AFERRARSE A LA REVELACIÓN DE ALLÂH, EN EL CAMINO DE LOS PROFETAS (‘ALAIHIMUS-SALAM)

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Viernes 28 de Febrero de 2020
Ÿumu‘ah 4 Rayab 1441
Imam: Sh. Soud Ahmad Soud

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Respetados hermanos y hermanas, el Favor de Allâh Altísimo sobre nosotros es inmenso, y la mejor forma de agradecer Sus bendiciones es usándolas de la forma correcta. Lo más grande y magnífico que nos ha dado es la Revelación del Qurân y la Sunnah de Su Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Cada uno de nosotros llegó a este mundo sin saber absolutamente nada, luego Allâh le dio la facultad para ir aprendiendo a medida que va creciendo y experimentando en la vida. Hay cosas que se aprenden con experiencia y práctica, como caminar, comer, hablar, nadar, etc. El ser humano las aprende sólo y también de su entorno. Estas cosas, en general, son aquellas que nos ayudan a cumplir nuestras necesidades.

Pero hay también, cosas que no hubiéramos podido aprender si no fuera por la Revelación de Allâh. Por eso Allâh reveló a Su creación Libros con Su Palabra y envío hacia nosotros mensajeros de entre nosotros mismos.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Realmente Allâh ha concedido una gracia a los creyentes al enviarles un Mensajero salido de ellos mismos que les recita Sus signos, los purifica y les enseña el Libro y la Sabiduría; ya que antes estaban en un extravío evidente” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 164].

La Revelación viene de Allâh, quién nos creó, y Sus mensajeros (‘alaihis-salam) no hacen más que transmitir Su Mensaje. En el final de la Sûrah Al-Kahf, de la que ya hemos hablado las últimas dos semanas, Allâh nos cuenta una historia que es lección para todo quien sigue los pasos de algún profeta.

Nuestro Nabî Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), el Mensajero de Allâh, nos relató que en cierta ocasión el Profeta Mûsa (‘alaihis-salam) exhortó a su pueblo y mientras hablaba alguien le preguntó: “Sabes de alguien que tenga más conocimiento y sabiduría que tú?”, el respondió que no sabía, entonces Allâh reveló a Mûsa (‘alaihis-salam): “¡Sí! Mi siervo, el Jidr…” Mûsa (‘alaihis-salam) ansioso de poder ver a este siervo tan sabio, preguntó a Allâh como podía encontrarlo, entonces Allâh Altísimo le indicó que caminara hasta un determinado lugar llevando consigo un pez en una canasta, y que cuando perdiera el pez, lo iba a encontrar.

Conozcamos lo que dice Allâh sobre la historia de Musa (‘alaihis-salam) y el Jidr, y aprendamos como debemos comportarnos cuando caminamos tras un Profeta: “Así dieron con uno de Nuestros siervos al que le habíamos concedido una gracia procedente de Nosotros y al que habíamos enseñado un conocimiento de Nuestra parte. Mûsa le dijo: ¿Puedo seguirte para que me enseñes una guía recta de lo que se te ha enseñado? Dijo: Realmente no podrás tener paciencia conmigo. ¿Cómo podrías tener paciencia con algo de lo que no puedes comprender lo que esconde?” [Sûrah Al-Kahf (18), âyât 65 a 68]. Esta es la situación de cada uno de nosotros detrás del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Queremos seguirlo porque sabemos que Allâh le concedió Guía de Su parte y que nuestra salvación reside en ella; por otro lado, debemos seguir al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) con paciencia y con los ojos cerrados. Tener paciencia y aceptar cada orden proveniente de Él tampoco es un asunto fácil, ya que todo su asunto es para nosotros parte del Gaib, es decir de lo oculto y desconocido. Por eso, el creyente debe encomendarse a Allâh y pedir a Su Señor que le conceda paciencia detrás de Su Mensajero, y firmeza para poder seguir sus pasos. Eso fue exactamente lo que hizo el Profeta Mûsa (‘alaihis-salam). Dijo: “Si Allâh quiere me hallarás paciente y no te desobedeceré en nada” [Sûrah Al-Kahf (18), âyah 69].

Esa debe ser la actitud de cada uno de nosotros cuando seguimos al Mensajero de Allâh. Debemos prometer tener paciencia, sea lo que sea que nos ordene, y que no vamos a desobedecer ninguna orden, y por supuesto, encomendarnos a Allâh Subhânahu wa Ta‘ala.

Pero ¿Hay alguna condición, alguna etiqueta para quién camina detrás de un Nabî? Esta respuesta está en lo que señala el Sagrado Qurân en esta historia: “Dijo: Si me sigues no me preguntes por nada si yo no te hago mención de ello” [Sûrah Al-Kahf (18), âyah 70].

¿A qué se debe esto? Muy sencillo, y a la vez, muy importante para tenerlo en cuenta. Se debe a que, lo que cualquier Profeta hace y dice viene de parte de Allâh; si el Nabî nos ordena algo, es porque Allâh le reveló que así se hiciera, y si nos prohíbe algo, es porque Allâh también reveló que así se debía hacer. Cuando pasa algo y el mensajero de Allâh no dice nada o no da un veredicto, es porque Allâh no le reveló nada al respecto, y Allâh no olvida nada. Allâh sabe por qué hace las cosas, y Él, Altísimo sea, sabe cuándo revelar algo a Sus mensajeros (‘alaihimus-salam).

En una ocasión Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo a sus compañeros (radiallâhu ‘anhum): “Allâh ha prescrito sobre ustedes el Haÿÿ”; alguien preguntó: “¿Todos los años?”. Al Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le desagradó la pregunta y se molestó, pero no dijo nada. La persona repitió la pregunta dos veces más, y el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se molestó y dijo: “Déjenme mientras yo los dejo (no les digo). Ciertamente, lo que destruyó a las naciones anteriores a ustedes fué el hacer muchas preguntas y contradecir a sus Profetas. Si les prohíbo algo, apártense de ello, y si les doy una orden, cumplan cuanto puedan de ella”.

Preguntar al Enviado de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) “si tiene que ser todos los años o no” después de que él se limitó a decir: “Allâh ha prescrito sobre ustedes el Haÿÿ” equivale a decirle “¡Mensajero de Allâh! No te olvides de transmitirnos todo lo que decretó Allâh sobre nosotros”.

Acerca de la historia de Mûsa (‘alaihis-salam) y el Jidr, analicemos la situación y meditemos un poco. Acá tenemos a un Nabî siguiendo los pasos de un Nabî, y el que está detrás del otro era nadie más que Mûsa (‘alaihis-salam), el escogido por Allâh. Mûsa habló con Allâh directamente, y aun así se le ordenó, mientras seguía a un Nabî no preguntar nada hasta que este le hiciera mención de lo ocurrido. ¿Entonces cómo nosotros deberíamos comportarnos detrás del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)?

Luego Allâh nos contó lo ocurrido en este episodio de la vida de Musa, y qué fue lo que vio de su maestro, el Jidr. Dice el Qurân: Así partieron hasta que cuando habían subido en una embarcación, le hizo un agujero. Entonces dijo: ¿Lo has hecho para ahogar a los que van en ella? Realmente has cometido algo grave. Dijo: ¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo? Dijo: No me tomes en cuenta mi olvido ni me impongas algo difícil. Y se pusieron a andar hasta que dieron con un muchacho al que mató, dijo: ¿Has matado a un ser puro sin haber sido a cambio de otro? Realmente has cometido un hecho reprobable. Dijo: ¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo? Dijo: Si en lo sucesivo vuelvo a pedirte explicaciones no dejes que te acompañe más, mis excusas ante ti se han agotado. Y así partieron hasta que llegaron a la gente de una ciudad a los que pidieron de comer, pero ellos se negaron a darles hospitalidad. Allí encontraron un muro que amenazaba derrumbarse y lo enderezó. Dijo: Si quisieras podrías pedir un pago por ello. Dijo: Esta es la diferencia entre tú y yo. Voy a decirte la interpretación de aquello con lo que no has podido tener paciencia [Sûrah Al-Kahf (18), âyât 71 a 78]. Y así es nuestra vida cuando nos apegamos a la Revelación de Allâh. En la gran mayoría de las cosas, no podemos ver toda la sabiduría que encierran, excepto que Allâh quiera. A veces, puede que aparentemente la veamos, pero ¿quién sabe? Puede que no tenga nada que ver con lo que creemos. Allâh es Quién nos creó y Él es Quien todo lo ve y todo lo oye, Él tiene conocimiento sobre todas las cosas.

La interpretación de las acciones del Jidr de las cuales fue testigo el Profeta Mûsa (‘alaihis-salam) las explica el mismo Qurân, que dice: “En cuanto a la embarcación, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar y quise estropearla porque los perseguía un rey que se apropiaba a la fuerza de todas las embarcaciones. El muchacho tenía padres creyentes y temíamos que les obligara a la rebelión y a la incredulidad. Y quisimos que su Señor les diera a cambio uno mejor que él, más puro y propenso a la compasión. Y en cuanto al muro, era de dos muchachos de la ciudad que eran huérfanos y debajo del mismo había un tesoro que les pertenecía. Su padre había sido de los justos y tu Señor quiso que llegaran a la madurez y pudieran sacar su tesoro como una misericordia de parte de tu Señor; no lo hice por mi cuenta. Esta es la interpretación de aquello con lo que no pudiste tener paciencia” [Sûrah Al-Kahf (18), âyât 79 a 82].

Esta vida, como Allâh nos enseñó, es una prueba. Parte de la prueba, es que muchas de las cosas que vamos a enfrentar pueden llegar a tener cierta dificultad o podemos no llegar a entender plenamente el porqué. Pero aquel que conoce a su Creador y sabe que Él tiene poder sobre todas las cosas y conocimiento pleno sobre Su creación, elige acatar la orden de Allâh y todo cuanto fue transmitido por Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).

Dice Allâh en el Qurân: “No corresponde a ningún creyente ni a ninguna creyente elegir cuando Allâh y Su mensajero han decidido algún asunto. Quien desobedezca a Allâh y a Su mensajero, se habrá extraviado en un extravío indudable” [Sûrah Al-Ahzâb (33), âyah 36]. Dice también Allâh Altísimo: “Que se guarden los que se oponen a Su mandato de que no les venga una prueba o un castigo doloroso” [Sûrah Nûr (24), âyah 63]. Y dice también Allâh: “Y los que se aferran al Libro y establecen la oración prescrita… Es cierto que no vamos a dejar que se pierda la recompensa” [Sûrah Al-A’râf (7), âyah 170].

Respetados hermanos y hermanas, quiera Allâh hacernos de la gente que sigue Su orden y se aferran a Su Libro y Su Revelación. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh