LA CONCENTRACIÓN Y DEVOCIÓN EN EL SALÂH

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Viernes 31 de Enero de 2020
Ÿumu‘ah 6 Ÿumâdal-Âjir 1441
Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

En nuestra Jutbah de la semana pasada, hablamos acerca de la importancia de un corazón sano, limpio y no contaminado. También oímos algunos consejos de como adquirir un corazón sano. Nuestro tema para la Jutbah de hoy es acerca de, cuándo tenemos un corazón sano, esto repercute en todos nuestros actos de adoración, de forma tal que podremos ser capaces de sentir la dulzura de nuestras ‘ibâdat, y entre todos los actos de adoración el más importante después del Îmân, es el salâh, la oración en el Islam. Cuando el corazón está sano, se siente su dulzura y hacemos nuestra oración con jushû’ y judû’ es decir concentración y devoción.

Los musulmanes de hoy se pueden dividir, respecto de su relación con el salâh, en tres grupos. Un gran número de ellos que está totalmente despreocupado del salâh. Luego están otros que sí se preocupan de su salâh, pero no se preocupan de hacerlo en ÿamâ‘ah, en grupo. Y finalmente están los que se preocupan de su salâh en ÿamâ‘ah, pero no lo hacen con el cuidado y prolijidad que éste merece.

Repasemos a continuación algunas virtudes del salâh:

Abu Dhar (radiallâhu ‘anhu) narró que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) salió durante el otoño, cuando las hojas caen de los árboles. Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) tomó una de las ramas, y las hojas comenzaron a caer más. Entonces dijo: “¡Oh, Abû Dhar! Cuando un musulmán ofrece su salâh para complacer a Allâh, sus pecados caen de él, al igual que lo hacen estas hojas desde la rama”.

En otoño las hojas caen de los árboles, llegando algunos, incluso, a quedarse sin ni una sola hoja en las ramas. El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) menciona que el mismo efecto tiene respecto de nuestros pecados el salâh que es realizado con sinceridad y devoción. Sin embargo, de acuerdo con la opinión de todos los sabios, esta cualidad del salâh y de otras obras se refiere solamente a los pecados menores. Los pecados mayores, no son perdonados si no hay arrepentimiento. Debemos, por lo tanto, preocuparnos de junto con hacer nuestro salâh, hacer Taubah (arrepentimiento) e istigfâr (pedir perdón de Allâh). Allâh puede, en todo caso, por Su Inmensa Misericordia, perdonar incluso los pecados mayores de una persona por causa de su salâh.

Hay muchas personas que ofrecen su oración y entre ellas hay numerosas que se preocupan de rezar en ÿamâ‘ah, pero lo hacen de manera incorrecta y, en lugar de obtener bendiciones y recompensas, reciben el rechazo por ellas. La equivocación en el salâh es un hecho tan infortunado como abandonarlo que, como hemos aprendido, es gravísimo.

Aunque seamos privados de la recompensa por hacer una oración defectuosa, esto no es igual que la insolencia de desobedecer las órdenes de Allâh. Sin embargo, si estamos usando nuestro tiempo, dejando de lado el trabajo y pasando por ciertas incomodidades ¿Por qué no aprovechamos de obtener recompensas por este tiempo y trabajo haciendo nuestra oración en la mejor manera que podemos?

Reflexionemos ahora acerca de la importancia del Jushû’ en nuestro salâh:

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “Habrán triunfado los creyentes, aquéllos que en su salâh están presentes y se humillan” [Surah Al-Mu.minun (23), âyât 1 y 2].

‘Ammâr Bin Yâsir (radiallâhu ‘anhumâ), narró que escuchó decir al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Cuando una persona termina su salâh, obtiene una décima, una novena, una séptima, una sexta, una quinta, una cuarta, un tercera o una media parte de la recompensa máxima (dependiendo de la calidad de su salâh).

Esto nos demuestra que la recompensa es proporcional a la sinceridad y devoción con que se realiza el salâh. Algunos pueden alcanzar sólo un décimo del total de la recompensa. Otros, en cambio pueden alcanzar desde un décimo hasta la mitad del total de la recompensa. Es correcto pensar que algunos también obtendrán la recompensa completa y que otros no recibirán nada de ella. Se ha dicho en el hadîth que la devoción en el salâh será la primera cosa que será levantada de este mundo. Un tiempo vendrá en que nadie ofrecerá una oración con la devoción debida.

Anas (radiallâhu ‘anhu), narra que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cuando alguien ofrece su salâh a la hora debida, habiendo hecho correctamente el wudû, con humildad y sumisión, cumpliendo satisfactoriamente con el qiyâm, el rukû’ y el suÿûd, este salâh se eleva como una forma brillante y hermosa y bendice a la persona diciendo: “Que Allâh te proteja como tú me has protegido”. Por el contrario, si una persona no es puntual con su oración, ni hace wudû, qiyâm, rukû’ y suÿûd correctamente, su oración se eleva en una forma horrenda y oscura diciendo: “Que Allâh te arruine como tú me has arruinado a mí”. Luego es arrojada como un trapo viejo en la cara de la persona”.

‘Abdullâh Bin Abu Qatâdah (radiallâhu ‘anhu) narró: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo una vez: “El peor ladrón es quien roba de su salâh”. Sus compañeros le preguntaron: “¿Cómo alguien puede robar de su salâh? ¡Oh, Profeta de Allâh!” Él respondió: “No haciendo el rukû’ y el suÿûd correctamente”.

Hay muchos otros ahâdîth que apuntan al mismo sentido. Robar es una acción muy deshonrosa y el ladrón es despreciado por todos. ¿Qué se debe esperar entonces de quien es calificado como el peor ladrón según el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y cuando el peor robo es no cumplir con el ruku’ y el suyud correctamente?

Uno de los ‘ulamâ escribió: “Es necesario, junto con otras cosas, que mantengamos unidos los dedos de las manos durante el suyud y separados en el ruku’. Estas regulaciones no están sin beneficio alguno, tienen un propósito”. Además, escribió, “Mantener la mirada en el lugar del suyud mientras estamos de pie, en nuestros pies en el ruku’, en la nariz durante el suyud, y en nuestras manos durante el Qa’dah (sentado), ayuda a mantener la concentración en el salâh”.

Si estas simples regulaciones, que son mustahab (recomendables), incrementan el valor de nuestro salâh, podemos imaginar cuánto beneficio se puede alcanzar si nos preocupamos de otras regulaciones, que son sunnah y más importantes.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos dé el Tawfiq de practicar nuestro salâh con concentración y devoción. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh