LAS VIRTUDES DEL IJLÂS, LA SINCERIDAD

 

Descargar PDFDescargar o leer Jutbah completa en formato PDF

Viernes 3 de Febrero de 2019
Ÿumu‘ah 3 de Ÿumadal-Ûjrah 1440
Imam: Sh. Suleman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Todo lo que hacemos en este mundo, sea las buenas acciones o abstenernos de las malas acciones, debemos saber por qué y por quien lo estamos haciendo. Acaso lo hacemos porque es parte de nuestra rutina o hay algún propósito detrás de nuestras acciones. Debemos saber cuál es la fuerza que nos motiva a realizar buenas acciones o abstenernos de ellas. Porque todo lo que hacemos lo hacemos para nuestro propio beneficio en esta vida, la tumba y en la Otra Vida.

Dice Allâh en el Qurân: “Si obran bien será en beneficio propio” [Sûrah Al-Isrâ (17), âyah 7]. ¿Pero cómo llegamos a beneficiarnos? ¿Cuál es el criterio? ¿Cuál es la condición que se requiere para que podamos beneficiarnos de cualquier acción? Debemos preguntarnos ¿cuál es la fuerza que nos motiva a una acción? A esto lo llamamos Ijlâs, es decir sinceridad, que significa que cualquier acción que realizamos, nuestro objetivo es obtener la complacencia de Allâh. Cualquier acción, sea el recuerdo de Allâh, nuestra oración, dar caridad, nuestra peregrinación o abstenernos de cualquier cosa que nos ha prohibido Allâh, la pregunta siempre debe ser ¿Por qué lo estoy haciendo? La respuesta siempre debe ser “para complacer a Allâh”. Entonces toda acción que realizamos debe ser basada sobre el Ijlâs de complacer a Allâh. Para entender mejor esto, es necesario conocer la siguiente historia que nos dejó el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam):

‘Abdullâh Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ) dijo: “Escuché al Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “Hace algún tiempo partieron tres individuos hasta que llegaron a una cueva y entraron en ella para pasar la noche. Una vez dentro, se desprendió una roca de la montaña y tapó la entrada, quedando los tres hombres atrapados. Se dijeron [entre ellos]: “Realmente no nos libraremos de esta roca mientras no invoquemos a Allâh con la más recta de nuestras acciones”. Empezó uno de ellos su relato diciendo: “¡Oh Allâh! Yo tenía unos padres ancianos a los que daba de beber antes que nadie, pero un día me alejé de ellos demasiado, tratando de encontrar pasto para el ganado, por lo que tardé en volver a casa y cuando regresé los encontré durmiendo; así que ordeñé para darles de beber la leche y no quise ni despertarles ni dársela de beber a nadie antes que a ellos. Entonces me quedé con el tazón en la mano, esperando a que se despertaran hasta el amanecer y los niños llorando de hambre a mis pies. Por fin se despertaron y les di de beber su leche. ¡Oh Allâh, si esto lo hice tratando de complacerte, libéranos de esta roca!” Y en ese momento se descorrió un poco la roca sin que pudieran salir aún. A continuación, dijo otro: “¡Oh Allâh! Yo tenía una prima a la que quería más que a nadie, tanto como puede querer un hombre a una mujer. Pues, quise tomarla contra su voluntad, pero me lo impidió y se alejó de mí. Hasta que llegó un año de sequía, vino a mí y le di ciento veinte dinares a fin de que se quedara a solas conmigo. De manera que ella accedió en principio a mi pretensión. Y cuando estuve a punto de tomarla, dijo: “Teme a Allâh y no lo hagas si no es con su legítimo derecho”. Así que me retiré dejándole el oro que le había dado, siendo aún la persona que más yo quería. ¡Oh Allâh, si esto lo hice por complacerte, sácanos de aquí!”, y se descorrió otro poco la roca, sin que todavía pudieran salir de la cueva. Después dijo el tercero: “¡Oh Allâh! Yo contraté unos trabajadores y a todos les di su salario, excepto a uno que se marchó sin él. Pero lo invertí y se multiplicó su dinero. Hasta que vino un día y me dijo: “¡Siervo de Allâh, págame el salario que me debes!” Entonces le dije: “Todo esto que ves es de tu sueldo: camellos, vacas y corderos”. Él me respondió: “¡Hermano, no te burles de mí!” Y le dije: “No me estoy burlando de ti”. Finalmente lo tomó todo y se lo llevó sin dejar nada. “¡Oh Allâh, si hice esto tratando de complacerte, libéranos de aquí!”, y en ese preciso instante, se apartó la roca para que salieran y se marcharon”.

Los Ulamâ dicen que más de noventa lecciones pueden ser derivados de este hadîth, pero lo más importante es el Ijlâs, que sin importar el tamaño de la acción, si es realizada para complacer a Allâh, nos beneficiara en esta vida, la tumba y la Otra Vida.

Debido a la sinceridad de sus acciones Allâh libero a estos hombres de su situación en la cueva. Ahora nosotros también, cualquier acción que realicemos sin importar lo grande o pequeño que sea, si es realizada con Ijlâs y si estamos en una situación difícil o complicada y requerimos la ayuda de Allâh, debido a la Barakah de aquella acción que fue realizada con Ijlâs, podremos obtener la ayuda de Allâh Altísimo.

Ahora bien, ¿Cómo podemos calcular el nivel de nuestra sinceridad con Allâh? Echemos un vistazo a nuestro salâh, la concentración y devoción que tenemos en nuestra oración cuando estamos en la Mezquita, sea oración voluntaria, Fard o Sunnah. Realizar cuatro raka’ât de oración nos toma siete a ocho minutos, pero esos mismos cuatro raka’ât sea voluntario, Sunnah o Fard en nuestras casas, cuando no hay nadie mirándonos ¿Cuánto tiempo se ocupa en esa oración? ¿Cuánta concentración y devoción hay en esa oración?

Esta es una forma de calcular el nivel de nuestro Ijlâs, que cuando estoy solo como es mi sinceridad y como es cuando los ojos de la gente están sobre mí.

Por eso debemos ser constantes en pedir a Allâh que nos dé la habilidad de ser sinceros en todas nuestras acciones. Porque en la Otra Vida nuestras acciones no serán contadas sino serán pesadas, en cuanto más Ijlâs haya en ellas más pesadas serán.

Además, debemos reflexionar sobre nuestra intención y rectificarla si es necesario antes de la acción, durante la acción y al final de la acción. Si estas obras fueron netamente para complacer a Allâh, Lo alabamos y Lo glorificamos, y si no, pedimos Su perdón y pedimos que nos otorgue el Ijlâs, y llene nuestro corazón de sinceridad.

Una vez, un Sahâbi le pregunto al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¿Qué es el Imân (la fe)?”, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le respondió: “El Imân es Ijlâs”. Tanta es la importancia que lleva el Ijlâs en el Islam.

Los sinceros (mujlisîn) son las linternas del hidâyah (la guia) y debido a ellos Allâh remueve mucha de corrupción y sufrimientos en este Dunia.

Hermanos y hermanas, pedimos a Allâh Subhânahû wa Ta‘âla que nos haga entre los sinceros. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh