LOS JÓVENES ALREDEDOR DEL PROFETA MUHAMMAD (SAW)

Viernes 10 de Noviembre de 2017
Ÿumu‘ah 21 de Safar 1439
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

En el Qurân podemos encontrar muchos y episodios relacionados con jóvenes que fueron bendecidos por Allâh. Dice Allâh: “Nosotros vamos a contarte su historia con la verdad: Eran unos jóvenes que creían en su Señor y los habíamos acrecentado en guía. Y habíamos puesto firmeza en sus corazones, de manera que se levantaron y dijeron: Nuestro Señor es el Señor de los cielos y de la tierra, no invocaremos aparte de Él a ningún dios pues si lo hiciéramos estaríamos diciendo algo falso. Estos, nuestra gente, han tomado dioses fuera de El a pesar de que no les aportan un poder claro. ¿Quién es más injusto que quien inventa mentiras contra Allâh?” [Sûrah Al-Kahf (18), âyât 13 a 15].

‘Abdullâh Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “En el Día de la Resurrección los pies del hijo de Âdam (el hombre) no se moverán hasta que sea preguntado acerca de cuatro asuntos: En qué utilizó su vida; en qué gastó su juventud; de donde el obtuvo su riqueza y en qué la gastó; y qué hizo con su conocimiento”.

La juventud en nuestra sociedad es un activo, un bien, y se dice que, si alguien quiere determinar el futuro de cualquier nación, debe mirar hacia la juventud de aquella nación. La juventud de nuestra sociedad es nuestra real inversión, esto, porque nuestro Dîn nos ordena nutrir y criar a nuestros jóvenes de acuerdo con los requerimientos del Sagrado Qurân y la noble enseñanza de nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Si damos vuelta las páginas de la historia islámica, encontraremos muchas historias de jóvenes que jugaron un gran rol en el Islam. Por ser esta juventud un verdadero activo y beneficio para nosotros, no sólo en este mundo, sino que también en el Âjirah, ya que ellos fueron moldeados de acuerdo con las enseñanzas de nuestro Dîn. Estos jóvenes tienen un gran estatus ante Allâh Altísimo, porque fueron jóvenes llenos de audacia, energía y pasión. Ellos pudieron haber corrido detrás de las cosas mundanas, pero prefirieron elevar el Dîn de Allâh.

‘Abdullâh ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ): ‘Abdullâh era el hijo de ‘Abbâs, tío del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Nació apenas tres años antes de la Hiÿrah. Cuando murió Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), ‘Abdullâh tenía sólo trece años. Cuando nació, su madre lo llevó ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) para hacer Tahnik. Este fue el comienzo de los estrechos e íntimos lazos entre ‘Abbas (radiallâhu ‘anhu) y el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que iban a formar parte de una larga vida de amor y devoción. Cuando ‘Abdullâh llegó a la adolescencia, se puso al servicio del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Corría a buscar agua para él cuando él quería hacer wudu. Durante Salat, se ponía de pie detrás del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en la oración y cuando él salía en el camino de Allâh, él estaba siempre cerca de él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Así ‘Abdullâh (radiallâhu ‘anhu) se convirtió como la sombra del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), constantemente en su compañía. En todas estas situaciones estaba atento y alerta a lo que el Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hacía y decía. Su corazón era entusiasta y su joven mente era pura y despejada, aprendiendo las palabras del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) de memoria con capacidad y precisión.  Se dice que aprendió de memoria más de 1670 y ahadîth del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que se encuentran registrados y autenticados en las colecciones de Al-Bujari y Muslim. Algunos de sus contemporáneos solían decir de su familia: “No hemos visto una casa que tiene más comida, bebida, fruta o conocimiento, que la casa de Ibn ‘Abbâs”. Tenía una preocupación genuina y perdurable por la gente. Una vez dijo: “Cuando me doy cuenta de la importancia de un versículo del Libro de Allâh, desearía que todas las personas supieran lo que sé. Cuando oigo hablar de un gobernante musulmán que se ocupa de manera equitativa y gobierna con justicia, me alegro y rezo por él”.

‘Abdullâh ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhu) relató el siguiente incidente de sí mismo: “Una vez que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) estaba a punto de realizar la ablución me apresuré a buscar agua lista para él. Cuando estaba a punto de comenzar el Salat, él me indicó que debía estar a su lado, sin embargo, me puse detrás de él. Cuando el Salat terminó, se volvió hacia mí y dijo: “¿Qué te impidió estar a mi lado, ¡Oh Abdullâh!?” Le contesté: “¡Oh Rasûlullâh! eres demasiado ilustre y demasiado grande ante mis ojos como para estar a tu lado”. Alzando las manos al cielo, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hizo Duâ: “¡Oh Señor! concédele sabiduría”. La súplica del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), sin duda, fue concedida en favor del joven ‘Abdullâh. Él probó una y otra vez que poseía una sabiduría más allá de sus años.

‘Abdullâh Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu): Cuando todavía era un joven y aún no había pasado la edad de la pubertad, solía vagar por los senderos de las montañas de Makkah, lejos de la gente, que cuidaban los rebaños de uno de los jefes de Quraysh, ‘Uqbah ibn Muayt. La gente lo llamaba Ibn Umm Abd (el hijo de la madre de un esclavo). Su verdadero nombre era ‘Abdullâh y el nombre de su padre era Mas‘ûd. El joven se había enterado de la noticia de que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) había aparecido en su pueblo, pero no le atribuyó ninguna importancia, tanto por su edad y porque era por lo general muy lejos de la sociedad de Makkah. Tenía la costumbre de salir con el rebaño de ‘Uqbah temprano en la mañana y no volver hasta la noche. Un día mientras cuidaba los rebaños vio a dos hombres de mediana edad que venían hacia él. Estaban, evidentemente, muy cansado, también estaban tan sedientos que sus labios y garganta estaban secos. Se acercaron al joven, lo saludaron y le dijeron: “Joven, ordeña una de estas ovejas para nosotros para que podamos saciar nuestra sed y recuperar nuestra fuerza”. “No puedo”, respondió el joven, “Las ovejas no son mías. Yo sólo soy responsable de cuidar de ellas”. Los dos hombres no discutieron con él. De hecho, a pesar de que estaban tan sedientos, estaban muy sorprendidos por la respuesta honesta del muchacho. Los dos hombres, de hecho, eran el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y Abu Bakr As-Siddiq (radiallâhu ‘anhu). Ellos habían salido ese día a las montañas de Makkah para escapar de la violenta persecución de Quraish. El joven, a su vez quedó impresionado con el Profeta y su compañero y pronto se hizo muy apegado a ellos. No pasó mucho tiempo antes de que ‘Abdullâh ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) se convirtiera al Islam y se ofreció para estar al servicio del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). ‘Abdullâh ibn Mas‘ûd recibió una formación única en la casa del Profeta. Fue bajo la guía de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), que adoptó su forma y siguió a cada rasgo suyo, hasta que se dijo de él: “Él era el más cercano al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en su carácter.

‘Abdullâh ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) vivió hasta el tiempo de califato de ‘Uthmân (radiallâhu ‘anhu). Cuando él estaba enfermo y en su lecho de muerte, ‘Uthman fue a visitarlo y le dijo: “¿Cuál es su dolencia?”. Respondió: “Mis pecados”. “Y ¿qué es lo que deseas?”. Respondió: “La misericordia de mi Señor”. “¿Quieres que te dé tu salario que has negado a tomar desde hace años?”. Respondió: “No tengo necesidad de ello”. “Entonces que sea para tus hijas una vez que hayas partido de este mundo”. Respondió: “¿Temes la pobreza para mis hijas? Pues entérate que yo les he enseñado la Surah Al-Waqiah para que la lean cada noche, porque oí del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “El que lee Al-Waqiah cada noche no será afectada por la pobreza nunca”. Esa noche, ‘Abdullâh falleció partió al encuentro de su Señor con su lengua húmeda con el recuerdo de Allâh y con la recitación de los versos de Su libro.

Una vez los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) preguntaron al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam); “¡Oh Rasûlullâh! De todos nuestros amigos ¿Cuáles son los mejores?” El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Aquellos que, al mirarlos, les recuerdan a Allâh. Aquellos cuyas palabras aumentan su conocimiento. Aquellos cuyas acciones les recuerdan su Âjirah”.

‘Abdullâh Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ) había aceptado el Islam antes de los tenía diez años y había emigrado con su padre y su hermana. Desde el momento de su emigración hasta el momento de su muerte, más de setenta años después, ‘Abdullâh ibn ‘Umar se distinguió al servicio del Islam. Según Abu Musa Al-‘Ashari (radiallâhu ‘anhu), era conocido por su sabiduría, su humildad, su generosidad, su piedad, su veracidad, su incorruptibilidad y su constancia en los actos de adoración. ‘Abdullâh solía observar y examinar de cerca cada hadîth y acciones del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en diversas situaciones y él practicaba lo que observaba de cerca y con devoción. Por ejemplo, si ‘Abdullâh vio a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) realizar Salat en un lugar determinado, más tarde rezaba en el mismo lugar, si veía al Profeta haciendo una súplica mientras está de pie, él también haría una estando de pie, si le vio hacer una súplica mientras está sentado, él haría lo mismo. ‘Abdullâh ibn Umar (radiallâhu ‘anhumâ) una vez fue descrito como el “hermano de la noche” porque se quedaba en la noche en la realización de Salat, llorando y buscando el perdón de Allâh y la lectura de Qurân. A su hermana Hafsa el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo una vez: “ ‘Abdullâh debería realizar Salat en la noche y sería bendecido aún más”. A partir de ese día, ‘Abdullâh no abandonó la oración nocturna ya sea en casa o de viaje. En la quietud de las noches, él recordaría mucho a Allâh.

Demos ahora un vistazo a la juventud de la Ummah de hoy ¿En qué está la juventud de la Ummah utilizando su audacia, talento, fortaleza e inteligencia? Todos nosotros sabemos qué están haciendo. Por eso debemos preocuparnos por nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc., haciendo un esfuerzo para educarlos con el conocimiento islámico y criarlos como nos enseñó nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y enseñarles actitudes y modales de nuestro Dîn.

Hermanos y hermanas, quiera Allâh darnos de nuestros jóvenes, la calidad de creyentes y musulmanes que fueron nuestros piadosos antecesores, y roguemos también para que proteja a nuestros jóvenes de alejarse de las órdenes de Allâh. Âmîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh