TODA CALAMIDAD QUE TE ACERQUE HACIA ALLAH, EN REALIDAD ENCIERRA UNA BENDICIÓN

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Viernes 6 de Marzo de 2020
Ÿumu‘ah 11 Rayab 1441
Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Altísimo en el Sagrado Qurân: “Puede que os disguste algo que os conviene y améis algo que no os conviene. Allâh sabe, mientras que vosotros no sabéis” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 216].

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El creyente fuerte, es mejor y más amado por Allâh que el creyente débil, y en todos hay un bien. Empéñate en lo que es útil para ti, y busca la ayuda de Allâh y no te quedes inerte. Y si te ocurre algo no digas “Si hubiera hecho, eso hubiera pasado eso y eso”. Sino digan: “Allâh ordenó esto y Él hace lo que Él quiere”. Porque verdaderamente la frase: “Si hubiera hecho” hace una vía para el trabajo del Shaitân” [Muslim].

Si estás atravesando momentos de angustia y dolor, recuerda a Allâh, invoca Su nombre y pídele ayuda. Coloca tu frente en el suelo y alábalo para obtener así la verdadera libertad. Eleva tus manos mientras realizas la súplica, y pídele constantemente. Póstrate frente a Su puerta, ten buenos pensamientos sobre Él y espera Su ayuda. Entonces encontrarás la felicidad y el éxito verdaderos. Si ves que la cuerda se tensa cada vez más, sabe que se cortará

Cuantas veces una tribulación se ha convertido en un don, cuantas veces una prueba se ha convertido en un regalo, cuantas veces un beneficio ha llegado al hombre desde donde no se lo esperaba, y cuantas veces ha substituido lo que es valioso y precioso por algo en lo que ha encontrado su perdición. Si supiera que lo indeseable trae lo que es amable y que lo que es amable trae lo indeseable no perdería la esperanza de que le pueda llegar la felicidad desde donde, por su falta de conocimiento de las consecuencias, se esperaría que le llegara algo que le perjudica.

Nuestro padre Âdam (‘alaihis-salam) comió de un árbol y fue descendido a la tierra, dejando así lo que era mejor y más correcto por algo indeseable. Sin embargo, la consecuencia de su asunto encierra un bien inmenso y un enorme favor. Allâh se volvió a él, lo guio y lo escogió e hizo de él un enviado y saco de sus espaldas mensajeros y enviados, gente de conocimiento, mártires, amigos de Allâh, adoradores y gente que gasta de la provisión que Allâh les ha dado.

Cuando la madre de Musa (‘alaihis-salam) lo arrojó al rio Nilo, no se le reprochó el hecho de que su hijo fuera a caer en las manos de la familia de Faraón porque, a pesar de eso, en un futuro se manifestaron las consecuencias loables y las buenas huellas de lo que ocurrió. Así como lo que le ocurrió a Yûsuf y a su padre Yaqûb (‘alaihimus-salam). El Profeta Yûsuf (‘alaihis-salam) fue separado de su padre, por muchos años fue maltratado por sus hermanos, fue abandonado en un pozo, fue seducido por la esposa del Azîz de Egipto, fue encarcelado, pasó por pruebas tras prueba y al final de la historia Allâh le otorgó una posición donde podía llegar a obtener lo que deseara y Allâh lo reunió con su padre. Dice Allâh en el Qurân: “Así es como dimos una posición a Yûsuf en la tierra, en la que podía residir donde quisiera” [Sûrah Yûsuf (12), âyah 56].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No se preocupen de aquellos que están sobre ustedes en relación a su riqueza sino que mejor aún preocúpense de aquellos que están bajo ustedes, porque ciertamente cuando el hombre se preocupa de aquel que está sobre sí en cuanto a riqueza, empequeñece los bienes que posee, pero si el hombre se preocupa de aquellos que están bajo él económicamente, entonces apreciará aquello que posee y dará las gracias a Allâh por sus bendiciones”.

‘Atâ Ibnu Abî Rabbâh (radiallâhu ‘anhu) narró: “Ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhum) me dijo: “¿Quieres que te muestre una mujer de los habitantes del Paraíso?” Dije, sí. Él dijo: “Aquella mujer negra que vino un día ante el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le dijo: “Tengo epilepsia, entonces se me destapan partes de mi cuerpo [cuando tengo un ataque], así que pide a Allâh que me cure”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le contestó: “Si quieres lo pido a Allâh, pero si quieres ser paciente tendrás el Paraíso [como recompensa]”. La mujer dijo: “¿Que tenga paciencia? ¡pero se me destapan partes de mi cuerpo! Pide a Allâh que no se me vea nada”. Entonces el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) rogó a Allâh y la mujer siguió padeciendo de epilepsia sin que se viera nada de su cuerpo. Ella es una de las habitantes del Ÿannah”.

Hakim Ibn Hizam (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Pedí al Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y me dio. Después le pedí otra vez y me dio. Después le volví a pedir y me volvió a dar. Después me dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Verdaderamente, el dinero es como una fruta dulce y apetitosa, quien lo coge con moderación obtiene la bendición en él, y quien lo coge con ambición y despilfarro no obtiene por ello la bendición. Y es como el que come, pero no se harta. Y la mano que está arriba es mejor que la que está debajo”. Continuó Hakim: “Dije después: “¡Oh Mensajero de Allah! Juro por Aquél que te ha enviado con la verdad, que no tomaré nada de nadie después de ti hasta que deje este mundo”. Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) le llamó un día para darle algo y rehusó aceptar nada de él. Después ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) también le llamó para darle algo y tampoco lo aceptó. Dijo ‘Umar entonces: “¡Oh musulmanes! Yo he sido testigo de que he ofrecido a Hakim lo que le pertenecía. Aquello que Allâh ha repartido para él de este botín, y que él ha rehusado tomarlo” [Muslim].

Um Salamah (radiallâhu ‘anhâ) narró: “Escuché al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “Si un musulmán, cuando le sucede una desgracia, dice lo que Allâh le ordenó: “Ciertamente pertenecemos a Allâh y ciertamente a Él regresaremos ¡Oh, Allâh! Recompénsame por mi desgracia y dame en su lugar algo mejor”. Allâh le dará algo mejor en su lugar”. Cuando murió Abû Salamah (radiallâhu ‘anhu) dije: “¿Qué musulmán es mejor que Abû Salamah? Su familia fue la primera en emigrar con el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Luego dije las palabras que Allâh ordenó, entonces Allâh me dio en su lugar al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) como esposo”.

‘Urwah Ibn Az-Zubair (radiallâhu ‘anhu) en un solo día perdió una de sus piernas y se enteró que su hijo había muerto. Esta fue su reacción: “¡Oh, Allâh! A Ti pertenecen todas las alabanzas. Si lo has quitado, también me lo has dado. Y si me has puesto a prueba con estas dificultades, también me has salvado y cuidado. Me has dado cuatro extremidades, más sólo te has llevado una. Me has bendecido con cuatro hijos, más sólo te has llevado uno”. Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Les retribuirá, por haber tenido paciencia, con un Jardín y con vestiduras de seda” [Sûrah Al-Insân (76), âyah 12].

Todo lo que Allâh decreta para el musulmán es un bien. No hay dificultad que no desaparezca, y no hay tristeza a la que no sigua felicidad. Junto a la dificultad hay facilidad. Y no predomina una dificultad por encima de dos facilidades. No hay tristeza, ni felicidad que perduren, y no hay flaqueza ni miseria que perduren. Allâh no toma de Su siervo sino para darle y no le prohíbe algo sino para recompensarlo con algo mejor.

Quiera Allâh darnos el Taufîq de entender estas enseñanzas y poder practicarlas. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh