EL DEBER DE INCULCAR EN NUESTRA DESCENDENCIA LA OBEDIENCIA A ALLÂH

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Viernes 14 de Diciembre de 2018
Ÿumu‘ah 7 de Rabi’ûl-Âjir 1440
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ en Su Libro Sagrado: “¡Oh, gente! Teman a su Señor y [teman] el día en el que ningún padre pueda cargar las faltas de su hijo y ningún hijo pueda cargar las faltas de su padre. Lo que Allâh promete se cumple. Que no los seduzcan los placeres de la vida mundanal ni los engañe el Seductor [el demonio], alejándolos de Allâh” [Sûrah Luqmân (31), âyah 33].

Dice también: “¿Acaso saben qué le preguntó Yaqûb a sus hijos cuando le llegó la muerte?: “¿Qué adorarán después de mí [muerte]?” Dijeron: “Adoraremos lo que adoraban tú y tus ancestros, Abraham, Isma‘îl e Ishâq: la Única divinidad, y a Él entregamos nuestra voluntad” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 133].

Dijo el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Todos vosotros sois pastores y todos vosotros sois responsables de vuestro rebaño. El gobernador es pastor y responsable de su gente o pueblo. El hombre es pastor en su casa y familia. La mujer es pastora en casa de su marido y sus hijos. El criado es pastor de la riqueza de su dueño y responsable de su rebaño. Así pues, todos vosotros sois pastores y responsables de vuestro rebaño”.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo que el mejor regalo que cualquier padre le puede dar a su hijo son enseñanzas de buena conducta y modales islámicos. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo, además: “Quiera Allâh tener misericordia sobre aquel padre que ayuda a su hijo en hacer el bien”.

Hoy en día, el ser humano, por naturaleza, se preocupa por el bienestar de su familia e hijos en cuanto a lo material, procurando una casa llena de comodidades, un auto nuevo y educación profesional rentable para sus hijos, pero se olvida de una preocupación mayor: la Otra Vida.

Sin excepción todos Profetas (‘alaihimus-salam), como todos nosotros, se preocupaban por el bienestar de su familia tanto en esta vida y como en la Vida Eterna, el Âjirah, pero siempre preferían que sus familias y sus hijos tengan más de lo que hay en la Vida Eterna de lo que hay en esta vida pasajera.

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) frecuentemente visitaba a su hija Fâtimah (radiallâhu ‘anha) antes de la oración del Faÿr y le decía: “¡Oh Fâtimah! ¿Estás durmiendo mientras que Allâh está esperando para responder tus súplicas?”. Eso era parte de su preocupación para que ella se conectara con Allâh en lo bueno y en lo malo. Hoy en día muchos padres dicen: “¿Qué va a pasar con nuestros hijos cuando hayamos muerto?” Pero muy pocos dicen: “¿Qué va a pasar con nuestros hijos cuando ellos mueran?” Allâh dice en el Qurân: “En cuanto al muro, pertenecía a dos jóvenes huérfanos del pueblo. Debajo de él había un tesoro que les pertenecía. Su padre había sido un hombre piadoso y tu Señor quiso que cuando alcanzaran la madurez encontraran el tesoro, como una misericordia de tu Señor” [Sûrah Al-Kahf (18), âyah 82]. Entre estos tesoros había un plato de oro con algunos consejos escritos. Decía: “Yo me asombro de la persona que cree en la muerte, pero igual disfruta de esta vida. Yo me asombro de la persona que cree en el Fuego del Infierno, pero igual se ríe fuerte. Yo estoy asombrado de las personas que creen en el destino, pero de todos modos se frustran. Yo estoy asombrado de la persona que cree que esta vida es pasajera, pero deposita toda su energía en ella. Yo estoy asombrado de la persona que cree que mañana él tiene que rendir cuentas, pero a pesar de eso, no aumenta las obras buenas en su cuenta”. Estos tesoros que dejaron unos padres para sus hijos, en realidad son tesoros para la Ummah hasta el Día del Juicio Final.

Como escuchamos del Qurân los consejos de Luqmân a su hijo, podemos encontrar que él ponía muy poco énfasis en las cosas mundanas más bien exhortaba a su hijo a obras tales que le beneficiaran en este mundo, en la tumba y en la Otra Vida. Al respecto, dice Allâh en el Qurân: Agracié a Luqmán con la sabiduría [y le dije]: “Sé agradecido con Allâh, pues quien agradece lo hace en beneficio propio, mientras que el ingrato debe saber que Allâh no precisa del agradecimiento [de las personas] y es digno de toda alabanza”. [Recuerda] cuando Luqmán exhortó a su hijo diciéndole: “¡Oh, hijito! No dediques actos de adoración a otro que Allâh, pues la idolatría es una gran injusticia”. Le he ordenado al ser humano hacer el bien a sus padres. Su madre lo lleva [en el vientre] soportando molestia tras molestia, y su destete es a los dos años. Sean agradecidos conmigo y con sus padres, pero sepan que ante Mí comparecerán al final. Si tus padres se esfuerzan por hacer que caigas en la idolatría de dedicar actos de adoración a otro que Allâh, lo cual es algo que no te he enseñado, no los obedezcan, pero trátenlos con respeto. Sigan el camino de los piadosos, pues ante Mí comparecerán y les informaré de lo que hacían. “¡Oh, hijito! Sabe que, aunque una mala acción fuera del peso de un grano de mostaza, y estuviera escondida bajo una roca o en [algún otro lugar de] los cielos o de la Tierra, Allâh la sacará a la luz [y les preguntará por ella]. Allâh es Sutil, y está bien informado de lo que hacen. ¡Oh, hijito! Haz la oración, ordena el bien y condena el mal, y sé paciente ante la adversidad, porque esas son cualidades de la entereza. No rechaces a la gente y no andes por la Tierra como un arrogante. Allâh no ama a los presumidos ni a los engreídos. Sé modesto en tu andar y habla sereno, que el ruido más desagradable es el rebuzno del asno. [Sûrah Luqmân (31), âyât 12 a 19].

Hermanos y hermanas, es nuestra responsabilidad y deber buscar los mejores medios para exhortar a nuestra familia más directa hacia la fe y la obediencia de Allâh, plantando desde ya en sus corazones la semilla del Îmân y el Taqwa (la fe y el temor), dando cumplimiento a lo ordenado por Allâh en el Qurân y a la Sunnah de nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Roguemos a Allâh para que nos dé el Taufiq para esforzarnos en nuestra propia familia, y pidamos de Él que los guíe hacia Su obediencia. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh