TODO ASUNTO ENCIERRA UN BIEN PARA EL CREYENTE

Viernes 3 de Noviembre de 2017
Ÿumu‘ah 14 de Safar 1439
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Altísimo en el Sagrado Qurân: “Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Allâh sabe, mientras que vosotros no sabéis” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 216]. Allâh da un ejemplo de una nación en los siguientes versículos: “Realmente la gente de Saba tenía un signo en donde habitaba: Dos jardines a ambos lados: derecha e izquierda. ¡Comed de la provisión de vuestro Señor y agradecedle! Es una buena tierra y Él es un Señor Indulgente. Pero se desviaron y enviamos contra ellos la inundación del dique y convertimos los dos jardines en otros con arbustos espinosos y amargos, tamariscos y algún azufaifo. Así les pagamos por haber sido desagradecidos. ¿Acaso recibe ese pago alguien que no sea ingrato?” [Sûrah Sabâ (34), âyât 15 a 17].

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El que probará la dulzura del Imán, es aquel quien está complacido con Allâh como su Señor, el Islam como su Dîn y Muhammad como su Mensajero y Profeta”.

Hermanos y hermanas la satisfacción en lo que Allâh elige para su siervo son unas de las cosas que suscitan la tranquilidad interior y arraigan el Imân en el corazón.

La satisfacción es la puerta suprema de Allâh, el jardín de esta vida, el lugar de descanso de los adoradores y la frescura de los ojos de los que tienen anhelo. No hay que tomar como criterio aquellas cosas cuya atracción, amor, repulsión u odio perjudican o benefician, sino que hay que tomar como criterio lo que Allâh ha elegido para su siervo a través de su comando y de su prohibición, porque él tiene más conocimiento que el siervo, tiene más misericordia que su madre que le dio a la luz.

Al siervo, a su vez, no incumbe otra cosa que estar satisfecho con el juicio de su Señor, y confiar en él y entregarle sus asuntos. El hombre no puede ver otra cosa que el aspecto exterior de los asuntos, siendo velado de los aspectos interiores e invisibles.

Cuantas veces una tribulación se ha convertido en un don, y cuantas veces una prueba se ha convertido en un regalo y cuantas veces un beneficio ha llegado al hombre por donde no se lo esperaba, y cuantas veces ha substituido lo que es valioso y precioso por algo en lo que ha encontrado su perdición.

Si supiera que lo indeseable trae lo que es amable y que lo que es amable trae lo indeseable no perdería la esperanza de que le pueda llegar la felicidad por donde, por su falta de conocimiento de las consecuencias, se esperaría que le llegara algo que le perjudica.

Allâh sabe lo que el siervo no sabe: “Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Allâh sabe, mientras que vosotros no sabéis” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 216]. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El creyente fuerte, es mejor y más amado por Allâh que el creyente débil, y en todos hay un bien. Empéñate en lo que es útil para ti, y busca la ayuda de Allâh y no te quedes inerte. Y si te ocurre algo no digas “Si hubiera hecho, eso hubiera pasado eso y eso”. Sino digan: “Allâh ordenó esto y Él hace lo que Él quiere”. Porque verdaderamente la frase: “Si hubiera hecho” hace una vía para el trabajo del Shaitân”. [Muslim].

Nuestro padre Âdam (‘alaihis-salam) comió de un árbol y fue descendido a la tierra, dejando así lo que era mejor y más correcto por algo indeseable. Sin embargo, la consecuencia de su asunto encierra un bien inmenso y un enorme favor: Allâh se volvió a él, lo guio y lo escogió e hizo de él un enviado y saco de sus espaldas mensajeros y enviados, gente de conocimiento, mártires, amigos de Allâh, adoradores y gente que gasta de la provisión que Allâh les ha dado.

Cuando la madre de Musa (‘alaihis-salam) lo arrojó al Nilo, no se le reprochó el hecho de que su hijo fuera a caer en las manos de la familia de Faraón porque, a pesar de eso, en un futuro se manifestaron las consecuencias loables y las buenas huellas de lo que ocurrió. Así como lo que le ocurrió a Yûsuf y a su padre Yaqub (‘alaihimus-salam). El Profeta Yûsuf (‘alaihis-salam) fue separado de su padre, por muchos años fue maltratado por sus hermanos, fue abandonado en un pozo, fue seducido por la esposa del Aziz de Egipto, fue encarcelado, pasó por pruebas tras prueba y al final de la historia Allâh le otorgó una posición donde podía llegar a obtener lo que deseara y Allâh lo reunió con su padre. Dice Allâh en el Qurân: “Así es como dimos una posición a Yûsuf en la tierra, en la que podía residir donde quisiera”. [Sûrah Yûsuf (12), âyah 56]. O al muchacho que fue muerto por el Jidr, por la orden de Allâh: “El muchacho tenía padres creyentes y temamos que les obligara a la rebelión y a la incredulidad. Y quisimos que su Señor les diera a cambio uno (un hijo) mejor que él, más puro y más propenso a la compasión” [Sûrah Al-Kahf (18), âyât 80 y 81].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No se preocupen de aquellos que están sobre ustedes en relación a su riqueza sino que mejor aún preocúpense de aquellos que están bajo ustedes, porque ciertamente cuando el hombre se preocupa de aquel que está sobre sí en cuanto a riqueza, empequeñece los bienes que posee, pero si el hombre se preocupa de aquellos que están bajo él económicamente, entonces apreciará aquello que posee y dará las gracias a Allâh por sus bendiciones”.

Hermanos y hermanas, quien reconoce el bien en lo que Allâh elige para su siervo, está satisfecho con lo que Allâh elige para él y confía en su sutileza y generosidad y al mismo tiempo desaparecen la tristeza y el agobio de su pecho, entrega sus asuntos a su Señor y no se opone, no se queja, es agradecido y tiene paciencia hasta que le aparece el éxito final.

Abû Yahia Suhaib Ibn Sinan (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¡Es admirable el caso del creyente! Todo asunto encierra un bien para él y esto no ocurre con otro que no sea creyente. Pues, si le llega la facilidad y es agradecido con Allâh, hay un bien para él. Y si tiene paciencia ante la dificultad, también consigue un bien para él”.

Todo lo que Allâh decreta para el musulmán es un bien. No hay dificultad que no desaparezca, y no hay tristeza a la que no sigua felicidad. Junto a la dificultad hay facilidad. Y no predomina una dificultad por encima de dos facilidades. No hay tristeza, ni felicidad que perduren, y no hay flaqueza ni miseria que perduren. Allâh no toma de Su siervo sino para darle y no le prohíbe algo sino para recompensarlo con algo mejor.

Um Salamah (radiallâhu ‘anha) dijo: “Escuché al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “Si un musulmán cuando le sucede una desgracia dice lo que Allâh le ordenó: “Ciertamente pertenecemos a Allâh y ciertamente a El regresaremos ¡Oh, Allâh! recompénsame por mi desgracia y dame en su lugar algo mejor” Allâh le dará algo mejor en su lugar”. Cuando murió Abû Salamah (radiallâhu ‘anhu) dije: “¿Qué musulmán es mejor que Abû Salamah? Su familia fue la primera en emigrar con el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)”. Luego dije las palabras que Allâh ordenó decir, entonces Allâh me dio en su lugar al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) como esposo”.

Hermanos y hermanas, entregarse a lo que Allâh elige en los asuntos del creyente no significa dejar la búsqueda de los medios para rechazar lo que perjudica y para atraer a lo que es beneficioso. Hay que buscarlos, pero sin apoyarnos en ellos, sino confiando el Conocedor, el Poderoso.

Pedimos a Allâh que nos haga entre de aquellos que cuando se les da, están agradecidos; cuando cometen una falta, piden perdón; y cuando les toca una prueba, tienen paciencia. Âmîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh