LA HONRA Y EL ORGULLO DE SER MUSULMÁN

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Viernes 27 de Julio de 2018
Ÿumu‘ah 14 de Dhul-Qa’dah 1439
Imam: Sh. Muhammad Subhan Z.

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Todas las alabanzas pertenecen a Allâh, lo glorificamos y nos encomendamos en Él. Nos refugiamos en Allâh del mal que hay en nuestro ego y del que puedan generar nuestras malas acciones. A Quien Allâh guía, nadie lo podrá desviar, pero a quien Él desvíe, nadie lo podrá guiar. Atestiguo que no hay otra divinidad excepto Allâh, Único, sin asociados. Atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero.

Tengamos temor de Allâh, pues la piedad es la mejor provisión y el camino más recto que todos debemos seguir. Allâh dice en el Sagrado Qurân: “¡Oh, creyentes! Teman a Allâh como es debido y no mueran sino musulmanes sometidos a Él” [Sûrah Al-‘Imrân (3), âyah 102]; dice también: “¡Oh, seres humanos! Tengan temor de su Señor, Quien los ha creado de un solo ser, del que creó a su cónyuge e hizo descender de ambos muchos hombres y mujeres. Tengan temor de Allâh, en Cuyo nombre se reclaman sus derechos, y respeten los lazos familiares. Allâh los observa” [Sûrah An-Nisâ (4), âyah 1]; dice también en el Qurân: “¡Oh, creyentes! Tengan temor de Allâh y hablen solo con la verdad. [Si lo hacen,] Él hará virtuosas sus obras y perdonará sus pecados. Quien obedece a Allâh y a Su Mensajero obtendrá un triunfo grandioso” [Sûrah Al-Ahzâb (33), âyât 70 y 71].

Hoy vivimos en una época difícil para los musulmanes. Vivimos en un tiempo donde ser musulmán es similar a intentar aferrarse a una braza caliente. Se podría decir que llevar el Islam como creencia y forma de vida, quema. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “En el futuro vienen días en los que tendrán que tener paciencia, durante los cuales ser perseverante (en la práctica del din) será como agarrar una brasa caliente. El que realice buenas acciones obtendrá la recompensa de cincuenta hombres que realizan tales acciones”. Alguien preguntó: “Mensajero de Allâh, ¿la recompensa de cincuenta de ellos?”. Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “La recompensa de cincuenta de ustedes” [Abû Dawûd, Tirmidhi].

Pertenecer a la comunidad del Islam es un gran honor. Significa pertenecer a la comunidad de los creyentes en Allâh, a la comunidad de los seguidores de los profetas, a la comunidad del último de los profetas enviados a la humanidad. Dijo el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Si mi hermano Mûsâ (‘alaihis-salam) estuviera vivo, no tendría otra opción más que seguirme” [Ahmad y Ad-Dârimî]. Es decir que el musulmán debe sentirse honrado y orgulloso de pertenecer a la Ummah de Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), así como los sahabah (radiallâhu ‘anhum) siempre mostraban el orgullo y el honor que representaba para ellos, ya que era una religión integral, que les enseñaba todo el bien que podía existir en este mundo y les prohibía de toda situación que les pudiera general algún perjuicio.

El Islam es perfecto y completo en todos los aspectos, y este es el punto por el cual más personas ingresan al Islam. En los tiempos de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), uno de los mushrikîn (politeístas) dijo a Salmân Al-Farsi (radiallâhu ‘anhu): “Tu Profeta te ha enseñado todo, ¡aún cómo defecar!” Salmân (radiallâhu ‘anhu) respondió orgulloso: “Sí, él nos prohibió orientarnos a la Qiblah al orinar o defecar…” [Tirmidhi]. Es decir que, hasta asuntos tan pequeños como ese, el Islam nos ha brindado una legislación y una guía. ¿Cómo ha de ser entonces respecto a otros asuntos más importantes? Es evidente que el Islam tiene respuestas y enseñanzas para todas y cada una de las situaciones que la humanidad tiene que resolver en esta vida, en este planeta. Por eso Allâh dice en el Qurân: “No hay criatura que camine en la tierra o vuele con sus dos alas que no forme una comunidad igual que ustedes. No he omitido nada en el Libro” [Sûrah Al-An‘âm (6), âyah 38].

¿Quién no estaría orgulloso de pertenecer a una comunidad así? Una comunidad que tiene en sus manos el último Libro Revelado, el que tiene la respuesta a todos los interrogantes y problemáticas de la humanidad.

Allâh dice en el Sagrado Qurân: “Quienes digan: “Nuestro Señor es Allâh” y obren correctamente, los ángeles descenderán sobre ellos [y les dirán:] “No teman ni estén tristes. Bienaventurados sean porque tendrán el Paraíso que les fue prometido. Nosotros somos sus protectores en la vida mundanal y en la otra, tendrán allí todo cuanto deseen y se les concederá todo lo que pidan como reconocimiento del Absolvedor, Misericordioso”. Quién puede expresar mejores palabras que aquel que invita a la gente a creer en Allâh, obra rectamente y dice: “¡Yo soy de los musulmanes!” No es lo mismo obrar el bien que obrar el mal. Responde con una buena actitud, y verás que aquel con quien tenías enemistad se convierte en un amigo ferviente. Esto no lo logran sino los que tienen paciencia; no lo logran sino los que son muy afortunados. Si el Shaitân te susurra para hacer el mal, busca refugio en Allâh, porque Él todo lo oye, todo lo sabe” [Sûrah Fussilât (41), âyât 30 a 36].

En este punto es importante conocer algunas historias de quienes por su îmân fueron honrados en las páginas doradas de la historia del Islam, como la historia de Yulaibîb (radiallâhu ‘anhu) quien fue enviado por el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) a una de las familias de los Ansar para que le dieran a su hija en matrimonio. Yulaibib (radiallâhu ‘anhu) era muy pobre, y por eso el padre de la muchacha rechazó la proposición; pero la joven dijo lo que pensaba y aceptó casarse con él porque había sido enviado a ella por el mismo Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). El resultado fue que ella nunca sufrió en ninguna forma y que no existió ninguna otra mujer de los Ansar que fuese más rica que ella. Esto es porque Yulaibib (radiallâhu ‘anhu) fue martirizado en una batalla a la que los sahabah fueron convocados inmediatamente después de su matrimonio. Yulaibîb (radiallâhu ‘anhu) luchó valientemente y al encontrar su cuerpo, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo cargó y lo sepultó con sus propias manos. Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) también suplicó por la joven viuda, diciendo: “¡Oh, Allâh! Derrama tus bendiciones sobre ella y no hagas que sufra en la vida”. Fue debido a esta súplica que ella nunca sufrió en ninguna forma, y que no existía ninguna mujer de entre los Ansar más rica que ella después del Du‘â de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Cuando el mal y la corrupción se diseminan y la innovación y la fitnah prevalecen, la recompensa para quien sigue a la Sunnah será mayor, y el estatus de los que siguen la Sunnah será mayor, porque viven como extraños que intentan ser buenos creyentes y positivos miembros de su sociedad. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El Islam comenzó como algo extraño y volverá a ser algo extraño, bienaventurados los extraños”. Se dijo: “¿Quiénes son ellos?” Él Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “Los que son honrados cuando la gente es corrupta” [Muslim].

Hermanos y hermanas, reflexionemos sobre las sabias palabras de ‘Umar Ibn Al-Jattab (radiallâhu ‘anhu) cuando dijo: “Somos un pueblo al que Allâh ha honrado con el Islam, pero si buscamos la honra y el orgullo en otra cosa que no es el Islam, Allâh hará que seamos humillados”. Por eso ruguemos a Allâh para que nos del Taufik de ser merecedores de tal honor. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh