Sabiduría y Objetivos del Hayy

EL HAYY DESDE UN PUNTO DE VISTA MÁS PROFUNDO

Sh. Sulayman E. Jada

Cada musulmán y musulmana tiene muy claro que debe cumplir con el Haÿÿ, porque es una de las órdenes de Allâh. Muchos hemos cumplido con este anhelado rito del Islam, incluso algunos en más de una ocasión, pero ¿estamos realmente preparados para obtener de esta oportunidad que Allâh nos entrega, el máximo beneficio? En las siguientes líneas trataremos todas las facetas del Haÿÿ desde un punto de vista más profundo para que seamos capaces de descubrir la sabiduría que encierra esta orden de Allâh y cuáles son los objetivos que cada musulmán debe alcanzar.

EL VIAJE

El viaje del Haÿÿ es una lección que simula lo que ocurrirá después de la muerte. Sirve para ilustrar cuál será nuestra condición en esos momentos y nos muestra los preparativos que debemos hacer para ese viaje.

Mucha gente se prepara con uno o dos meses de anticipación para este viaje importante. Para algunos, este llega inesperadamente y así, en una o dos semanas deben estar listos para viajar. Esto sorprende a todos, saber que, sin anuncio previo, una persona parte para hacer el Haÿÿ. Un peregrino viene y lo visita y él se siente motivado para partir al Haÿÿ o se encuentra con un peregrino que viajan en su mismo vuelo. No tiene pasaporte, y rápidamente hace los arreglos de visa y pasajes. A veces éstos llegan a la persona cuando está en el mismo aeropuerto listo para partir.

Del mismo modo, en la vida, algunas personas perciben la proximidad de la muerte y otras son alcanzadas por la muerte de manera sorpresiva, como en un accidente, un ataque al corazón o a manos de otras personas. Cuando alguien parte rumbo al Haÿÿ, abruptamente debe dejar a su familia, su trabajo, sus amigos y parientes, todo llega a su fin.

Cuando las personas se mueren, muchos parientes y amigos vienen para dar las condolencias y mostrar sus respetos. Algunas personas se quedan para ir al cementerio, algunos participan sólo de la oración del ÿanâzah, otros esperan hasta que el difunto es enterrado y se van. A estas alturas la mayoría de la gente se ha ido, sólo algunas permanecen junto con la familia más cercana. Esto es similar a lo que ocurre con el Haÿÿ, porque la gente viene para visitar al peregrino en su casa; otros, como sus amigos y familiares lo acompañan al aeropuerto y regresan a casa; otros esperan hasta que hasta que el peregrino ha cruzado la puerta de embarque. Otros trataran de acompañar al peregrino hasta el final, pero ya la mayoría se habrá ido a estas alturas y muy pocos se quedan hasta que despega el avión.

Ahora, cuando la persona se encuentra en su viaje, es como el viaje hacia la Otra Vida. La persona dentro de la tumba sólo es acompañada por sus a’mâl, sus obras. Tal como cuando hay amigos y parientes que querrán acompañar al peregrino y servirlo en todo lo que necesitara, lo harán las buenas obras en la tumba. También habrá dificultades, como quienes molestan, empujan, se quejan de que tus maletas están obstaculizando el camino, etc., son como las malas obras en la tumba, pues estarán perturbándote en ella.

Otro ejemplo es la riqueza que la gente posee en este mundo, que le permite comprar pasajes de primera clase y reservar en hoteles de 5 estrellas para poder estar más cómodos. Ellos reciben un trato de “persona muy importante” -VIP- durante su viaje, mientras que una persona sin muchos recursos deberá conseguir un puesto en clase turista y sentarse en los salones públicos del aeropuerto. Del mismo modo, una persona que es rica en su religión, en el Âjirah tendrá como monedas de cambio (pues allá no valen los pesos, dólares o euros) sólo sus buenas obras, sus recompensas. Por ello, una persona que es rica en términos de sus buenas obras será acomodada en el salón VIP en el Barzaj (período de espera en la tumba hasta Yaumul-Qiÿâmah) y la persona pobre en buenas obras, será tratada de acuerdo con sus acciones.

Cuando el destino es alcanzado en Saudi Arabia, la persona deberá pasar por inmigración y su pasaporte será chequeado. Del mismo modo, el Îmân de una persona es como un pasaporte que será chequeado en la otra vida. Después de presentar el pasaporte, y de pasar por inmigración, nadie sabe que contratiempo puede suceder. Algunas veces, todo está en orden, pero puede suceder que los agentes de inmigración tengan ciertas dudas y dejan a alguien a un lado esperando sin que sepa por qué. Uno puede imaginarse la inquietud y el temor y debe pensar en el momento en que Munkar y Nakîr nos verificarán a nosotros. En el aeropuerto, quizás uno quiera insistir y tratar de convencer al oficial de inmigración y se pueda entrar, pero no sucederá algo así con estos dos ángeles Munkar y Nakîr. Debemos pensar que el encuentro con ellos a todos nos va a suceder.

Cuando alguien se viste con el Ihrâm, es similar a vestir la mortaja –kafan-. La oración del Ihrâm, es similar a la oración del ÿanâzah. Cuando se llega a la ciudad de Makkah y específicamente al Haram donde está la Ka’bah, nuestros pensamientos deben dirigirse hacia el Día del Juicio, cuando toda la gente sea traída de sus tumbas y se dirijan hacia Maidân Al-Hashar (las planicies de la resurrección). Especialmente cuando se llega a Makkah por primera vez, cuando es tiempo del salâh, es sorprendente observar como todo el mundo se orienta desde todas las direcciones hacia la Ka’bah. Puede verse grupos de turcos, africanos, malayos y de todas las nacionalidades convergiendo al Haram para la oración. Ver esto hace pensar en el Día del Juicio Final. El parecido de la gente saliendo de sus hoteles y residencias para acudir a la mezquita es como quienes salen de sus tumbas y se hace el llamado a la oración, el Adhân.

En el Día del Juicio Final, se hará un llamado también, cuando el ángel sople en la trompeta, las personas vendrán desde sus tumbas o donde quiera que estén hacia Maidân Al-Hashar. Luego, al ver la Casa de Allâh, la Ka’bah, dos cosas nos sobrecogen, la primera es la Misericordia, la Bondad y la Grandeza de Allâh. Esta es Dârul-Aman, Baitul-Aman, el lugar de la paz. Si alguien ha cometido un delito, y está en el Haram, deberá ser llevado fuera de ella para poder ser arrestado. Esto significa que dentro del Haram, hay seguridad para todos. Uno debe suplicar así: “¡Oh, Allâh! Tú me has traído a un lugar sagrado, donde hay paz y seguridad”.

Al mismo tiempo, nuestra vista debe dirigirse hacia nuestras obras ¿En dónde calzo yo aquí? ¿Cuáles son mis obras? ¿Cuán sucias son mis acciones? Luego debemos resignarnos a estar entre el temor de Allâh y la esperanza en Su Misericordia.

Continuando con esta comparación del viaje con la muerte, debemos pasar por la aduana donde nuestras obras serán chequeadas. En la otra vida, nuestras obras serán chequeadas. En este mundo, podemos librarnos de la aduana a pesar de todos los adelantos disponibles (como detectores de metal, etc.), pero en la otra vida nadie podrá escapar. Luego debemos resignarnos a estar entre el temor de Allâh y la esperanza en Su Misericordia. Si miras a ti mismo, tus obras, pierdes toda la esperanza y cuando miras hacia a Allâh, sólo vez Misericordia. Tu condición debe ser tal que estés constantemente entre estas dos (temor y esperanza) siempre.

BAITUL-MA’MÛR

Cuando vemos a las personas que hacen tawâf alrededor de la Ka’bah, la escena es impresionante y la imagen persiste todo el tiempo, durante las 24 horas del día. Cada vez que uno va a la Mezquita del Haram, hay grupos de personas haciendo tawâf. Esto debe recordarnos a los ángeles que están constantemente haciendo tawâf alrededor del equivalente a la Ka’bah en el cielo, Baitul Ma’mûr y diciendo: “Allâhu Akbar” y también los ángeles que sostienen el ‘Arsh –Trono de Allâh– están en continuo recuerdo de Allâh. Hay ocho ángeles en grupos de cuatro que están haciendo el siguiente dhikr en coro: “¡Oh, Allâh! Tú estás libre de todo defecto y las alabanzas Te pertenecen todas a Ti. Toda la alabanza es para Ti por Tu tolerancia, pues Tú tienes conocimiento de Todo”.

Ahora bien, preguntémonos ¿Qué patrón o jefe en este mundo, a pesar de saber que sus empleados le roban, les entrega una promoción? ¿Cuán desleales somos con Allâh? ¿Cuánto robamos de nuestro salâh? Se narra en un hadîth que el peor ladrón es aquel que roba de su propio salâh. El otro grupo de ángeles dice: “¡Oh, Allâh! las alabanzas son para Ti, que perdonas todo teniendo todo el poder de castigar”.

SACRIFICIO, LA ESCALERA HACIA EL ÉXITO

Si se mira a los acontecimientos del mundo, es posible darse cuenta de que nadie obtendrá nunca ningún logro a menos que se sacrifique por ello, sea un sacrificio grande o uno pequeño, sea de su riqueza, su tiempo, conocimiento, habilidades o capacidades. No se puede tener una comida a menos que uno esté dispuesto a sacrificar dinero para la harina, el arroz, la sal, etc. Y además se debe sacrificar el tiempo necesario para cocinar. Un obrero trabaja desde la mañana hasta la tarde para obtener algunos pesos al final del día. Un hombre de negocios o el dueño de una fábrica gastan miles o millones de pesos para obtener ganancias del doble o del triple de su inversión. Para decirlo brevemente, la razón, la naturaleza y cada átomo de este mundo testifican que las cosas más simples deben ser sacrificadas por las más grandes. Un siervo creyente, de acuerdo con la ley de Allâh sacrifica un simple animal y obtiene por ello cosas que no se pueden comparar con nada de este mundo. Sin embargo, es necesario que el sacrificio se efectúe con sinceridad, pues ésta es el alma de todas las acciones. Dice Allâh: “Allâh no necesita de la carne ni de la sangre [de sus ofrendas], Él desea que ustedes alcancen la piedad [mediante la práctica de este rito]” [Sûrah Al-Haÿÿ (22), âyah 37].

El Muftî Shafî’i’ escribe sobre esta âyah: “En este versículo, el objetivo es mostrar que la carne y la sangre del sacrificio, que es un gran acto de adoración, no alcanzan a Allâh, éste no es el objetivo del sacrificio. El principal objetivo de éste es llevar el nombre de Allâh en él y cumplir con lo que Él nos ha ordenado con sinceridad en el corazón. Esta ley se aplica también a otras ‘ibâdât (adoraciones). Los movimientos del salâh y el hambre del ayuno no son el principal objetivo, el verdadero propósito es cumplir con las órdenes de Allâh con sinceridad y amor en el corazón. Si éstas formas de adoración no se hacen con sinceridad y amor, sólo quedan en formalidades externas, donde el verdadero espíritu está ausente”. (Ma’âriful-Qurân, Pág. 103, Vol. 6).

A partir de esta explicación, vemos que no hay nada realmente en la acción misma. Todo está en seguir las órdenes de Allâh con sinceridad. Cada cosa que Allâh y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos ordenan hacer, conlleva una recompensa.

Durante los días del Haÿÿ, millones de huÿyâÿ –peregrinos– arrojan piedras en Minâ. Si alguien piensa que es una locura arrojar piedras contra un muro, piensa de forma equivocada, porque es una orden de Allâh y la sabiduría de esta orden y sus méritos no los podemos ver. Cumplir con lo que se nos ordena, da como recompensa la complacencia de Allâh.

Del sacrificio aprendemos también esta lección. De hecho, cuando a Ibrâhîm  le fue señalado el sacrificio de su único hijo en un sueño, él no cuestionó a Allâh diciéndole ¡Oh, Allâh! ¿Por qué me das esta orden? No existe ninguna ley o modo de vida que pueda considerar que sea algo bueno el que un padre sacrifique a su hijo. Desde la perspectiva de la razón, no tiene un sentido que se pueda comprender. Ibrâhîm (‘alaihis-salam) no preguntó ni se puso a pensar en nada, sino que le mencionó el asunto a su hijo y para probarlo le preguntó: “¡Oh, hijito mío! He visto en sueños que te sacrificaba; dime, qué opinas” [Sûrah AsSaffât (37), âyah 102].

El niño, después de todo era Ismâ’îl Dhabîhullâh (‘alaihis-salam), de cuya progenie nacería el líder de todos los profetas del mundo, no dudo y contestó: “¡Oh, padre mío! Haz lo que te ha sido ordenado; encontrarás, si Allâh quiere, que seré de los pacientes” [Sûrah AsSaffât (37), âyah 102].

Aquí hay una alusión al hecho de que el sacrificio del padre y del hijo es tan increíble que las palabras no son capaces de explicarlo. En las narraciones se menciona que cuando Ibrâhîm (‘alaihis-salam) recostó a su hijo, Ismâ’îl (‘alaihis-salam) dijo: “Amado Padre, recuéstame sobre mi rostro, pues si me miras a la cara, tu amor podría causar que no cortes mi cuello adecuadamente y yo podría sentir temor de mirar el cuchillo”.

Este acto de obediencia y sacrificio, de colocar el cuchillo en el cuello de su hijo y luego cortarlo y como Jalîl -Ibrâhîm (‘alaihis-salam)- y Dhabîh -Ismâ’îl (‘alaihis-salam)- cumplieron con sus responsabilidades, ha sido mencionado en el Qurân: “Has cumplido con lo que viste [en tus sueños]. Así recompenso a los que hacen el bien” [Sûrah AsSaffât (37), âyah 105].

Lo que debas hacer para cumplir con una orden de Allâh, debes hacerlo sin dejar una piedra sin mover si es necesario, así serás completamente exitoso en pasar tu prueba.

Si uno piensa sobre el incidente del sacrificio, resulta claro que el propósito de éste fue también crear el sentimiento, conocimiento y reconocimiento de que la Ley de Allâh está por sobre todas las cosas y el Dîn es en realidad It-tibâ’ -obediencia-.

Frente a las órdenes de Allâh, uno no debe buscar pruebas o demostraciones intelectuales, sino mirar hacia su sabiduría y beneficio. En tanto un hombre no tenga dentro de sí el deseo de obedecer, él no podrá ser un verdadero ser humano, ni podrá escalar el éxito. Hoy en día, todos los males, la opresión y la destrucción se deben a que los hombres se han olvidado de los fundamentos.

LA VIRTUD DEL SACRIFICIO

En un hadîth, se narra que cualquiera que sacrifique un animal en el camino de Allâh, tendrá una recompensa tal que, por cada pelo del animal, se le borrará un pecado.

Ningún sacrificio de un animal es más amado para Allâh durante estos tres días -10, 11 y 12 de Dhul-Hiÿÿah-, que el de los animales sacrificados en Su Bendito Nombre. Mientras más sacrificio se hace, más amado será uno por Allâh.

Dijo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Cuando sacrifican, antes de que la sangre del animal llegue al suelo, el sacrificio es aceptado por Allâh” Este sacrificio es un medio de aproximarse a Allâh. Esto porque Él ve la obediencia de su siervo cuando éste coloca el cuchillo en el cuello del animal, sin fijarse en si entiende o no, o si esto es un beneficio o un daño para su riqueza. Cabe mencionar aquí, que el sacrificio, de ninguna manera constituye sufrimiento o un acto de opresión sobre el animal.

El Sheij Ashraf ‘Alî Thânwî ha escrito una respuesta a esta objeción: “Definitivamente no hay lugar en el Islam para causar opresión sobre los animales. La prueba de ello es que, si no fuese así, no se habrían mencionado explícitamente los derechos de los animales como, por ejemplo, no azotarlos, dejarlos descansar después del trabajo, no sobrecargarlos más allá de su capacidad, dejarlos comer despojados de sus arneses, etc. No existe otra religión en la que se detallen los derechos de los animales. Ellos también son criaturas de Allâh y Él es el Más Misericordioso con todas sus criaturas, a pesar de lo que quieran objetar”.

Así, la orden fue dada para que el deseo de obedecer crezca en el corazón y que se cree el fervor por someterse a las órdenes de Allâh y de Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

AMOR INCONDICIONAL

Para comprender este asunto, es necesario tener presente que la relación de los hombres con su Creador es de dos clases: Primero, está la relación de Amo-esclavo. Allâh es el Señor Supremo y el hombre es solo un esclavo frente a Él. Por ello, el salâh y cada acto y movimiento enfatizan sobre esta digna relación; Segundo, una relación basada en la gratitud y el amor en la que, Allâh es el Amado, poseedor de todos los atributos de belleza y perfección y, el hombre es el amante, esforzándose al máximo por complacer y obtener el amor de su amado. Por ello, el Haÿÿ es una forma diferente de exponer esta relación. Una explicación de esta relación se entrega a continuación:

  • Desde el comienzo, el peregrino (el amante) corta las relaciones con su familia, amigos, hogar, país, trabajo, etc. Y se dirige hacia la Casa de Allâh (El Amado), con paciencia. El soporta las dificultades del viaje para llegar hasta su destino. Como un ardiente y abnegado amante, se viste el ihrâm y se atavía de manera que aparece humilde y sumiso, sin ningún adorno.
  • Luego, él entra en Makkah con su ihrâm cubierto de polvo, perdido de amor por su amado.
  • Después de haber vestido el ihrâm durante su viaje, repite continuamente “Labbaik” – ¡Heme aquí! -, anhelando que su presencia sea aceptada en la corte de su amado.
  • Con reverencia y amor, inicia el tawâf besando la Piedra Negra, Al-Haÿarul-Aswad. En términos simbólicos, el besar la piedra negra es como besar las manos de su Amado Señor.
  • Luego, el peregrino coloca su mejilla en Al-Multazam (parte de la Ka’bah entre Al-Haÿarul-Aswad y la Puerta de la Ka’bah), implorando perdón y los favores de Allâh. Esto recuerda la búsqueda desesperada del Ser Amado.
  • El Sa‘î entre Safâ y Marwah, recuerda la ansiedad de un amante por saber si es digno del amor de su amado o no.
  • Su ansiedad aumenta cuando debe dejar Makkah para dirigirse a pernoctar en Minâ, desde donde irá hacia las planicies de ‘Arafât, siguiendo su camino de amor, pasando la noche en Muzdalifah y, temprano en la mañana siguiente, parte con rumbo a Minâ. Luego, regresa a Makkah Mukarramah y luego de vuelta a Minâ.
  • La última fase de esta búsqueda del amante llega cuando en los Ÿamarât en Minâ apedrea a Shaitân, que simboliza el abandono de todo aquello que sea obstáculo entre el amante y su amado, especialmente el Shaitân.
  • El punto culminante de la entrega del amante se encuentra en el sacrificio, que representa en realidad el sacrificio de uno mismo. Allâh, por Su infinita Misericordia, lo cambia por el animal de sacrificio. En otras palabras, antes de esto, él estaba preparado para sacrificarlo todo, familia, amigos, país, trabajo, salud, fuerza y tiempo. Ahora él sacrifica su más preciada posesión, su vida por su Amado, Allâh Altísimo. 

Quiera Allâh Altísimo honrarnos con la posibilidad de demostrar nuestro más profundo amor por Él y concedernos el privilegio de visitar Su Casa Sagrada para cumplir con Su orden. Amîn.