LA IMPORTANCIA DE LA UNIÓN ENTRE LOS MUSULMANES

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Viernes 12 de Octubre de 2018
Ÿumu‘ah 3 de Safar 1440
Imam: Sh. Soud A. Soud

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

El musulmán es para con el musulmán como los ladrillos de un edificio, se consolidan y afirman entre sí. Son el uno para el otro. Porque somos todos, al final, hijos de nuestro mismo padre, Âdam (‘alaihis-salam). Pero más importante aún, somos todos siervos de un mismo creador, Allâh Subhânahû wa Ta‘âlâ. Somos todos iguales ante Él, Altísimo sea. No tiene el blanco superioridad sobre el negro, ni el negro sobre el blanco, ni tampoco el rico superioridad sobre el pobre, ni el pobre sobre el rico. Tampoco puede ser alguien mejor por el hecho de ser árabe o no árabe. Allâh no mira nuestros cuerpos ni nuestras apariencias, sino que mira nuestros corazones y nuestras obras.

Dice Allâh Altísimo: “¡Oh, seres humanos! Los he creado a partir de un hombre y de una mujer, y los congregué en pueblos y tribus para que se reconozcan los unos a los otros. El mejor de ustedes ante Allâh es el de más piedad. Allâh todo lo sabe y está bien informado de lo que hacen” [Sûrah Al-Huÿurât (49), âyah 13]. Allâh ha dicho la verdad. Y ¿Quién puede ser más veraz que Allâh Ta’ala? Lo que define pues, el nivel y el rango de la persona frente a su Creador es el Taqwa. 

Allâh no nos dejó solos ni sin guía. Como mencionamos, somos todos hermanos surcando el mismo camino; llevando a cabo la misma misión. Nos enseñó a caminar juntos. Nos exhortó a estar unidos. Dice el Qurân: “Aférrense todos juntos a la religión de Allâh y no se dividan. Recuerden la gracia de Allâh cuando los hermanó uniendo sus corazones siendo que eran rivales unos de otros, y [recuerden] cuando se encontraban al borde de un abismo de fuego, los salvó de caer en él. Así les explica Allâh Sus signos para que sigan la verdadera guía” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 103].

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos dio un ejemplo comparando a los creyentes en su amor mutuo, su ayuda recíproca y su misericordia entre sí con el cuerpo humano, cuando un órgano se encuentra mal, todo el cuerpo queda con fiebre y en estado de alerta.

Sí, somos todos hermanos, porque Allâh dice en el Sagrado Qurân: “Los creyentes son hermanos entre sí; reconcilien a sus hermanos y tengan temor de Allâh para que Él les tenga misericordia” [Sûrah Al-Huÿurât (49), âyah 10].

Por que el Enviado de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El musulmán es hermano del musulmán. No lo oprime, no lo traiciona ni lo despreciaEl taqwa está acá -señalando a su corazón-. Suficiente maldad hay en una persona que desprecia a su hermano musulmán. Todo de un musulmán es sagrado para otro musulmán: su sangre, su riqueza y su honor”. También dijo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Quien libere a un musulmán de un pesar, Allâh lo liberará de uno de los pesares de Día del Juicio, y aquel que cubra las faltas de un creyente, Allâh cubrirá sus faltas el Día del Juicio”.

Desde el primer día en Madinah, luego de haber emigrado desde Makkah, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) inculcó esto a sus compañeros. No solo la gente de Madinah, ni la gente que vivía a sus alrededores, sino que la humanidad entera presenció una hermandad nunca antes vista. Todos estaban dispuestos a dar todo.

Así es que Allâh los describe: A los emigrados pobres que fueron expulsados de sus hogares y despojados de sus bienes cuando buscaban la gracia de Allâh y Su complacencia, y apoyaron a Allâh y a Su Mensajero. Ellos son los sinceros. Quienes estaban establecidos y aceptaron la fe antes de su llegada, aman a los que emigraron, no sienten envidia alguna en sus corazones por lo que se les ha dado y los prefieren a sí mismos aunque estén en extrema necesidad. Quienes hayan sido preservados de la avaricia serán los triunfadores. Quienes estaban establecidos y aceptaron la fe antes de su llegada, aman a los que emigraron, no sienten envidia alguna en sus corazones por lo que se les ha dado y los prefieren a sí mismos aunque estén en extrema necesidad. Quienes hayan sido preservados de la avaricia serán los triunfadores. Quienes vienen después de ellos imploran: “¡Oh Señor nuestro! Perdónanos, a nosotros y a nuestros hermanos que nos han precedido en la fe. No infundas en nuestros corazones rencor hacia los creyentes ¡Señor nuestro!, Tú eres Compasivo, Misericordioso” [Sûrah Al-Hashr (), âyât 8 a 10].

No hay nada peor que la discordia y la desunión. Nada que pueda debilitar más a la Ummah y hacerla más vulnerable que la separación. Por que el lobo no ataca al rebaño, sino que busca a la oveja solitaria.

Nuestro querido Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos enseñó métodos para crear unidad, como también nos advirtió de cosas que, a pesar de parecer simples detalles a los ojos de algunos, son en realidad de los grandes factores que generan discordia y diferencias.

Vean, por ejemplo, el énfasis con el que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía ordenar y enderezar las filas en el salâh. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no solía comenzar el salâh hasta asegurarse que las filas estaban completas y rectas. Si veía a alguien que estaba un tanto adelantado o atrasado, le hacía enderezar la fila. Ordenó también que no se dejaran espacios, ya que el Shaitân utiliza ese mismo espacio para entrometerse entre los creyentes y corromper el salâh. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía decir: “¡Siervos de Allâh! Enderecen las filas, sino Allâh suscitará la discordia entre ustedes”. Abû Mas‘ûd Al-Badrî (radiallâhu ‘anhu) dijo: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía pasar la mano por nuestros hombros antes del salâh y decía: “Enderecen la fila y no se desalineen, no valla a ser que se desalineen sus corazones”.

Los Julafâ (radiallâhu ‘anhum) siguieron la misma Sunnah. ‘Umar y ‘Uthmân (radiallâhu ‘anhumâ) tenían gente encargada de hacer las filas. No comenzaban el salâh hasta que llegara la gente encargada de las filas diciendo que ya estaban formadas. 

Al alinear las filas, además de asemejarse a los ángeles cuando se forman ante Allâh Altísimo, además de completar su salâh, ya que completar y enderezar las filas es parte de la oración, el creyente también cumple una gran Sunnah de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Una sunnah que nunca dejó de lado. Bueno, una Sunnah y una orden. No hay orden de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que sea en vano. Cualquier cosa que haya traído él para su Ummah es una fuente de bien, un manantial de felicidad. No hay profeta alguno que haya sido enviado por Allâh sin que haya sido un fiel consejero para su pueblo, y nuestro Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no fue la excepción. No tenemos más opción que seguirlo. Dijo el Mensajero de Allâh: “Aférrense a mi Sunnah, y a la sunnah de mis Jalifas rectamente guiados. Sujétense a ellas con los dientes”.

Dice Allâh Altísimo en Su Libro Sagrado: “¡Oh, creyentes! Obedezcan a Allâh y al Mensajero cuando los invitan a practicar aquello que les da vida, y sepan que Allâh se interpone entre la persona y [los deseos de] su corazón. Ante Allâh comparecerán” [Sûrah Al-Anfâl (8), âyah 24].

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que una nuestros corazones como lo hizo con los sahabah, para que nuestra Ummah siga siendo una hermandad de verdadero amor, respeto y apoyo mutuo. Amin.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh