Lo que el COVID-19 nos enseña sobre Allâh

Ninguna tecnología de misiles guiados o drones pueden detenerlo. Ningún poder militar puede combatirlo. Ninguna influencia política puede frenarlo. Ningún dinero puede sobornarlo. Ningún alto rango de ninguna persona es importante para el impedir el inevitable COVID-19.

Allâh nos está mostrando Su Poder, y cuán verdaderamente frágil y débil es el ser humano ante Él. No importa lo que construyamos, no importa cuán fuertes creamos que somos, no importa qué avances hagamos en la ciencia, Allâh siempre ha sido y siempre será Más Grande que todo. 

El verdadero poder está solo en Él, no con ningún poder mundial. Él es Al-Qawiy, Al-Malik.

La verdadera dominación constante es solo con Él, no con ningún militar. Él es Al-Qahhar. 

La verdadera seguridad es solo con Él, no dentro de ninguna vivienda, búnker, mascarilla o vacuna. Él es Al-Mu’min.

La verdadera tutela es solo con Él, no con cámaras y armas. Él es Al-Muhaymin.

El verdadero poder es solo Suyo. Él es Al-‘Azîz.

También es el Único que puede restaurar cualquier cosa y traer la paz. Él es tanto Al-Jabbar como As-Salam. Él es el único que puede curar cualquier enfermedad. Él es Ash-Shafi’i. Él es el Único que puede sostenernos antes, durante y después de una crisis. Él es Al-Qaiyûm.

Por mucho que se nos inculque la duda de su existencia y el desenfoque de sus pautas de moralidad a través del entretenimiento y los líderes de pensamiento, inevitablemente permanece exactamente Quién Es, en toda Su Gloria y Pureza.

Este es un asunto que une a la raza humana: nuestra debilidad ante Allâh. Nuestra incapacidad para conquistar algo tan microcósmico que ni siquiera podríamos verlo sin un equipo especial. Y, sin embargo, con toda nuestra tecnología, ciencia y recursos, literalmente no podemos detenerlo. Este es un momento aleccionador para cualquiera que se atreva a reflexionar sobre el mayor significado detrás de todo lo que parece ser el caos.

Pidamos al Todopoderoso, al Todo Misericordioso que nos proteja a todos en esta tierra de los efectos negativos desenfrenados de la enfermedad en sí y del pánico que está causando. Pidamos al Misericordioso que nos lleve al otro lado de esta Pandemia más saludable y más fuerte que antes. Pidamos al Protector que nos permita salir de esto, ilesos. Pidamos al Tierno que nos permita permanecer mentalmente sanos y fuertes durante este tiempo que induce ansiedad. Pidamos al Todo Misericordioso que se apiade de los indigentes, las personas sin hogar, los refugiados, las madres y padres solteros, los hogares de bajos ingresos, los que sufren enfermedades físicas o mentales, los que han perdido seres queridos, los que se sienten solos, los que estás lejos de Allâh, te pedimos, ¡Oh Tú, que eres el que más misericordia da, que los cubras con Tu Misericordia!

¡Oh Allah! Permítenos acercarnos cada vez más a Ti, recordarle, reconocer los signos de Tu Poder como oportunidades para someterse a Ti, responder al don de Tu Guía, para que podamos vivir vidas que sean benditas y agradable para Ti. ¡Oh Señor de los mundos! Nuestras vidas y medios de vida están en tus manos con todas las capacidades. Te lo pido, querido Señor, cuando no hay nadie más a quien recurrir, que nos conceda fuerzas para ser justos con los necesitados, para tratar a los demás como nos gustaría que nos traten, en un momento en que es tan fácil perder de vista la importancia de dar a aquellos que no están en nuestra familia.

¡Oh Allah! Tal como nos has mostrado a través de Tu último Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallm) que todos los seres humanos son importantes y dignos, guíanos a ser amables y generosos con nuestros vecinos y extraños. ¡Oh Allah! Ten piedad de todos los que se han ido antes que nosotros, y da paciencia a los que han perdido a sus seres queridos. ¡Oh Allah! Sobre todo esto, guíanos para que cuando salgamos de este tiempo, estés satisfecho con nosotros y estemos más sanos por ello.

Perdónanos por nuestras deficiencias, y reúnete con nosotros y nuestros seres queridos en el Día en que no haya sombra sino la Tuya, bajo Tu sombra, y déjanos entrar en Tu más alto nivel del cielo, sin ser cuestionados. Envía tu paz y bendiciones a nuestro amado Profeta Mohammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus seguidores, hasta el día en que Te veamos. Amîn.