contaba con más de sesenta años al fallecer. Tuvo un solo deseo en este mundo y, con nostalgia, lo repetía constantemente pues anhelaba mucho alcanzarlo. Solía decir: “Me desperté en plena noche, mientras acompañaba al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en la batalla de Tabûk. Vi una antorcha en un extremo del campamento. Miré con atención y vi al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), a Abû Bakr y a ‘Umar que cargaban el cadáver de ‘Abdullâh Al-Muzani. Le habían cavado una fosa y el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dentro de ella decía: “Alcanzadme a vuestro hermano”, mientras Abû Bakr y ‘Umar lo sostenían bajándolo. Cuando ya estaba el cadáver preparado para ponerlo en su nicho, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¡Oh, Allâh! Yo estoy complacido con él, que Tú también estés complacido de él”.  ¡Ojalá -decía Ibn Mas‘ûd- hubiera sido yo a quien introducían en esa fosa!” Y ese fue el único anhelo de su vida.

¿Qué provocó a este gran sahabih a decir a su alumno: “si Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) te hubiese visto, te amaría”? Fueron las destacadas cualidades de la vida de Rabî Ibn Juthaim (rahmatullâhi ‘alaihi) que hicieron que su profesor Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) le dijese esta remarcada frase.

¿Acaso si el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos hubiese visto a nosotros, nos amaría? Para aproximarnos a esta calidad de siervo de Allâh, debemos conocer algunos de las características de la persona que provocó este comentario, por ello a continuación mencionaremos algunas cualidades de este gran tabeî’ con el fin de lograr el amor de Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam):

Recataba su mirada

Allâh Altísimo dice en el Sagrado Qurân: Dile a los creyentes [¡Oh, Muhammad!] que recaten sus miradas y se abstengan de cometer obscenidades, porque eso es más puro para ellos. Allâh está bien informado de lo que hacen [Sûrah An-Nûr (24), âyah 30]. Este es un mandamiento de Allâh a Sus siervos creyentes para que recaten la mirada y eviten mirar lo que les está prohibido. Por lo tanto, no deben mirar nada excepto lo que se les permite mirar. Si llega a suceder que la mirada de una persona accidentalmente se posa sobre algo prohibido, rápidamente debe apartar la mirada. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Guárdense de sentarse en la calle”.  Ellos dijeron: “No tenemos otra alternativa, aquí es donde nos sentamos y hablamos”.  les dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Si insisten en sentarse aquí, entonces respeten los derechos de la calle”.  Ellos le preguntaron: “¿Cuáles son los derechos de la calle?”.  Respondió (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Recatar la mirada y no ofender o perjudicar a nadie…” [Al-Bujari y Muslim].

Controlaba su lengua.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cuando amanece el hijo de Adam, sus miembros están sometidos a la acción de la lengua, y dirían: “Teme a Allâh por nosotros, ya que seremos recompensados, bien o mal, según lo que salga de ti. Si fuiste recta lo fuimos nosotros, y si te torciste nos torciste a nosotros” [At-Tirmidhi]. Y dijo también (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “La fe del siervo no se corrige hasta que el corazón se corrige, y el corazón no se corrige hasta que su lengua se endereza”. Y dijo Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu): “No hay nada sobre la faz de la tierra que tenga más necesidad de ser aprisionado por un largo periodo de tiempo que la lengua”.

No guardaba rencor en su corazón para nadie.

Tener un corazón puro es el camino al Paraíso. Allâh Ha descrito a las personas del Paraíso, quienes disfrutarán de un eterno placer, como gente que está libre del rencor y la envidia, y si alguna vez han experimentado tales sentimientos en esta vida, entonces serán purificados de esos sentimientos antes de ser admitidos en el Paraíso, como Allâh dice en el Qurân: Purificaré sus corazones del rencor que hubiere entre ellos [Sûrah Al-A’râf (7), âyah 43].

Se preocupaba de sus errores más que de los errores de los otros 

Allâh dice en el Sagrado Qurân: Sepan que Allâh no cambia la condición de un pueblo hasta que ellos no cambien lo que hay en sí mismos. Pero si Allâh decreta el castigo para un pueblo, no existe nada que lo pueda impedir, y no encontrarán fuera de Él protector alguno [Sûrah Ar-Ra’d (13), âyah 11].

En una ocasión, un sahabih estaba en su lecho de muerte y su rostro resplandecía. Alguien le preguntó por este brillo en su cara, y él dijo: “Yo solo hablé aquello que era beneficioso y mi corazón estaba limpio, porque nunca abrigue un mal sentimiento, odio o envidia por otro musulmán”. Un musulmán inteligente es aquel que mira sus propias faltas en lugar de ver las faltas de otros.

Compensaba lo malo con el bueno

Allâh dice en el Sagrado Qurân: No es lo mismo obrar el bien que obrar el mal. Responde con una buena actitud, y verás que aquel con quien tenías enemistad se convierte en un amigo ferviente. Esto no lo logran sino los que tienen paciencia; no lo logran sino los que son muy afortunados [Sûrah Fussílat (41), âyât 34 y 35].

‘Urwah Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) dijo: “¡Oh gente! ¡Por Dios! Yo formé parte de delegaciones al César, a Coseros y al Negus. ¡Y por Dios! No he visto rey alguno tan venerado como la gente de Muhammad venera a Muhammad. ¡Si les ordena algo, se apresuran a cumplirlo y si hace la ablución, ellos casi se pelean por recoger los restos del agua que usa! Cuando habla ellos bajan la voz cerca de él y no lo miran directamente por veneración”. Cuando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hacia la ablución, ellos casi se pelean por recoger los restos del agua que usa, el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) al ver esto preguntó: “¡Oh mis compañeros! ¿Por qué hacen esto?” Ellos respondieron: “Por amor a Allâh y Su Mensajero” Dijo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¿Acaso les gustaría que Allâh y Su Mensajero también los amen? Entonces cuando hablan digan solamente la verdad, cumplan con sus compromisos y sean amables con sus vecinos”.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita inculcar estas cualidades en nuestras vidas, para que seamos entre los amados de Allâh y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh