LAS LECCIONES DE LA HIYRAH

Viernes 29 de Septiembre de 2017
Ÿumu‘ah 9 de Muharram 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Las grandes metas requieren de un denodado esfuerzo, que no se limita solamente a lo físico, sino que comprende dedicación de tiempo y dinero. Incluso algunas personas atraviesan caminos muy hostiles y dolorosos en aras de alcanzar la meta que se propusieron; unos pierden amigos, otros se llenan de enemigos y hay quienes son motivo de burla entre sus pares. Ésta es la situación que vivió nuestro Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cuando Allâh le encomendó difundir el mensaje del Islam.

Allâh envió a la humanidad al mejor de Su creación para enseñar a los hombres la religión que los conduce por el buen camino y los saca de las tinieblas de la idolatría y la ignorancia. Cuando le fue encomendada esa misión, su pueblo se encontraba sumergido en la idolatría, pues adoraban un número de árboles y piedras, el sol, la luna, los ángeles, los genios, las tumbas y las personas que para ellos gozaban de un rango especial. Así es como le rendían culto fiel, se amparaban en ellos ante las desgracias y les consideraban un medio a través del cual podían aproximarse más a Allâh. También encontró que dirimían sus conflictos ante los adivinos, cometían obscenidades, maltrataban a sus vecinos, cortaban los vínculos con sus parientes, desdeñaban a las mujeres y las utilizaban para su servicio sin reconocerles derecho alguno que las dignificara.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) comenzó invitándolos a que den testimonio de que no hay más divinidad que Allâh y que Muhammad es el Mensajero de Allâh, les exhortó a adorar, invocar y pedirle sólo a Allâh y a seguir únicamente a Su Mensajero. Dice Allâh en el Sagrado Corán: “Y lo que os dé el Mensajero, tomadlo, pero lo que os prohíba, absteneos de ello” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 7]. Además, resguardó los derechos de las personas, dignificó a la mujer y la puso a la altura del hombre en cuanto a derechos y obligaciones.

Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), el Profeta de la misericordia, trabajó por la pureza, la castidad, los buenos modales, la rectitud, la unión familiar, el buen trato a los vecinos y la justicia. Les exhortó a apartarse de los actos ilícitos y de las opresiones, a dirimir sus conflictos según la ley de Allâh y no consultando a los adivinos o a las leyes preislámicas, a procurar el sustento de manera lícita y a gastar el dinero de manera beneficiosa; así es como estableció una legislación única y un sistema en el cual los hombres sólo se miden por el grado de piedad.

Ibn Ÿarîr narró que Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) dijo: “Cuando Abû Tâlib se enfermó, un grupo de líderes de la tribu de Quraish fue a visitarlo y entre ellos se encontraba Abu Ÿahl. Cuando estuvieron junto a él le dijeron: “Tu sobrino insulta a nuestros ídolos, hace y dice lo que todos sabemos. Libéranos de tu sobrino y háblale para que deje de insultar a nuestras divinidades y así dejaremos de perseguirlo”. Abû Tâlib le dijo: “¡Sobrino! Tu pueblo se queja de ti pues tú insultas a sus dioses” Entonces el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “¡Tío! Sólo pretendo que digan una palabra que hará unir a todos los árabes y establecerá que quienes quieran vivir entre ellos sin aceptarla deban pagar al gobierno por ello a cambio de protección”. Abû Ÿahl, al oír estas palabras, exclamó: “Entonces la decimos diez veces”; pero cuando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Decid: No hay más dios que Allâh”, se sorprendieron y le dieron la espalda negándose rotundamente a repetirla, y mientras se alejaban repetían: “¿Acaso pretende que los dioses sean un Único dios? Realmente es algo asombroso” [Sûrah Sad (38), âyah 5].

Ellos comprendieron el alcance de estas palabras y supieron que proclamarlas implicaría moldear sus vidas acordes a la legislación del Islam. Dice Allâh al respecto: “Di: En verdad mi oración, el sacrificio que pueda ofrecer, mi vida y mi muerte son para Allâh, el Señor de los mundos. Él no tiene copartícipe. Eso es lo que se me ha ordenado. Soy el primero de los musulmanes” [Sûrah Al-An‘âm (6), âyah 162 y 163]. Y es éste el real significado de “No hay más dios que Allâh” del cual huyeron los idólatras.

El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) invitó a todos los hombres a creer en estas palabras y aferrarse a la religión del Islam que eleva la condición de las personas. Al principio sólo unas pocas personas le siguieron en la ciudad de Makkah, y por contarse entre los más débiles fueron sometidos a todo tipo de torturas para que desistieran de su actitud.

Los soberbios, los envidiosos y los ignorantes extraviados hicieron un frente en común para derrotar al Islam, y no dejaron recurso sin utilizar para tratar de obstaculizar la difusión del Islam y extraviar a la gente del sendero de Allâh. Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Quieren apagar la Luz de Allâh con lo que sale de sus bocas, pero Allâh siempre hace culminar Su Luz por mucho que les pese a los incrédulos” [Sûrah AsSaf (61), âyah 8].

La hostilidad y la persecución en Makkah se encarnizó a tal punto que los idólatras planearon asesinar al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y fue entonces cuando el ángel Ÿibrîl (‘alaihis-salam) descendió con la siguiente orden divina: “¡Muhammad! Allâh te ha autorizado a que emigres a la ciudad de Medina, por lo que esta noche no duermas en tu lecho”. Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) salió de su casa y vio que los idólatras se encontraban rodeando su puerta al asecho para golpearlo entre todos y asesinarlo, comenzó a recitar Sûrah Yasîn y arrojó un puñado de tierra sobre sus caras, fue entonces cuando Allâh hizo que entraran en un estado de somnolencia profundo y no pudieran verlo. Luego el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) junto con su compañero Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) se refugiaron tres días en una cueva. Los idólatras lo buscaron intensamente hasta que un día, luego de seguir sus rastros, llegaron a la puerta de la cueva en donde se escondía. Cuando Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) vio que los enemigos estaban tan cerca exclamó atemorizado: “¡Mensajero de Allâh! Si uno de ellos mira sus pies nos descubrirá”. Entonces el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le respondió: “¡Abû Bakr! ¿Acaso puedes temer cuando es Allâh el tercero que está con nosotros dos en esta cueva protegiéndonos?” Luego de tres días de permanecer escondidos en la cueva emprendieron su emigración a la ciudad de Madinah, y fue la emigración del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) un gran triunfo para el Islam y los musulmanes.

Dice Allâh en el Qurân: “Si vosotros no le ayudáis, ya le ayudó Allâh cuando le habían echado los que no creían y había otro con él. Y estando ambos en la cueva, le dijo a su compañero: No te entristezcas porque en verdad Allâh está con nosotros. Allâh hizo descender sobre él Su sosiego, los ayudo con ejércitos que no veíais e hizo que la palabra de los se negaban a creer fuera la más baja; puesto que la palabra de Allâh es la más alta. Allâh es Irresistible y Sabio” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 40].

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue víctima de varios intentos de asesinato antes y después de la emigración. Los historiadores narran que en una oportunidad Abû Ÿahl dijo: “¡Juro por Al-Lat y Al-‘Uzza que si veo a Muhammad prosternarse frente a la Ka’bah tomaré una piedra y golpearé violentamente su cabeza una y otra vez hasta dejarla como un bollo! Entregadme pues o impedídmelo”. Y su gente respondió: “¡Abû Al-Hakam! No te entregaremos”. Al día siguiente el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se dirigió a la Ka’bah y cuando comenzó a rezar, Abû Ÿahl tomó una piedra de gran tamaño y se aproximó a él para golpearlo con ella delante de los ojos de todos los hombres de Qureish que se encontraban allí en ese momento, cuando de repente retrocedió, cambió de color y comenzó a temblar. Cuando vieron lo que sucedía con él le preguntaron: “¿Qué te ocurre?” Y respondió: “Un camello se interpuso entre él y yo; jamás vi un camello tan grande, y me quería comer”. Al oír esta descripción el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Era Ÿibrîl, y juro por Quien tiene mi alma en Sus manos que si se hubiera adelantado más, los ángeles lo hubieran tomado de una extremidad a la vez frente a los ojos de todas las personas que se encontraban en el lugar observándolo”. Allâh fue Quien protegió y salvo a Su siervo sincero. Dice el Qurân: “Quien se confía en Allâh, Él le basta. Es cierto que la orden de Allâh llega hasta donde Él quiere” [Sûrah AtTalâq (65), âyah 3].

Los habitantes de Madinah se enteraron de que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) había salido de Makkah y se dirigía rumbo a su ciudad, por lo que todas las mañanas aguardaban su llegada en las afueras de la ciudad hasta que el calor se volvía insoportable por el sol del mediodía y retornaban a sus hogares. Y así lo hicieron hasta que el día 12 de Rabi‘ul-Auwal, tras cumplirse trece años de misión profética en Makkah y luego de que regresaran como de costumbre a sus hogares junto con el sol del mediodía, un judío habitante de Madinah se subió a uno de los fortines de la ciudad y divisó al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus compañeros, a lo lejos por lo que comenzó a gritar: “¡Habitantes de Madinah! Vuestro compañero ha llegado, ésta es la gran fortuna que esperabais”. Al oír esto, los habitantes de Madinah salieron presurosos a su encuentro. Se escucharon estruendos, gritos e invocaciones de alegría. Los musulmanes elevaban sus voces repitiendo ¡Allâh es el más grande!, como una manifestación de la inmensa alegría que albergaban sus corazones por la llegada del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Cuando se aproximó, lo rodearon y empezaron a saludarlo en su condición de Profeta, y una inmensa paz cubrió sus corazones. Muchos de los que habían abrazado el Islam en Madinah no lo conocían aún; incluso muchos pensaron que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) debido a su barba canosa. Pero cuando el calor se intensificó, Abû Bakr tomó una túnica y protegió al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) del sol, por lo que aquellos que dudaban comprendieron que se trataba de su compañero.

Así es como llegaron Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) a la ciudad de Madinah y fueron recibidos con mucha alegría y honor. Ellos encontraron en Madinah un gran apoyo y fueron secundados y amparados por sus habitantes. Todos querían hospedar al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y a su compañero, pero su camella se echó en donde se encuentra actualmente su Mezquita por orden de Allâh, Quien escogió el sitio donde debía vivir Su Mensajero. Y así fue, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) construyó sobre esa tierra la Mezquita que irradia luz a todo el mundo y lo seguirá haciendo hasta el Día del Juicio. A partir de entonces comenzó una nueva época llena de bendiciones y triunfos para el Islam y los musulmanes.

La emigración de Makkah a Madinah se tornó obligatoria, y esta obligación duró hasta la conquista de Makkah, aunque el concepto de abandonar el territorio sobre el cual no se puede practicar libremente la religión de Allâh para dirigirse a otro en el cual sí se pueda vivir conforme a las normas del Islam. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “La emigración por la causa de Allâh seguirá en pie hasta que ya no exista posibilidad de arrepentirse. Y la puerta del arrepentimiento seguirá abierta hasta que el sol salga por el oeste”.

La Hiÿrah hacia Madinah es un milagro, pues la ciudad en ese entonces no contaba con grandes recursos agrícolas, era un territorio seco con escasas lluvias, con una actividad comercial muy pobre y ningún tipo de fabricación, por lo que haría suponer que emigrar a una ciudad en estas condiciones significaría un futuro con grandes problemas económicos y sociales para su gente, pero lejos de todo pronóstico, emigrar a Madinah fue un motivo de prosperidad y bienestar para los musulmanes. Las conspiraciones para derrotar al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cesaron, todos sus habitantes, mujeres y hombres, grandes y chicos, pudieron observar al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y aprender directamente de él las enseñanzas del Islam.

Allâh dice en el Sagrado Qurân: “Los que creen, emigran y luchan en el camino de Allâh, esperan la misericordia de Allâh, Allâh es Perdonador y Compasivo” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 218].

La emigración del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) está llena de lecciones y reflexiones. ¿Acaso no veis que Allâh dispuso que los motivos que llevaron a la misma sean comprensibles y razonables, que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y su compañero se aprovisionaron para el viaje, montaron sus camellos y contrataron una persona que los condujo por el camino más seguro, siendo que si Allâh hubiera querido los habría transportado sobre el Burâq? Todo esto con el fin de que reflexionéis y comprendáis que podéis seguir su ejemplo.

No olvidemos que nuestra mayor obligación es luchar por la causa de Allâh contra vuestras propias inclinaciones para así convertiros en siervos obedientes. Debemos estudiar las causas y consecuencias de la Hiÿrah para beneficiarnos de ella, pues nuestra condición sólo puede cambiar si seguimos el ejemplo de los primeros musulmanes y tratamos de imitarlos en su fe sincera, su devoción, su confianza en Allâh y su paciencia. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Teme a Allâh donde quiera que te encuentres, realiza una buena acción luego de incurrir en una falta para la misma sea expiada, y trata a los demás correctamente”.

Hermanos y hermanas, la Hiÿrah es un acontecimiento que cambió el curso de la historia, pues elevó el estandarte de la verdad y facilitó la formación de una comunidad de creyentes que colmó de justicia y bendiciones toda la tierra. Por esta razón los compañeros del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) acordaron que este acontecimiento sea el punto de referencia para el comienzo de cada nuevo año musulmán, pues el primer día de cada año recuerda este grandioso día en el que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) emigró de Makkah a Madinah. Por ello, tened presente esta fecha y reflexionad en este suceso tan importante en la historia del Islam y los musulmanes.

Hermanos y hermanas, quiera Allâh darnos la capacidad y el éxito en entender estas valiosas enseñanzas y lecciones. Amîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh