LAS VIRTUDES DEL SALÂH, Y LA IMPORTANCIA DE LLEVARLO A CABO EN ŸAMA‘AH

Descargar PDFDescargar o leer Jutbah completa en formato PDF

Viernes 21 de Septiembre de 2018
Ÿumu‘ah 11 de Muharram 1440
Imam: Sh. Soud A. Soud

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Cuando el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ascendió hasta el último cielo y habló con Allâh Subhânahu wa Ta‘âla, Allâh lo devolvió a este mundo con un gran regalo, el regalo del salâh, las cinco oraciones diarias.

Abu Qatâdah Bin Rib‘î (radiallâhu ‘anhu), narró que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh ha dicho: “He ordenado cinco oraciones diarias a tus seguidores y He hecho un trato conmigo mismo y con todo aquel que sea regular en el cumplimiento de su salâh a la hora correcta: por Mi responsabilidad Lo admitiré en el Ÿannah. Aquellos de tus seguidores que no cumplan con esto, no serán incluidos en este trato.

Por eso el salâh es un deber para un creyente. El salâh es la primera ‘ibâdah (adoración) que Allâh hizo obligatoria para los creyentes como se reporta en un hadîth de Ânas (radiallâhu ‘anhu) quien narra que el salâh se hizo obligatorio al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y su Ummah en la noche del Isrâ wal-Mi’raÿ. Primero fue ordenado por Allâh Altísimo hacer cincuenta oraciones diariamente, pero después de varias reducciones, quedó establecido en cinco oraciones diarias, aunque Allâh por Su Misericordia mantuvo la recompensa de cincuenta salâh.

El salâh es una obligación para cada día de la vida de un creyente, no hay excusa que se acepte para la no realización de la oración, una persona debe hacer su oración, incluso a través de gestos si no pudiera realizarla con todas sus partes. Ninguna excusa está permitida para no hacer el salâh. El salâh es la base del Dîn, quien mantiene el salâh, mantiene el Dîn y quien descuida su salâh, descuida el Dîn.

Cada pilar del Islam está fundado en el salâh, como dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): El Islam se funda sobre cinco pilares: Atestiguar que no hay dios excepto Allâh y que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero; hacer las Oraciones; pagar el Zakâh; realizar la Peregrinación (Haÿÿ) y ayunar en Ramadân, Si observamos con detención, encontraremos que todos estos pilares del Islam están contenidos en la oración: durante la recitación del Tashahud, nosotros atestiguamos que no hay más dios que Allâh y que Muhammad es el mensajero de Allâh; cuando tomamos cinco minutos para nuestra oración, es una forma de zakâh; durante nuestra oración no podemos comer ni beber, que es exactamente lo que hacemos durante el mes de Ramadân; y la peregrinación a la Ka’bah equivale a cuando nosotros orientamos nuestro rostro hacía Makkah para hacer la oración. Entonces, cada pilar del Islam está presente en nuestro salâh. Es como un pilar que sostiene un edificio, si el pilar se cae, el edificio se viene abajo.

Allâh ordenó también la oración a cada Profeta (‘alaihimus-salam), porque la oración es un medio para acercarnos a Allâh, como dice Allâh en Qurân, cuando Ibrahim (‘alaihis-salam) suplicó a Allâh diciendo: ¡Oh, Señor mío! Haz que tanto mis descendientes como yo seamos fervientes practicantes de la oración. ¡Oh, Señor nuestro! Concédeme esta súplica [Sûrah Ibrahim (14), âyah 40]; y cuando Allâh habló de Ismâ’îl (‘alaihis-salam): Nárrales [Oh, Muhammad] la historia de Ismâ’îl mencionada en el Libro. Siempre cumplió su palabra, fue Profeta y Mensajero. Invitaba a su gente a realizar la oración y dar caridad, y alcanzó la complacencia de Allâh [Sûrah Mariam (19), âyah 54 y 55]; y cuando habló a Mûsâ (‘alaihis-salam): Yo soy Allâh, y no hay más divinidad que Yo. Adórame solo a Mí y haz la oración para recordarme [Sûrah Ta Ha (20), âyah 14]; y cuando Allâh ordenó a Mariam (‘alaihas-salam): ¡Mariam! Conságrate a tu Señor, prostérnate e inclínate con los orantes [Sûrah Âli ‘Imrân (3), âyah 43]; y cuando ‘Îsa (‘alaihis salam) habló de las bondades de Allâh: Entonces [Jesús] habló: “Soy un siervo de Allâh, Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta Seré bendecido dondequiera que me encuentre, y me ha encomendado hacer la oración, dar caridad mientras viva [Sûrah Mariam (19), âyât 30 y 31]; y, por último, cuando Allâh ordenó al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Ordena a tu gente el salâh y persevera en él. No te pedimos sustento, Nosotros te sustentamos. Y el buen fin pertenece al temor (de Allâh)” (surah Ta Ha, âyah, 132). Entonces, la oración fue una orden para todos los profetas (‘alaihimus salam) y fue una cualidad de todos ellos.

El salâh tiene el maravilloso poder de limpiar los pecados.

Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que escuchó al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cuando preguntó a sus compañeros: “¿Creéis que algo de suciedad podría quedar sobre el cuerpo de alguien que se lava cinco veces al día en un arroyo que corre frente a su puerta?” “!No! -respondieron sus compañeros- Ninguna suciedad podría quedar sobre su cuerpo. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Ese es el efecto que poseen las cinco oraciones diarias; por la Gracia de Allâh limpian todos los pecados”.

Narró ‘Uthmân (radiallâhu ‘anhu) que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No hay un creyente al que le llegue el tiempo de una de las oraciones prescritas, y perfeccione su ablución, su devoción y su inclinación, sin que esta sea una expiación para los pecados que le precedieron, siempre y cuando no se hayan cometido algún pecado mayor, y así será por siempre”

Estas son algunas de las recompensas del salâh. Sin embargo, el salâh realizado en ÿama‘ah (congregación) tiene una recompensa veinticinco veces más alta que la que se reza individualmente, como narró ‘Abdullâh Bin ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ), quien dijo que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El salâh en ÿamâ‘ah es veinticinco veces superior al salâh que se hace individualmente”. En otra narración señala que pueden ser veintisiete veces mejor.

Si ofrecemos nuestro salâh para obtener una recompensa de Allâh, dónde podría ser mejor que en la mezquita donde la recompensa es al menos veinticinco veces mayor. Nadie sería tan poco sabio como para perder una ganancia más grande por sólo un poco de trabajo extra. Sin embargo, somos bastante insensibles a las ganancias prometidas por nuestras obras religiosas. Es lamentable que nos esforcemos tanto por obtener las insignificantes ganancias de las cosas materiales y nos olvidemos de las ganancias de la otra vida, que se pueden incrementar por únicamente un pequeño esfuerzo extra. A menudo decimos que no podemos dejar solo el negocio para ir a la mezquita, pues esto significaría una pérdida de ganancias. Este pretexto y otros no pueden servir para quienes tienen una Fe perfecta en la Grandeza de Allâh y Su palabra ni para quien entiende el valor de las bendiciones y recompensas de la otra vida. Allâh dice acerca de esta gente: “Hombres a los que ni el negocio ni el comercio les distraen del recuerdo de Allâh, de establecer el salâh y de entregar el zakâh…” [Sûrah An-Nur (24), âyah 37].

El salâh es un regalo de Allah para nosotros, pero no es un regalo que se pueda aceptar o rechazar ¿Y quién podría ser más negligente que el que rechaza el regalo de Allah? Dice Allâh: “Pero vinieron después de ellos generaciones que descuidaron la oración y siguieron sus pasiones, por lo que tendrán una merecida condena” [Sûrah Mariam (19), âyah 59].

 

Cuando ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) se encontraba herido en su lecho de muerte, solía perder el conocimiento y recuperarlo, y cada vez que despertaba, lo primero que hacía era preguntar por el salâh, luego pedía que lo ayudaran a rezar y decía: “No tiene parte en el Islam aquel que abandona su salâh”.

Hermanos y hermanas, durante nuestra oración nosotros recitamos una Sûrah del Qurân que no tiene comparación con nada de la Torah (Pentateuco), ni del Inÿîl (Evangelio), ni el mismo Qurân, la Sûrah Al-Fâtihah (La Apertura). Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que cuando fue a visitar a Ubai Ibn Ka’b (radiallâhu ‘anhu), él se encontraba haciendo su oración y el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) lo llamó pero él no respondió el llamado, después que terminó su salâh el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le preguntó: “¿Acaso no te he informado de una Sûrah del Qurân de la cual no existe ninguna Sûrah en los Libros Sagrado como esta?”, Ubai (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Estuve ansioso de saber acerca de esta Sûrah, antes de que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se retirara, por eso dijo: “¡Dime, Oh Profeta de Allâh!”, él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Es Sûrah Al-Fâtihah que no tiene comparación con nada de la Torah, ni del Inÿil, ni el mismo Qurân hay una Sûrah más grandiosa que ésta”. Nosotros repetimos esta Sûrah al menos diecisiete veces al día en nuestras oraciones.

En relación con Sûrah Al-Fâtihah, Ibn Abbâs (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Mientras el ángel Ÿibrîl (‘alaihis-salam) estaba con el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), oyó una voz que venía desde arriba, y alzando la cabeza dijo: “¡Esa es una puerta del cielo que nunca antes había sido abierta hasta hoy!, de esa puerta descendió un ángel. ¡Éste es un ángel que nunca había descendido a la tierra hasta hoy!”. Lo saludo y le dijo: “¡Alégrate por estas dos luces que ningún profeta ha recibido antes de ti: Sûrah Al-Fâtihah y los últimos versos de Sûrah Al-Baqarah! Si las recitas y suplicas algo, serás respondido”.

Dice Allâh Ta’ala en un Hadîth Qudsi (dicho sagrado de Allâh): “Aquel que viene hacia Mi la distancia de un palmo, Yo voy a él la distancia de un brazo; quien viene hacia Mi la distancia de un brazo, Yo voy a él la distancia de dos brazos; y quien viene hacia Mi caminando, Yo voy hacia él, corriendo”.

La oración es el medio a través del cual el siervo expresa su amor hacia su Creador. Por eso el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía recitar durante su Ruku’: “¡Oh Allâh! Para Ti es mi Ruku’ sólo en Ti confío, me vuelvo sólo hacia Ti, perdona mis faltas pasadas y futuras”.

Debemos construir la concentración y la devoción en nuestro salâh, porque Shaitân se esfuerza en destruir salâh, distrayendo nuestra mente. Debemos tratar de hacer que cada salâh sea mejor que el anterior, en la medida que nos esforcemos por mejorar nuestro salâh, este se volverá más recompensado por Allâh. Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cuando vio a un hombre que mientras hacia su oración jugaba con su barba: “Si su corazón tuviera temor de Allâh, automáticamente el resto de su cuerpo temería a Allâh”.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos dé la capacidad de entender estas enseñanzas y poder practicar. Amin.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh