Al-Ijlâs, La Sinceridad En Nuestras Obras Para Lograr La Complacencia De Allâh

Al-Ijlâs, La Sinceridad En Nuestras Obras Para Lograr La Complacencia De Allâh

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Queridos y respetados hermanos y hermanas, el tema de nuestra Jutbah de esta semana es, Al-Ijlâs, es decir la sinceridad en nuestras obras, para lograr la Complacencia de Allâh.

Allâh Altísimo dice en el Qurân: “Él es el Viviente, no hay dios sino Él, invocadlo ofreciéndole con sinceridad, sólo a Él, la adoración. La alabanza pertenece a Allâh, el Señor de los mundos” [Sûrah Al-Gâfir (40), âyah 65]. También señala: “A pesar de que no se les había ordenado, sino que adorasen a Allâh, rindiéndole sinceramente la adoración, como hanifes y que establecieran el salâh y entregaran el zakâh. Y esta es la práctica de Adoración auténtica” [Sûrah Al-Baiyinâ (98), âyah 5].

En el Islam, la sinceridad es la comunión del interior con el exterior, de la acción con la intención, la correlación del discurso y la creencia y de la práctica con la prédica. Como tal, la sinceridad es la piedra angular de la rectitud en el carácter del musulmán y el trampolín de sus acciones virtuosas.

En estos versículos la sinceridad consiste en realizar una acción, una obra de bien con la exclusiva intención de complacer a Allâh y a nadie más que a Él, sin aparentar ni pretender reputación. Si una obra no incluye esta sinceridad, no le sirve de nada a quien la realiza.

El Amir de los creyentes Abû Hafs ‘Umar Ibn al Jattab (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Escuché al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “Las acciones no valen sino por sus intenciones y cada uno tendrá según su intención. Aquel que emigró por Allâh y Su Mensajero, su emigración será contada como si fuera por Allâh y Su Mensajero. Mientras que aquel cuya emigración fue para alcanzar un bien de este mundo, o una mujer con la que casarse, su emigración será contada por aquello por lo que emigró”.

Uno de los mejores medios para lograr la sinceridad para que nuestras obras logren la complacencia de Allâh, es cuando el creyente glorifica a Allâh Altísimo y tiene presente claramente que su Señor lo está observando y sabe todo lo que esconde dentro de sí. Allâh dice en el Qurân: “Conoce las miradas subrepticias, y lo que esconden los corazones” [Sûrah Al-Gâfir (40), âyah 19].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) narró la historia de tres personas que, debido a su sinceridad y a que siempre recordaban a Allâh cuando se encontraron en una dificultad, Allâh les respondió sus llamados cuando Lo necesitaron: “Hace algún tiempo partieron tres individuos hasta que llegaron a una cueva y entraron en ella para pasar la noche y una vez dentro, se desprendió una roca de la montaña y taponó la entrada, quedándose atrapados. Se dijeron: “Realmente no nos libraremos de esta roca mientras no invoquemos a Allâh con la más recta de nuestras acciones”. Empezó uno de ellos su relato diciendo: “¡Oh Allâh! Yo tenía mis padres ancianos a los que daba de beber la leche antes que nadie, pero un día me alejé de ellos demasiado, tratando de encontrar pasto para el ganado, por lo que tardé en volver a casa y cuando regresé los encontré durmiendo; así que ordeñé para darles de beber la leche y no quise ni despertarlos ni dársela de beber a nadie antes que a ellos. Entonces me quedé vasija en mano, esperando a que se despertaran hasta el amanecer y los niños llorando de hambre a mis pies. Por fin se despertaron y les di de beber su leche. ¡Oh Allâh! ¡Si esto lo hice tratando de complacerte, líbranos de esta roca!”. Y en ese momento se descorrió un poco la roca sin que pudieran salir aún.

A continuación, dijo otro: “¡Oh Allâh! Yo tenía una prima a la que quería más que a nadie, tanto como puede querer un hombre a una mujer. Pues, quise tomarla, pero me lo impidió y se alejó de mí. Hasta que llegó un año de sequía, vino a mí y le di ciento veinte dinares a fin de que se quedara a solas conmigo. De manera que ella accedió en principio a mi pretensión. Y cuando estaba a punto de tomarla, ella dijo: “Teme a Allâh y no lo hagas si no es con su legítimo derecho”. Así que me retiré de ella dejando el oro que le había dado, siendo la persona que más quería. ¡Oh Allâh Si esto lo hice por complacerte, sácanos de aquí!”, y se descorrió otro poco la roca, sin que todavía pudieran salir de la cueva. Después dijo el tercero: “¡Oh Allâh! Yo contraté unos trabajadores y a todos les di su salario, excepto a uno que se marchó sin él. Pero lo invertí y se multiplicó su dinero. Hasta que vino un día y me dijo: “¡Siervo de Allâh, págame el salario que me debes!”, entonces le dije: “Todo esto que ves es de tu sueldo: camellos, vacas y corderos”. Él me respondió: “¡Siervo de Allâh, no te burles de mí!”, y le dije: “No me estoy burlando de ti”. Finalmente lo cogió todo y se lo llevó sin dejar nada. ¡Oh Allâh! ¡Si hice esto tratando de complacerte, libéranos de aquí!” Y en ese preciso instante, se apartó la roca para que salieran y se marcharon”.

La sinceridad tiene muchas virtudes importantes y magníficos efectos, los siguientes son algunos de ellos:

Magnifica la obra e incrementa su recompensa: La obra por sí misma puede ser pequeña, pero su recompensa puede incrementarse y ésta se agrandará debido a la sinceridad de la persona. Allâh dice en el Qurân: “Los que gastan sus bienes en el camino de Allâh se parecen a un grano que produce siete espigas y cada una de las espigas lleva cien granos. Así multiplica Allâh a quien Él quiere; Allâh es Espléndido y Conocedor” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 261].

Preserva el corazón de la decepción y el rencor: El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Existen tres cosas que pueden proteger el corazón del siervo creyente de tener rencor: la sinceridad al realizar sus obras, aconsejar a los líderes (de los musulmanes) y aferrarse a la Ummah”.

Protege al siervo de los males destructivos: Allâh dice en el Qurân: “Fue así para apartar de él el mal y la indecencia. En verdad es uno de Nuestros siervos elegidos” [Sûrah Yûsuf (12), âyah]. 

Rescata al siervo durante las adversidades: Un claro ejemplo de esto es la historia que escuchamos anteriormente acerca de los tres que quedaron atrapados en la caverna por una roca.

Protege a la persona de Shaitân: Allâh dice en el Qurân: “Dijo: ¡Por Tu poder, que los extraviaré a todos! Con la excepción de aquéllos que sean Tus siervos sinceros” [Sûrah Sâd (38), âyât 82 y 83].

Otorga un rango elevado: Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: (El musulmán) no realiza una obra por la causa de Allâh sin ganar un rango y una posición muy elevada”.

Nos hace ganar el Paraíso: El Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien diga con sinceridad en su corazón Lâ ilâha illallâh (no hay divinidad excepto Allâh), entrará al Paraíso”.

Sabemos que alcanzar la sinceridad no es algo fácil, y por eso es necesario luchar contra sí mismo antes de realizar una obra, durante su realización y después de haberla realizado. Esto es así, para asegurar que la obra sea y permanezca puramente por la causa de Allâh.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que ponga la sinceridad en nuestro corazón de manera que con Su favor nuestras obras puedan alcanzar Su complacencia. Âmîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh