LA CUALIDAD DE AL-QANÂ’AH

Viernes 13 de Octubre de 2017
Ÿumu‘ah 23 de Muharram 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Hoy día hablaremos de una cualidad pertinente de entre las cualidades del Islam, de la cuál todo musulmán, rico y pobre debería esforzarse por poseer. Si alguien recibe la bendición de poseer está cualidad, su corazón estará tranquilo, vivirá una vida libre de preocupaciones y sus ganancias serán halâl. Esta es la cualidad de los profetas (‘alaihimus-salam), es una de las características de los piadosos y uno de los triunfos de los exitosos. Esta es la cualidad de Al-Qanâ’ah, que es estar contentos con lo que Allâh nos ha dado, sea poco o sea mucho.

¿Cuánto estamos en necesidad del Qanâ’ah? ¿Cuánto estamos en necesidad de ser felices sobre lo cual Allâh nos ha destinado y ha distribuido para nosotros? Hoy día nos encontramos en un tiempo en donde la gente derrama sus lágrimas por esta vida mundana, sumergidos en sus deseos; un tiempo donde encontramos exceso de frustración y quejas por doquier; un tiempo donde la gente no se satisface por la distribución del sustento de Allâh. Hoy día, la avaricia, los celos, el odio, la enemistad, los conflictos, las disputas y los robos son común debido a la falta de Qanâ’ah.

Pero, realmente ¿que significa Qanâ’ah? Qanâ’ah significa estar feliz y satisfecho por lo que Allâh ha otorgado y destinado a uno; también significa estar satisfecho por lo que tenemos y no ser codicioso; significa llenar el corazón con satisfacción y felicidad, y remover la frustración y las quejas infructuosas del corazón. La persona que tiene Qanâ’ah no se queja con la gente de su Creador y Sustentador, tampoco se enoja si no obtiene lo que desea, porque algunas veces hay bien en no recibir lo que se desea.

Tanto el rico como el pobre deben inculcar la cualidad del Qanâ’ah en sí mismos, porque el Qanâ’ah de una persona rica, es que muestre satisfacción y gratitud, no negar ni oprimir, y que el amor por sus posesiones no entre en su corazón convirtiéndolo en un esclavo de sus bienes, y que no se aproveche de los pobres. Hay a quienes Allâh no solo les concedió abundante riqueza, sino que además les otorgó la cualidad del Qanâ’ah, no engañan en sus negocios ni privan a sus empleados ni se perjudican a sí mismos debido a su riqueza, más bien, paga su zakâh como es debido y con puntualidad. Si obtienen ganancias, muestran gratitud, y si pierden, están felices. En realidad, esta es una persona con Qanâ’ah.

La Qanâ’ah de una persona pobre es que él está satisfecho con lo que Allâh le ha destinado, sometido a la voluntad de Allâh; no muestra frustración ni se enoja debido a su situación; no se fija en lo que poseen los demás; se abstiene de pedir y rogar de los demás; no se convierte en una carga para los otros; y no consume harâm, aunque fuese para obtener un bocado de comida.

Al-Qanâ’ah es shifâ, es decir, una sanación y un remedio: remedio de la codicia, de las preocupaciones, de las tristezas, del odio, de los celos, de la propagación de los delitos, como el robo y saqueo de bienes, y el asalto a las propiedades. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en varias ocasiones motivó a sus Sahâbah (radiallâhu ‘anhum) para inculcar en sus vidas la cualidad del Qanâ’ah.

Aquel que tiene Qanâ’ah, no vivirá una vida de frustración, más bien vivirá una vida de paz, armonía y tranquilidad. Aquel que es privado del Qanâ’ah, tendrá miseria y tristeza por lo que no ha podido obtener.

Algunos de los medios que nos podrá ayudar a obtener el Qanâ’ah son:

  1. Tener una certeza firme de que Allâh es el Sustentador, porque parte de nuestra fe es la creencia en que Él ha destinado nuestro sustento incluso antes que naciéramos. Debemos tener esta firme creencia de que no moriremos antes que consumimos hasta el último gramo de sustento y la última gota del agua que han sido designados para nuestro sustento por el Más Misericordioso.

Âmir bin ‘Abdu Qays (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Hay cuatro versos del Qurân que, si recito en las tardes, no tendré ninguna preocupación de cómo pasó mi tarde, y si los recito en la mañana, no tendré ninguna preocupación de cómo pasó mi mañana”. Estos versículos son:

“Nos recompensó con la morada eterna, y por Su gracia no padeceremos allí cansancio ni fatiga” [Sûrah Fâtir (35), âyah 35];

“Si Allâh te azota con una desgracia, nadie excepto Él podrá librarte de ella. Y si te concede un bien, nadie podrá impedir que te alcance. Allâh concede Su gracia a quien quiere de Sus siervos. Él es el Absolvedor, el Misericordioso” [Sûrah Yûnus (10), âyah 107];

“No existe criatura en la Tierra sin que sea Allâh Quien la sustenta, Él conoce su morada y por donde transita; todo está registrado en un Libro evidente” [Sûrah Hud (11), âyah 6];

“Que el adinerado mantenga de acuerdo a su abundancia, pero aquel cuyo sustento es escaso que lo haga acorde a lo que Allâh le ha provisto. Allâh no exige a nadie por encima de sus posibilidades. Allâh hará que luego de toda estrechez venga la prosperidad” [Sûrah At-Talâq (65), âyah 7]

  1. Recordar de que este mundo y todo lo que contiene llegara a su fin. Así que ni la riqueza ni la pobreza son eternas.
  2. En cuanto a esta vida mundanal y lo material, deberíamos fijarnos en aquéllos que tienes menos que nosotros. Así apreciaremos aún más las bondades de Allâh Altísimo. Así que, si eres pobre, recuerda que encontrarás a alguien más pobre que tú; si estás enfermo, siempre habrá alguien en una condición peor; si estás débil, siempre habrá alguien más débil que tú. Por tanto, no habrá necesidad de fijarse en aquel que tiene más que tú.
  3. Entrenar el alma en abstenerse se la extravagancia y el derroche (isrâf). Allàh dice en el Qurân: “¡Oh, hijos de Âdam! Vistan con elegancia cuando acudan a las mezquitas. Coman y beban con mesura, porque Allâh no ama a los derrochadores” [Sûrah Al-A’râf (7), âyah 31].
  4. Tener está certeza de que la disparidad del sustento entre la gente es debido a la sabiduría de Allâh. Allâh dice en Su Libro Sagrado: “¿Acaso son ellos los encargados de repartir la misericordia de su Señor? Soy Yo Quien concedo el sustento en la vida mundanal y elevo en grados a algunas personas sobre otras, para que así se sirvan y beneficien unos a otros” [Sûrah Az-Zujruf (43), âyah 32]; y dice también: “Él es Quien los ha hecho responsables de la Tierra, y ha agraciado a unos más que a otros para probarlos con ello” [Sûrah Al-An‘âm (6), âyah 165].
  5. Saber bien que la pobreza y riqueza son una prueba de Allâh. Dice Allâh en el Quran: “Sepan que sus posesiones y sus hijos son una prueba” [Sûrah Al-Anfâl (8), âyah 28]. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos explicó de que la verdadera riqueza no es exceso de bienes, sino la riqueza del corazón.

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró: “Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo en una ocasión: “¿Quién aprenderá de mí las siguientes palabras y las practicará o las enseñará a alguien para que las ponga en práctica?” Respondí: “Yo lo haré, Rasûlullâh”. Así que tomó mi mano y mencionó cinco cosas. Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Abstente de todo los que es harâm y serás el mejor de los adoradores; se feliz con lo que Allâh ha distribuido para ti y serás la persona más rica; trata bien a tus vecinos y serás un verdadero creyente; ama por los demás lo que amas por ti y serás un verdadero musulmán; no te rías en exceso porque el reír en exceso mata el corazón”. [Ahmad, Tirmidhi y Tabarani].

Una vez Sa‘ad Bin Abî Waqqâs (radiallâhu ‘anhu) le dijo a su hijo: “¡Oh hijo mío! Si buscas la riqueza, búscalo en el Qanâ’ah, porque es riqueza que no termina, y abstente de la codicia, porque es la pobreza presente”.

El honor se encuentra en la Qanâ’ah y la desgracia se encuentra en la codicia; aquel que tiene Qanâ’ah es querido por Allâh y la gente; Qanâ’ah es un signo de la perfección y la belleza del îmân; Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) también hizo du‘â por Al-Qanâ’ah diciendo: “Allâhumma Qanni’ni bimâ razaqtani wa bârik lî fihi wajluf ‘alâ kulli gâ‘ibatin lî bi jairin” (Oh Allâh concédeme Qanâ’ah sobre todo lo que me has concedido y concédeme barakah en ella y substituye cada cosa ausente para mí con el bien).

Qanâ’ah es el pilar fundamental para la felicidad y la estructura de la felicidad no puede pararse sin este pilar, el pilar del Qanâ’ah; Qanâ’ah no es solo una bella cualidad, sino que tiene una conexión profunda con la fe, y un creyente no pude sentir la dulzura de la fe hasta que no siente Qanâ’ah y estar satisfecho con lo que Allâh ha decretado para el creyente.

Como se ha mencionado en varias aleyas del Qurân y por el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), que Allâh ama un siervo que es temeroso de Allâh y a una persona que se abstiene de pedir de la gente y una persona que es quien hace algo en privado y en secreto.

Por su Qanâ’ah, un musulmán recibe la complacencia y la alegría del corazón. Ser una persona feliz no significa que uno obtiene todo lo que desea, sino que la persona que es aún más feliz es aquel que está satisfecho con lo que tiene, sea mucho o poco. Aquel que está satisfecho y tiene Qanâ’ah con el sustento que Allâh le otorgó, no anhelará este mundo, sino que estará contento y satisfecho con lo que Allâh ha decretado para él.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¡Oh hijo de Âdam! Contentate con lo que Allâh ha distribuido para ti y serás el más rico de entre la gente”. Así, deberíamos entender que no importa cuánto ganamos, recibimos y poseemos, seguimos siendo pobres y necesitados de Allâh, el Señor de los Mundos. Allâh dice en el Qurân: ¡Oh, gente! Ustedes son los que necesitan de Allâh, mientras que Allâh es el que tiene domino absoluto y es digno de toda alabanza [Sûrah Fâtir (35), âyah 15]. Una persona puede poseer todo en esta vida, pero en un instante lo puede perder todo, y de ser una persona de entre los más ricos y adinerados se puede convertir en un vagabundo indigente. Así que la felicidad no se encuentra en poseer la riqueza de este Dunia, sino que es poseer imân y yaqîn verdaderos, además de ser sinceros y obedientes de Allâh. Así uno podrá saborear la dulzura de la fe.

Allâh Altísimo no prometió a quienes obran rectamente que les dará riqueza, sino que les prometió hayâtan taiyibah, es decir una buena vida. Dice el Qurân: Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederé una vida buena y le multiplicaré la recompensa de sus buenas obras [Sûrah An-Nahl (16), âyah 97]. Según Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhu), hayâtan taiyibah es Al-Qanâ’ah.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Mi Señor me ofreció convertir en oro las montañas de Makkah para mí, pero yo le supliqué: ¡Oh, Allâh! Prefiero comer un día y sentir hambre al otro, para poder recordarte e implorarte en la necesidad y agradecerte y glorificarte cuando estoy con el estómago lleno”. [Tirmidhî]. Eso fue dicho por Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) a quien afirmamos seguir y sentirnos orgullosos de ser parte de su Ummah. ¿No deberíamos seguirlo en este ejemplo también?

‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo que en una ocasión en que visitó al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo encontró recostado: “Me di cuenta de que en su cuarto había solamente tres pedazos de cuero curtido y un punado de cebada que había en un rincón. Miré con más detención y no vi nada más. Comencé a llorar y él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) me preguntó: “¿Por qué lloras?” Y yo respondí: ¡Oh, Mensajero de Allâh! Cómo no voy a llorar viendo las marcas de la estera impresas en tu cuerpo y viendo lo que hay en tu cuarto. Los persas y los romanos que no tienen la Fe verdadera y que no adoran a Allâh, sino a sus reyes (César y Kosroes), viven en jardines por los que corren los ríos, mientras que el Mensajero y elegido siervo de Allâh vive en la extrema pobreza. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) estaba recostado sobre su almohada, pero después de escuchar lo que dije se incorporó y dijo: “¡Oh, ‘Umar! ¿Acaso todavía tienes dudas acerca de esto? La comodidad y la complacencia en la otra vida son mejores que las de este mundo. Los incrédulos disfrutan su porción de las cosas buenas en este mundo, pero nosotros las hemos almacenado para la otra vida”. Yo le supliqué: ¡Oh, Mensajero de Allâh! pide perdón por mí, porque en verdad estaba equivocado”. Fijémonos en las pertenencias que tenía el soberano de este mundo y del otro, el más amado Mensajero de Allâh. Cómo corrige a ‘Umar cuando le pide que rece por algo de riqueza y comodidad. Alguien le preguntó a ‘Âishah (radiallâhu ‘anhâ) cómo era la cama de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en su casa y ella dijo: “Era un cuero relleno con hojas de palmera”. Lo mismo le preguntaron a Hafsah (radiallâhu ‘anhâ) y dijo: “Consistía en un pedazo de tela doblada que ponía debajo de él. En una ocasión la doble en cuatro partes para hacerla más cómoda y él me preguntó: “¿Qué pusiste debajo la noche pasada?” Yo respondí: La misma tela, pero esta vez la doblé en cuatro pliegues. Él dijo: “Déjala como antes, pues la excesiva suavidad se interpone para levantarnos a rezar tahayyud”. Ahora fijémonos en las comodidades de nuestra casa y habitaciones; a pesar de que vivimos llenos de comodidades, no dudamos en quejarnos de las dificultades, en lugar de ser agradecidos y más obedientes con Allâh por todas sus bendiciones.

Hermano y hermanas, roguemos a Allâh para que nos concede esta bella cualidad del Qanâ’ah. Âmîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh