RECUERDEN A ALLÂH EN LA PROSPERIDAD, Y ALLÂH LOS RECORDARÁ EN LA ADVERSIDAD

Viernes 23 de Marzo de 2018
Ÿumu‘ah 6 de Rayab 1439
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Altísimo en su libro sagrado: “Es cierto que los que creen y llevan a cabo las acciones de bien… No dejaremos que se pierda la recompensa de quien actúe haciendo el bien” [Sûrah Al-Kahf (18), âyah 30]. También dice en otro versículo: “Y cuando favorecemos al hombre se aparta y se retira a lo suyo, pero cuando le toca el mal se queda desesperado” [Sûrah Al-Isrâ (17), âyah 82-83].

Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Vuélvanse hacia Allâh. Recuerden a Allâh en el bien y la prosperidad, y Allâh los recordará en la adversidad y en los tiempos difíciles”. Volverse hacia Allâh para recordarlo, significa obedecerlo en las buenas condiciones y acercarse a Él con acciones voluntarias.

Conocemos la historia del Profeta Yûnus (‘alaihis-salam) cuando fue arrojado al mar. Un enorme pez lo tragó hasta llegar al estómago y estuvo en lo profundo del océano por muchos días. Nadie supo donde estuvo el pez, nadie podía oír la súplica de Yûnus (‘alaihis-salam) excepto Allâh, porque Él es el que todo lo sabe y el que todo lo ve. Mientras estaba en la oscuridad del estómago del pez, en la oscuridad de la profundidad del mar, Yûnus (‘alaihis-salam) se volvió hacía Allâh suplicando de esta forma: “No hay dios sino Tú, Gloria a Ti. Verdaderamente he sido de los injustos” [Sûrah Al-Ambîâ (21), âyah 87].

Inmediatamente los ángeles dijeron: “¡Oh Allâh! Esta es una voz bien conocida, pero viene un lugar muy extraño”. Los ángeles reconocieron la voz de Yûnus (‘alaihis-salam), porque constantemente él se volvía hacia Allâh en súplica, y no sólo cuando se encontraba en dificultades. Después de que Yûnus se dirigió a Allâh, la respuesta no se hizo esperar, como señala el Sagrado Qurân: “De no haber sido porque era de los que glorificaban, habría permanecido en su vientre hasta el día en el que todos serán devueltos a la vida. Así lo arrojamos a una playa desierta, maltrecho” [Sûrah AsSaf-fât (37), âyât 143 a 145]; y dice también: “Y le respondimos y lo libramos de la angustia. Así es como salvamos a los creyentes” [Sûrah Al Ambîâ (21), âyah 88].

Hasan Al-Basri (rahmatullâhi ‘alaihi) dijo: “Mientras Yûnus (‘alaihis-salam) estaba en el estómago del pez, él no realizó ningún salâh, sino que puso en frente de Allâh, como una petición o requerimiento, una buena acción que él había hecho en condiciones prósperas, por eso Allâh se acordó de él en condiciones adversas”.

Veamos ahora otro incidente, también relacionado con el océano, pero ahora no se trata de un creyente en Allâh, sino que del tirano Faraón. Cuando el Faraón se ahogaba después de perseguir a Musa (‘alaihis-salam) dijo: “Creo que no hay otro dios sino Aquel en el que creen los hijos de Israel y soy de los que se someten” [Sûrah Yûnus (10), âyah 90]. Cuando los ángeles oyeron su súplica, Ÿibrîl (‘alaihis-salam) se apresuró en descender, ¿Sería para rescatarlo? ¿Para salvarlo?, No, sino que tomó barro y llenó con él la boca del enemigo de Allâh. Después vino la respuesta de Allâh: “¿Ahora?, ¿Cuando antes desobedecías y eras de los corruptores?” [Sûrah Yûnus (10), âyah 91].

Observemos ambos incidentes. Ambas personas estaban en dificultades, pero una fue rescatada, mientras que a la otra se la dejó morir. La razón es que Yûnus (‘alaihis-salam) era el amigo de Allâh, quien obedecía a su Señor y lo recordaba en toda condición. Por el contrario, el Faraón era el enemigo de Allâh y vivía en la desobediencia. Nunca, jamás se volvió hacia Allâh.

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos habló de tres personas quienes, debido a su sinceridad y a que siempre recordaban a Allâh en la prosperidad, Allâh Altísimo respondió sus llamados en la dificultad.

Narró Abî ‘Abdur-Rahmân ‘Abdullâh Ibn ‘Umar Ibn Al-Jattâb (radiallâhu ‘anhum) que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Hace algún tiempo partieron tres individuos hasta que llegaron a una cueva y entraron en ella para pasar la noche y una vez dentro, se desprendió una roca de la montaña y taponó la entrada, quedándose atrapados. Y se dijeron: “Realmente no nos libraremos de esta roca mientras no invoquemos a Allâh con la más recta de nuestras acciones”. Empezó uno de ellos su relato diciendo: “¡Oh Allâh! Yo tenía mis padres ancianos a los que daba de beber la leche antes que nadie, pero un día me alejé de ellos demasiado, tratando de encontrar pasto para el ganado, por lo que tardé en volver a casa y cuando regresé los encontré durmiendo; así que ordeñé para darles de beber la leche y no quise ni despertarlos ni dársela de beber a nadie antes que a ellos. Entonces me quedé vasija en mano, esperando a que se despertaran hasta el amanecer y los niños llorando de hambre a mis pies. Por fin se despertaron y les di de beber su leche. ¡Oh Allâh! Si esto lo hice tratando de complacerte, líbranos de esta roca”. Y en ese momento se descorrió un poco la roca sin que pudieran salir aún. A continuación, dijo otro: “¡Oh Allâh! Yo tenía una prima a la que quería más que a nadie, tanto como puede querer un hombre a una mujer. Pues, quise tomarla, pero me lo impidió y se alejó de mí. Hasta que llegó un año de sequía, vino a mí y le di ciento veinte dinares a fin de que se quedara a solas conmigo. De manera que ella accedió en principio a mi pretensión. Y cuando estaba a punto de tomarla dijo: “Teme a Allâh y no lo hagas si no es con su legítimo derecho”. Así que me retiré de ella dejando el oro que le había dado, siendo la persona que más quería. ¡Oh Allâh, si esto lo hice por complacerte, sácanos de aquí!”, y se descorrió otro poco la roca, sin que todavía pudieran salir de la cueva”: “Después dijo el tercero: “¡Oh Allâh! Yo contraté unos trabajadores y a todos les di su salario, excepto a uno que se marchó sin él. Pero lo invertí y se multiplicó su dinero. Hasta que vino un día y me dijo: “¡Siervo de Allâh, págame el salario que me debes!”, entonces le dije: “Todo esto que ves es de tu sueldo: camellos, vacas y corderos”. Él me respondió: “¡Siervo de Allâh, no te burles de mí!”, y le dije: “No me estoy burlando de ti”. Finalmente lo cogió todo y se lo llevó sin dejar nada. ¡Oh Allâh!, ¡si hice esto tratando de complacerte, libéranos de aquí!” Y en ese preciso instante, se apartó la roca para que salieran y se marcharon”.

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Enviado de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Dirá Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ: “¡Yo soy como mi siervo cree que soy con él. Estoy con él si Me recuerda. Cuando Me recuerda en la intimidad de su ser, lo recuerdo en la intimidad de Mi Ser, si Me recuerda ante un grupo, lo recuerdo ante un grupo mejor que su grupo. [Al-Bujâri y Muslim].

Quiera Allâh darnos el Taufîq de entender estas enseñanzas y poder practicarlas. Amîn.

 

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh