HŸAR (AS), LA RESPETADA ESPOSA DE IBRÂHÎM (AS)

Viernes 1 de Septiembre de 2017
Ÿumu‘ah 10 de Dhul-Hiyyah 1438
Imam: Sh. Sulaymna E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Cuando hablamos del sacrificio mencionamos la palabra del sacrificio por el nombre de nuestra madre Hâÿar (‘alaihas-salam) Ella es un ejemplo de sacrificio y entrega para todas las mujeres del mundo. Normalmente, en estos días, la recordamos cuando corrió ente las montañas de Safâ y Marwah. Ella mostró a las mujeres del mundo lo que es el sacrificio, y como se hace sacrificio y lo que es la obediencia a la voluntad de Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ.

En la ausencia de su esposo, mostró a las mujeres del mundo como una mujer puede educar a su hijo, inculcar en él Îmân y Yaqîn. Cuando llegó el momento de quedarse sola, se sometió; cuando llegó el momento para el hijo que se somete bajo el cuchillo, se sometió; ella mostro a las mujeres del mundo lo que es la paciencia, lo que es luchar contra el ego y lo que es someterse.

Hâÿar (‘alaihas-salam) fue la segunda esposa del Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salam) y la madre del Profeta Ismâ‘îl (‘alaihis-salam). Al principio, ella era una esclava que trabajaba en la casa de Ibrâhîm y su esposa, Sarah. Después de un tiempo, Hâÿar dio a luz a un niño bendito, que fue llamado Ismâ‘îl. Allâh ordenó a Ibrâhîm emigrar desde Egipto a valle de Makkah, junto con su segunda esposa Hâÿar y su pequeño hijo Ismâ‘îl y dejarlos solos en esa tierra árida. Luego de este evento, Sarah, también quedó embarazada con un niño, al que le dio el nombre de Is-q (‘alaihis-salam).

Repasando la historia de la emigración de Ibrâhîm y Hâÿar y viendo la entereza de Hâÿar durante este viaje, nos encontramos con una buena evidencia para probar que Hâÿar fue un ejemplo realmente excepcional de Sâ’ihât (aquellos que viajan hacia su Señor).

Cuando Ibrâhîm (‘alaihis-salam) llegó al valle de Makkah, dejó a Hâÿar y a Ismâ‘îl allí solos por una orden de Allâh. En aquella tierra desértica sólo con una poca cantidad de comida y agua, y regresó a Egipto con el corazón lleno de confianza y fe en Allâh Altísimo.

Hâÿar tenía plena confianza en Allâh; por lo tanto, después del regreso de Ibrâhîm fue sumisa a la voluntad de su Señor. Realmente parecía demasiado agobiante permanecer en una tierra extraña, estéril, caliente y desolada, donde soplaban vientos cálidos y la luz directa del sol lo quemaba todo. Dejando su esposa e hijo en Makkah, el Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salam) rogó a Allâh diciendo: “¡Oh, Señor nuestro! He establecido parte de mi descendencia en un valle árido de poca vegetación junto a Tu Casa Sagrada, para que, ¡oh, Señor nuestro!, cumplan con la oración. Infunde en los corazones de la gente amor por mi descendencia, y provéelos de todo alimento para que sean agradecidos” [Sûrah Ibrâhîm (14), âyah 37].

Hâÿar (‘alaihas-salam) fue lo suficientemente obediente al designio divino. Ella soportó las condiciones más duras hasta que se agotaron sus alimentos y agua. Su pequeño hijo estaba muriendo de sed en ese desierto caliente. Así Hâÿar comenzó a buscar agua. Vio un espejismo a la distancia, corrió siete veces entre los dos montes de Safâ y Marwah con la esperanza de encontrar agua para salvar a su hijo. Ella estaba tan decidida que no escogió sentarse al lado de su hijo y esperar un milagro Divino para salvarlos, más bien, su voluntad decisiva hizo que ella realizara esfuerzos con este propósito.

En ese difícil momento, el corazón de Hâÿar (‘alaihas-salam) se centró en la Divina Misericordia. Ella no tenía ninguna conexión con las causas materialistas. Había fijado su esperanza en Allâh y solicitó la asistencia de Él.

De repente, notó que un manantial burbujeaba bajo los pies de Ismâ‘îl (‘alaihis-salam). Viendo esto, ella se dio cuenta que la Gracia Divina estaba todavía con ellos y que la Misericordia de Allah nunca los dejaría solos. Cansada de sus idas y venidas, se acercó a su hijo y le dio de beber y bebió ella también.

La paciencia y los esfuerzos sinceros de Hâÿar fueron tan importantes que fueron seleccionados por Allâh, como un signo para las generaciones por venir y fue incluido en los rituales de todos los musulmanes que van a Makkah para realizar la peregrinación a lo largo de la historia hasta el fin del mundo. Se llama Sa‘î (búsqueda) entre Safâ y Marwah. Esto es realmente un acto significativo y evocador que conmemora las luchas de una mujer fiel y el posterior Favor Divino. Y ahora, el lugar donde el agua llegó a la superficie, se llama la fuente de Zam Zam. Los peregrinos de la Ka’bah llegan allí muy deseosos de beber de sus aguas y buscar bendiciones en ellas.

Así, Hâÿar (‘alaihas-salam) fue favorecida por Allâh, como ella había fijado su esperanza en Su Misericordia. Ella y su hijo se salvaron de una muerte definitiva, y sus nombres se hicieron eternos. Cuando apareció el manantial de Zam Zam, las aves de ese desierto caliente comenzaron a volar alrededor de él. Observando la bandada de pájaros, una tribu llamada Yurhum, que vivía en las cercanías del valle de Makkah, se dio cuenta que podría haber una fuente de agua. Entonces partieron hacia esa región y habitaron allí. De esta manera, Hâÿar y su hijo Ismâ’îl (‘alaimus-salam) fueron rescatados de la soledad, y la oración de Ibrâhîm fue respondida.

Después de un tiempo Ibrâhîm (‘alaihis-salam) llegó a visitar a Hâÿar y su hijo. Estaba muy complacido de ver a tantas personas viviendo allí. Luego, Ibrâhîm iba a visitarlos de vez en cuando. Aunque Ismâ’îl fue privado de la atención directa de su padre en Makkah, se crio bajo el entrenamiento de su madre. El Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salam) estaba muy seguro de las capacidades y méritos que había confiado la tarea de formación de este bendito niño sobre los hombros de Hâÿar. Estaba predestinado que nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fuera un descendiente de Ismâ‘il (‘alaihis-salam).

Ibrâhîm sabía bien que Hâÿar era lo suficientemente competente como para tener un cuidado especial para la educación de su hijo. Ismâ’îl gradualmente se preparó para otro examen Divino. Había alcanzado la edad de trece años cuando Allah le ordenó a Ibrâhîm a sacrificarlo, a pesar de todas las dificultades que habían sufrido. Aquí, podemos observar el resultado de las lecciones de fe, paciencia y resistencia de Hâÿar.
La historia completa la encontramos en el Sagrado Qurân, que dice: “Cuando [Ismâ’îl] alcanzó la pubertad, [Ibrâhîm] le dijo: “¡Oh, hijito mío! He visto en sueños que te sacrificaba; dime, qué opinas”. Le dijo: “¡Oh, padre mío! Haz lo que te ha sido ordenado; encontrarás, si Allâh quiere, que seré de los pacientes”. Cuando ambos se resignaron, y [Ibrâhîm] lo echó sobre la frente [a Ismâ’îl para sacrificarlo], lo llamé: “¡Oh, Ibrâhîm! Has cumplido con lo que viste [en tus sueños]. Así recompenso a los que hacen el bien”. Esa fue una dura prueba. Pero lo rescaté [a su hijo, ordenando a Ibrâhîm que sacrificara en su lugar un cordero] e hiciera una gran ofrenda, y dejé su historia [como enseñanza] para la posteridad. ¡Qué la paz sea con Ibrâhîm! Así es como recompenso a los que hacen el bien. Él era uno de Mis siervos creyentes” [Sûrah As-Saffât (), âyât 102 a 111].

Y así, Hâÿar, esta mujer dedicada y obediente a Allah y a su Profeta, dejó un niño bendito, que más tarde se convirtió en el padre de nuestro Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que es un descendiente del Profeta Ismâ’îl. Hiÿr Ismâ’îl (el lugar donde se ahora se encuentran las tumbas de él y su madre) es un pedazo de tierra donde cada musulmán que realiza el Haÿÿ, está obligado a circunvalar alrededor de él. Circunvalar la Ka’bah sin circunvalar Hiÿr Ismâ’îl no es aceptado y anula el acto.

Hâÿar fue el paradigma perfecto de quienes viajan hacia Allah Todopoderoso, pues la realidad del Dîn no puede entrar en nuestras vidas sin que la Ummah haga sacrificio de uno mismo, del dinero y del tiempo, y eso lo aprendemos de las vidas de todos los profetas (‘alaimus-salam) y los sahabah (radiallâhu ‘anhum).

Virtudes del sacrificio.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No hay nada más querido para Allah durante los días del sacrifico que el sacrificar animales. Los animales sacrificados vendrán en el día del juicio con sus cuernos, pelo y pezuñas (para ser pesados). El sacrificio es aceptado por Allah antes de que la sangre llegue al suelo. Por ello, se debe sacrificar con un corazón abierto y feliz”. [Tirmidhi, Ibn Maÿah].

Takbir del Tashrîq.

Significa decir: “Al-lâhu akbar, Al-lâhu akbar, Al-lâhu akbar, lã ilâha il-lal-lâh. Al-lâhu akbar, Al-lâhu akbar wa lil-lâhil-hamd”, que significa: “Allâh es Grande, Allâh es Grande, Allâh es Grande. No hay dios excepto Allâh. Allâh es Grande, Allâh es Grande. A Allâh pertenece toda la Alabanza”.

Es waÿib (obligatorio) para cada adulto musulmán el recitar este Takbirat de Tashrîq de manera audible una vez después de cada salâh obligatorio que sea realizado en congregación, desde el Faÿr del 9 de Dhul-Hiÿÿah hasta el ‘Asr del 13 de Dhul-Hiÿÿah (en total durante 23 salâh fard). Las mujeres no deben decirlo en voz alta, sólo suavemente, y debe recitarse inmediatamente después de concluir cada salâh fard.

Quiera Allâh darnos el taufîq, la capacidad y el éxito de aprender, practicar y beneficiarnos del Día de ‘Arafah y sus virtudes. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh