LOS ÚLTIMOS DÍAS DE RASÛLULLÂH (SAW)

Viernes 1 de Diciembre de 2017
Ÿumu‘ah 13 de Rabi’ul-Auwal 1439
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Subhânahu wa Ta‘âla dice el Qurân: “Muhammad no es sino un enviado, antes del cual han pasado otros enviados. ¿Si, pues, muriera o le mataran, ؟ibais a volveros atrás? Quien se vuelva atrás no causará ningún daño A Allâh. Y Allâh retribuirá a los agradecidos” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 144]; y dice también: “Quien obedezca a Allâh y al Mensajero, ésos estarán junto a los que Allâh ha favorecido: los profetas, los veraces, los que murieron dando testimonio y los justos. ¡Y qué excelentes compañeros!” [Sûrah An-Nisâ (4), âyah 69].

Abû Musa Al-Asharî (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El hombre estará con quien le ama”. Ahadîth como este motivaron a los sahabah (radiallâhu ‘anhum), tanto que ellos manifestaron un amor tan profundo por el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que no dejaron ni una de sus prácticas sin revivir.

Anas (radiallâhu ‘anhu) narró que un día se presentó un beduino ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le preguntó cuándo será el Día del Juicio Final, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le preguntó: “Y ¿qué has preparado para ese Día?” Le respondió: “No hago muchas oraciones ni pago mucho zakâh, pero yo amo profundamente a Allâh y Su Mensajero”. Entonces le dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “El hombre estará con quien ama; y tú estarás con quien tú amas”.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dirigió su Jutbah de la despedida, diciendo: “¡Oh gente! Escuchad mis palabras, debido a que no sé si he de encontrarme con vosotros, en este lugar, después de este año. Ciertamente vuestra vida y vuestros bienes son sagrados, como son sagrados este día de hoy, este mes, y esta ciudad”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) declaró que todos los hombres son iguales, como los dientes de una peineta. No hay superioridad o preferencia de unos sobre otros, excepto en las acciones y en lo que uno hace para complacer a Allâh Altísimo. También dijo: “¡Oh gente! Vuestro Señor es Uno, vuestro padre es uno, todos ustedes provienen de Âdam (‘alaihis-salam); y Âdam proviene del polvo, en verdad que el más noble de vosotros para Allâh es el que más Le teme. Un árabe no tiene superioridad sobre un no árabe; ningún árabe tiene superioridad sobre un árabe; ni un rojo sobre un blanco, ni el blanco sobre el rojo, excepto por el taquah (el temor de Allâh) y las buenas acciones. En verdad que el más noble de vosotros para Allâh es el que más Le teme”. Después, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) declaró que la Riba (usura) es Harâm por siempre. Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Todas las prácticas y asuntos de la época pagana están ahora bajo mis pies (obsoletos). La usura de la época del paganismo queda prohibida”. A continuación, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) explicó los derechos de la mujer y dijo: “Temed a Allâh cuando tratéis a vuestras mujeres. Ciertamente las habéis tomado bajo la seguridad de Allâh y son lícitas para vosotros por la Palabras de Allâh (es decir en matrimonio).

En el Día de ‘Arafah, el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) advirtió a los musulmanes acerca de Shaitân; dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Shaitân ha perdido la esperanza de ser obedecido y adorado en este mundo. Pero una vez que ustedes empiezan a degradar vuestras acciones, él vuelve a tener esperanza. Por eso estén atentos y advertidos de Shaitân, con relación a su Dîn”. Después el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ordenó a la gente aferrarse al Qurân y la Sunnah, diciendo: “Ciertamente he dejado entre vosotros el Libro de Allâh y la Sunnah de Su Profeta. Si os aferráis a él nunca os desviaréis; y si sois preguntados acerca de mí ¿Qué diréis?”. Contestaron: “Atestiguaremos que has transmitido y entregado el mensaje y nos has aconsejado”. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo tres veces: “¡Oh Allâh! Sé testigo”. Después dijo: “Aquellos que están presente, deben propagarlo entre aquellos que están ausentes”.

Esta fue la Jutbah del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en el Haÿÿatul-Wadâ’ (la peregrinación de la despedida). Con esto el Dîn fue completado y perfeccionado. Los siguientes versos del Qurân fueron revelados en ‘Arafah: “Este día he perfeccionado vuestra religión para vosotros, completé Mi Favor en vosotros, y me complace para vosotros el Islam como vuestra religión” [Sûrah Al-Mâida (5), âyah 3].

Ocho días antes de su muerte, dijo nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Hecho de menos a mis hermanos de Uhud. Deseo visitarlos”, entonces fué a visitar sus tumbas en Uhud y dijo: “Assalamu ‘alaikum mártires de Uhud; vosotros sois los precursores y yo seré el siguiente, Inshâ Allâh”. En el camino de vuelta lloró y sus compañeros le preguntaron: “Oh, Mensajero de Allâh ¿Qué te hace llorar?” El (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Lloro porque extraño a mis hermanos”. Le dijeron: “¿Acaso no somos nosotros tus hermanos?”, él dijo: “¡No. Vosotros sois mis compañeros! Mis hermanos son aquellos (musulmanes) que vendrán después de mí, y creerán en mí aunque que no me hallan visto”.

Más tarde su estado de salud se agravó, pero quiso entonces igualmente, pero no pudo hacerlo. Vinieron entonces ‘Alî y Al-Fadl  (radiallâhu ‘anhum) para sostenerlo y ayudarle a desplazarse hasta la casa de A’ishah. La gente observó el estado en el cual se encontraba el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Inquietos, se reunieron en la mezquita esperando noticias. Una vez en casa de A’isha, el el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) exclamó: “Lâ ilâha illallâh. En verdad la muerte tiene sus momentos de agonía”. Después preguntó: “¿Qué es ese ruido?” refiriéndose al ruido que procedía de la mezquita, ya que la casa estaba separada de la mezquita solo por una puerta con una cortina; le informaron: “La gente se ha reunido, tienen miedo por ti Mensajero de Allâh”, él dijo: “Llévenme hasta ellos”; una vez en la mezquita dijo: “¡Oh, gente! Se diría que Uds. tienen miedo por mí” ellos respondieron: “Sí, enviado de Allâh”. Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) replicó: “¡Oh, gente! Mi cita con vosotros no es en este mundo. Mi cita con vosotros está en la orilla del estanque (en el Día del Juicio). ¡Por Allâh! Es como si lo estuviera viendo aquí. ¡Por Allâh! No temo la pobreza para vosotros. Bien al contrario, temo por vosotros a causa de la vida de este mundo. Temo que os la disputeis como aquellos quienes os precedieron, y que os haga perecer como los hizo perecer a ellos. ¡Oh, gente! Les recomiendo cuidar de vuestras esposas, les recomiendo cuidar de vuestras esposas; ¡Oh, gente! Les insto a que no abandonen el Salâh. Si he lastimado injustamente a alguno de vosotros, que venga aquí y tome su derecho. Si he manchado el honor o la reputación de alguno de vosotros, que venga aquí y tome su derecho. Si he tomado el dinero de alguien, he aquí el mío para que lo tome y que nadie tema rencor, pues éste no forma parte de mi naturaleza. Hasta que encuentre a Allâh con un alma sana y pura”. A continuación dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Oh, gentes! Allâh a propuesto a este siervo escoger entre esta vida y el encuentro con Allâh y este siervo ha escogido el encuentro con Allâh”.

En ese momento ‘Abu Bakr (radiallâhu ‘anhu) comprendiendo que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hablaba de él mismo, y dijo: “Sacrifico todo lo que tengo por ti. Sacrifico mi padre por ti. Sacrifico mi madre por ti. Sacrifico mi hijo por ti”. Los compañeros miraron a Abu Bakr (radiallâhu ‘anhu) con un gesto de desaprobación por haber interrumpido al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), pero este les dijo: “¡Oh, gente. Dejad a Abu Bakr!, Por Allâh, ninguno de vosotros nos ha rendido servicio sin haber sido recompensado por ello, salvo Abu Bakr, a quien yo no he podido compensar, pue he dejado su recompensa en las manos de Allâh”.

Después alzó las manos haciendo la siguiente súplica: “¡Que Allâh os ponga al abrigo. Que Allâh os asista. Que Él os honre. Que Él os preserve. Que Allâh os consolide. ¡Oh, gente! pasad mi saludo a cualquiera de mi Umma hasta el Día del Juicio Final”.

Después entró en su casa. Su dolor se intensificó y se recostó muy agotado. Divisó un miswak del hijo de Abu Bakr. A’isha notó sobre que objeto había recaido la mirada del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), entonces ella retiró el siwak de la boca de su hermano y le puso en la boca del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por el otro lado, pero él fué incapaz de frotar sus dientes con ello pues estaba duro y el Profeta agonizaba. Así pues, A’isha retomó el siwak, para mojarlo y ablandarlo y lo puso en la boca del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

El Profeta pidió que le dejaran solo con A’ishah (radiallâhu ‘anha), quien se acercó a su lado. Ÿibrîl (‘alaihis-salam) vino a saludar a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Assalamu ‘alaikum, ya Rasûllâh”. El Profeta respondió: “Wa ‘alaikumussalam, ya Ÿibrîl” A’ishah (radiallâhu ‘anha) al escuchar comprendió que Ÿibrîl estaba presente. Ÿibrîl (‘alaihis-salam) dijo a Rasûlullâh: “El Ángel de la Muerte está en la puerta, y pide la autorización para entrar y no la pedirá a ningún otro después de ti”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le autorizó a entrar. El Ángel de la Muerte entró y dijo: “Assalamu ‘alaika, ya Rasûlullâh. Allâh me ha enviado a proponerte el escoger entre la vida de este mundo y el encuentro con El”. A pesar de la agonía, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) levantó la mano y dijo: “¡Mejor en la compañía del Altísimo, mejor en la compañía del Altísimo!”. Su mano cayó y su cabeza se volvió pesada en los brazos de A’ishah (radiallâhu ‘anha).  Ella contó después: “Supe que él había muerto pero no sabía que hacer. Entonces retiré la cortina que separaba mi casa de la mezquita. Entré al encuentro de los hombres reunidos en la mezquita y exclamé: “¡El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ha muerto! ¡El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ha muerto!” Toda la mezquita estalló en sollozos y nadie encontró la fuerza para levantarse de su lugar”.

El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fué enterrado en el mismo lugar donde falleció, pues él así lo había dispuesto, diciendo: “No corresponde a un profeta el ser enterrado en un lugar diferente del de su muerte”. Una vez enterrado y con tierra sobre el rostro, su hija Fatimah (radiallâhu ‘anha) dijo a Anas (radiallâhu ‘anhu): “Anas, como has podido soportar el cubrir de tierra el rostro del Mensajero”.

Nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), es la mejor criatura de la creación, el estandarte de la verdad, el victorioso emblema del bien frente al mal, por eso, roguémos a Allâh que nos permita amarlo más que cualquier otra persona, incluso nosotros mismos. Âmîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh