LA BATALLA DE BADR Y SUS LECCIONES

Viernes 1 de Junio de 2018
Ÿumu‘ah 16 de Ramadân 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Si estudiamos La Sirah, es decir, la historia y la bella vida de nuestro Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), encontraremos que es un ejemplo y una forma de vida no solo para los creyentes si no que para cada ser humano. La historia de la mejor de las creaciones, el amado de Allâh, es tal historia que está llena de Imân, de conocimiento, de sabiduría, una historia llena de perseverancia, de paciencia, de firmeza, una historia llena de tolerancia, de compasión, de misericordia, de piedad, de virtud, de bondad.

La profecía de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) duro 23 años, pero en estos cortos 23 años tomó en sí mismo el mensaje e Allâh, y propagó la Shari‘ah de Allâh y nos mostró la puerta de cada buena acción, nos guio al camino recto. Siguiendo sus pasos encontraremos, por ejemplo, que el mes de Ramadân para nuestros predecesores no fue mes solo de ayuno, oración, du‘â, i’tikâf o de ‘umrah, sino fue también un mes de sacrificio en el camino de Allâh; un mes de da’wah y de acciones. Fue en este mes cuando los musulmanes conquistaron una de las más grandes victorias. Hay un día en este mes en el cual Allâh llama Yaumul-Furqân (el Día de la Distinción) y también lo llama Yaumal-Taqalÿam‘an (el día en el que se encontraron las dos tropas). Fue en este mes, el segundo de la Hiÿrah, un 17 de Ramadân, cuando una de las grandes batallas del Islam tuvo lugar, la Batalla de Badr.

En esta batalla, Allâh diferenció entre el Haq y el Batil –la verdad y la falsedad–, Allâh otorgó ayuda a Su Dîn y la victoria a Su Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y los creyentes. Fue en ese día que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) planeó con perseverancia, certeza y fe, junto a sus honorables compañeros (radiallâhu ‘anhum). Fue en este día cuando Allâh deshonró a los idólatras y aplastó sus maldades, opresiones y tiranía.

Esta batalla fue una página de entre las páginas de la gloria y en la historia de esta Ummah. Trescientos trece hombres respondieron al llamado de Allâh y de Su Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). No hay día más amado para ellos que ese día, trescientos trece hombres para quienes Allâh había escrito gloria y éxito mientras estaban en los vientres de sus madres, hombres para quienes Allâh dijo: “¡Oh gente de Badr! Hagan como deseen, pues Yo los he perdonado”. Trescientos trece hombres en el campo de batalla mal equipados, descalzos, con ropas parchadas, sedientos, hambrientos, pero sus corazones puros, limpios y cristalinos, y con una gran valentía. Y lo que es más importante con obediencia al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). 

Cuando el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se enteró que la caravana de Abû Sufian venía desde Sham, pensó que sería una buena oportunidad para tomar del botín y las mercancías de esta caravana.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) salió con algunos de sus compañeros hacia Badr para tomar esta caravana sin la intención de luchar o hacer guerra, por lo cual salieron sin ninguna preparación. Cuando Quraish supieron de las intenciones de del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus sahabah (radiallâhu ‘anhum), inmediatamente avisaron a la gente de Makkah para que acudieran en su ayuda y así poder proteger sus mercaderías.

Desde el momento en que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) supo de las intenciones de Quraish y que venía gente desde Makkah, reunió a los sahabah y pidió sus opiniones. El primero en levantarse y hablar fue Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu), quien le aseguró una total obediencia a sus órdenes. A continuación ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) habló y expresó la misma opinión de su noble amigo. Luego se levantó Miqdad Bin ‘Amr (radiallâhu ‘anhu), quien dijo: “¡Oh, Mensajero de Allâh! Avanza hacia donde te ordene Allâh, que estaremos tu lado. Nosotros no te diremos lo que los judíos dijeron a Musa (‘alaihis-salam): “Ve tú sólo junto a tu Señor a pelear, que nos quedaremos aquí”. Nosotros diremos: “Ve tú con tu Señor a pelear, que también estaremos peleando a vuestro lado”. Por Allâh si nos dices que debemos ir a Bark Al-Gimad, lo haríamos y pelearíamos a tu lado hasta vencer. Nosotros combatiremos contigo, a tu derecha, a tu izquierda y atrás”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) agradeció sus palabras y pidió a Allâh por él.

Los tres líderes que hablaron pertenecían a los emigrados, que constituían el grupo minoritario del ejército. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) quería escuchar la opinión de los ansâr dado que formaban la mayor parte del ejército y recaería sobre ellos el mayor peso de las actividades bélicas. Es más, las cláusulas del Juramento de Al-‘Aqabah no los obligaba a pelear pasando su territorio. El Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “¡Aconsejadme, mis hombres!”. Con esto se refería a los ansâr en particular. Entonces Sa‘d Bin Mu‘adh (radiallâhu ‘anhu) se levantó y dijo: “Por Allâh, me parece que quieres nuestra opinión (la de los ansâr)”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo que sí. Sa‘d (radiallâhu ‘anhu) le dijo: “¡Oh Profeta de Allâh! Creemos en ti y somos testigos de que has venido con la verdad. Te dimos nuestro juramento y compromiso para obedecerte y esforzarnos. Te obedeceremos de buen grado en lo que nos ordenes, y por Allâh, Aquel que te envío con la verdad, si nos pides que nos dirijamos hacia el mar verás que ninguno de nosotros se queda atrás y lo haríamos rápidamente. No nos preocupa la idea de encontrarnos con el enemigo. Tenemos experiencia en la guerra y somos competentes para el combate. Espero que Allâh te muestre a través de nuestras manos aquellas acciones de valor que harán complacer tus ojos. Dirígenos hacia el campo de batalla en el nombre de Allâh”. Escuchando esto salieron hacia Badr.

Cuando el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y los sahabah llegaron a Badr, construyeron una tienda que les sirviera como cuartel para el ejército musulmán y que sea segura para el líder, en donde también Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) pueda rezar y adorar a Allâh.

La noche antes, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue al lugar de la batalla y mostró a sus compañeros los lugares en donde los incrédulos caerían muertos y decía: “Mañana caerá muerto aquí fulano Insha Allâh, y acá fulano, Insha Allah…” En la noche completa rogaba a Allâh pidiendo su apoyo. Esa noche llovió en ambos lados del campo de batalla, siendo para los incrédulos una causa de estorbo mientras que para los musulmanes resulto ser una bendición. Allâh les envió la lluvia para fortalecer sus corazones y para afirmar sus pasos. Según esto Allâh dice en el Qurân: “Cuando os cubrió como protección un sueño que venía de Él, e hizo caer sobre vosotros agua del cielo para con ella purificaros, quitaros la suciedad del Shaitân, dar firmeza a vuestros corazones y afianzar así vuestros pasos” [Sûrah Al Anfâl (8), âyah 11]. Esto fue la noche del viernes 17 de Ramadân del año 2 de la Hiÿrah.

Fue en este mes de Ramadân que la conquista de Makkah tuvo lugar y fue purificada de todo tipo de idolatría, incredulidad, opresión y tiranía. Una de las grandes conquistas en la historia del hombre. Fue en esta ocasión cuando la gente entró en el Islam en grupos y todo el mundo fue iluminado con la luz del Imân y del Islam. Esto nos manifiesta que el mes de Ramadân es no sólo un mes de ayuno, sino un mes para ganar el apoyo y la gloria de Allâh, porque este es el mes de la paciencia y del arrepentimiento. Como fue dicho: El ayuno es mitad paciencia, y además enseña al creyente como dejar lo que es amado para él y sus deseos. Como el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh ha dicho: “El ayuno es para Mí, y Yo recompensaré y pagaré su recompensa. El creyente deja sus deseos, su comida y su bebida por Mí”. Y como sabemos el objetivo del ayuno es inculcar en nuestras vidas Taqwah, como dice Allâh en el Qurân: ¡Creyentes! Se os ha prescrito el ayuno al igual que se les prescribió a los que os precedieron. ¡Ojalá tengáis temor (de Allâh)! [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 183].

Entonces, debido a la paciencia y al Taqwah, un siervo es capaz de obtener ayuda de Allâh, como Allâh dice: Si os llega un bien, les duele, y si os sobreviene un mal, se alegran por ello; pero si tenéis paciencia y sois temerosos, su intriga no os dañará en absoluto; es cierto que Allâh rodea lo que hacen [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 120]. Entonces si la Ummah practica la paciencia e inculca el Taqwah en su vida, Allâh la protegerá de los males de sus enemigos y los defenderá. Dice Allâh: Es cierto que Allâh defiende a los que creen [Sûrah Al-Haÿÿ (22), âyah 38].

Ahora, veamos qué lecciones rescatamos de la Batalla de Badr:

La mayor de las lecciones es que el Islam es palabra eterna y permanente mensaje de Allâh. Quien quiera que siga el Islam será honrado por Allâh, y quienes se opongan al Islam serán deshonrados por Allâh. A continuación, aprendemos que la paciencia y la perseverancia son la llave para la prosperidad, sin importar que tan difícil sean las condiciones y circunstancias, la paciencia es la llave para todo bien. Aprendemos que después de cada dificultad viene la facilidad y el último resultado de la paciencia no es nada más que el bien. Allâh dice: Y sé paciente pues tu paciencia no es sino por Allâh. Y no te entristezcas por ellos ni estés en estrechez por lo que traman [Sûrah An-Nahl (16), âyah 127].

Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ejercitaba la paciencia, Allâh refrescaba sus ojos y otorgaba apoyo a él y a sus compañeros. Allâh dice: Y si tenéis paciencia y tenéis temor (de Allâh) y vienen a vosotros de improviso, Allâh os fortalecerá con cinco mil ángeles designados [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 125], de estos versos aprendemos además que el Taqwah es la vía para que los creyentes obtengan el apoyo de Allâh y es el camino al éxito. Debido a la paciencia y al Taqwah los ángeles de Allâh descendieron, para asistir al ejército de la fe. Por lo tanto, quien ejercite la paciencia y tenga Taqwah, Allâh removerá todas sus ansiedades y abrirá una puerta para aliviar todas sus angustias. También aprendemos que una de las grandes razones para la que la ayuda descendiera en esta ocasión fue debido a la unidad de los corazones, compasión de unos por otros, los compañeros de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), a pesar de ser pocos en número y sin equipamiento, sus corazones estaban llenos de amor de unos por otros, los corazones estaban limpios, tenían misericordia, simpatizaban unos con otros, se apoyaban y ayudaban unos con otros, y colaboraban unos con otros.

Solo tenían una palabra en su lengua: La ilâha illallâh. Siendo deshonrados Allâh los honró, siendo humillados Allâh los elevó, entonces nosotros como musulmanes hoy si inculcamos en nosotros mismos estas cualidades, hoy también disfrutaremos la misma ayuda y gloria que los sahabah (radiallâhu ‘anhum) disfrutaron, pero una vez que estamos con los corazones rotos, desunidos, divididos, viviendo con rivalidad entre nosotros, entonces solo compartiremos llanto. También aprendemos que los sahabah (radiallâhu ‘anhum) obtuvieron este éxito de Allâh debido a su total obediencia y sumisión a los mandatos de Allâh y de su amado Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), estaban preparados para sacrificar todo, por Allâh y su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y se probaron a ellos mismos con la certeza en la causa de Allâh.

También aprendemos que el creyente debe tener Yaqîn –certeza– que la Nusrah –el apoyo–está en las Manos de Allâh y se la da a quien Él quiere. Cuando los sahabah (radiallâhu ‘anhum) salieron hacia Los Pozos de Badr con el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), las intenciones no eran ir a la guerra, pero después cuando las cosas cambiaron, pusieron su confianza y su certeza en Allâh. Debido a la barakah del Yaqîn y la confianza y sinceridad con Allâh y su obediencia con su Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Allâh les otorgó la victoria.

Aprendemos del incidente de Badr algo importante, que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), siendo Profeta de Allâh no era negligente ni siquiera en estos momentos para consultar haciendo mashurah con sus compañeros, no sólo en la Batalla de Badr, sino también en las Expediciones de Uhud y Jandaq. Esta es una lección para la Ummah que desde que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) recibió Revelación de Allâh, consultó con sus compañeros y debido a este acto Allâh les otorgo éxito, gloria y victoria en todas las batallas.

Por último, aprendemos que todo pertenece a Allâh Altísimo sea, la Soberanía y el Reino Le pertenecen; la creación es de Allâh, pues en cada momento la creación está en necesidad de Allâh de mostrar su falta de ayuda y su humildad, esta es la real servidumbre y esto es lo que nuestro Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) demostró y nos enseñó en esta ocasión, que él era totalmente sumiso y humilde al dirigirse hacia Allâh, expresando su necesidad y debilidad hacia Allâh y rogando ayuda de Allâh, pues sabía que el verdadero apoyo y ayuda sólo viene de Allâh. A pesar de que se le mostró el lugar donde los líderes de los Kuffar caerían derrotados, su certeza no se desvió de Allâh, entonces nosotros si queremos ganar y obtener esta ayuda de Allâh en todo tiempo debemos volvernos a Allâh. Dice el Qurân: Cuando pedisteis auxilio a vuestro Señor y os respondió que os ayudaría con mil ángeles en turnos sucesivos [Sûrah Al-Anfal (8), âyah 9].

Para terminar, hermanos y hermanas, en dos o tres días más estaremos entrando a los últimos diez días de este Bendito Mes de Ramadân, actualmente estamos parados en la puerta de los últimos diez días de Ramadân, no desperdiciemos nuestro tiempo en acciones y conversaciones sin valor, exhortémonos a las ‘ibadât –adoraciones–pues era la práctica de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alihi wa sallam) que cuando las últimas diez noches de ramadán llegaban, se ocupaba en adorar a Allâh y despertaba a su familia y pasaba las noches en comunión con Allâh, porque entre estas noches, hay una noche mejor que mil meses y quien este en ‘ibadah en esta noche con fe y esperanza de ganar recompensa de Allâh, Él, Altísimo sea, le perdonará sus pecados pasados.

Que Allâh nos dé el Taufîq para sacar el máximo beneficio del resto de este bendito mes de Raman. Amîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh