BUSCAR EL HONOR Y LA DISTINCIÓN A TRAVÉS DEL ISLAM

Viernes 6 de Abril de 2018
Ÿumu‘ah 20 de Rayab 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

El Islam es el Dîn a través del cual cualquier siervo o nación se puede corregir. El Islam es uno de los más grandes dones que Allâh nos ha concedido. Para aquella persona que sigue el Dîn completamente, Allâh garantiza una vida tranquila y afortunada, tanto en este mundo y en el Âjirah. Además, el Islam es la única forma completa y perfecta de vida aceptada antes los Ojos de Allâh. Dice el Altísimo en el Qurân: “Ciertamente para Allâh, la religión es el Islam” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 19], y dice también: “Quien siga una religión diferente al Islam, no se le aceptará, y en la Otra Vida se contará entre los perdedores” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 85]. El mismo Allâh eligió el Islam para nosotros, según señala el Sagrado Qurân: “Hoy os he perfeccionado vuestra religión, he completado Mi Gracia sobre vosotros y He dispuesto que el Islam sea vuestra religión” [Sûrah Al-Maidah (5), âyah 3].

Como podemos darnos cuenta, hay distintas clases de personas, algunos buscan el honor a través de su idolatría, como Allâh dice en el Qurân: “Tomaron a los ídolos como divinidades en vez de Allàh para que les socorriesen (del castigo) ¡Pero, no! Se desentenderán (estos ídolos) de su adoración y se convertirán en adversarios” [Sûrah Mariam (19), âyât 81 y 82].  Otros buscan el honor siendo amigos de los incrédulos, como es el caso de los hipócritas. Ambas clases de personas fracasarán, tanto en el Dunia como en el Âjirah. Después tenemos a los creyentes veraces que están conforme con Allâh como su Señor, el Islam como su Din y Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) como Su Profeta y Mensajero. El verdadero creyente tiene certeza en Allâh y solamente busca el honor a través de su Din.

Nuestro Dîn está lleno de buenas cualidades y es un sistema de completa justicia, por eso, a través del Islam encontramos orgullo y honor. Aquella persona que no encuentra el honor a través del Dîn de Allâh y no se enorgullece por su Dîn, tiene una insuficiencia en su certeza en Allâh.

Hablando con su querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Allâh dice en el Qurân: “Ciertamente (el Qurân) es un honor y una gracia para ti y para tu pueblo (de creyentes), y seréis preguntados (si lo pusisteis en práctica o no)” [Sûrah Az-Zujruf (43), âyah 44].

El máximo honor que podemos lograr es que seamos de entre los siervos piadosos de Allâh y que hagamos acciones virtuosas dejando de lado lo que Él ha prohibido. El honor consiste en seguir el Dîn de Allâh y la Sunnah del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Nuestros antepasados supieron entender la grandeza y la majestuosidad del Islam, por eso se sacrificaron a sí mismos y sus riquezas en pos del Dîn de Allâh. El objetivo más importante y más alto en la vida de nuestros nobles predecesores era el legado de Allâh a Su Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Otro ejemplo de las personas que sacrificaron todo por el Dîn de Allâh es el de Ÿulaibîb (radiallâhu ‘anhu). Este compañero de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no tenía nada de este mundo, excepto Îmân en su corazón. Ÿulaibîb (radiallâhu ‘anhu) no era un hombre atractivo y no tenía muchas posibilidades de encontrar esposa. Su linaje no era conocido y no tenía familia, lo que lo hacía inferior al resto. Estaba tan desalentado por su circunstancia que fue donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le pidió consejo. El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo que fuera donde la familia de una de las mujeres más piadosas de entre los ansâr, y que le pidiera a su hija en matrimonio. La familia discutió si debían o no aceptar, pero ellos no querían que su hija se casara con Ÿulaibîb (radiallâhu ‘anhu). Pero cuando la hija escuchó que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo había recomendado, dijo a su padre que no debían ir en contra de las instrucciones del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Ella aceptó casarse con Ÿulaibîb (radiallâhu ‘anhu), mostrando la actitud de una verdadera creyente, entonces el padre de la joven, al darse cuenta del error que había cometido fue detrás de Ÿulaibîb para acordar el matrimonio. Algunos de los sahâbah le dieron al nuevo novio algo para ofrecer a su joven esposa. En esos momentos se inició una expedición. Ÿulaibîb (radiallâhu ‘anhu) fue para unirse al ejército de los musulmanes y para no ser descubierto por sus compañeros cubrió su cara. Él murió en el campo de batalla como un mártir, pero como era tan insignificante a los ojos de la gente nadie se preocupó por él. Sin embargo, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se recordó a Ÿulaibîb y fue a buscarlo al campo de batalla hasta que fue encontrado. Ÿulaibîb fue sepultado por el mismo Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y los sahâbah pudieron ver tres gestos en Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): primero lloró, luego sonrió y después volteo la cara. Le preguntaron que era aquello que le habían visto hacer, y respondió: “Lloré por la pérdida de un hombre valeroso; sonreí cuando Allâh me mostró el lugar que ocupará en el Ÿannah; y volteé por pudor, cuando las huries llagaban para recibirlo y a una de ellas se le dejó ver parte de su pantorrilla”. Él no tenía nada ni siquiera para casarse, pero cuando llego el momento de sacrificar por Allâh, puso todo a disposición del Dîn, incluso su propia vida. Parte de su recompensa en este mundo fue el honor de que el propio Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue quien lo sepultó.

Podemos citar también como ejemplo, cuando ‘Umar Ibn Al-Jattâb (radiallâhu ‘anhu) salió hacia Jerusalén para recibir las llaves de Baitul-Maqdis lo hizo en la condición y forma que todos conocían de él. Al verlo la gente le decía: “¿Por qué no cambias tu ropa? Ve de una manera más respetuosa”. Él decía: “Somos una nación que Allâh honró a través del Islam y si buscamos el honor en cualquier otra cosa menos en el Dîn, Allâh nos quitará ese honor”.

Hoy tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: ¿Dónde estamos buscando el honor? ¿Qué hemos hecho después del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)? ¿Acaso buscamos el honor siguiendo su sunnah? ¿Acaso estamos siguiendo el camino del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)? Esa es la diferencia entre nosotros y los sahâbah (radiallâhu ‘anhum), ellos entendieron que el honor, tanto de esta vida como de la otra, está en seguir el Dîn completo y seguir la sunnah del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). En cambio, nosotros estamos buscando el honor en cualquier otra cosa menos en el Dîn.

Por último, es muy importante que nosotros inculcamos en nuestros hijos la certeza correcta que Allâh es el Dueño del honor y de la desgracia, Él es el controlador de todo y la única manera de conseguir el honor real y eterno es seguir las enseñanzas de nuestro Dîn como nos enseñó Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos otorgue el correcto entendimiento de nuestro Dîn. Âmîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh