LOS CONSEJOS DE RASÛLULLÂH (SAW) Y LOS SAHABAH (RA).

Viernes 15 de Junio de 2018
Ÿumu‘ah 8 de Shauwâl 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus Sahabah (radiallâhu ‘anhum) aconsejaron a las personas y aceptaron los consejos que se les dieron, independientemente de si estaban en su casa o en un viaje. Los Sahabah (radiallâhu ‘anhum) desviaron su atención de las cosas materiales de este mundo y sus placeres para centrarse en las bondades del Âjirah. Advirtieron con tanta vehemencia a la gente que se cuidaran de desobedecer a Allâh que las lágrimas fluían y los corazones se volvían sobrecogidos. Parecía como si el Âjirah y las condiciones en el Día de la Resurrección fueran claras ante sus ojos. Ellos condujeron la Ummah de Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) de la mano a través de sus consejos y volvieron su atención hacia el Creador de los cielos y la tierra, volviendo los corazones de la gente de la oscuridad de la idolatría y la incredulidad, hacia la luz del Imân y la Unicidad de Allâh.

Abû Dhar (radiallâhu ‘anhu) narró que una vez le preguntó a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) acerca de qué contenían las escrituras reveladas a Ibrâhîm (‘alaihis-salam); Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Estaban llenos de expresiones como “¡Oh, rey conquistador, atribulado y engañado! No te he enviado para recoger las cosas de este mundo y amontonar montones sobre otro. Te he enviado para evitar que la súplica de los oprimidos me llegue porque nunca rechazo tal súplica, aunque provenga de un Kâfir”. Mientras un hombre pensante no pierda sus sentidos, debería distribuir su tiempo en algunas actividades. Debería dedicar un tiempo a conversar secretamente con su Señor, dedicar algún tiempo a la introspección, contemplar algunas veces las creaciones de su Señor y dedicarles un tiempo expresamente a sus necesidades de comida y bebida. El hombre pensante no debe emprender un viaje a menos que sea por una de tres razones; obtener provisiones para el Âjirah, arreglar un asunto relacionada con su sustento o ganar algún placer que no esté prohibido. También es necesario que el hombre que reflexiona tenga una visión profunda de sus tiempos y esté preparado para sus condiciones. él también debe proteger su lengua. Quien juzgue sus palabras con sus acciones tendrá pocas palabras para hablar, a menos que se trate de asuntos importantes”.

Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) preguntó más: “¡Oh, Rasûlullâh! ¿Qué contienen las escrituras de Musa?; El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Estaba repleto de lecciones como, “Estoy asombrado de la persona que está convencida de la muerte, pero aun así se divierte. Estoy asombrado de la persona que está convencida de las llamas del Ÿahannam, pero continúa riéndose. Estoy asombrado de la persona que está convencida de la predestinación, pero aún se esfuerza innecesariamente. Estoy asombrado de la persona que ve este mundo y cómo pasa de persona a persona, sin embargo, sigue confiando en ella. Estoy sorprendido de la persona que está convencida de rendir cuentas mañana, pero no trabaja para ello”.

Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) luego preguntó: “¡Oh, Rasûlullâh! Aconséjame”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió diciendo: “Te aconsejo que adoptes el Taquah porque es la fuente de todos los asuntos”.

Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) insistió: “Aconséjame más ¡Oh, Rasûlullâh!”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Asegúrate de recitar el Qurân y ocuparte en el Dhikr de Allâh, porque esto es una luz para ti en este mundo y un tesoro en el Âjirah”.

Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) continuó: “¡Oh, Mensajero de Allâh! Aconséjame más”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) continuó: “Abstente de la risa excesiva porque mata el corazón y elimina la luz de la cara”.

Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) continuó: “¡Oh, Mensajero de Allâh! Aconséjame más”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) continuó diciendo: “Asegúrate de participar en el camino de Allâh porque es el monasticísmo de mi Ummah”.

Cuando Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) pidió más consejos, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo, además: “Asegúrate de permanecer en silencio por períodos prolongados porque esto repelerá a Shaitân y te ayudará en los asuntos de Dîn”.

Tras la insistencia de Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu), Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) continuó aconsejándolo: “Ama a los pobres y hazles compañía”.

Abû Dharr (radiallâhu ‘anhu) prosiguió pidiendo de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Oh, Rasûlullâh! Por favor, dame más consejos”. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Mira a los que son inferiores a ti y no mires a los que son superiores a ti, porque esto es más propicio para que no menosprecies los favores de Allâh sobre ti”. De nuevo pidió más consejos: “¡Oh, Rasûlullâh! Recomiéndame más”. A esto, el Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo, “Di la verdad independientemente de cuán amarga sea”. Nuevamente el sahabi pidió y Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Conociendo tus propias faltas debería evitar que encuentres faltas en los demás y nunca te enojes con los demás por las faltas que tú mismo tienes. Serás lo suficientemente culpable por encontrar tales faltas en personas que no sabes que existen dentro de ti y por enojarte con los demás por las cosas que haces tú mismo”.

El Profeta de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) luego puso sus manos sobre el pecho de Abû Darr (radiallâhu ‘anhu) y le dijo: “¡Oh, Abû Dharr! No hay inteligencia como la planificación astuta, la piedad como la abstinencia y el orgullo familiar tan excelente como el buen carácter”.

Ahnaf Bin Qais (radiallâhu ‘anhu) narra que ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) una vez le dijo: “¡Oh, Ahnaf! La persona que se ríe demasiado pierde respeto, y el que bromea demasiado no es tomado en serio. El que habla demasiado comete demasiados errores, el que comete demasiados errores pierde la modestia, el que pierde la modestia pierde la piedad y el corazón de quien pierde piedad eventualmente muere”. Otra narración señala que ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “La persona que se ríe demasiado pierde respeto, el que bromea demasiado no es tomado en serio y el que se entrega demasiado a algo es conocido por ello. El que habla demasiado comete demasiados errores …” El resto de la narración es como la anterior.

‘Umar (radiallâhu ‘anhu) una vez dijo: “Conviértanse en cofres del Qurân, fuentes del conocimiento y pidan a Allâh su sustento día a día”. Otra narración señala que también agregó: “Permanezcan en compañía de aquellos que se arrepienten excesivamente porque esas personas tienen los corazones más suaves”. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) también dijo: “La persona que teme a Allâh nunca descargará su ira y nunca hará lo que quiera. Si no hubiera sido por el día del Qiyâmah, las cosas hubieran sido muy diferentes de lo que ves”.

Fue ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) quien dijo: “La persona que es justo con la gente a pesar de las dificultades que tiene que soportar, se le concederá el éxito en todos sus esfuerzos. Humillarse en obediencia a Allâh es más cercano a la virtud que al deseo de honor”.

‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “El respeto de un hombre radica en su Taquah, su honor en su Dîn y su hombría en su carácter. El coraje es la antítesis de la cobardía, porque mientras que un hombre valiente luchará para defender a los que conoce tan bien como aquellos que no conoce, el cobarde huirá de defender incluso a sus propios padres. Mientras que las personas ven el respeto en la riqueza, el verdadero honor realmente se encuentra en Taquah. No soy mejor que un persa, un no-árabe o un agricultor común, excepto en virtud de Taquah (el mejor será el que tenga más Taquah)”.

Sufiân Thauri narra que ‘Umar (radiallâhu ‘amhu) escribió una vez a Abû Mûsa al-Asharî (radiallâhu ‘anhu) diciendo: “La sabiduría no es algo que viene con la edad, sino que es un regalo que Allâh concede a quien le plazca. Asegúrate de que siempre te mantengas alejado de actos vergonzosos y un carácter malvado”.

Salmân Al-Fârsi (radiallâhu ‘anhu) solía decir: “Tres personas me hacen reír y tres cosas me hacen llorar. Me río de la persona que alberga largas esperanzas en este mundo, pero la muerte lo busca constantemente. La otra es la persona que es negligente con la muerte, pero la muerte nunca es negligente con él y (la tercera es) la persona que se ríe de todo corazón, mientras que él no sabe si su Señor está enojado o contento con él. Las tres cosas que me hacen llorar son la separación de Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y su grupo, la escena aterradora cuando llegan los dolores de la muerte; y parar ante el Señor del universo cuando no sé si iré hacia el fuego de Ÿahannam o hacia el Ÿannah”.

Abû Dardâ (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Hay tres cosas que amo y que la gente generalmente odia; pobreza, enfermedad y muerte. Amo la muerte por mi anhelo de conocer a mi Señor. Amo la pobreza porque entonces puedo verdaderamente humillarme ante mi Señor y amo la enfermedad porque borra mis pecados”.

Hermano y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita seguir los invaluables consejos de Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Âmîn

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh