EL CORAZÓN SANO

 

Viernes 4 de Agosto de 2017
Ÿumu‘ah 12 de Dhul-Qa’dah 1438
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

El Profeta Ibrahîm (‘alaihis-salam) rogo a Allâh de la siguiente forma: “¡Señor mío! Dame juicio y tenme entre los justos. Concédeme que los que vengan después hablen de mí con verdad. Hazme de los herederos del Jardín de la Delicia, y perdona a mi padre, él ha sido de los extraviados. Y no me entristezcas el día en que sean devueltos a la vida. El día en que ni la riqueza ni los hijos servirán de nada. Sólo quien venga a Allâh con un corazón limpio” [Sûrah Ash-Shu‘arâ (26), âyât 83 a 89]. Y de la última parte de este Du‘â trata nuestra Jutbah de hoy, el corazón sano.

El corazón sano, que en árabe se dice Qalb Salîm, es el que pone a su dueño a salvo el Día de la Resurrección (Yaumul-Qiyâmah), tal como Allâh dice en el Qurân: El día en que ni la riqueza ni los hijos servirán de nada. Sólo quien venga a Allâh con un corazón sano [Sûrah Ash-Shu‘arâ (26), âyah 89]. Y salîm quiere decir que ese corazón está a salvo de enfermedades y se encuentra en paz.

Los ‘Ulamâ han propuesto diferentes definiciones de lo que es un corazón sano:

EL CORAZÓN SANO (Qalb Salîm) es el corazón en el que no hay ninguna pasión contraria a lo que Allâh quiere, y cumple lo que Él ordena y se abstiene de lo que Él prohíbe, y está a salvo de toda incertidumbre que lo oponga a lo que su Señor ha revelado, siendo con ello plena su sumisión a Él y no admitiendo más autoridad que la del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Es el corazón sano en el amor a Allâh, corregido en el seguimiento estricto de la enseñanza del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam); es sano en su temor y en su esperanza, en su confianza, en su orientación, en su humildad, en su deseo de satisfacer a Allâh y conquistar su complacencia, a la vez que se aleja de todo lo que lo aparta de este camino. En realidad, esta es la verdadera esclavitud que no tiene más dueño que Allâh.

Es aquél que no admite asociar nada a Allâh, de ninguna manera. Es el de dependencia sincera respecto a su Señor y Creador: en su voluntad, en su amor, en su confianza, en su orientación hacia Él, en su allanamiento ante Él, en su sobrecogimiento, en su esperanza, en todas sus emociones sólo tiene en cuenta la Verdad del Absoluto, sin ver en esa Pura Unidad ninguna otra cosa: ama y odia en Allâh; si da, da por Allâh; y si retiene, retiene por Allâh. Y todo lo anterior no tiene verdadero cumplimiento mientras ese corazón se deje guiar por otro que no sea Allâh, mientras se inspire en cualquier otra cosa que no sea Allâh. Sólo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo guía en Allâh, sólo él lo llena de Allâh. Quien no siga al Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), se deja guiar e inspirar por su propia frivolidad, por ello para el sincero sólo existen Allâh y Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). El corazón sincero es el que toma una decisión poderosa y emprende un camino seguro, se aparta de lo dudoso, lo arbitrario, lo equívoco, y se resuelve en todas sus palabras y en todos sus actos por lo que Allâh quiere.

Los actos del corazón son la voluntad, el amor, etc., que el cuerpo traduce con sus gestos y sus movimientos. El que lo gobierna todo ello en el corazón sano es Allâh, tal como lo enseñó Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). El corazón sincero no hace preceder nada suyo: no propone una creencia que no tenga su eco en las enseñanzas del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ni realiza un acto de adoración que no haya sido enseñado por él, tal como Allâh ordena en el Qurân: ¡Vosotros que creéis! No os adelantéis a Allâh y a Su mensajero y temed a Allâh, Él es Quien oye y Quien sabe [Sûrah Al-Huyurât (49), âyah 1], es decir, no digáis hasta que Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) haya dicho, ni hagáis antes de que ordene.

Según nuestros piadosos ancestros, con cada acción del ser humano en la que intenta acercarse a su Creador, por pequeña que sea, se abren dos registros: en uno se pregunta el por qué y en el otro se pregunta el cómo. Lo primero es una pregunta por la razón y la motivación que hay en el acto de adoración: ¿Se trata de un acto en el que hay un interés inmediato o mundanal? ¿Se busca con dicho acto el elogio y la consideración de la gente? ¿Se realiza porque, por el contrario, se teme alguna censura? ¿O bien con ese acto el corazón se propone realizar su verdad que es la sujeción a su Señor, buscando acercarse a la Verdad que lo crea, y desea con ello el establecimiento de un medio que lo entrelace con Él? La segunda pregunta, el cómo, se refiere a la Sunnah de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en ese acto: ¿Esa acción te ha sido impuesta por el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que ha llegado a ti desde tu Señor? ¿O bien es un acto que él no ha instituido, sino que lo ha inventado tu apetito?

En el primer caso se te está preguntando por la autenticidad de tu sinceridad. En el segundo se te interroga por tu seriedad. La manera de responder satisfactoriamente a la primera es depurando la intención, y la segunda exige un seguimiento estricto de la enseñanza del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Allâh no acepta nada que no cumpla esta doble condición.

La salud del corazón radica, pues, en la eliminación de todo lo que contamine la sinceridad y todo lo que contravenga el seguimiento. Esta es la esencia de la salud del corazón, según el acuerdo de los ‘Ulamâ.

EL CORAZÓN MUERTO (Qalb Maiyit) es exactamente contrario al anterior, aquél en el que no reside vida alguna. El corazón muerto es el que nada sabe de su verdadero Señor, ni busca Su mandato, ni se somete a Él, ni Lo ama, ni desea complacerle. Es el corazón sujeto a sus propias pasiones y es esclavo de sus satisfacciones. Se prefiere a sí mismo, aunque ello lo exponga a la ira de Su Señor. Sólo le interesa atender a sus apetitos: su amor, su odio, todas sus emociones, son en función de ese interés.

Por ello se dice que es esclavo de “otro” que no es Allâh, y ama, teme, espera, se complace y glorifica lo que no es el Creador, y está sumido en la falsedad de sus propios fantasmas y bajo el dominio de toda suerte de dioses ilusorios. Cuando da, da por capricho; cuando niega, niega movido por su arbitrariedad. Las inclinaciones de ese corazón están por delante de la atención que debería poner en su Dueño: la frivolidad es su guía, el apetito es su jefe, la ignorancia es su conductor, la negligencia es su montura. Dedica su reflexión a conseguir ventajas mundanales, se emborracha de superficialidad, ama con pasión lo destinado a desaparecer.

Escucha en la lejanía el rumor de una llamada que lo convoca hacia Allâh, pero no responde. Desprecia al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que le lanza un consejo saludable. Es seguidor de todo demonio rebelde. El mundo lo satisface o lo encoleriza, su frivolidad lo ciega y lo ensordece. Acompañar a este corazón es una enfermedad, convivir con él es un veneno, sentarse a escuchar sus palabras es destrucción.

EL CORAZÓN ENFERMO (Qalb Marîd), es aquel en el que hay vida y también un defecto. Tiene dos materias: a veces prevalece una, y en otras ocasiones domina la otra. Pertenece a lo que en él acaba predominando. En ese corazón hay amor a Allâh, apertura hacia Él, sinceridad en su Presencia, todo lo cual le da vida; pero junto a ello hay apetitos e intereses personales, inclinaciones frívolas y codicia, en él hay envidia, arrogancia, presunción, amor al poder y deseos de destrucción, y todo esto es la materia de su muerte. Este corazón enfermo se mueve, por tanto, entre dos estímulos: Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que lo invita hacia Allâh y a lo eterno, y un demonio que busca arrastrarlo a lo muerto. Y el corazón enfermo responderá a lo que esté más cerca de él, entrará por la puerta que más abierta esté y aceptará al vecino que tenga más accesible.

El primero de estos corazones, el sano, está vivo, es llano, dulce y colmado. El segundo, el muerto, está seco, muerto. El tercero está enfermo, más cerca de la vida o más cerca de la muerte. El Qurân lo expone todo del siguiente modo: Para hacer de lo que infunde el Shaitân una prueba para los que tienen una enfermedad en el corazón y los que lo tienen endurecido. Es cierto que los injustos están en una profunda oposición. Y para que sepan aquellos a los que se les ha dado el conocimiento que es la verdad que viene de tu Señor, crean en ello y se tranquilicen así sus corazones. Realmente Allâh es el Guía de los que creen y los conduce a un camino recto [Sûrah Al-Haÿÿ (22), âyât 53 y 54].

En los versículos citados se nos dice que Allâh ha creado tres tipos de corazones: dos están en tensión, mientras que un tercero está a salvo del conflicto. Los que están en tensión y han sido confundidos son aquél en el que hay una enfermedad y el corazón duro. El que está a salvo es el corazón abierto hacia Allâh, el que se ha allanado ante su Señor, está en calma en su sujeción a Quien lo creó, y se ha rendido y es guiado.

Lo que se desea es que tanto el corazón como el resto de los miembros del cuerpo estén sanos y cumplan con sus funciones, aquellas para las que existen. Salen de esa rectitud o bien a causa de la sequedad y dureza como la mano paralítica, la lengua muda, la nariz rota o el ojo ciego, o bien a causa de una enfermedad que les impide cumplir adecuadamente con sus funciones.

El resumen, las tres categorías en que divide los tipos de corazones, son: a) El corazón sano: Nada le impide aceptar la verdad, amarla y preferirla a cualquier otra cosa. Su percepción de las cosas es correcta y su acción es conforme a lo que determinan la realidad a la que se asoma; b) El corazón muerto: Aquel al que el Qurân llama duro o cruel: ni acepta a Allâh ni se guía por Él; y, c) El corazón enfermo: Cuando su enfermedad acaba imponiéndose, muere; pero si su luz prevalece, se vuelve vivo.

Shaitân deposita palabras en estos dos últimos corazones, les susurra discordia que son una prueba que los sume en la destrucción; mientras que en los oídos del corazón sano son fuente de fortaleza, porque lucha contra Shaitân y lo derrota, aclarándose ante él aún más la verdad de su Señor, pues es necesario que todo corazón ame y odie, y el corazón sano ama a Allâh y odia a Shaitân.

Abû ‘Abdullâh An-Nu’mân Ibn Bashîr (radiallâhu ‘anhu) dijo: “He oído al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) diciendo: “Ciertamente lo lícito es obvio, y lo ilícito es obvio, y entre los dos hay asuntos dudosos acerca de lo que mucha gente no sabe. Quien se guarda de los asuntos dudosos se purifica en su religión y en su honor, y quien cae en los asuntos dudosos, caerá en lo ilícito. Como el pastor que se acerca a pastar a un campo vedado casi pastando en él. Por cierto, que todo rey tiene su vedado y el vedado de Allâh es lo ilícito y, ciertamente en el cuerpo hay un pedazo de carne que si está sano todo el cuerpo está sano, y si se corrompe todo el cuerpo se corrompe, y este es el corazón” [Bujari y Muslim].

¿Cómo curar nuestro corazón?

  • Mediante el recuerdo de Allâh. Allâh dice en el Qurân: “Los que creen y tranquilizan sus corazones por medio del recuerdo de Allâh ¿Pues no es acaso con el recuerdo de Allâh con lo que se tranquilizan los corazones?” [Sûrah Ar-Ra’d (13), âyah 29]. Y dice también: “¡Vosotros que creéis! Recordad mucho a Allâh invocándolo mucho. Y glorificadlo mañana y tarde” [Sûrah Al-Ahzab (33), âyât 41 y 42].
  • Aumentar las acciones voluntarias que acercan más Allâh.
  • Pensar bien de los musulmanes.
  • Alejarse de las discusiones y malentendidos.
  • Evitar el enojo, la ira, la envidia etc.
  • No espiar a otros musulmanes.
  • Abandonar la murmuración y a las personas, lugares o situaciones donde se murmura.
  • Desear el bien para la humanidad.
  • Aceptar las disculpas y perdonar a la gente.

El gran médico de los corazones, el imam Muhammad Ibn al-Qayyim (rahmatullâhi ‘alaihi) dijo: “El corazón sano es aquel que está libre de Shirk, odio, rencor, envidia, avaricia, orgullo, materialismo y sed de poder. Es el corazón que está libre de toda plaga que lo aleja de Allâh, de toda ambigüedad que se opone a la información que Él reveló, de toda pasión que se opone a Sus órdenes, de todo deseo que discute Sus voluntades, de todo lo que lo separe de Allâh. Este tipo de corazón sano estará en un paraíso en esta vida mundanal, en un paraíso en la vida intermedia, y estará en el Paraíso en el Día de la Resurrección”.

Un punto importante y esencial para curar y proteger nuestro corazón radica en tener una actitud positiva ante la vida considerando a este mundo de forma justa. Esta vida es pasajera y no te garantiza nada excepto que un día deberás dejarla. Los mejores momentos de la vida están contaminados, el que tiene éxito es envidiado, el que es bendecido puede ser amenazado, el que ama a alguien puede encontrar una traición de esa persona o que esa persona muere de repente. Todo esto afecta al corazón.

La verdad es que no se puede evitar, tener algún dolor o angustia. La vida fue creada como una prueba. Al respecto dice el Qurân: “Por cierto creamos al hombre y éste deberá de pasar adversidades” [Sûrah Al-Balad (90), âyah 4)].

El mensaje por tanto es, que en la medida de lo posible debemos tratar de reducir la intensidad y cantidad de nuestra angustia y preocupación. Estar totalmente libre de esto solamente es posible para los moradores del Paraíso. De ellos encontramos en el Qurân: “Y purificaremos sus corazones de todo rencor” [Sûrah Al-Hiyr (15), âyah 47].

Si eres pobre, seguramente habrá muchas personas que también tengan deudas como tú. Si no tienes tu propio medio de transporte seguramente habrá alguien que no posee sus piernas o que no puede moverse. Si tienes razones para quejarte del dolor de la enfermedad, seguramente habrá alguien que esté en coma desde hace varios años. Y si has perdido un hijo, seguramente alguien perdió toda su familia en un accidente.

Una actitud positiva es un muro que protege el corazón y que ayuda a purificarlo, por eso roguemos a Allâh para nos conceda la capacidad de aprender, practicar y purificar nuestro corazón. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh