LA SONRISA Y EL SILENCIO

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Viernes 29 de Marzo de 2019
Ÿumu‘ah 22 de Rayab 1440
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

La sonrisa y el silencio son dos armas poderosas, la sonrisa puede resolver un problema y el silencio puede evitarlo.La sonrisa es aquel lenguaje humanitario mundial, es aquel tipo de belleza de alto nivel, y es aquella conducta que insinúa la aceptación, la serenidad, la apacibilidad y la cordialidad humana.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Ese día habrá rostros radiantes [el de los bienaventurados], risueños y alegres” [Sûrah ‘Abasa (80), âyah 38 y 39]; Allâh dice también: “Si hubieras sido rudo y duro de corazón se habrían alejado de ti” [Sûrah Ali ‘Imrâm (3), âyah 159]; y dice también Allâh: “Responde con una buena actitud [sabiendo disculpar], y entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu amigo ferviente” [Sûrah Fussilat (41), âyah 34].

La sonrisa es algo propio del hombre y se considera una parte de la belleza de la moral y de la buena conducta humana. El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) era quien más sonreía de entre la gente. También bromeaba con sus Compañeros (radiallâhu ‘anhum) pero incluso bromeando decía siempre la verdad. ‘Abdullâh ibn Al-Hâriz (radiallâhu ‘anhu) narró: “Jamás vi a nadie que sonreía más que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)” También Ÿarîr ibn ‘Abdullâh (radiallâhu ‘anhu) dijo: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nunca rechazó recibirme desde que abracé el Islam y al verme siempre sonreía”. Así que su forma de reírse mayormente era la sonrisa.

Confirma esto lo que Anas ibn Mâlik (radiallâhu ‘anhu) narró: “Estaba en compañía del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) mientras él tenía puesto un manto de Naÿrân de borde grueso. Le alcanzó un beduino y le agarró de su manto con fuerza, a raíz de eso miré el cuello del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en el que pude notar la marca que dejó el borde del manto por la fuerza con la cual fue agarrado. Después el beduino dijo: “¡Oh Muhammad! Ordena concederme algo del dinero de Allâh que está bajo tu manejo”. Así que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) volvió a mirarlo y sonrió, luego ordenó concederle algo de lo pedía”.

Sin embargo, no era suficiente para el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ser un ejemplo en cuanto a la aplicación de esta belleza humanitaria, sino que incitó a la misma. Abu Dhar (radiallâhu ‘anhu) narró que el el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Sonreírle a tu prójimo se considera una caridad a tu favor” Y eso significa que mostrar la jovialidad a los demás al encontrarse con ellos hace al musulmán merecer una recompensa, tanto como la caridad conlleva una recompensa.

Son actos simples y fáciles sin costo ni esfuerzo, pero tienen un efecto mágico en la gente. En el Islam se consideran una buena acción el término que alberga todo lo que satisface a Allâh y a Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). También Abu Dhar (radiallâhu ‘anhu) narró: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) me dijo: “No desprecies nada de los buenos actos, aunque sea encontrarse con tu prójimo con un rostro alegre”.

La sonrisa es el primer paso para atraer los corazones y para publicar la bondad, la misericordia y el afecto entre la gente, lo cual da lugar a la seguridad, la hermandad y la afinidad en la sociedad. Estas cosas simples son una parte de la fe, y el creyente es quien está cerca de la gente, ya que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El creyente se familiariza con la gente recíprocamente, y no hay bien en aquel que no se familiariza recíprocamente con ellos. El mejor de la gente es el que más los beneficia”.

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) liberó a sus seguidores de todas las enfermedades del corazón, de las crisis psicológicas y de las presiones de la vida que demuelen a la humanidad, para alcanzar la felicidad y la paz interior. Entonces, hizo de la sonrisa su eslogan en el sufrimiento y en la felicidad, y nunca se le vio sino sonriendo. Su sonrisa curaba la tristeza de todas las personas alrededor de él, y sanaba los dolores de sus compañeros.

Fué Jâlid ibn AI-Walid, antes de su conversión al Islam, quien causó la aplastante derrota de los musulmanes en Ûhud. Antes de hacerse musulmán, el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo al hermano de Jâlid: “Ciertamente, Jalid está dotado de un gran intelecto que algún día lo guiará al Islam” Estas palabras penetraron el corazón de Jâlid. Al día siguiente, se presentó ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), como él mismo narró diciendo: “Al verme de lejos se incorporó poniéndose de pie y se sonrió hasta que me senté delante de él. Ni siquiera mencionó lo sucedido en Ûhud, más bien me invitó al Islam con dulces palabras y un rostro sonriente”. Después de su conversión al Islam, Jâlid ibn AI-Walid fue el campeón de muchas batallas en favor del Dîn de Allâh.

Abu Musa (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Pregunté: “¿Mensajero de Allâh, ¿cuál es el mejor de los musulmanes?” Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Aquel que resguarda a los musulmanes de su lengua y de su mano!”. Por su parte ‘Uqba Ibn Amir (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Pregunté al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Mensajero de Allâh! ¿Cuál sería la causa para mi salvación?” Contestó (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Controla tu lengua, atiende a los asuntos de tu casa y llora cuando te equivoques!”.

Un musulmán inteligente es aquel que no habla inútilmente y aquel que no habla mal de otros. Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Aquel que se mantiene en silencio, gana la salvación”. También dijo el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “La belleza del Islam de un hombre, es que él rechace cualquier cosa que no sea beneficiosa para él”.

Se transmitió de ‘Âishah (radiallâhu ‘anha) que dijo: “Le dije al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¿No te basta saber de Safiyah, tal y tales defectos?” Y contestó (Uallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Has dicho una palabra que si se mezclara con el agua del mar, quedaría toda impregnada y maloliente!”.

Dice Allâh en el Qurân: “Hemos creado al hombre y sabemos lo que su alma le susurra. Estamos más cerca de él que su propia vena yugular” [Sûrah Qaf (50), âyah 16]. Dice Allâh también: “Muchas de sus conversaciones secretas no encierran ningún bien. Pero no es así quien manda a dar con generosidad, actuar según lo reconocido o reconciliar a los hombres. A quien haga esto, buscando el beneplácito de Allâh, le daremos una recompensa enorme” [Sûrah An-Nisâ (4), âyah 114].

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita aprender, entender y practicar estas enseñanzas. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh