LA BÚSQUEDA DEL CONOCIMIENTO, SU IMPORTANCIA EN LA VIDA DEL MUSULMÁN

Descargar PDFDescargar o leer Jutbah completa en formato PDF

Viernes 28 de Septiembre de 2018
Ÿumu‘ah 18 de Muharram 1440
Imam: Sh. Soud A. Soud

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Allah Altísimo, ha hablado acerca del conocimiento en más de un lugar en Su Sagrado Libro. Por ejemplo, dice Allah dirigiéndose a nada menos que al mejor de la creación, Habibullâh, el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “y di: ¡Oh, Señor mío! Acrecienta mi conocimiento” [Sûrah Ta Ha (20), 114].

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era el más dotado con conocimiento en toda la creación, aun así, Allah le ordenó pedir a su Señor que le aumente el conocimiento. Esto no es sino por el gran valor e importancia que tiene el conocimiento en la vida del siervo de Allah.

El conocimiento es la luz que ilumina el camino; es la luz que nos permite diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto; es la luz que nos hace saber que agrada a Allah y que detesta; es la luz que nos permite reconocer y seguir la Sunnah y la guía de nuestro querido Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). ¿Acaso puede ser igual aquel que camina en un sendero oscuro portando una luminosa linterna, y quien tambalea en las tinieblas?

Dice Allah en el Sagrado Qurân: “¡Oh, creyentes! Cuando se les dice: “Hagan un lugar en las reuniones, háganlo, para que Allâh les haga a ustedes un lugar”. Y si se les dice: “¡Levántense!” Levántense. Sepan que Allâh elevará en grados a los creyentes y a quienes agracie con el conocimiento. Allâh sabe cuanto hacen” [Surah Al-Mujâdila (58), âyah 11].

Allah Subhânahu wa Ta‘âlâ eleva el rango de quienes obtienen el conocimiento, siempre y cuando la persona actúe y practique acorde a lo que Allah le ha enseñado. Porque ese es, en esencia, el propósito del conocimiento. Se narra de Ibn Mas‘ûd y de otros (radiallâhu ‘anhum), que solían decir: “No es el conocimiento saber muchas narraciones, en realidad es una luz que Allah deposita en el corazón de su siervo”. Muhammad Bin Idris Al Shafi‘î (rahimahullâh), uno de los grandes Imam que esta Ummah ha visto, solía decir algo similar, él decía: “El conocimiento no es la información que juntas. Es la información que te beneficia”.

Malik Bin Anas (rahimahullâh), el conocido Imam, decía: “Busqué el conocimiento para mi propio beneficio, para poder adorar a Allah sabiendo lo que hago”. Cabe señalar que, en algún momento, en su juventud, el Imam Malik decidió vender algunas de las vigas de su techo, para cubrir algunos gastos de sus estudios.

Y esto, en realidad, lo podemos encontrar en Sagrado Qurân. Mucha gente cita, cuando habla de las virtudes del conocimiento, el versículo donde Allah dice: “¿Acaso son iguales los que tienen conocimiento y los que no tienen conocimiento?”, pero en realidad Allah no habla en ese versículo solamente del conocimiento. Habla del conocimiento acompañado de la práctica. En el versículo completo, Allah dice: “¿Acaso se puede comparar a [ese incrédulo] con quien se prosterna e inclina [en oración] consagrándose en la noche, está consciente de la otra vida y anhela la misericordia de su Señor? Dile: “¿Acaso son iguales los que tienen conocimiento y los que no tienen conocimiento?” Solo reflexionan los dotados de entendimiento” [Sûrah Zummar (39), âyah 9].

Aquellos que buscan el conocimiento, en verdad lo que obtienen es la herencia de los profetas (‘alaihimus-salam), porque ellos no dejaron como herencia ni oro ni plata, sino que dejaron el conocimiento. Quien se queda con éste, se queda con algo muy valioso.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Aquel que surca un sendero buscando el conocimiento, Allah le facilitará un camino hacia el Ÿannah”. Por esa razón los Sahabah (radiallâhu ‘anhum) y nuestros virtuosos predecesores en general, le dieron a la búsqueda del conocimiento lo que merecía de sus esfuerzos, cada uno acorde a su capacidad y disponibilidad. Porque claro, Allah y Su Mensajero, nos enseñaron a ser balanceados, y a dar a cada quien lo que merece de su derecho. Tus padres tienen derecho sobre ti; tu pareja tiene derecho sobre ti; tus hijos tienen derecho sobre ti. Hay que cumplir con el derecho de cada uno de ellos.

‘Umar (radiallâhu ‘anhu) narró: “Vivía a las afueras de Madinah y tenía un vecino de los Ansâr con quien solíamos turnarnos para ir donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Él iba un día y yo iba el siguiente. Cuando iba yo, a la vuelta le contaba a mi vecino todo lo que había aprendido ese día, o si algo había sido revelado. Cuando él iba, hacía lo mismo”. Que bello ejemplo de como compartir el conocimiento beneficioso.

Otro sahâbih, Malik Ibn Al-Huwairith (radiallâhu ‘anhu) narró: “Fuimos donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) un grupo de jóvenes, y nos quedamos con él durante veinte días. Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era compasivo y cariñoso. Cuando sintió que extrañábamos a nuestras familias nos dijo: “Vuelvan con sus familias, quédense con ellos y enséñenles. Y recen como me vieron rezar a mí. Cuando llegue el tiempo del salâh, que uno de ustedes haga el llamado, y que el mayor la dirija”.

Anas bin Malik (radiallâhu ‘anhu) fue uno de los sahâbah que más narró ahâdîth. Él tenía diez años cuando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llegó Madinah. Dice Anas: “Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llegó al Madinah, Abû Talhah (que era su padrastro) me llevó de la mano a donde Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y dijo: “¡Oh, enviado de Allah! Anas es un joven inteligente, deja que quede en tu servicio” Le serví entonces por diez años, en su estadía y en sus viajes, y nunca me dijo “Uf”, ni me dijo: “¿Por qué hiciste tal cosa?” o “¿Por qué no hiciste esto?”.

Había también dos hermanos en el tiempo del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Uno trabajaba, y el otro iba adonde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). El que trabajaba se quejó de su hermano ante Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo: “Quizás Allah te provee tu sustento por él”.

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) en cambio, dijo: “Alguna gente decía: “¿Cómo Abû Hurairah narró tantos ahâdîth?” Pues yo me quedaba con Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y me contentaba con cualquier cosa que pudiera llenar mi estómago. No tenía ni buena comida ni buena vestimenta. Incluso, en ocasiones, caía al suelo por el hambre, y la gente pensaba que estaba loco. A veces incluso, le pedía a alguien que me enseñara algún versículo del Qurân, que yo ya había aprendido, con la mera esperanza de que viera mi necesidad y me diera algo de comer. Ÿa’far Bin Abî Talib (radiallâhu ‘anhumâ) a veces nos llevaba a si casa, y nos daba lo que tenía”.

Las historias de los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) son muchas, y nos sirven de ejemplo. Nunca es tarde para aprender. No importa la edad ni nuestro rango, tampoco importa nuestra ocupación o nuestras limitaciones, solo hay que seguir buscando, porque de las pequeñas partículas de polvo, se forman grandes montañas.

¿No tuviste mucho tiempo en el pasado? No te aflijas. ‘Abdur-Rahmân Bin ‘Auf (radiallâhu ‘anhu) una de las primeras diez personas en abrazar el Islam, uno de los diez albriciados con el Paraíso, uno de los que participó en la Batalla de Badr, la primera del Islam, el que compró el Pozo de Rumah para el beneficio los musulmanes, el que alistó gran parte del ejército de Tabûk con su propio dinero, y el único sahâbih que lideró el salâh estando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) rezando atrás de él. Ese mismo sahâbih, a la edad de sesenta y tantos años, ya para el final del Califato de ‘Umar (radiallâhu ‘anhu), tomaba clases de Qurân con ‘Abdullah ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ), un joven de veinte y tantos años en aquel entonces. Esto nos enseña, principalmente dos cosas: el fervor de los sahâbah por aprender y enseñar; y la humildad, que les permitía incluso ir y sentarse a aprender de gente mucho menor que ellos. Ellos supieron valorar el conocimiento. 

Quiera Allah agraciarnos con conocimiento beneficioso. Amin.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh