El valor del conocimiento en la vida del siervo

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Viernes 26 de Noviembre de 2021

Yumu’ah 21 de Rabith-Thani de 1443

Imam: Sh. Soud Ahmad Soud

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Alabado sea Allâh, Altísimo. Suyo es el Reino y la Alabanza, y Él es Quien todo lo sabe, todo lo ve.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “¡Hombres! Temed a vuestro Señor que os creó a partir de un solo ser, creando de él a su pareja y generando a partir de ambos muchos hombres y mujeres.
Y temed a Allâh, por Quien os pedís unos a otros, y respetad los lazos de sangre. Realmente Allâh os está observando”
[Sûrah An-Nisâ (4), âyah 1].

Dice también: “¡Vosotros que creéis! Temed a Allâh como debe ser temido y no muráis sin estar sometidos” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 102].

Dice también: “¡Vosotros que creéis! Temed a Allâh y que cada uno espere para el mañana lo que él mismo se haya buscado. Y temed a Allâh, es cierto que Allâh está informado de lo que hacéis” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 18].

Dice también: “¡Vosotros que creéis! Temed a Allâh y hablad acertadamente. Él hará buenas vuestras acciones y os perdonará las faltas. Y quien obedece a Allâh y a Su mensajero ha triunfado con gran éxito” [Sûrah Al-Ahzab (33), âyât 70 y 71].

Allâh Altísimo, se ha referido acerca del conocimiento en más de una ocasión en Su Sagrado Libro: Dice Allâh dirigiéndose a nada menos que hacia el mejor de la creación, nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Y di: ¡Señor! Concédeme más conocimiento” [Sûrah Ta Ha (20), âyah 114].

Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue el más dotado con conocimientos en toda la creación. Aun así, Allâh le ordenó pedirle que le acreciente el conocimiento. Esto no es sino por el gran valor e importancia que tiene el conocimiento en la vida del siervo de Allâh Subhanahû wa Ta‘ala.

El conocimiento es la luz que ilumina el camino. Es la luz que nos permite diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto. Es la luz que nos hace saber qué es lo que agrada a Allâh y que es lo que Allâh detesta. Es la luz que nos permite reconocer y seguir la Sunnah y la guía de nuestro Amado Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ¿Acaso puede ser igual aquel que camina en un sendero oscuro con una luminosa linterna, y quien tambalea en las tinieblas?

Dice Allâh en el Sagrado Quran: “¡Vosotros que creéis! Cuando se os diga que hagáis sitio en alguna reunión, hacedlo; y Allâh os hará sitio a vosotros. Y cuando se os diga que os levantéis, hacedlo; Allâh elevará en un grado a los que de vosotros crean y a los que han recibido el conocimiento. Allâh sabe perfectamente lo que hacéis” [Surat Al-Mujadila 11]

Allâh eleva el rango de quienes obtienen el conocimiento, siempre y cuando la persona actúe y practique acorde a lo que Allâh le ha enseñado. Porque ese es, en esencia, el propósito del conocimiento. Se narra de Ibn Mas‘ûd (radiallâhu ‘anhu) y de otros que solían decir: “No es el conocimiento saber muchas narraciones, en realidad es una luz que Allâh deposita en el corazón de su siervo”.

Uno de los grandes aimma (plural de imâm) que esta Ummah ha visto, Muhammad Bin Idris Ash-Shafi‘î (rahmatullâhi ‘alaihi) solía decir algo similar: “El conocimiento no es la información que juntas. Es la información que te beneficia”.

Malik Bin Anas (rahmatullâhi ‘alaihi), el conocido imâm, decía: “Busqué el conocimiento para mi propio beneficio, para poder adorar a Allâh sabiendo lo que hago”. Cabe recalcar que, en algún momento, en su juventud, Malik decidió vender algunas de las vigas de su techo para cubrir algunos gastos de sus estudios.

Esto, en realidad, lo podemos encontrar en el Sagrado Qurân. Mucha gente cita, cuando habla de las virtudes del conocimiento, el versículo donde Allâh dice: “¿Acaso son iguales quienes saben y quienes no saben?”.  Pero en realidad, Allâh no habla en ese versículo solamente del conocimiento. Habla del conocimiento acompañado de la práctica. Éste es el versículo completo: “¿Acaso [tal incrédulo] es como quien se prosterna e inclina [en la oración] consagrándose [a ella] en la noche, está precavido de [lo que le aguarda en] la otra vida y anhela la misericordia de su Señor? Dile [¡Oh, Muhammad!]: ¿Acaso son iguales quienes saben [los preceptos de su Señor y los ponen en práctica] y quienes no saben? Y por cierto que sólo reflexionan los dotados de intelecto” [Sûrah Az-Zumar (39), âyah 9].

Aquellos que buscan el conocimiento, en verdad lo que obtienen es la herencia de los Profetas (‘alaihimus-salam), porque ellos no dejaron de herencia ni oro ni plata, sino que dejaron el conocimiento. Quien se queda con éste, se queda con algo muy valioso.

Rasulullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Aquel que surca un sendero buscando el conocimiento, Allâh le facilitará un camino hacia el Ÿannah”.

Es por eso por lo que los Sahabah (radiallâhu ‘anhum) y nuestros predecesores en general, le dieron a la búsqueda del conocimiento lo que merecía de sus esfuerzos, cada uno acorde a su capacidad y disponibilidad. Porque claro, Allâh y Su Mensajero, nos enseñaron a ser balanceados, y a dar a cada uno lo que merece de su derecho. Tus padres tienen derecho sobre ti. Tu pareja tiene derecho sobre ti. Tus hijos tienen derecho sobre ti. Y hay que cumplir con el derecho de cada uno de ellos.

‘Umar (radiallâhu ‘anhu) narró: “Vivía a las afueras del Madinah y tenía un vecino de los Ansâr, y solíamos turnarnos para ir donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Él iba un día y yo iba el siguiente. Cuando iba yo, a la vuelta le contaba a mi vecino todo lo que había aprendido ese día, o si algo había sido revelado. Cuando él iba, hacía lo mismo”.

Otro Sahabi, Malik Ibn Al-Huwairith (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Fuimos donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) un grupo de jóvenes, y nos quedamos con él veinte días. Él era compasivo y cariñoso. Cuando sintió que extrañábamos a nuestras familias nos dijo: “Vuelvan con sus familias, quédense con ellos y enséñenles. Y recen como me vieron rezar a mí. Cuando llegue el tiempo del salah, que uno de ustedes haga el llamado, y que el mayor la dirija”.

Anas bin Malik (radiallâhu ‘anhu) fue uno de los Sahaba que más narró ahadîth. Él tenía diez años cuando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llegó al Madinah. Dijo Anas (radiallâhu ‘anhu): “Cuando Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llegó al Madinah, Abu Talhah (que era su padrastro) me llevó de la mano a donde Él y dijo: “¡Oh enviado de Allâh! Anas es un joven inteligente, deja que quede en tu servicio!” Le serví entonces por diez años, en su estadía y en sus viajes, y nunca me dijo “uf”, ni me dijo: “¿Por qué hiciste tal cosa?” ó “¿Por qué no hiciste esto?”.

Había también dos hermanos en el tiempo de Rasûlullâh (sallâhu ‘alaihi wa sallam): Uno trabajaba y el otro iba adonde el Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). El que trabajaba se quejó de su hermano ante Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), quien le dijo: “Quizás Allâh te provee tu sustento por él”.

Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu), en cambio, dijo: “Algunas personas decían “¿Cómo Abu Hurairah narró tantos ahâdîth?” Pues yo me quedaba con Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y me contentaba con cualquier cosa que pudiera llenar mi estómago. No tenía ni buena comida ni vestimenta. Incluso, en ocasiones, caía al suelo por el hambre y la gente pensaba que estaba loco. A veces incluso, le pedía a alguien que me enseñara algún versículo del Qurân, que yo ya había aprendido, con la mera esperanza de que viera mi necesidad y me diera algo de comer. Ÿa’far Bin Abi Tâlib (radiallâhu ‘anhu) a veces nos llevaba a si casa, y nos daba lo que tenía”.

Las historias de los Sahabah (radiallâhu ‘anhum) son muchas, y nos sirven de ejemplo. Nunca es tarde para aprender. No importa la edad ni nuestro rango. Tampoco importa nuestra ocupación o nuestras limitaciones, solo hay que seguir buscando, porque de las pequeñas partículas de polvo, se forman grandes montañas.

¿No tuviste mucho tiempo en el pasado? No te aflijas. Abdurrahman Bin ‘Auf (radiallâhu ‘anhu), una de las primeras diez personas en abrazar el Islam, uno de los diez albriciados con el Paraíso, uno de los que participó en la batalla de Badr, la primera del Islam, el que compró el Pozo de Rumah para el beneficio los musulmanes, el que alistó gran parte del ejército de Tabûk con su propio dinero, y el único Sahabi que lideró el salâh estando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) rezando detrás de él. Ese mismo Sahabi, a la edad de sesenta y tantos años, ya para el final del califato de ‘Umar (radiallâhu ‘anhu), tomaba clases de Qurân con Abdullâh ibn ‘Abbâs (radiallâhu ‘anhumâ), un joven de veintitantos años en aquel entonces. Esto nos enseña, principalmente, dos cosas: el fervor de los Sahabah por aprender y enseñar. Y la humildad, que les permitía incluso ir y sentarse a aprender de gente mucho menor que ellos. Supieron valorar el conocimiento. 

Quiera Allâh agraciarnos con conocimiento beneficioso, Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh