EL PROFETA MUHAMMAD (SAW) UNA MISERICORDIA PARA LOS MUNDOS

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Viernes 23 de Noviembre de 2018
Ÿumu‘ah 15 de Rabi’ûl-Auwal 1440
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Hermanos y hermanas, la Jutbah de hoy no podía tratar acerca de otro tema que acerca de nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), una misericordia para todos los mundos.

Siempre, los musulmanes en todo el mundo suelen hablar sobre el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), especialmente en este mes de Rabî‘ul-Auwal, cuando recordamos la historia de su nacimiento, vida y muerte, porque dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Y no te hemos enviado sino como misericordia para todos los mundos” [Sûrah Al-Anbiâ (21), âyah 107].

Ÿâbir (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Mi ejemplo y el vuestro es como el de un hombre que prende un fuego en el que caen las langostas y las mariposas, mientras él trata de apartarlas. Y yo os agarro por la cintura para salvaros del Fuego, sin embargo, vosotros os escapáis de mis manos (y caéis en él al desoír mis mandatos)”.

Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) vino, la Ummah estaba totalmente perdida y destruida. No tenían moral, adoraban ídolos, enterraban vivas a sus hijas, asesinaban, engañaban, etc. Pero Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se esforzó con ellos poniéndose como ejemplo de misericordia. Dice Allâh en el Qurân: “En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de vosotros mismos; es penoso para él que sufráis algún mal, está empeñado en vosotros y con los creyentes es benévolo y compasivo” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 128]. También Allâh unió a la Ummah; al respecto dice también Allâh: “Y unió sus corazones. Aunque hubieras gastado todo cuanto hay en la tierra no habrías conseguido unir sus corazones, sin embargo, Allâh los unió. Verdaderamente Él es Irresistible, Sabio” [Sûrah Al-Anfâl (8), âyah 63].

Allâh envió a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) como una guía para toda la humanidad. Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “¡Oh Profeta! Es verdad que te hemos enviado como testigo, anunciador de buenas nuevas y advertidor. Y para llamar a Allâh con Su permiso y como una lámpara luminosa” [Sûrah Al-Ahzâb (33), âyât 45 y 46].

La cadena de la Profecía fue completada por nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Él es el Último Profeta de Allâh, y él es el Sello de todos los profetas (‘alaihimus-salâm). Allâh lo hizo el mejor de los modelos y ejemplos a seguir para toda la humanidad. Aun cuando los enemigos del Islam trataron de desacreditarlo en diferentes momentos y épocas, pero fracasaron. La venida del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue el medio para sacar al hombre de la oscuridad de la ignorancia, hacia la luz de la fe. Y de la destrucción y el fracaso, hacia la salvación y el éxito.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue un signo de Allâh de entre los muchos signos de Allâh, y él fue uno de los milagros, de entre muchos milagros de Allâh. Es debido a él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que nosotros reconocemos a un sólo Señor, Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ. Él recibió el wahi –la Revelación Divina– desde los cielos y conectó a los moradores de la tierra con Allâh. Allâh Ta‘âlâ lo hizo un perfecto y completo ejemplo Allâh Altísimo dice: “Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Allâh y en el Último Día y recuerde mucho a Allâh” [Sûrah Al-Ahzâb (33), âyah 21]. Allâh alabó al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) diciendo: “Y estás hecho de un carácter magnánimo” [Sûrah Al-Qalam (68), âyah 4]. Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Toda mi nación entrará en el Paraíso excepto quien se rehúse”, dijeron: “¡Mensajero de Allâh! ¿Y quién podría rehusar (entrar al Paraíso)?”, dijo: “Quien me obedece entrará en el Paraíso y quien me desobedece pues se rehúsa”.

Quién enseñó a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) buenos modales y Ajlâq, fue Allâh Altísimo. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh me enseñó buenos modales y perfeccionó mi carácter”. Allâh también purificó su intelecto, su vista, su corazón, su pecho, su conocimiento, su veracidad, su tolerancia y su carácter. En relación a esto, Allâh dice en los siguientes versos: “Que vuestro compañero no está extraviado ni en un error” [Sûrah An-Naÿm (53), âyah 2]; Dice también: “No se desvió la mirada ni se propasó” [Sûrah An-Naÿm (53), âyah 17]; y dice: “No mintió el corazón en lo que vio” [Sûrah An-Naÿm (53), âyah 17]; y dice además: “¿Acaso no te hemos abierto el pecho?” [Sûrah Ash-Sharh (94), âyah 1]; y dice “Le enseña alguien de gran poder” [An-Naÿm (53), âyah 5]; y dice también: “Ni habla movido por el deseo” [Sûrah An-Naÿm (53), âyah 3]; y también: “En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de vosotros mismos; es penoso para él que sufráis algún mal, está empeñado en vosotros y con los creyentes es benévolo y compasivo” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 128]; también señala: “Y estás hecho de un carácter magnánimo” [Sûrah Al-Qalam (68), âyah 4].

Entre toda la gente, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era el de mejor conducta; de mucha humildad; el mejor modo de vida; no era rudo, ni áspero, ni de corazón duro; no gritaba ni decía malas palabras; no hacia las cosas apresurado; no guardaba rencor ni envidia; no era tacaño; siempre agradecía a Allâh en momentos de prosperidad y siempre ejercitaba la paciencia en momentos de estreches; siempre hablaba correctamente; no oprimía a nadie; no pedía lo que quería; la pobreza era su símbolo; no causaba daño a quien lo dañaba; no se inmiscuía en cosas que no le importaban; cuando prometía, cumplía; cuando le pedían, daba; cuando le invitaban, aceptaba; cuando hacía algo, lo hacía correctamente; cuando hablaba, siempre decía la verdad; cuando tenía poder, hacía las cosas con ternura; era muy tierno hacia los parientes y viajeros; era una persona con mucha humildad; era una persona con el corazón limpio, puro y muy generoso; era el primero en hacer el bien y el más lejano de hacer cosas contra de su estatus de enviado de Allâh.

Era conocido por su generosidad. Fue persona de pocas palabras, veraz, lejos de la soberbia y el orgullo. Cuando le fue dada la opción de elegir entre ser un profeta rey o un profeta siervo, escogió ser un profeta siervo. Era un ayudante para los necesitados y un padre para los huérfanos; tenía buen humor; era tolerante; respetaba a los mayores y mostraba cariño y misericordia hacia los menores; unía lo que estaba roto; daba en abundancia; siempre sonreía, pero su corazón siempre estaba con preocupación; le hacía feliz su pobreza; era más dulce que la miel y más suave que la mantequilla. No hacía públicos los secretos; hacia las cosas con tranquilidad y suavidad. ‘Aîshah (radiallâhu ‘anhâ) dijo sobre la conducta del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Su conducta era el Qurân”.

La mayor parte de su tiempo se quedaba en silencio, no hablaba innecesariamente; era confiable; el Dunia no le hacía enojar, el Dunia no le importaba; el mismo reparaba sus sandalias y parchaba su ropa; era muy servicial hacia los quehaceres de la casa, ordeñaba los animales y daba de pastar a los animales. A veces comía con su sirviente y a veces amasaba el pan; ayudaba a su sirviente a cargar las cosas del mercado y montaba caballo, burro o mula y detrás de él montaba su sirviente; limpiaba la cara de su caballo con la manga de su túnica o con una punta de su manto. Siempre respondía cuando le llamaban sus compañeros o la gente de su casa. Jamás golpeo un sirviente ni a una mujer. Su comida y su bebida no era mejor que la su sirviente; a pesar de ser el líder de todos los hijos de Âdam (‘alaihis-salâm) nunca llenó su estómago, al contrario amarraba piedras a su vientre por causa del hambre.

Visitaba a los enfermos, aunque vivieran lejos de Madinah; amaba a los pobres y se sentaba con ellos; asistía a su ÿanazah (funeral) y jamás despreciado a un pobre por su condición. Siempre apreciaba las bondades de Allâh, aunque fueran pequeñas y nunca las criticaba. ‘Aîshah (radiallâhu ‘anha) dijo: “La cama de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era de cuero relleno de lana”; la cosa más querida ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era la pobreza, por encima de la riqueza. Cuando él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) invitaba a la gente hacia Allâh, lo hacía con perfección. Cuando ordenaba a sus compañeros acerca de algo, era el primero en llevarlo a la práctica. Y cuando les advertía acerca de algo, él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era el primero en abstenerse de ello.

Murió el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) después de sesenta y tres años. No dejo nada en este mundo más que un escudo que estaba hipotecado por una deuda de cebada que había adquirido. El (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) murió, pero no murió su enseñanza ni su Sunnah ni su ejemplo, el único ejemplo valido para toda humanidad hasta el Día del Juicio Final para tomar el camino recto hacia Allâh. Por eso Allâh otorga tanta recompensa para quien siga su Sunnah, entonces debemos tomarla con amor y respeto como un modo de vida.

¡Con él, la plegaria y la Paz!

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos conceda el honor de ser verdaderos seguidores del mejor de los Profetas, y para que nos dé la invaluable oportunidad de vivir nuestra vida en el modo de vida de Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh