LA SONRISA, UN ACTO DE CARIDAD

Viernes 27 de Octubre de 2017
Ÿumu‘ah 7 de Safar 1439
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

La sonrisa es aquel lenguaje humanitario mundial, es aquel tipo de belleza de alto nivel, y es aquella conducta que insinúa la aceptación, la serenidad, la apacibilidad y la cordialidad humana.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Ese día habrá rostros radiantes [el de los bienaventurados], risueños y alegres” [Sûrah ‘Abasa (80), âyah 38 y 39]; Allâh dice también: “Si hubieras sido rudo y duro de corazón se habrían alejado de ti” [ Sûrah Ali ‘Imrâm (3), âyah 159]; y dice también Allâh: “Responde con una buena actitud [sabiendo disculpar], y entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu amigo ferviente” [Sûrah Fussilat (41), âyah 34].

La sonrisa es algo propio del hombre y se considera una parte de la belleza de la moral y de la buena conducta humana.

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era quien más sonreía de entre la gente. También bromeaba con sus Compañeros (radiallâhu ‘anhum) pero incluso bromeando decía siempre la verdad. ‘Abdullâh ibn Al-Hâriz (radiallâhu ‘anhu) narró: “Jamás vi a nadie que sonreía más que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).” También Ÿarîr ibn ‘Abdullâh (radiallâhu ‘anhu) dijo: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nunca rechazó recibirme desde que abracé el Islam y al verme siempre sonreía”. Así que su forma de reírse mayormente era la sonrisa.

También el Ibnul Qaiyim (rahimahullâh) registró la forma de reír del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) diciendo: “Su forma de reír mayormente era la sonrisa o, mejor dicho, toda su forma de reír era la sonrisa. Y lo máximo de su risa era manifestar sus muelas. Reía de lo gracioso, lo cual cuando sucede resulta asombroso y raro”. Y después de que la descripción aclaró su método o filosofía de reír, Ibnul Qaiyim agregó: “Reír tiene varios motivos que lo provocan, y ése es uno de ellos. El segundo es: reír por alegría, o sea cuando uno ve lo que le alegra. Y el tercero es: reír por ira, y esto muchas veces pasa al enfurecido cuando se incrementa su ira. Y el motivo de este tipo de risa es el asombro del enfurecido de lo que le causa la furia y su sensación de poder vencer a su adversario y que éste está bajo su control. Y quizá su risa se deba a poder controlar sus nervios al enfurecerse, ignorar a quien le enfureció y no hacerle caso”.

Confirma esto lo que Anas ibn Mâlik (radiallâhu ‘anhu) narró: “Estaba en compañía del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) mientras él tenía puesto un manto de Naÿrân de borde grueso. Le alcanzó un beduino y le agarró de su manto con fuerza, a raíz de eso miré el cuello del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en el que pude notar la marca que dejó el borde del manto por la fuerza con la cual fue agarrado. Después el beduino dijo: “¡Oh Muhammad! Ordena concederme algo del dinero de Allâh que está bajo tu manejo”. Así que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) volvió a mirarlo y sonrió, luego ordenó concederle algo de lo pedía”.

Sin embargo, no era suficiente para el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ser un ejemplo en cuanto a la aplicación de esta belleza humanitaria, sino que incitó a la misma. Abu Dhar (radiallâhu ‘anhu) narró que el el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Sonreírle a tu prójimo se considera una caridad a tu favor” Y eso significa que mostrar la jovialidad a los demás al encontrarse con ellos hace al musulmán merecer una recompensa, tanto como la caridad conlleva una recompensa.

Son actos simples y fáciles sin costo ni esfuerzo, pero tienen un efecto mágico en la gente. En el Islam se consideran una buena acción el término que alberga todo lo que satisface a Allâh y a Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). También Abu Dhar (radiallâhu ‘anhu) narró: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) me dijo: “No desprecies nada de los buenos actos, aunque sea encontrarse con tu prójimo con un rostro alegre”.

La sonrisa es el primer paso para atraer los corazones y para publicar la bondad, la misericordia y el afecto entre la gente, lo cual da lugar a la seguridad, la hermandad y la afinidad en la sociedad. Estas cosas simples son una parte de la fe, y el creyente es quien está cerca de la gente, ya que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El creyente se familiariza con la gente recíprocamente, y no hay bien en aquel que no se familiariza recíprocamente con ellos. El mejor de la gente es el que más los beneficia”.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) liberó a sus seguidores de todas las enfermedades del corazón, de las crisis psicológicas y de las presiones de la vida que demuelen a la humanidad, para alcanzar la felicidad y la paz interior. Entonces, hizo de la sonrisa su eslogan en el sufrimiento y en la felicidad, y nunca se le vio sino sonriendo. Su sonrisa curaba la tristeza de todas las personas alrededor de él, y sanaba los dolores de sus compañeros.

Fudhalah (radiallâhu ‘anhu) narró su historia antes del Islam diciendo: “Vi al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en Makkah haciendo Tawâf y lo vigilaba con la espada en mi mano esperando el momento preciso para eliminarlo, cuando el percibió que yo estaba acercándolo, pregunto: “¿Acaso eres Fudhalah?” Dije: “Si, Oh Mensajero de Allâh”, él me pregunto: “¿Qué haces aquí?” le mentí diciendo que estuve recordando a Allâh cerca de la Ka’bah. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dio vuelta y me miro sonriendo, puso su mano en mi pecho y dijo: “Fudhalah ¡Fawallâhi!” No terminó de levantar su mano de mi pecho, sin que Allâh y Su Mensajero se hubiereran convirtido en los más amados por mi”.

Fué Jalid ibn AI-Walid, antes de su conversión al Islam, quien causó la aplastante derrota de los musulmanes en Uhud. Antes de hacerse musulmán, el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo al hermano de Jalid: “Ciertamente, Jalid está dotado de un gran intelecto que algún día lo guiará al Islam” Estas palabras penetraron el corazón de Jalid. Al día siguiente, se presentó ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), como él mismo narró diciendo: “Al verme de lejos se incorporó poniéndose de pie y se sonrió hasta que me senté delante de él. Ni siquiera mencionó lo sucedido en Uhud, más bien me invitó al Islam con dulces palabras y un rostro sonriente”. Después de su conversión al Islam, Jalid ibn AI-Walid fue el campeón de muchas batallas en favor del Din de Allâh.

Dice Allâh Altísimo: “Y apresúrense a buscar el perdón de su Señor y un Paraíso tan vasto como los cielos y la Tierra, que ha sido reservado para los que tienen consciencia de Allâh [y cumplen la ley], [que son] aquellos que hacen caridad, tanto en momentos de holgura como de estrechez, controlan su enojo y perdonan a las personas, y Allâh ama a los que hacen el bien” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyât 133 y 134].

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita aprender, entender y practicar estas enseñanzas. Amîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh