AL-HILM, LA CUALIDAD DE INDULGENCIA Y LA TOLERANCIA

Viernes 30 de Marzo de 2018
Ÿumu‘ah 13 de Rayab 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Fui enviado para perfeccionar lo mejor del ajlâq”.

Nosotros somos una Ummah de ajlâq (buena conducta): ajlâq con Allâh en nuestras ‘ibâdât y tauhîd; ajlâq con la gente, animales, plantas y con uno mismo. Somos Ummah de ajlâq. Allâh describe en el Qurân a Su creación más amada y perfecta -al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)- con las siguientes palabras: “Y en verdad que estás constituido sobre un carácter magnánimo” [Sûrah Al-Qâlam (68), âyah 4].

Si alguien lee la Sirah (la historia de vida) de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) encontrará que la mayoría de la gente que entró en el Islam en su tiempo e incluso después, fue por su ajlâq. Cuánto él perdonó a sus opresores; cómo trataba a los pobres y necesitados; siempre estaba sonriente y generando alegría. Por eso la gente lo amaba. Por su ajlâq, la gente entraba en el Dîn.

Hoy nuestra Jutbah se trata de unas de las innumerables cualidades que tenía el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Al-Hilm (la indulgencia). Hay varios versículos del Qurân que se refieren a esta bella cualidad, es más, uno de los Atributos de Allâh es Al-Halîm. Allâh Dice en el Qurân: “No se equipara obrar el bien y obrar el mal. Si eres maltratado responde con una buena actitud (sabiendo disculpar), y entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu amigo ferviente. Esto no lo lograrán sino quienes son perseverantes y pacientes; no lo lograrán sino quienes (por su buena actitud) reciban una gran recompensa (en esta vida y en la otra). Si Shaitân te susurra (y pretende tentarte a) obrar el mal, refúgiate en Allâh, porque Él es Omnioyente, Omnisciente.” [Sûrah Fussilat (41), âyât 34 a 36]. En cuanto al tafsîr (exégesis) de estos versículos, Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ) dijo: “Allâh ordena a los creyentes de tener paciencia en momentos de ira y enojo, y a ser indulgentes ante la ignorancia, y a perdonar cuando alguien les trata mal. Si el creyente cumple con esto, Allâh lo protegerá del Shaitân, y sus enemigos se convertirán en amigos ardientes”.

Al-Hilm, la indulgencia, constituye el fundamento del buen carácter, la evidencia de una inteligencia perfecta y un signo de autocontrol. La persona que posea esta cualidad tendrá un gran estatus, un fin muy honrado y cada acto suyo será agradable. De entre las mejores conductas de la gente en este mundo y en el Âjirah es tener Hilm y Sabr (indulgencia y paciencia) durante momentos de dificultad y perdonar a los opresores. A través de estas cualidades uno puede lograr lo que no se puede lograr a través del Siyam y el Qiyam (ayuno y oración).

¿Qué significa Hilm? Significa autocontrol, restricción y por supuesto controlar la ira.

Hilm es una cualidad que Allâh ama ver en sus siervos. Aquel que la tenga recibirá de Allâh dos cosas, Magfirah y Ÿannah, es decir el perdón de Allâh y Su Paraíso. Los que más merecen esta cualidad son los Profetas (‘alaihimus-salam). Allâh elogió a Ibrâhîm (‘alaihis-salam) diciendo: “Ciertamente Ibrâhîm era tolerante, piadoso y siempre pedía perdón” [Sûrah Hud (11), âyah 75]. Al Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salam) fue dado la buena noticia de un niño que tendría la cualidad de la indulgencia. Allâh dice: “Y le albriciamos con un niño que sería paciente y tolerante” [Sûrah AsSaffât (37), âyah 101].

El Profeta Nûh (‘alaihis-salam) trabajó en su nación por 950 años, pero muy poca gente aceptó su mensaje, pero los trató con Hilm. Esa era la condición de todos los profetas. Hemos mencionado las condiciones del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en muchas de nuestras Jutbah anteriores, cómo sufrió en Tâif, en Uhud, etc. Pero fue perseverante.

Una vez un beduino vio a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y lo tiro fuertemente desde atrás, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llevaba puesta un grueso manto, lo que dejo marcas rojas en su bendito cuello a causa de la fricción. El hombre dijo: ¡Oh Muhammad! Dame algo de los bienes de Allâh que tú tienes”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) sonrió y le dio algo.

En otra ocasión, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo a Ashayy ‘Abdil-Qais (radiallâhu ‘anhu): “Tu posees dos cualidades que son amadas por Allâh: El Hilm y el Anah (la indulgencia o tolerancia y la serenidad).

Como mencionamos antes, muchas personas entraron en el Islam por el ajlâq de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Veamos algunos ejemplos:

La conversión de Zaid Bin Sa’nah (radiallahu’anhu), quien antes del Islam era rabino judío: ‘Abdullâh Ibn Salâm (radiallâhu ‘anhu) narró que cuando Allâh decretó que Zaid Bin Sa’nah debía aceptar el Islam, el mismo Zaid dijo: “Cuando miré a Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) reconocí todos los signos de la profecía excepto dos que no había sido capaz de poner a prueba: 1) Que su autocontrol debía sobreponerse a su ira; y, 2) Que su tolerancia conquistaría a toda muestra de extrema insensatez”

Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) narra además que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) un día había salido recién de su habitación junto con ‘Ali Ibn Abî Tâlib (radiallâhu ‘anhu) cuando un jinete, que aparentemente era un beduino, se acercó a él y le dijo: “¡Oh, Rasûlullâh! Algunas personas de una cierta tribu han aceptado el Islam pues les he dicho que recibirán sustento en abundancia si lo hacían. Sin embargo, no ha caído lluvia y están afligidos por la sequía. ¡Oh, Rasûlullâh! Temo que dejen el Islam debido a su codicia tal como entraron en él. Si estás de acuerdo, podríamos enviarles algo para ayudarles”. Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) dijo: “El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) miró a la persona a su lado quien asumo era ‘Ali (radiallâhu ‘anhu). Él dijo: “¡Oh, Rasûlullâh! No creo que quede nada de esa riqueza”.  Zaid se acercó a Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y dijo: “¡Oh, Muhammad! ¿Deseas venderme una cantidad fija de dátiles del jardín de una tribu para que les sea pagado antes de un plazo determinado?”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Esta bien, pero no determines de cual jardín provendrán”. Zaid Bin Sa’nah (radiallahu ‘anhu) aceptó y el acuerdo se selló. Zaid pagó ochenta mithqâl de oro (unos 400 gramos aproximadamente) por la cantidad señalada de dátiles. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) tomó el dinero y se lo entregó al beduino y le dijo: “Toma esto para ayudarlos”.

Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) narra después que cuando solo quedaban unos dos o tres días para el vencimiento del plazo acordado, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) salió de su casa para realizar una oración fúnebre. Lo acompañaban Abû Bakr, ‘Umar, ‘Uthmân y otros sahâbah (radiallâhu ‘anhum).  Cuando se acercaban para apoyarse y buscar sombra en una muralla, Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) se acercó a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo tomó por el cuello y mirándolo con ira a la cara le dijo: “¡Oh Muhammad! ¿Cuándo vas a pagar lo que se me debe? Por Allâh que lo único que han aprendido los hijos de ‘Abdul-Muttalib posponer y postergar sus deudas. Ahora tengo certeza de esto de primera fuente!”. Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) dijo que mientras hacía eso, su mirada se posó sobre ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) y notó que sus ojos comenzaban a girar de ira y lo miró con furia. ‘Umar dijo: “¡Oh, enemigo de Allâh! ¿Le hablas a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) de esta manera y lo tratas de esta forma? Si no fuera por mi respeto a la presencia de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) te habría cortado el cuello”. Zaid dijo que durante todo el incidente el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo miraba de la forma más calma y serena. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) luego le dijo a ‘Umar (radiallâhu ‘anhu): “¡Oh, ‘Umar! Todo lo que ambos necesitamos es que me digas a mí que le pague rápidamente y decirle que presente sus demandas en una mejor manera. ¡Oh, ‘Umar! Ve con él y págale lo que se le debe. También dale veinte sa‘a de dátiles de más por la amenaza que lanzaste sobre él”.

Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) dijo que ‘Umar lo llevó junto a él, le pagó lo que se le debía y le pagó veinte sa‘a extra. Cuando preguntó a ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) a que se debían los veinte sa‘a extra, ‘Umar le respondió que así había sido la orden que había dado Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) debido a la amenaza que él había proferido. Zaid luego preguntó: “¡Oh Umar! ¿Me reconoces?” él le dijo que no. Zaid dijo: “Soy Zaid Bin Sa’nah”. “¿El rabino?” preguntó ‘Umar. “Si, el rabino” fue la respuesta. Luego pregunto: “¿Por qué te comportaste como lo hiciste? ¿Por qué hablaste como lo hiciste?”. Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) dijo: “¡Oh, ‘Umar! Cuando vi a Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) reconocí en él todos los signos de la profecía excepto dos que no había sido capaz de poner a prueba: El que su autocontrol debía sobreponerse a su ira y que su tolerancia conquistaría a toda muestra de extrema insensatez. Ahora he puesto a prueba ambos atributos. ¡Oh, ‘Umar! Te hago testigo de que estoy contento con Allâh como Señor, con el Islam como la verdadera religión y con Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) como Profeta. También te hago testigo del hecho de que doy la mitad de mi patrimonio, siendo una de las personas más adineradas, como caridad para toda la Ummah de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam”. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Di que es para una parte de la Ummah pues no serás capaz de entregarlo a todos”. Dijo Zaid: “Muy bien, entonces, para parte de la Ummah”. Ambos volvieron donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y Zaid Bin Sa’nah (radiallâhu ‘anhu) exclamo: “Atestiguo que no hay nadie digno de adoración excepto Allâh y que Muhammad es el siervo de Allâh y Su Mensajero”. Así, él acepto la fe y dio su compromiso de lealtad al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Participó en muchas expediciones junto a al profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y fue martirizado en la expedición a Tabûk.

Hermanos y hermanas, rogamos a Allâh para que nos embellezca con la cualidad de la indulgencia y que seamos medios de difundirla en el mundo entero. Âmîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh