LA ENVIDIA, SUS CAUSAS Y PERJUICIOS

Viernes 6 de Octubre de 2017
Ÿumu‘ah 16 de Muharram 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Altísimo: “el día en que de nada servirán las riquezas ni los hijos, y solo estará a salvo quien tenga el corazón puro” [Sûrah Ash-Shu‘arâ (26), âyât 88 y 89]. Es el corazón hacia dónde mira Allâh, tal como nos informó el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cuando dijo: “Ciertamente Allâh no mira a vuestras imágenes ni a vuestros bienes, sino que mira a vuestros corazones y obras” [Muslim].

Allâh nos advierte sobre las enfermedades del corazón por los daños y perjuicios que acarrean sobre el individuo y la sociedad, y nos ordena lo siguiente: “Di: Me refugio en el Señor del amanecer, de todo el mal que existe en lo que Él creó, del mal de la oscuridad de la noche cuando se extiende, del mal de las [hechiceras] sopladoras de nudos, y del mal del envidioso cuando envidia” [Sûrah Al-Falaq (113)].

Estas enfermedades y otras como el rencor, el resentimiento, el engaño y la hostilidad, lamentablemente se han propagado entre la gente y la Ummah no será la misma hasta que no se purifiquen los corazones y haya solidaridad entre nosotros. Pues, ninguno de nosotros será un verdadero creyente hasta que no desee para su hermano lo que quiere para sí mismo, como dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Una de estas graves enfermedades que devasta a la humanidad es la envidia, motivo de muchos males de hoy. Se trata de un sentimiento despreciable e inherente a quienes anhelan la privación de las mercedes con las que el prójimo ha sido agraciado y por consiguiente desean acapararlas.

La envidia es la puerta que lleva al mal. Apunta más a la persona cercana que la lejana, más al amigo que al enemigo. Se propaga mucho entre los allegados, vecinos y compañeros.

Al pariente envidioso no le agrada que un familiar suyo sea mejor que él teniendo algo con que lucirse, aunque sea su propio hermano. El vecino envidioso odia que el de al lado sea mejor que él en bienes, notoriedad, poder, belleza o conocimiento. Los compañeros de estudios o de trabajo no aceptan que uno de ellos sea superior en conocimiento, ascensos, méritos o gratificaciones.

Así pues, la envidia es anhelar la privación de las bendiciones que otra persona tiene, y en su esencia esta conducta significa el rechazo de lo que Allâh ha decretado. Los sabios del Islam comentan que hay cuatro clases de envidia:

1) Desear que los dones o bendiciones le sea quitada al agraciado aunque el envidioso no se beneficie de la misma.

2) Desear que los bienes o dones le sea quitados al agraciado, y por ende el envidioso sea beneficiado con ella.

3) Desear obtener los mismos dones de los que goza el agraciado para que no haya desigualdad. En caso de no poder obtener lo mismo, el envidioso desea que el agraciado se prive de lo que tiene.

4) La envidia sana, que es desear una bendición similar a la que tiene el agraciado sin pretender que se le quite.

La envidia es una actitud aborrecible e innoble que no se halla sino en almas incapaces de obrar el bien y deseosas de que el otro se prive de sus gracias, para que así tanto el incapaz como el hacedor se encuentren en la misma condición como dice Allâh: “[los hipócritas] quieren que ustedes rechacen la verdad, tal como ellos hicieron” [Sûrah An-Nisa (4), âyah 89].

El envidioso es enemigo de la bendición y desea que no le alcance al envidiado como ocurre con él. Entonces, quien ama a Allâh debe evitar esta mala conducta y tener presente el castigo de Allâh. En cambio, aquel que está libre de envidia ha de dar las infinitas gracias a Allâh, porque esta plaga lo humilla a uno y lo transforma en un ser degradado.

Sabemos que el origen de la envidia y de la enemistad es rivalizar en multitud e ir en conquista de un solo propósito, y ello se debe al amor que se le tiene a la vida mundanal. Asimismo, cuanto más gozamos de las bendiciones de Allâh Altísimo más lo envidian, y viceversa. Esto porque la aparición de las gracias incita a la envidia y multiplica el sentimiento de depresión.

La envidia es una enfermedad que se origina a causa de la debilidad de la creencia en el Designio Divino y la no comprensión de los atributos de Allâh. Si el envidioso tuviera una fe inquebrantable en el decreto de Allâh, no envidiaría a la gente. Y si tuviera suficiente conocimiento acerca de los significados que tiene los dos de los Bellos Nombres de Allâh, que son el Omnisciente y el Sabio, no envidiaría, ya que Allâh es Sabio en sus propósitos y Conocedor de sus creaciones.

Además, puede que el envidioso sienta o no que está siendo el primero de los perjudicados por causa de su envidia. De esta manera, recibe cinco castigos antes de que al envidiado le llegue nada: angustia interminable, desgracia sin consuelo, humillación de la gente, ira de su Señor, fracaso en esta vida y en la otra cuando ni la riqueza ni los hijos servirán de nada, sólo quien venga a Allâh con un corazón sano.

El envidioso es enemigo de las bendiciones de Allâh. Algunos sabios explican que el envidioso entra en desafío con su Señor del siguiente modo:

1) Aborrece toda bendición visible en el prójimo.

2) Manifiesta su disconformidad con respecto a la distribución del sustento hecha por Allâh, como diciendo por qué esa distribución se hizo así.

3) Se pone en contra de Allâh con su mala conducta, al ser Allâh Generoso con quien quiera y él mezquino y codicioso.

4) Defrauda a quienes están más cerca de Allâh ya que quiere que se priven de los favores divinos.

5) Presta ayuda a su enemigo, Shaitân.

Se suele decir que en el envidioso no logra en las reuniones sino decepción; ante los ángeles, maldición; en sus soledades profunda, pesadumbre; en la Otra Vida, tristeza; y ante Allâh, alejamiento y abominación. Se transmitió del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que dijo: “Tres clases de personas no recibirán respuesta a sus súplicas; aquel que se alimenta de lo que es haram; el que ahonda en la murmuración; y aquel que tiene en su corazón envidia u odio hacia los musulmanes”.

La envidia contradice a la fe, porque ésta ordena a uno a estar sometido a los hechos de Allâh. Porque si el sabio, el devoto y el virtuoso envidian se sabrá que su grado de fe es débil. Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “La envidia consume (destruye) las buenas acciones de la misma manera que el fuego consume la leña”. [Bujari].

‘Abdulllâh Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) dijo cierta vez: “No mostréis hostilidad (irritación) por las gracias de Allâh” Algunas personas dijeron: “¿Y quién se irrita por las gracias de Allâh?” Él respondió: “Aquellos que envidian a la gente por lo que Allâh les ha dado de su favor”. Esta clase de envidia es la más generalizada y la más nociva, porque aquel que la experimenta no podrá vivir en tranquilidad ni tampoco su satisfacción tendrá una meta.

Además, el envidioso vive hundido en su preocupación y tristeza. Dijo un hombre sabio: “Jamás había visto a una persona injusta similar a la oprimida como lo es el caso del envidioso; pues vive con un suspiro constante, una congoja inevitable y un corazón turbado y confuso”.

Las siguientes indicaciones son algunas maneras de escapar de la envidia del envidioso.

El Imâm Ibnul-Qayim (rahimahullâh) dijo: “Sin duda, el envidioso (haasid) puede dañar al envidiado (por él). La Sûrah Al-Falâq contiene la búsqueda de refugio en Allâh contra todo el mal de este mundo, si temes a Allâh, sus tramas y planes nunca te dañarán, el daño del hâsid (envidioso) volverá finalmente de nuevo a él para golpearle. El Imâm Malik (rahimahullâh) dijo: “Lo que quiera que sea hecho por Allâh, permanecerá. Lo que quiera que no, perecerá”. La rectificación comienza con la persona misma, después su familia y demás. Dar sadaqah tiene un gran efecto en repeler el mal de ojo. Es muy extraño que alguien que sea un Muhsin, dé sadaqah y sacrifique por la causa de Allâh, sea afectada en este sentido. Si temes a Allâh, Allâh hará que la creación te tema.

Las siguientes son diez maneras de escapar de la envidia del envidioso:

1) Buscar refugio en Allâh contra el mal del hâsid (el envidioso).

2) Temer a Allâh.

3) Ser paciente cuando trates con este enemigo, y no perder el tiempo por medio de confrontarle o discutir con él.

4) Tawakkul (confiar en Allâh).

5) No permitir siquiera que tu corazón ocupe con la insensatez del envidioso, e intentar lo mejor que puedas borrarlo de tus pensamientos.

6) Volverse a Allâh, ser sincero hacia Allâh y hacer que el amor por buscar la complacencia de Allâh y arrepentirse a Allâh sean la primera preocupación de uno mismo.

7) Arrepentirse ante Allâh por aquellos pecados que permitieron al enemigo obtener control o influencia sobre él; a nadie le es dada la habilidad de doblegar a un siervo excepto debido a los pecados del siervo (los pecados que sabe y los que no sabe).

8) Dar sadaqah y tratar bien a los demás.

9) Repeler el mal con el bien, y esto es de lo más difícil para el alma.

10) Implementar y renovar el Tauhîd, que en realidad abarca todo lo anterior y gira en torno a este. Y para que uno renueve el Tauhîd, debe aprenderlo. Debe aprender el derecho de Allâh sobre Sus siervos.

También corresponde que sepamos cual es el remedio para la envidia:

1) Recitación de la Sûrah Al-Fatihah.

2) Recitación de la Sûrah Al-Ijlâs, Al-Falaq y An-Nas.

3) Recitación de Ayatul-Qursi después de cada salâh y antes de dormir.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos proteja del mal de los envidiosos y de los perversos, nos refugiamos en Ti de que Tus dones se nos quite, el bienestar se nos altere y de no llegar a complacerte. Amîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh