COMO RECIBIR LA NUSRAH DE ALLÂH

Viernes 29 de Junio de 2018
Ÿumu‘ah 15 de Shauwâl 1439
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Siendo seres humanos, el propósito de nuestra existencia en este Dunia es adorar a Allâh como señala en el Qurân: “Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que Me adoren” [Sûrah Adh-Dhâriyât (51). Âyah 56], y siendo seguidores del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), nuestra responsabilidad es invitar a la gente hacia Allâh, como dice el Qurân: “Di: “Éste es mi camino. Basado en una prueba visible, llamo a Allâh, y los que me siguen también. ¡Gloria a Allâh! Yo no soy de los asociadores” [Sûrah Yûsuf (12), âyah 108].

Si nosotros observamos la vida de los sahabah (radiallâhu ‘anhum), encontraremos que cada sahabi, hombre o mujer, con mucho conocimiento o poco, comerciante o un campesino, cada uno de ellos practicaba el Dîn al cien por ciento, y al mismo tiempo tuvo la preocupación de difundir y propagar el Dîn. Cuando los sahabah (radiallâhu ‘anhu) hicieron esto, en cada paso en sus vidas solían encontrar la Nusrah de Allâh, no solamente la Nusrah que puede ser visible o explícita, sino que también la Nusrah en lo invisible, más aún, el universo completo fue subyugado a ellos. Si nosotros también aplicamos el Dîn cien por ciento en nuestras vidas, y tenemos la preocupación de difundir y propagar el Dîn con el temperamento de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y los sahabah (radiallâhu ‘anhum), recibiremos la misma Nusrah que ellos recibieron de Allâh.

Por lo anterior, la Jutbah de hoy se trata de cómo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y los sahabah recibieron asistencia de lo que no es evidente, cuando dejaron los medios materiales, se aferraron firmemente a los medios espirituales y cuando los sahabah compartieron la preocupación que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) tenía por la guía de las personas y llamándolos al Islam. También resalta cómo los sahabah imbuían en sí mismos los mismos rasgos de carácter y cualidades nobles de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

La ayuda de los ángeles

Sahl Ibn Sa‘âd (radiallâhu ‘anhu) narró que, después de perder la vista, Abû Usaid (radiallâhu ‘anhu) dijo: “¡Oh, hijo de mi hermano. ¡Por Allâh! Si tú y yo estuviéramos en Badr y Allâh me restaurara la vista, te mostraría el valle desde donde vinieron los ángeles para ayudarnos. puedes estar seguro de que no tengo absolutamente ninguna duda o incertidumbre sobre esto.

Urwah (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Ÿibrîl (‘alaihis-salam) descendió durante la batalla de Badr en la forma de Zubair y usando un turbante amarillo con una parte colgando sobre su rostro”. Abbâd Bin ‘Abdullâh bin Zubair (radiallâhu ‘anhu) narró que debido a que Zubair llevaba un turbante amarillo con una parte colgando sobre su rostro, los ángeles también descendían con turbantes amarillos sobre sus cabezas.

Laith Bin Sa’d (radiallâhu ‘anhu) narró que Zaid Bin Hârithah (radiallâhu ‘anhu) alquiló una mula a un hombre de Taîf. Sin embargo, el hombre hizo una condición con él para que Zaid primero lo llevara a donde deseaba bajarse. Luego, el hombre condujo a Zaid a unas ruinas donde le dijo que bajara. Cuando Zaid bajó, vio muchos cadáveres allí. Cuando el hombre hizo un movimiento para matar a Zaid. Este solicitó que se le permitiera realizar dos raka‘at de salâh. El hombre se burló: “Puedes realizar tu salâh porque todas estas personas también rezaron, pero su salâh no les hizo ningún bien”.

Zaid (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Mientras realizaba mi salâh, el hombre vino a matarme. Sin embargo, cuando dije: “¡Ya arhamar-râhimîn! (¡Oh, Misericordioso de los que muestran misericordia!)” Escuchó una voz que gritaba: “¡No lo mates!” Esto lo asusto y salió a mirar desde donde venía la voz, pero no encontró nada. Cuando se me acercó de nuevo, volví a llamar a “¡Ya arhamar-râhimîn!” Después de que esto hubiera sucedido tres veces, vi a un jinete venir a caballo. Él sostenía en su mano una lanza de acero que tenía una chispa de fuego elevándose de la punta. Empujó la lanza con tanta fuerza contra el hombre que atravesó su cuerpo y salió de su espalda. Cuando el hombre cayó muerto, el jinete se acercó a mí y dijo: “Cuando exclamaste ¡Ya arhamar-râhimîn! la primera vez, yo estaba en el séptimo cielo. Cuando exclamaste “¡Ya arhamar-râhimîn!” la segunda vez, estaba en el cielo justo por encima de este mundo y para cuando exclamaste “¡Ya arhamar-râhimîn!” por tercera vez, vine en tu ayuda”.

Sus voces llegan a lugares muy distantes

‘Abdullâh Bin ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) narró que cuando ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) envió una vez un ejército, nombró a alguien con el nombre de Sâriyah (radiallâhu ‘anhu) como su comandante. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) estaba un día dando un sermón cuando de repente gritó: “¡La montaña, ¡Oh Sâriyah, la montaña!”. Hizo esto tres veces. Cuando llegó un mensajero del mismo ejército (en Madinah), ‘Umar le pidió un informe. Él dijo: “¡Oh, Amirul-Mu.minîn! Estuvimos siendo derrotados cuando de repente escuchamos una voz que gritaba tres veces: “¡La montaña, ¡Oh Sâriyah!, la montaña!”. Luego pusimos nuestras espaldas hacia la montaña, como resultado de lo cual Allâh derrotó al enemigo”. Alguien le dijo a ‘Umar: “Fuiste tú quien gritó esa orden”.

Devolver la vida a los muertos

Anas Bin Malik (radiallâhu ‘anhu) narró: “Cuando una vez fuimos a visitar a un joven enfermo de los Ansâr, él falleció muy rápidamente. Cerramos sus ojos y pasamos una sábana sobre su cara. Uno de nosotros le dijo a su madre: “Espera las recompensas de Allâh (por ejercer paciencia sobre la muerte de tu hijo)”. “¿Ha fallecido?” preguntó ella. Cuando confirmamos que lo había hecho, ella levantó las manos hacia el cielo e hizo Du‘â diciendo: “¡Oh, Allâh! Creí en ti y migré hacia tu Mensajero. Cada vez que he estado afligido por alguna calamidad, te he pedido con mi Du‘â y siempre la has eliminado. ¡Oh, Allâh! Ahora te ruego que no me cargues con esta calamidad. El joven entonces (volvió a la vida) se quitó la sábana de la cara y cuando nos sentamos a comer, comió con nosotros”.

Las aguas están subordinadas a los sahabah.

Qais Bin Haÿÿaÿ narró de su maestro que después de que Egipto fue conquistado por los musulmanes, la gente se acercó al gobernador Amr Bin Al-Aas (radiallâhu ‘anhu) cuando comenzó el mes de Bu-nah (un mes en el calendario egipcio). “¡Oh, gobernador! Hay un ritual (que llevamos a cabo) para nuestro Nilo sin el cual no fluirá”. “¿Cuál es el ritual?”, Preguntó Amr. Luego dijeron: “Después de que hayan pasado doce días de este mes, buscamos a una virgen que vive con sus padres”. Después de satisfacer a sus padres (con una gran cantidad de dinero), la adornamos con las mejores joyas y ropa y luego la tiramos al Nilo. “Esto no puede suceder en el Islam”, les dijo Amr, “El Islam borra todo (rituales) que tenían lugar antes”.

Sucede que el Nilo no fluyó y, aunque la gente permaneció en Egipto durante los meses de Bu-nah, Abib y Masra, finalmente decidieron abandonar Egipto. Amr (radiallâhu ‘anhu) le escribió una carta a ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) y le informó sobre la situación. ‘Umar le contestó a Amr diciendo: “Tu curso de acción fue correcto porque el Islam realmente borró todo lo que se practicaba antes de él. He adjuntado una nota con esta carta que debes arrojar al Nilo tan pronto como la carta llegue a ti”. Cuando la carta llegó a Amr, él abrió la nota y descubrió que en ella estaba escrito: “Del sirviente de Allâh, ‘Umar ‘Amirul Muminin, al Nilo de los egipcios. Si fluyes por tu propia cuenta, entonces no necesitas fluir. Sin embargo, si es el Único y Todopoderoso Allâh el que te hace fluir, entonces pedimos al Único y Todopoderoso Allâh que te haga fluir”. Amr tiró la nota al Nilo un día antes del día de Salib. Mientras tanto, los egipcios ya se estaban preparando para abandonar el país porque era solo con el Nilo que sus asuntos podían funcionar adecuadamente. En la mañana del día de Salib, las personas descubrieron que el Nilo ya fluía a dieciséis brazos de altura. De esta manera, Allâh cortó este ritual malvado del pueblo egipcio.

El océano está hecho para someterse a Abu Raihânah

‘Urwah A’ma, que era un esclavo liberado de la tribu Banu Sa’d, informa que Abu Raihânah una vez viajando por el mar, estaba ocupado arreglando algunos cuadernos cuando su aguja cayó al océano. Él dijo: “¡Oh, Señor! Te pido con toda seriedad que me devuelvas la aguja”. Su aguja emerge de forma inmediata y fue capaz de levantarla.

Un león es sumiso a Safinah.

El esclavo liberado de Rasulullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Safinah, dijo: “Una vez estuve a bordo de un barco cuando naufragó. logré aferrarme a una de sus tablas, lo que me llevó a un bosque denso. un león vivía en el bosque y (cuando me vio) comenzó a venir hacia mí para atacarme. Sin embargo, me dirigí a él diciendo: “¡Oh, Abu Hârith! Soy el esclavo liberado de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Bajó inmediatamente la cabeza a medida que se acercaba y continuó empujándome con su hombro hasta que estuve alejado del bosque y en una carretera principal. Luego ronroneó, un gesto que interpreté como una palabra de despedida. Esa fue la última vez que lo vi”.

En otra narración, Safinah dice: Una vez estábamos en el mar cuando naufragábamos. (cuando logramos hacer nuestro camino hacia la tierra) estábamos perdidos y no conocíamos el camino cuando de repente vimos un león que venía ante nosotros, mientras mis compañeros se retiraban, me dirigí hacia él y le dije: Soy Safinah, un compañero de Rasulullâh y hemos perdido el. El león caminó delante de mí hasta que llegamos a la carretera principal. después de eso, me dio un codazo como para indicarme el camino, pero sentí que tenía la intención de decirnos adiós.

Ibn Munkadir informa que el esclavo liberado de Rasulullâh, Safinah, estuvo alguna vez en territorio romano cuando se separó del resto del ejército o fue hecho prisionero. Mientras buscaba el ejército, fue repentinamente enfrentado por un león. luego se dirigió al león diciendo: ¡Oh Abu Hârith! Soy el esclavo liberado de Rasulullâh. Luego explicó su situación y el león se acercó, moviendo la cola hasta quedar a su lado. (Luego, el león lo condujo hacia y) cada vez que el león escuchaba un sonido (de otro animal), se cargaba hacia él (espantándolo) y luego volvía a caminar al lado de Safinah. esto continuó hasta que lo llevó al ejército, después de lo cual regresó.

Un león es sumiso a ‘Abdullâh Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ)

Wahab Bin Qureshi narra que ‘Abdullâh Bin ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) estaba viajando cuando vieron una multitud de personas. ‘Abdullâh Bin ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) preguntó: “Hay un león en el camino que los asusta, fue la respuesta”. ‘Abdullâh Bin ‘Umar se desmonto de su animal, se acercó al león y sostuvo sus orejas. Luego torció las orejas, golpeó su nuca y lo sacó del camino. A partir de entonces, dijo (a sí mismo): “Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no te mintió. Escuché a Rasulullâh decir: “Solo lo que el hombre teme se le otorgará ventaja sobre él y si no le teme a nadie más que a Allâh, Allâh no permitirá que nada más lo domine. El hombre también es entregado a aquello en lo que él alberga esperanzas y si no deposita sus esperanzas en nada menos que en Allâh, Allâh no lo entregará a nadie más”.

El fuego obedece al Sahabah

Muawiyah Bin Harmal narró: “Cuando llegué a Madinah, Tamim Dâri (radiallâhu ‘anhu) me llevó a casa para comer. Aunque comía con voracidad, no parecía tener suficiente debido al hambre extrema que estaba sufriendo a causa de permanecer tres días en la mezquita sin comer nada. Estábamos sentados juntos un día cuando salió un incendio de Harrah (un terreno rocoso cerca de Medina). ‘Umar luego vino a Tamîm diciendo, “¡Ve y encárgate de ese fuego!” Tamîm Dâri (radiallâhu ‘anhu) dijo: “¿Quién soy yo y qué soy yo?”. Sin embargo, ‘Umar continuó hasta que Tamîm fue con él. Muawiyah dijo que los siguió mientras avanzaban hacia el fuego donde Tamîm reunió el fuego con las manos desnudas hasta que regresó a la grieta de la que había salido, con Tamîm detrás”.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita entender y apreciar estas historias y enseñanzas. Âmîn

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh