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¿Cómo Enfrento Mis Pecados?

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Queridos y respetados hermanos y hermanas, Allâh Ta‘âlâ nos puso esta vida para probarnos, quien es el mejor en cuanto a acciones y parte de esta prueba es que nos creó con debilidades. Todos caemos en el pecado, todos tropezamos en algún momento cayendo en lo que Él prohibió. Como dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Todo hijo de Adam es pecador, y el mejor de los pecadores es aquel que se arrepiente”.

Allâh Subhânahû wa Ta‘âlâ y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos enseñaron como debe ser nuestra relación con cada cosa en esta vida. Desde nuestra relación con Él y Su Mensajero, con nuestros mayores, con nuestros contemporáneos y con nuestros menores. Nos enseñó como debe ser nuestra relación con nuestros amigos e incluso con nuestros enemigos. ¿Allâh glorificado sea iba a dejar pasar nuestra relación con nuestros pecados, que cometemos día a día? Allâh y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos enseñaron todo, incluso la actitud que debemos tener hacia nuestros pecados y cómo lidiar con éstos. Nos dieron una serie de cosas que son la guía para nosotros en este asunto para cada siervo de Allâh. In Sha Allâh trataremos de mencionar algunas de ellas hoy.

Pero antes, debemos recordar que la gente, en cuanto a su relación con los pecados, se divide en tres categorías. ¿A cuál de estas pertenecemos?:

La primera categoría son aquellas personas que se aferran al Taqwa, al temor de Allâh, y se arrancan de los pecados tal como uno de nosotros arranca de la muerte.

La segunda categoría, se trata de gente que aman a Allâh Altísimo y Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), pero que cae en la desobediencia y el pecado no pudiendo resistente a los deseos y a la tentación. No obstante, quedan llenos sus corazones de remordimiento cada vez que tropiezan, y no descansan hasta pedir perdón por sus pecados y volverse sinceramente hacia su Señor. Al respecto dice Allâh: “Aquéllos que cuando cometen una indecencia o son injustos consigo mismos, recuerdan a Allâh y piden perdón por sus faltas – porque ¿quién perdona las faltas sino Allâh? – y no reinciden en lo que hicieron después de saberlo. Esos tienen como recompensa un perdón de su Señor y jardines por los que corren los ríos. En ellos serán inmortales. ¡Qué excelente recompensa para los que actúan!” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyât 125 y 126].

La tercera categoría, la más peligrosa, corresponde a aquellos que buscan y anhelan el pecado. Se entristecen si se lo pierden y les alegra haberlo cometido. Se jactan frente a la gente de lo que hacen, sin ni siquiera sentir vergüenza. Esto pasa mucho, especialmente con los más jóvenes. ¿Creemos que así podemos demostrar nuestra valentía y que “no nos importa nada”? No, este grupo está en una situación muy peligrosa.

Veamos entonces como tiene que ser nuestra actitud frente a nuestros pecados:

La primera regla es nunca menospreciar el pecado, nunca mirarlo en menos. Muchas veces pensamos “es un pecado menor” o “es solo una vez” o “después me arrepiento inshallâh”. No, nunca mirar en menos a la desobediencia de Allâh. Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Tengan cuidado con los pecados que son menospreciados”.

Un gran problema que tenemos, especialmente en el tiempo en que vivimos, es la normalidad con la que son mirados los pecados. Es normal el consumo de alcohol o drogas, el engaño, la Riba (usura), el Zina (fornicación). Todo es completamente normal, y esto hace que no le tomemos el peso a los pecados. Ya no se estremece el corazón al ver que el Señor, el Creador de lo visto y lo no visto está siendo desobedecido. Estos pecados que menospreciamos se juntan y se juntan hasta que el corazón se cubre, y no ve más que la desobediencia, y ahí llega la destrucción.

Miremos la actitud de los compañeros del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), como la de Anas Bin Malik (radiallâhu ‘anhu), quien dijo: “Ustedes hacen algunas acciones que son a sus ojos más delgadas que un pelo. Nosotros las contábamos como pecados mayores en el tiempo de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)”. Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) dio un ejemplo: El creyente siente los pecados como si fuesen una montaña que cuelga sobre su cabeza, sabe que en cualquier momento lo destruirá. En cambio, el que no cree, los ve como una mosca que se posa sobre su nariz, basta con mover un poco el brazo así para que esta se vuele. No le toma el peso.

Queridos hermanos hermanas, la primera regla que debemos tener en cuenta es tomarle el peso al pecado y nunca menospreciarlo. Al final, estamos desobedeciendo a nuestro creador. La segunda regla, es tomarle el peso a la Mirada de Allâh Ta‘âlâ hacia nosotros.

Todos pecamos, pero ¿Acaso hay alguien de nosotros que no sepa que Allâh lo está mirando? Nadie tiene la menor duda. Pero, si sabemos esto ¿Por qué lo hacemos de todas formas? Tómale el peso a la Mirada de Allâh hacia ti. La gran mayoría tenemos un mínimo de vergüenza cuando se trata de la gente, si hacemos algo malo, nos aseguramos de que nadie nos vea, tomamos todas las medidas posibles para pasar desapercibidos, y si alguien nos llega a ver sentimos toda la vergüenza del mundo. “¡Me pillaron!” es lo primero que decimos, sin saber que cara poner delante de la gente. Pero ¿Acaso Allâh no nos estaba mirando en cada momento? ¿Y aun así lo hicimos? No lo hubiésemos hecho si hubiéramos visto a nuestros padres mirando, pero lo hicimos sabiendo que Allâh, Quien todo lo oye y todo lo ve, nos observa. Tengamos vergüenza de Allâh.

Dice Allâh en el Qurân: ¿Es que no ves que Allâh conoce lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra? No hay confidencia de tres en la que Él no sea el cuarto, o de cinco en la que Él no sea el sexto, ni de menos o más que eso sin que Él no esté con ellos dondequiera que estén.
Luego el Día del Levantamiento les hará saber lo que hicieron. Es cierto que Allâh es Conocedor de todas las cosas
 [Sûrah Al-Muyâdilah (58), âyah 7]. Siempre ten presente que Allâh te mira, y trabaja incansablemente hasta sentir vergüenza de pecar frente a él. Haciendo esto, encomendándote plenamente en Allâh y pidiendo su ayuda, llegarás a ser de la gente que conoce realmente qué significa “Allâh me está mirando”.

Quiera Allâh hacernos de la gente que escucha la palabra y sigue lo mejor de ella. Amîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh

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