EL VALOR Y LAS VIRTUDES DE LOS COMPAÑEROS DE RASÛLULLÂH (SAW)

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Viernes 13 de Septiembre de 2019
Ÿumu‘ah 12 de Muharram 1441
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Conocer a los sahâbah (radiallâhu ‘anhum), los compañeros de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), no trata solamente de leer algunas historias, sino también aprender algunas lecciones de sus vidas y obtener beneficio del ejemplo de su práctica del Dîn.

Hoy en día, en general, hemos tomado distintas personas como nuestro modelo y ejemplo; por eso, escuchar algo de las vidas de los compañeros del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y aprender cómo seguirlos, será muy beneficioso para obtener la Guía de Allâh, como dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Mis compañeros son como las estrellas, quien los siga estará guiado”.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Muhammad es el Mensajero de Allâh. [Los creyentes] Quienes están con él son severos con los incrédulos, pero misericordiosos entre ellos. Los verás [¡Oh, Muhammad! rezando] inclinados y prosternados, procurando la misericordia de Allâh y Su complacencia. En sus rostros están marcadas las huellas de la prosternación; así están descritos en la Torá. Y en el Evangelio se los compara con una semilla que germina, brota, se fortalece, cobra grosor y se afirma en su tallo, causando alegría a los sembradores. Esto es lo que Allâh ha hecho con los creyentes para enfurecer a los incrédulos. Ciertamente Allâh ha prometido perdonar y retribuir con una grandiosa recompensa a quienes crean y obren rectamente” [Sûrah Al-Fath (48), âyah 29]. Y dice también: “Y si se retractan, establecen el salâh y entregan el zakâh… Son vuestros hermanos en la Práctica de Adoración” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 10].

Según Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) Allâh observó en los corazones de todos Sus siervos y encontró que el mejor corazón de todos era el corazón de Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y lo escogió para Su profecía; después Allâh observó los corazones de todos Sus otros siervos y encontró que los corazones de los sahâbah eran los mejores corazones, y los eligió para la compañía de Su Profeta y para la nusrah de Su Dîn.

Sin duda, el modo de vida y la historia de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus compañeros son fuentes que fortalecen el Îmân y el amor hacia el Dîn. La Ummah y la invitación hacia el Dîn, siempre han recibido destellos de luz desde estas fuentes y, por ello, las brasas de los corazones se han mantenido encendidas. Sin embargo, estas brasas se han apagado por los vientos del amor a la vida mundana. Una vez extintas estas llamas, la Ummah perderá su fuerza, su identidad y su influencia sobre otros. Será como un cuerpo que carga su vida en los hombros.

Los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) son aquellos hombres, mujeres y niños que aceptaron la invitación del Islam cuando ésta les fue presentada. Sus corazones atestiguaron su verdad y siempre respondieron ante la llamada de Allâh y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) diciendo: “¡Señor nuestro! Hemos oído a alguien que llamaba a creer: ¡Creed en vuestro Señor! Y hemos creído” [Sûrah Âli ‘Imrân (3), âyah 193].

Ellos depositaron toda su confianza en Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y así se les hizo fácil llegar a sacrificar sus vidas, riquezas y familias. Comenzaron a sentir el gusto de soportar las dificultades y problemas que los afligían en su esfuerzo por llamar a otros hacia Allâh. De esta forma, el Yaqîn (certeza) en Allâh entró en sus corazones y dominó sobre sus cuerpos y mentes. Ellos alcanzaron la maravillosa creencia en lo no visto, el amor imperecedero hacia Allâh y Su Mensajero, la compasión por los creyentes y la firmeza frente a los hostiles incrédulos.

Ellos prefirieron el Âjirah antes que este mundo, la recompensa de la otra vida antes que las ganancias de este mundo, el no visto antes que lo evidente, la guía antes que la ignorancia. Ellos estaban dispuestos a invitar a la gente hacia el Dîn del Islam, liberando a las criaturas de su servidumbre a otras criaturas, para dirigirlos hacia la sumisión a Allâh Único. Ellos apartaron a la gente de la injusticia de las otras religiones para mostrarles la justicia del Islam.

Ellos abandonaron el interés por las atracciones y vanidades de este mundo y aspiraron a encontrarse con Allâh y entrar en el Paraíso. Ellos también mostraron un valor admirable y una gran visión en difundir el regalo del Islam a todo el mundo sin costo alguno. Para ello, se dispersaron por todos los rincones del mundo, haciendo su mayor esfuerzo por llegar tan lejos como fuese posible. Al hacer esto, se olvidaron de sus deseos, y abandonaron sus comodidades, dejaron sus hogares y generosamente entregaron sus riquezas y sus vidas. Y continuaron así hasta establecer las bases del Dîn, hasta que los corazones se volvieron todos hacia Allâh y los vientos benditos y dulces del Îmân soplaron con fuerza.

Imperó en sus vidas el tauhîd, el Îmân, la ‘ibâdah y el taqwâ. El Ÿannah se volvió atractivo para ellos, la guía se extendió por el mundo y la gente entró por grupos en el Islam.

Los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) son los cimientos del Dîn y fueron los primeros en propagarlo. Ellos lo obtuvieron de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y nos lo entregaron a nosotros. Fueron la gente bendita a quien Allâh escogió para ser los compañeros de Su amado Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y por ello son dignos de ser considerados como ejemplos a seguir.

‘Abdullâh Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) solía decir: “Si alguien desea seguir la vida religiosa de otro, debe seguir a los que ya dejaron este mundo, los compañeros del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), quienes llegaron a ser las mejores personas de esta nación. Sus corazones eran puros, su conocimiento profundo y no había vanidad u ostentación en sus vidas. Allâh los eligió para ser los compañeros de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y para propagar Su Dîn. Por ello, se les debe reconocer su virtud y distinción, seguir sus pasos y adoptar su carácter y forma de vivir con toda fuerza, pues ellos son los únicos que siguieron el camino de la guía”. [Mishkât Al Masâbîh].

Para comprender la vida del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), el único criterio a utilizar es la propia vida de los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) pues ellos fueron el afortunado grupo que obtuvo los beneficios de la luz de la Nubuwah (la revelación) vertida directamente sobre ellos sin ningún obstáculo.

Es imposible que, después de ellos, alguien pueda alcanzar la dulzura del Îmân y la iluminación espiritual que recibieron. Sólo respecto del grupo de los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) Allâh ha declarado su complacencia en el Qurân, y que ellos están complacidos de Él, y que fueron gente rectamente guiada y que son guía para los demás.

Por estos motivos es que existe consenso unánime en la Ummah, que los sahâbah sin excepción eran todos confiables y veraces. Cualquier asunto en que ellos estuviesen de acuerdo es considerado como una ley en la Sharî‘ah.

Los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) son los reflejos del carácter perfecto de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y son los ejemplos más comprensivos de sus cualidades. Ellos fueron intérpretes veraces de sus loables atributos, su excelente conducta y de las leyes y normas de la Sharî‘ah. Por ello, es necesario seguirlos de manera tal que la Ummah pueda salvarse a sí misma de las desviaciones.

Los libros de historia están llenos de sus historias y las crónicas del Islam registran sus obras. Estas siempre han sido fuentes de renovación para la vida de los musulmanes.

Quiera Allâh darnos la capacidad de entender estas enseñanzas y hacerlas un medio de crear en la Ummah un amor profundo, similar al que sentían los sahâbah (radiallâhu ‘anhum), por Allâh y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y quiera también darnos el entusiasmo y fervor que tenían los sahâbah por aprender, practicar y propagar el Dîn de Allâh Subhânahu wa Ta‘âlâ. Amîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh