LAS CARACTERÍSTICAS FÍSICAS DE RASULULLAH (SAW)

Viernes 8 de Diciembre de 2017
Ÿumu‘ah 20 de Rabi’ul-Auwal 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

En las Jutbah anteriores se habló del ajlaq y fikr (la preocupación) de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por su Ummah. Hoy hablaremos acerca de sus características físicas, para que, como sus seguidores, conozcamos como era y así incrementar nuestra admiración y aprecio por él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Hasan Ibn ‘Ali (radiallâhu ‘anhumâ), el nieto del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), dijo que una vez pidió a su tío Hind bin Abî Hâlah (radiallâhu ‘anhu) que describiera a su amado abuelo, ya que él tenía la cualidad de describirlo de una manera excelente. El motivo para pedir una descripción de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era el obtener mayores detalles ya que Hasan solo tenía siete años de edad cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dejó este mundo, y no tuvo la oportunidad de estudiar su apariencia o aspectos físicos en detalle. Hind bin Abî Hâlah comenzó su descripción diciendo: “Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era de una altura sobresaliente. Su rostro brillaba como la luna llena durante la noche. Él era más alto que el promedio de las personas, pero no estaba entre los más altos. Su cabeza era agraciadamente grande y su cabello tenia suaves ondas. Si su cabello de forma natural formaba alguna partidura, él así lo dejaba y no se esforzaba en peinarlo con rigurosidad como para darle forma o generar partiduras. Cuando dejaba crecer su cabello lo hacía solo hasta los lóbulos de sus orejas. Su piel era radiante y su frente era amplia. Sus cejas eran pobladas, aunque no gruesas ni unidas la una con la otra. Entre sus cejas tenía una vena que se hinchaba cuando se enojaba. Su nariz era suave, alta y con un brillo particular que la hacía ver más grande de lo que era. Su barba era gruesa, sus ojos negros y sus mejillas suaves y delgadas. Su boca era moderadamente ancha, sus dientes eran discretos y con una leve separación entre los dos dientes frontales. El pelo de su pecho formaba una línea delgada hasta su ombligo. Debido a su suavidad y claridad, su cuello parecía el de una estatua de mármol. Su cuerpo era firme y moderadamente musculoso con su estómago alineado con su pecho. Su pecho era ancho, sus hombros amplios y su pecho y abdomen no tenían mucho vello.  Sus brazos, hombros y parte superior del pecho si tenían vello. Tenía los antebrazos largos, manos anchas y sus huesos estaban bien formados y rectos. Su manos y pies estaban bien formados con sus dedos proporcionadamente largos.  La parte interna de sus pies era profunda y muy suave en su parte superior, tanto que el agua fluía por ellos sin dificultad. Cuando caminaba levantaba sus pies del suelo y los extendía hacia adelante. Ponía sus pies sobre el suelo con suavidad y caminaba rápido, dando pasos largos. Caminaba como si estuviese descendiendo de un lugar elevado. Cuando se dirigía a alguien, giraba todo su cuerpo hacia dicha persona. Mantenía su mirada recatada y miraba hacia abajo casi todo el tiempo en señal de modestia. Rara vez miraba a alguien directamente al rostro. Siempre caminaba detrás de sus compañeros y saludaba a toda persona con la que se encontraba y la gente lo saludaba también”.

Hasan (radiallâhu ‘anhu) pidió luego a su tío que describiera la forma en que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hablaba. Ante eso, su tío dijo: “Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) siempre estaba preocupado por el Âjirah. Siempre estaba atento por el destino de su Ummah y no tenía descanso. Permanecía en silencio por largos periodos de tiempo y hablaba solo cuando era necesario. Desde principio a fin todo lo que decía era profundo, no decía cosas vagas y hablaba de una forma tal que no derrochaba palabras.  Sus palabras eran distintivas y completas, sin excesos ni faltas que dejaran espacio a la ambigüedad.  Hablaba con amabilidad, sin ser duro con nadie ni tampoco dejando a nadie en vergüenza. Sin importar cuan insignificante pudieran parecer, él daba mucha importancia a los favores, sin darles demasiada importancia, pero tampoco restándoles relevancia. Cuando alguien se oponía a la verdad, nada podía evitar su enojo hasta que la verdad fuera establecida”.

Otra narración señala: “Los asuntos mundanales nunca le hacían enojar, sin embargo, cuando la verdad del Dîn encontraba oposición, nada ni nadie podía evitar su enojo hasta que la verdad fuese establecida. Nunca se enojó por asuntos personales y nunca buscó venganza por nada que le afectara en modo personal. Cuando apuntaba algo, lo hacía con su mano abierta y no solo con un dedo y siempre giraba sus manos al expresar sorpresa. A veces, él movía sus manos al hablar y golpeaba su palma derecha contra su dedo pulgar izquierdo.  Cuando se enojaba con alguien apartaba su rostro de aquella persona y luego lo ignoraba o lo perdonaba. Cuando se ponía feliz, bajaba su mirada debido a la modestia. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) sonreía casi todo el tiempo, y cuando lo hacía sus dientes brillaban como si fueran granizo”.

Hasan bin ‘Ali (radiallâhu ‘anhu) dijo que no mencionó esta descripción a su hermano Husain bin ‘Ali (radiallâhu ‘anhu) por un largo tiempo después, pero cuando lo hizo descubrió que su hermano había aprendido esta descripción de parte de su tío antes de lo que incluso él lo había hecho. También supo que su hermano Husain había también solicitado a su padre, ‘Ali bin Abî Talib (radiallâhu ‘anhu) saber y conocer los modales de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) al entrar en su casa, al salir de su casa, como mantenía reuniones y acerca de otros comportamientos y características. Al parecer no había detalle acerca de la vida del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) Husain no hubiese solicitado conocer. Él mismo narró después que cuando preguntó a su padre acerca de los modales del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) al entrar en su casa, le respondió: “Entraba en su casa pidiendo el permiso a Allâh y cuando llegaba en su casa, él dividía su tiempo en tres partes: había una parte reservada para Allâh (actos de adoración); una parte para su familia (hablar con ellos y cumplir con sus necesidades); y una parte para sí mismo. Aquella parte reservada para él estaba a la vez dividida en una parte para él y otra para la gente. Los compañeros más cercanos a él discutían acerca de diferentes asuntos con él en su propia casa y pasaban luego todo lo que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) había dicho a la gente, sin guardar nada ni dejar algo en secreto. Al permitirle a los sahâbah (radiallâhu ‘anhu) sostener conversaciones con él durante este tiempo, era una práctica que sostenía para dar preferencia a aquellos de entre los más virtuosos en términos de esfuerzos en el Dîn. Entre ellos había unos que no tenían necesidades, otros que tenían un par de necesidades y otros que tenían muchas necesidades. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se dedicaba a cubrir las necesidades de esta gente y los aconsejaba acerca de asuntos que les ayudaran a reformarse espiritualmente y a la reforma de la Ummah en toda su extensión. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) preguntaba a quienes lo visitaban acerca del estado de los musulmanes y les aconsejaba respecto de aquello. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decía a quienes venían a visitarlo: “Aquellos aquí presentes deben pasar el mensaje a todos aquellos ausentes. Deben comunicarme las necesidades de aquellos incapaces de venir por su propia cuenta. En el Día del Qiyâmah, Allâh mantendrá firmes los pies de aquella persona que informó a su líder acerca de las necesidades de aquellas personas que no podían hacerlo por sí mismas”.

Eran asuntos importantes los que se le informaban al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y no se involucraba en otras cosas que no fueran importantes. La gente solía visitarlo buscando conocimiento del Islam y no se iban sin haber probado algo, ya sea del conocimiento que buscaban o algo para comer o beber. Ellos se iban de su lado como guías hacia todo lo bueno.

Husain (radiallâhu ‘anhu) luego narró que preguntó a su padre acerca de aquello que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hacía al dejar su casa. Dijo: “El siempre cuidaba su lengua de aquello que no era relevante y de aquello que no le concernía. Él siempre daba calma y facilidad a la gente respecto de cualquier cosa que les estuviera incomodando.  Siempre honraba a las personas nobles de una tribu y los trataba como líderes de sus tribus. Advertía a la gente acerca del castigo de la Próxima Vida y acerca de los peligros que podían recibir de otras personas o cosas. Junto con advertir a otros, él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se cuidaba a si mismo del daño que le podían provocar otros sin dejar a nadie lejos de su alegría y buen carácter. Él siempre cuidaba de sus compañeros y les consultaba respecto del bienestar de la comunidad”.

“Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) encomendaba el bien. Por otra parte, condenaba todo lo malo y alejaba a la gente de ello. El escogió el camino de la moderación en todos los asuntos y nunca fue contradictorio. Nunca fue negligente del estado en el que la gente se encontraba en los asuntos religiosos por lo que nunca fue negligente con el Dîn ni nunca le dio la espalda. Tenía un método para lidiar con cada situación sin perjudicar los derechos de nadie ni transgredirlos de manera alguna. La mejor gente estaba en su presencia y a quienes él consideraba virtuosos a quienes les deseaban el bien a los demás. Para él, aquellos de rango más elevado eran quienes eran empáticos con la gente y estaban dispuestos a ayudar con generosidad”.

Husain (radiallâhu ‘anhu) narró que después preguntó a su padre acerca de las reuniones que mantenía el Mensajero de Allâh. ‘Ali (radiallâhu ‘anhu) respondió: “Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nunca se sentó o se levantó sin Dhikr en su lengua. Nunca reservó un lugar especial para sí mismo en la Mezquita y no permitía que nadie lo hiciera. Siempre que ingresaba a una reunión, se sentaba en los costados del grupo y enseñaba a los demás a hacer lo mismo. Prestaba atención a todos por igual hasta que todos sentían que eran los que habían sido más honrados por él. Cada vez que alguien se sentaba con él para hacerle saber de alguna necesidad, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se mantenía paciente hasta que la persona se levantaba y se iba. Cuando alguien le pedía algo, le daba lo que necesitaba, o con amabilidad le explicaba que no tenía los medios para cubrir su necesidad. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) generosamente distribuía su alegría y buen carácter a cada persona, tanto que se convirtió en un padre para ellos y cumplió con los derechos de cada uno de ellos con equidad. Sus reuniones incluían modestia, tolerancia y confidencialidad. Nunca se levantaba la voz en sus reuniones. Nunca se menoscabó la reputación de alguien y las faltas se ocultaban. Aquellos presentes en las reuniones eran tratados con equidad, sin discriminación, y la gente era tratada con estima según su nivel de Taqwah. Cada persona respetaba la otra, se mostraba un enorme respeto por los mayores y gran compasión por los jóvenes. Los necesitados eran atendidos y se preguntaba por los extraños para saber si tenían necesidades”.

Cuando Husain preguntó a su padre acerca de la interacción de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) con otras personas durante sus reuniones, ‘Ali (radiallâhu ‘anhu) respondió: “El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) siempre sonreía y tenía una actitud tolerante y suave. Nunca se enojaba, nunca era de corazón duro, nunca gritaba, nunca fue vulgar, nunca buscaba las faltas de las personas y nunca bromeo en exceso, hacia como que no estaba al tanto de los asuntos que le disgustaban, pero nunca hacia que una persona perdiera la esperanza de recibir algo que deseaba, aun cuando a él no le agradara, o le daba algo para calmarlo o lo aconsejaba. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se divorció de tres cosas y advirtió a la gente de no acercarse a tres cosas: Discutir, hablar demasiado e involucrarse en conversaciones sin importancia. Nunca habló mal de nadie, nunca insultó a nadie y nunca buscó las faltas de nadie. Solo hablaba cuando sabría que había un bien en sus palabras. Cada vez que hablaba, los compañeros sentados en las reuniones bajaban sus cabezas como si hubiese pájaros posados sobre ellas. Los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) se mantenían en silencio mientras él hablaba y sólo hablaban cuando él permanecía en silencio. También se cuidaban de nunca discutir en su presencia. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se mostraba asombrado cuando los sahâbah se reían.

Un poeta alaba a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) diciendo: “Belleza como la tuya, jamás mis ojos han visto, ni más hermoso que tú, ninguna mujer ha dado a luz a este mundo. Has sido creado puro y libre de cualquier defecto, tanto que es como si hubieras sido creado de la forma que tú mismo hubieras querido”.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh Altísimo pidiendo que nos honre con conocer a Su querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y que nos dé la posibilidad de conocer cada aspecto de sus hermosas características. Âmîn.

As-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh