LA HUMILDAD Y LA ARROGANCIA

Viernes 20 de Octubre de 2017
Ÿumu‘ah 30 de Muharram 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Existe un valor ético muy importante, que es loable y honorable, este es la humildad; pero también existe un antivalor, que es repugnante y reprobable, y este es la arrogancia.

La humildad es una de las cualidades de los piadosos y temerosos de Allâh -assalihuna wal-muttaquna-. Dice Allâh en el Sagrado Qurân sobre de la humildad: ¡Oh, creyentes! Si abandonan su religión, Allâh los suplantará por otros a quienes amará y ellos Lo amarán, que serán compasivos con los creyentes, severos con los que niegan la verdad, y combatirán por la causa de Dios sin temor a los reproches. Esas son las cualidades de quienes Dios ha bendecido. Dios es Vasto, todo lo sabe [Sûrah Al-Mâidah (5), âyah 54]. Dice también: No rechaces a la gente y no andes por la Tierra como un arrogante. Allâh no ama a los presumidos ni a los engreídos. Se modesto en tu andar y habla sereno, que el ruido más desagradable es el rebuzno del asno [Sûrah Luqmân (31), âyât 18 y 19].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “A quien es compasivo con los demás, Allâh hará que la gente lo respete y aprecie, y a quien es humilde, Allâh elevará su posición entre la gente (en esta vida y en la otra)”. Rasûlullah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), fue un ejemplo de himildad. Nosotros decimos amar al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y creemos que lograremos la felicidad en esta vida y en la otra siguiendo sus enseñanzas. No por nada dijo Allâh en el Qurân acerca de Su querido Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): En el Mensajero de Allâh hay un bello ejemplo para quienes tienen esperanza en Allâh, [anhelan ser recompensados] en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a Allâh [Sûrah Al-Ahzab (33), sûrah 21].

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) es el más noble de los descendientes de Âdam (‘alaihis-salam) y el más noble ser humano que haya existido. Su posición ante Allâh es la más elevada, y los niveles de fe y el aprecio de Allâh que alcanzó, no han sido alcanzados por otros seres humanos, ni lo serán. El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) es el más digno merecedor de todo el respeto de la gente, sin embargo, nunca fue autoritario ni arrogante, es más, en todas sus acciones encontramos impresionantes ejemplos de humildad.

A pesar de ser el Mensajero de Allâh y el líder indiscutido de los creyentes, y sabiendo que sus seguidores se desvivían por servirlo y hacer las cosas por él, el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) realizaba las tareas más comunes y manuales como todos. Tanto así, que uno de sus compañeros nos relata, muy impresionado, cómo el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) los ayudó a cavar la trinchera, ensuciándose con tierra, durante la famosa Batalla del Pozo.

Humildad es compartir con aquellas otras personas lo que tienen; es la virtud que tienen algunos para ponerse en los zapatos de otros y sufrir como propia sus necesidades, el humilde no se siente superior, no pretende estar por encima ni por debajo de los demás. Una persona humilde es capaz de relacionarse con los demás sin importar su estrato, su color y su religión. La persona humilde sabe cuándo reconocer sus errores y sabe cuándo pedir una disculpa.

La humildad es el valor más hermoso del ser humano, pero también es el más escaso, ya que hay pocas personas en el mundo capaz de escuchar, aprender, respetar y sobre todo de ayudar. Humildad no es dar lo que te sobra es, entregar lo que tienes para ver bien a otros, es saber aceptar que lo que tienes es por la gracia de Allâh. La humildad puede llevarnos a disfrutar de mejores relaciones con los demás. Humildad es aceptar que cada uno somos diferentes y aprender aprovechar cada momento para conocer gente diferente y aprender cosas nuevas que ellos te pueden brindar. Ser humilde nos permite ser mejores personas. Cuando queremos ser humilde ayudar a alguien, debemos hacerlo de una forma desinteresada.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No hay nadie que se humille por Allâh sin que Allâh le ennoblezca” ¿Verdad que solemos querer a todo aquél que, habiendo mejorado su posición en la vida mundanal, se mantiene humilde? ¿Y odiamos a todo aquél que cuanto más asciende su posición en la vida, más aumenta su arrogancia hacia la gente?

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh me há revelado: “Sed humildes hasta el punto de que nadie se enorgullezca ni oprima a nadie”. Dijo también: “Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ ha dicho: “Aquél que se humilla ante Mi de tal manera -y el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) puso su mano palma abajo haciéndola descender hasta casi tocar el suelo-, le hago ascender de tal manera -y él puso su mano palma arriba elevándola hacia el cielo. ¿Observáis la descripción ilustrativa de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)?

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo también: “No entra en el Paraíso aquél cuyo corazón contenga una pizca de arrogancia”. Allâh dijo en un Hadîth Qudsi: “El orgullo es Mi abrigo y el honor es Mi vestido, y a quien pretenda arrebatármelos, lo castigeré” ¿Podemos competir con Allâh en el orgullo?

Allâh Altísimo dice en Su Libro Sagrado, entre los consejos de Luqman a su hijo: No rechaces a la gente y no andes por la Tierra como un arrogante. Allâh no ama a los presumidos ni a los engreídos [Sûrah Luqmân (31), âyah 18].

En otro versículo, dice el Qurân: No caminen por la Tierra con arrogancia, pues ella no se abrirá por su andar, ni tampoco podrán igualar a las montañas en altura [para ser tan imponentes como ellas][Sûrah Al-Isrâ (17), âyah 37].

La humildad del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)

Los Sahabah (radiallâhu ‘anhum) dijeron: “Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) estrechaba la mano a alguien, nunca la retiraba primero, aunque tuviera muchas preocupaciones y cosas que hacer”. Dijeron también: “Cuando saludaba a alguien, lo hacía con todo su cuerpo…”, es decir, dirigiendo todo su cuerpo hacia la persona que saludaba, “…y nunca apartaba su cara de él hasta que la otra persona lo hacía primero. Además, en las reuniones, se sentaba al lado del último que había llegado”, es decir que no se hacía hueco entre la gente para conseguir el mejor lugar. “Era gentil, amable y siempre lo encontrabas sonriente”.

Nosotros deberíamos aprender estos cuatro comportamientos del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y adquirirlos para que, de este modo, consigamos la virtud de la humildad. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), dijo: “Allâh me dio a elegir entre ser un rey profeta o un siervo profeta, y yo elegí ser un siervo profeta”.

Una vez, un hombre temblando se acercó a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa asllam),  pensaba que iba a encontrarse con el rey de los reyes, entonces Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo: “Tranquilízate, yo no soy un rey, sólo soy el hijo de una mujer de Makkah, que comía la carne seca”, refiriéndose a que, por la pobreza, su madre ya que no podía comer carne fresca. ¿Has hecho tú eso, aunque sea una sola vez, cuando te ha venido alguien a exaltar tu posición? ¿Le has dicho “Tranquilo, ¿sólo soy una persona común y corriente”? Al contrario, hay personas que desean que los demás se rindan a sus pies.

El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) aunque pudiera permitirse montar un caballo, montaba un burro para expresar su humildad con Allâh, y a veces, cuando le pedían elegir entre una mula y un caballo, elegía la mula por su humildad ante Allâh.

El día del Jandaq, sus compañeros (radiallâhu ‘anhum) cavaban continuamente y rompían las piedras, siendo éstas las tareas más nobles de aquel día, mientras que el trabajo más bajo y difícil aquel día era extraer la arena del foso y echarla a un lado. Sin embargo, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) eligió el trabajo más bajo. Así pues, descendió al hoyo para sacar la arena afuera. Los compañeros dijeron: “Por Allâh, hemos visto el cuerpo del Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) completamente cubierto de polvo”. ¿Acaso nosotros hemos hecho algo parecido alguna vez? ¿Cuándo fue la última vez que lavamos los platos por nuestra madre o esposa en casa?

El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) estaba al servicio de su familia, iba al mercado a hacer la compra para ellos, cosía su ropa, arreglaba sus zapatos, ordeñaba su oveja. Es el Profeta de la humildad, nadie entrará al Ÿannah antes que él. Sin embargo, podemos ver cuán humilde y sencillo era.

Nuestra propia humildad debe traducirse en algunos aspectos de nuestra vida, por ejemplo, la humildad en la vestimenta. Esto no quiere decir que debamos usar una ropa desarrapada o que tenga un aspecto desarreglado, no es esa la idea de la humildad en el vestir. Una vez, un hombre se acercó al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le dijo: “¡Mensajero de Allâh! Me gusta vestir bien ¿Hay algo de arrogancia en eso?”, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le respondió: “No, ciertamente Allâh es Bello y ama la belleza”. Entonces, lo que tenemos que abandonar es la ropa lujosa y la que nos ponemos con la intención de enorgullecernos y ser vanidosos, porque esto se considera arrogancia. Sin embargo, si nos ponemos una buena y bella ropa con la intención de dar una buena imagen vistiendo de una manera elegante y pulcra, entonces no hay inconveniente.

Otro aspecto, es la humildad con nuestros trabajadores. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Son vuestros hermanos, a quienes Allâh ha puesto bajo vuestro dominio, así pues dadles de comer de lo mismo que coméis, vestidlos con lo que os vestís y encargadles tareas que puedan ejecutar y si les encargáis tareas más pasadas de lo que pueden realizar, entonces ayudadles”, dijo también (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Si uno de vosotros hace que su sirviente le traiga una comida, que le invite a sentarse con él, y si no, que le ofrezca un poco de la comida”.

Otro aspecto que considerar es la humildad con los parientes pobres. Si tienes parientes pobres, recuérdalos, no los olvides, procura tratarlos bien y visitarlos, y guárdate de pretender que estás mostrando piedad con tu familia y con tus parientes mientras en realidad eliges sólo a los que se encuentran en mejor posición económica y social. La humildad también consiste en tratar bien a la gente de menor clase social y cultural. Por ejemplo, no es humilde el estudiante que se ha graduado en una universidad privada y piensa por ello que no es lógico tratarse con el estudiante que se ha graduado en una pública. No te enorgullezcas ni seas arrogante a causa de tu conocimiento o tus títulos.

La humildad con aquél que te ha enseñado algo. Muchas veces, nos burlamos de nuestros profesores en la escuela o en la universidad. Esto es totalmente incorrecto, porque ellos son los que enseñan y merecen nuestro respeto.

También es muy importante considerar la humildad con los padres. Allâh Altísimo dice en el Qurân: “Baja sobre ellos el ala de la humildad que viene de la misericordia” [Sûrah Al-Isrâ (17), âyah 24]. Si tus padres están vivos: ¿Les besarías las manos? ¿Besarías las manos de tu madre ante la gente? Esto es una muestra de humildad. ¿Sabes hacerlo? …Y si están muertos, pide continuamente perdón a Allâh por ellos.

Si queremos aprender la humildad y adquirirla como una virtud moral, lo más aconsejable es que probemos por un mes. Con seguridad después diremos “Ha sido realmente fácil hacerlo con mi madre, aunque bastante más difícil con mi padre”. Sin embargo, debemos intentar e insiste una y otra vez, así podremos aprender fácilmente la humildad con Allâh.

Por último un aspecto de nuestra vida en el que debemos trabajar para mejorar, que es además la humildad más bella, ser humildes ante Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ. Debemos cuidarnos de recriminar a alguien o mirar por encima del hombro a otros porque cualquier virtud o cualidad, especialmente porque Allâh nos escogió a nosotros para concedernos la Guía y a otros no los guio y todavía están alejados de Allâh, o porque tenemos más conocimiento del Din que otros hermanos o hermanas. Allâh dice: “y no des esperando recibir más a cambio” [Sûrah (74), âyah 6]. Por eso debemos bajar nuestras alas y demostrar nuestra humildad sinceramente ante Allâh, pues nuestro cuerpo y alma, y todo lo que somos y poseemos son un don y una merced de Allâh hacia nosotros.

Por otra parte, la arrogancia, un mal tan difundido hoy en día entre las personas, es una característica que, además de ser detestable, se constituye en una clara ofensa y desafío a la bella cualidad de Único Dios que sólo posee Allâh Altísimo. El arrogante se atribuye a sí mismo una característica que no le corresponde. Por eso, decimos que el arrogante no es un verdadero creyente monoteísta. Allâh dice en un Hadîth Qudsi: “La arrogancia y la grandiosidad sólo me pertenecen a Mí, pues sólo Yo me las merezco. Quien de mis criaturas se atribuya alguna de estas cualidades, lo haré entrar en el Infierno”. Estas palabras de Allâh son absolutamente verdaderas, pues sólo Él es mejor que todas Sus criaturas, y sólo Él es el Más Poderoso y Rico de todos. Sólo Él es el Más Sabio. Allâh tiene muchos bellos nombres y atributos, entre ellos están: Al-Mutakabbir (el que es Superior a los demás) y Al-Qadir (el Todopoderoso).

Dijo Allâh sobre los arrogantes: “los que discuten los milagros de Allâh sin haber recibido un argumento válido, por lo que acrecientan la aversión de Allâh y de los creyentes hacia ellos. Así es como Allâh sella el corazón de todo arrogante, opresor” [Sûrah Al-Gâfir (40), âyah 35].

Los soberbios y arrogantes no entrarán al Ÿannah. Dice Allâh en el Qurân: “La morada de la otra vida [en el Paraíso] es para quienes no son soberbios ni siembran la corrupción en la Tierra. ¡Bienaventurados sean los piadosos!” [Sûrah Al-Qasas (28), âyah 83]. Dijo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “No entrará al Paraíso quien tenga en su corazón, aunque sea un átomo de arrogancia”. Y dijo también: “¿Quieren que les informe quiénes serán los moradores del Infierno? Todo corrupto que niega la verdad y es arrogante”.

La arrogancia es un estado en el cual estamos convencidos de tener el derecho de estar por sobre los otros. La admiración propia justificada, sin compararnos con otros y el sentirse superior no es lo mismo. Esto es en el peor de los casos vanidad. La arrogancia es ilícita en el Islam, es considerada un estado de vergüenza, de desgracia. Lo opuesto a la arrogancia es mirarnos a nosotros mismos solo con la intención de conocernos verdaderamente. Esto es considerado una virtud, lo que se espera de un musulmán. Aún si es justificado o no, aún si verdaderamente en nuestro corazón creemos que somos superiores a otro o no, es un pecado si la presunción es exteriorizada, manifestada, comunicada a los otros a través de la mente o en acción. Peor aún si no hay justificación para el sentido de superioridad. Allâh el Altísimo, El cual uno de Sus atributos es El Imponente, es El único merecedor de este nombre.

La única ocasión en que el sentimiento de orgullo no es un pecado, es al manifestarlo en contra de una persona agresiva arrogante, o en contra de un enemigo tirano cuando estamos en guerra defendiendo nuestra religión o país. De hecho, mostrar orgullo hacia una persona arrogante es considerada una buena obra. Ÿabir (radiallâhu anhu) narró que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El único estado de orgullo que Allâh permite es el mostrado en una batalla o mientras se hace un acto generoso”. El sentido del orgullo mientras ayudamos a una persona en necesidad es desmerecer la generosidad, pretendiendo que somos capaces de hacerlo aún mejor.

Siete cualidades son consideradas causa de soberbia: educación, conocimiento, piedad religiosa, fama y nobleza de familia y descendencia, atractivo físico, fuerza física, riqueza, logros, y tener admiradores y seguidores. En realidad, ninguna de estas cualidades necesariamente es causa de arrogancia, por el contrario, son valores positivos por los cuales toda persona se esfuerza por conseguir. La causa real de la arrogancia es la estupidez y la inhabilidad de comprender el conocimiento ofrecido. Sin embargo, no hay otra medicina sino el conocimiento para curar la estupidez.

Es mejor mencionar algunas de las señales comunes de la arrogancia para que nos sintamos seguros del mal del orgullo. Sospechen de la presencia de la arrogancia, en los siguientes casos:

  • Si necesitan ser reconocidos por la gente cuando les muestran señales de respeto, como levantarse cuando entran a un cuarto, al saludarlos en la calle, etc.
  • Si se sienten importantes cuando están rodeados por compañeros admiradores que insisten en caminar un paso detrás de ustedes. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) estaba caminando desde su casa hasta el cementerio de Ÿannatul-Baqî, y muchos de sus compañeros lo seguían. Él se dio vuelta y les pidió que caminaran adelante de él. Cuando le preguntaron la razón, dijo: “Cuando oí que arrastraban los pies detrás de mí, temí que el orgullo entrara en mi corazón”.
  • Si se niegan visitar a alguien, poniendo la excusa de que no tendría ningún sentido.
  • Si se niegan sentarse al lado de alguien a quien consideran inferior.
  • Si rechazan entrar en compañía del enfermo y el humilde.
  • Si se niegan a hacer los quehaceres de su casa.
  • Si se niegan a llevar cargas pesadas en público
  • Si se niegan a usar ropa barata o gastada. Abû Umamah (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Usar ropa vieja y usada es una señal de los fieles”.
  • Si, mientras disfrutan las invitaciones de los ricos y los importantes, se niegan a aceptar las invitaciones de los pobres.
  • Si están avergonzados por ir de compras por cosas baratas en mercados inferiores
  • Si avanzan, ante otras personas, en ocasiones de presentar a personajes importantes
  • Si avanzan, en las discusiones y debates, contra lo que sucede que es correcto, y no obstante esperan ser convincentes.

El egoísta piensa que es una bendición su estado. Se tiene como su propio Dios y será devastado cuando Allâh actúe con lo que Dice: “¿Acaso a quien [Shaitân] le hizo ver sus obras malas como buenas [es comparable a quien Allâh ha guiado]?” [Sûrah Fâtir (35), âyah 8].

Anas ibn Malik (radiallâhu ‘anhu) narró que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Tres cosas son devastadoras: creer en el bien de la avaricia, atender la lujuria, y ser un egoísta”.

Hermanos y hermanos, pidamos a Allâh que nos haga entre los humildes y nos proteja de la arrogancia y la soberbia. Amîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh