NO MENOSPRECIAR A NADIE

Viernes 9 de Febrero de 2018
Ÿumu‘ah 23 de Yumadal-Ûlâ 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Allâh dice en el Sagrado Qurân: “¡Oh, seres humanos! Los he creado a partir de un hombre y de una mujer, y los congregué en pueblos y tribus para que se reconozcan los unos a los otros. El mejor de ustedes ante Allâh es el de más piedad. Allâh todo lo sabe y está bien informado de lo que hacen” [Sûrah Al-Huÿurât (49), âyah 13]. Dice también Allâh Altísimo: “El día en que de nada servirán las riquezas ni los hijos, y solo estará a salvo quien tenga el corazón puro” [Sûrah Ash-Shu‘arâ (26), âyât 88 y 89].

Allâh mira a los corazones. Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh no observa vuestro cuerpo ni vuestra apariencia, sino que observa vuestros corazones”.

Shahi Ibn Haushab dijo: “Le pregunté a Umm Salamah (radiallâhu ‘anha): “¡Oh, Madre de los creyentes! ¿Cuál era la súplica en la que más abundaba el Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cuando estaba contigo?” Ella respondió: “La súplica en la que más abundaba era: “Ya muqallibal-qulûb zabbit qalbî ‘alâ dinik” (¡Oh, Tú que cambias los corazones! Afirma mi corazón en Tu Din)”. [Tirmidî y Muslim].

‘Abdullâh Ibn ‘Amru Ibn Al-‘As (radiallâhu ‘anhu) narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El verdadero musulmán es aquel que pone a salvo a los musulmanes de su lengua y su mano. Y el emigrante verdadero es aquel que se alejó de lo que Allâh prohibió”.

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) habló a sus Compañeros de una prostituta que llenó su zapato con agua y se le dio a un perro, que tenía la lengua afuera de tanta sed. Por esta acción ella fue agraciada con la máxima recompensa, el Paraíso eterno, por donde corren los ríos, para vivir allí por siempre”. [Muslim].

Anas Ibn Malik (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Estábamos un día con el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y nos dijo: “Aparecerá un hombre de los del Paraíso”. Pronto un hombre de los Ansâr apareció con sus zapatos colgados en la mano izquierda y nos saludó. El día siguiente, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo lo mismo del día anterior y el mismo hombre apareció. El tercer día, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) contó lo mismo y una vez más el mismo hombre apareció. Una vez que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se había ido, ‘Abdullâh Ibn ‘Amr Ibn Al-‘As (radiallâhu ‘anhu) siguió al hombre contándole que tras una disputa con el padre, éste lo expulsó de la casa y por ello tenía que permanecer fuera del hogar por tres días y le pidió si podía acogerlo en su casa. El hombre aceptó. Anas comentó que ‘Abdullâh permaneció en la casa del mencionado hombre tres días y notó que el hombre no se levantaba para hacer oraciones voluntarias por la noche, sino cada vez que se volteaba en su lecho no decía sino buenas palabras. Al pasar las tres noches y cuando ‘Abdullâh notó que era muy poca cosa lo que el hombre hacía, le comentó que no había habido pelea alguna con el padre, tampoco fue expulsado de la casa sino lo que quería saber era por qué el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo que el hombre era de la gente del Paraíso tres veces seguidas, y por ello ‘Abdullâh quería ver qué es lo que hacía el hombre de extraordinario. El hombre le comentó que nada hacía fuera de lo común y que lo único que hacía que no engañaba a ningún musulmán tampoco envidiaba a algún musulmán por las mercedes otorgadas por Allâh. ‘Abdullâh (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Por eso has llegado muy lejos y eso es lo que nosotros no hemos podido hacer”. [Ahmad].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se entristeció por no realizar la oración fúnebre sobre la mujer que limpiaba la mezquita. Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que una mujer de piel oscura solía barrer la mezquita, y el Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallaqm) notó su ausencia, así que preguntó por ella, y se le dijo: “Ella ha fallecido”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¿Por qué no me informaste?” Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Era como si consideraran que el asunto no tenía importancia” Ellos le mostraron dónde estaba su tumba, y él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) hizo la oración fúnebre por ella, luego dijo: “Estas tumbas están llenas de oscuridad para los que residen en ellas, y Allâh, el Todopoderoso, las ilumina con mi oración sobre ellas”. [Al-Bujari y Muslim].

Uwais Al-Qarani, era un hombre del Yemen sobre quien el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo que llegaría a Madinah, y recomendó a su familia y compañeros que siguieran su ejemplo, y que si lo veían le rogaran que pidiera perdón por ellos. Usair Ibn Ÿabir relató: “Cada vez que llegaba gente del Yemen para ayudar a los musulmanes, ‘Umar Ibn Al-Jattab (radiallâhu ‘anhu) les preguntaba: “¿Está entre vosotros Uwais Ibn ‘Amir?” y siguió preguntando hasta que lo encontró. Le dijo: “¿Tú eres Uwais Ibn ‘Amir?” Contestó que si. Preguntó: “¿Eres de las tribus de Murad y luego de Qaran?” Dijo que si. Le preguntó otra vez: “¿Tenías lepra y te curaste, y sólo te quedó la marca del tamaño de un dírham (una moneda) en tu piel?” Dijo que si. Le preguntó: “¿Tienes a tu madre viva?” Dijo que si. Entonces le dijo: “Escuché al Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “Vendrá a vosotros Uwais Ibn ‘Amir con los refuerzos de la gente del Yemen. El será de Murad y de Qaran. Se habrá curado de la lepra excepto la superficie de un dirham, y tendrá a su madre a la que tratará excelentemente. Si jura por Allâh, cumple su juramento. Si podéis pedirle que ruegue perdón para vosotros, hacedlo”. Pide pues perdón para mí’. Y él pidió perdón por ‘Umar (radiallâhu ‘anhu). Luego, ‘Umar le preguntó hacia donde quería ir, él dijo: “Hacia Kufa”. Le preguntó: “¿Quieres que le escriba a su gobernador sobre ti?” Contestó: “A mí me gusta vivir entre los pobres. Es mejor para mi ser conocido por Allâh que ser conocido por la gente”.

Hermanos y hermanas, no debemos menospreciar a nadie, porque dice Allah en el Sagrado Qurân: “Excepto quien se vuelva atrás, crea y obre rectamente, a ésos Allâh les sustituirá sus malas acciones por buenas. Allâh es Perdonador y Compasivo” [Sûrah Al-Furqân (25), âyah 70].

Quiera Allâh darnos el Taufîq de entender estas enseñanzas y poder practicarlas. Amîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh