La Paciencia, un Tesoro Invaluable

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Viernes 2 de Septiembre de 2022

Yumu’ah 6 de Safar de 1444

Imam: Sh. Sulayman E. Jada

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Respetados hermanos y hermanas sepan que la paciencia es tan importante para el Islam como lo es la cabeza para el cuerpo, no ha completado la fe aquel que no es paciente, y Allâh hará que sea de los pacientes aquel que se esfuerce por ser paciente. Sepan que a una persona no le es dada mejor bendición que la paciencia, con ella se evidencia quiénes son los de gran voluntad y determinación y quiénes son los débiles.

Dijo el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “El Îmân consta de dos mitades, una es la paciencia (Sabr) y la otra es la gratitud (Shukur)”. Rasûlullâh se refería al Îmân cuando dijo que la sinceridad espiritual consiste en dos actitudes esenciales: la paciencia (el sabr) y la gratitud (shukr).

En su origen esta palabra significa retener, contener e imponer un impedimento o una restricción. La paciencia es una cárcel que evita, por un lado, al alma entregarse a la desesperación, la inquietud, la angustia y el desasosiego, por otro, a la lengua le impide quejarse, y por último, impide a las extremidades golpearse el rostro, rasgarse la ropa, y cosas parecidas. Traducimos sabr por paciencia, pero advertimos que el término castellano sólo abarca una de las manifestaciones de una virtud que en árabe tiene connotaciones más amplias. El sabr es, en realidad, el autodominio, el control de sí, la capacidad que tiene el corazón de desobedecer la tendencia del ego a la comodidad, el derrotismo y la desesperación. Todo empeño es manifestación de sabr, así como toda paciencia, aguante, perseverancia, rectitud, esfuerzo, … El sabr es lo que hace del ser humano un combatiente sabio, que no se deja vencer por las circunstancias, las dificultades, las contrariedades, las desgracias, y se mantiene firme y sigue adelante, a pesar de todo. Hace falta sabr para ser musulmán, para practicar la rectitud, para consagrarse al estudio, para enfrentarse a la pobreza, la enfermedad, la muerte, hace falta esa virtud en todo y es el primer paso hacia la serenidad … El sâbir, el paciente, el dotado de sabr, es quien está capacitado para afrontar el reto de la existencia, es el que no se viene abajo y resiste los embates del Destino, que son las pruebas de Allâh con las que remueve los cimientos del ser humano para que se manifieste su verdad.

Allâh ha hecho de la paciencia (sabr) un corcel que no cae de bruces, y es como una afilada espada que no rebota, igual a un ejército invencible o una fortaleza inexpugnable que ni se derrumba ni permite que se le haga ninguna brecha. La paciencia (sabr) y la victoria (nasr) son hermanas hijas del mismo padre y la misma madre: la victoria acompaña a la paciencia, el alivio va de la mano de la estrechez y la facilidad anida en la dificultad.

La paciencia es, para quien la posee, mejor aliado que los hombres, sin necesidad de armas ni equipos. Es el cerebro de la iluminación, al igual que la cabeza corona al cuerpo. Allâh ha garantizado a la gente que practica la paciencia, que Él se hace cargo de recompensarlos sin límite alguno. Y les ha informado que Él está con ellos guiándolos y preparándoles la victoria y una iluminación clara. Allâh dice en el Qurân: “Tened paciencia. Ciertamente, Allâh está con los pacientes”, y así es como los pacientes logran una compañía que es un bien en el mundo y más allá de él, es una compañía gracias a la cual obtienen favores interiores y exteriores.

De igual modo, Allâh ha condicionado el liderazgo espiritual en el Islam a la práctica de la paciencia (sabr) y la certeza (yaqîn), diciendo: E hicimos de algunos de ellos dirigentes que guiaban según Nuestro mandato, mientras eran pacientes y tenían certeza de Nuestros signos [Sûrah As-Saÿdah (32), âyah 24].

Allâh ha asegurado mediante un juramento, que la paciencia es lo mejor que tienen quienes la practican, diciendo en el Qurân: “Si tenéis paciencia … la paciencia es lo mejor de los pacientes” [Sûrah An-Nahl (16), âyah 126]. También ha afirmado que la paciencia (sabr) y el temor a Allâh (taqwa) son una protección en la que no hacen mella las maquinaciones del enemigo, incluso cuando éste se impone: “Si tenéis paciencia y teméis s Allâh, no os harán daño sus argucias en absoluto, ¡Allâh abarca sus acciones!”. Allâh ha dicho del Profeta Yûsuf (‘alaihis-salam) que su paciencia y su temor a Allâh lo condujeron al grado del amor propio y la firmeza, alzándolo por encima de la gente y dotándolo de poder. Dice Allâh: “Quien teme a Allâh y es paciente… Allâh no deja que se pierda la recompensa que merecen los excelentes”. Allâh ha hecho depender el triunfo de la paciencia y el temor, y lo han entendido los que tienen el corazón abierto hacia su Señor: “Oh, vosotros, los que os habéis abierto a Allâh, sed pacientes, perseverad y acuartelaos, y temed a Allâh, ¡tal vez triunféis!”.

Allâh ha informado que son gente de su amor aquellos que practican la paciencia, y en esto hay un poderoso estímulo: “Allâh ama a los pacientes”. Y ha anunciado tres cosas a los pacientes, y cada una de ellas es mejor que el mundo y todo cuanto contiene: “Felicita a los pacientes, aquellos que cuando una calamidad se abate sobre ellos dicen: ‘Somos de Allâh y a Él volvemos’, y anúnciales que las Bendiciones de Allâh los abarcan, así como su Misericordia, y que ellos son los bien guiados”.

La paciencia es una distinción de los Profetas y Mensajeros (‘alaihimus-salam) y el adorno de los siervos más piadosos. Dice Allâh describiendo a Sus siervos pacientes: “Éstos serán recompensados [el Día del Juicio] con el Paraíso por su perseverancia, y serán recibidos [por los Ángeles] con un saludo de paz” [Sûrah Al-Furqân (25), âyah 75]; y dijo sobre la gente del Paraíso: “E ingresarán en los Jardines del Edén junto a quienes creyeron de sus padres, esposas y descendientes; y luego los Ángeles ingresarán ante ellos por todas las puertas, y les dirán: ¡La paz sea sobre vosotros! En verdad fuisteis perseverantes [en la adoración]. ¡Qué hermosa es la recompensa de la morada eterna!” [Sûrah Ar-Ra‘ad (13) âyât 23 y 24].

Existen tres tipos de paciencia: paciencia en la obediencia a Allâh, Alabado sea, paciencia para no pecar, y paciencia ante los decretos de Allâh, tanto en aquellos sobre los cuales la persona no tiene elección como aquellos males y hostilidades que Allâh ha decretado que cometan algunos de Sus siervos.

La paciencia en la obediencia a Allâh consiste en exigir al alma que obedezca a Allâh, que Lo adore tal como Él ha ordenado, no aburrirse ni ser negligente ni abandonar su obediencia; puesto que en el momento en que caiga en esto, ha propiciado su desgracia y destrucción. Siempre que el siervo conozca la gran recompensa que tiene adorar a Allâh, se le vuelve fácil cualquier acto de adoración. Por ejemplo, una buena acción, si es hecha con la intención de agradar a Allâh y siguiendo al Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se le computa como si la hubiera realizado diez veces y hasta setecientas e incluso mucho más, y Allâh acrecienta la recompensa a quien Él quiere, el favor de Allâh no tiene límites.

En cuanto a la paciencia ante los decretos de Allâh, esto es aceptar con plena sumisión todas las pruebas, preocupaciones y enfermedades que Allâh le decreta, y no caer presa de la ira y la furia, estas cosas son propias de la época preislámica (yahilia) y el Islam las ha prohibido. Debe saber también que todas estas pruebas ocurren por una serie de causas que sólo Allâh conoce, y entre los medios para salir de estas pruebas está el dirigirse, humillarse y suplicar a su Señor. Todas estas enfermedades que Allâh decreta para Sus siervos son una misericordia para que lo recuerden y vuelvan a Él, y estén seguros de que Él es el Único que domina a Sus siervos con lo que Él quiera; Suyo es el reino, las alabanzas, la creación, todo asunto depende de Él, en Sus manos está todo lo bueno y Él es poderoso sobre todas las cosas. Alhamdulillâh, a pesar de estas enfermedades, las almas y los cuerpos siguen estando completos, pues son enfermedades simples y pequeñas que decretó el Señor y fue Generoso con Sus siervos. Dice Allâh: “Y si os aflige una desgracia, ello es la consecuencia de [los pecados] que cometisteis; y Allâh os perdona muchas faltas [por Su gracia]” [Sûrah Ash-Shura (42), âyah 30]; dice también: “Todas las desgracias acontecen con la anuencia de Allâh. Quien crea en Allâh, Él fortalecerá su corazón [y podrá resignarse ante cualquier adversidad, pues sabrá que es el decreto de Allâh]. Y ciertamente Allâh tiene conocimiento de todas las cosas” [Sûrah At-Tagâbun (64), âyah 11].

Toda persona se encuentra ante dos situaciones: momentos de felicidad y bienestar o momentos de malestar y tristeza, y ambas situaciones requieren del siervo determinados actos de adoración para que su fe esté completa. En los momentos de malestar se le pide que sea de los pacientes, aquellos que cuando les acontece una desgracia dicen: “Ciertamente somos de Allâh y a Él retornaremos”. Ya que Allâh es el Creador del siervo, es decir Quien lo gobierna, lo domina y le decreta lo que Él quiera, hace y juzga lo que Le place, el siervo tiene que someterse a Él y no enfurecerse con Sus decretos, pues el retorno será a Él, y no hay escapatoria sino hacia Él.

Toda persona que le haya acontecido una desgracia y quiera salir de ella, que recuerde la gran recompensa que tiene ser paciente, ya que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cualquiera que fuere la desgracia que le ocurriera a un musulmán: ansiedad, preocupación, dolor o incluso una espina que se le clavara, serviría para que Allâh lo purificara de sus pecados”. Otro asunto que le ayudará a aliviar la desgracia es reflexionar en las innumerables bendiciones que Allâh le ha otorgado, y lo grave que habría sido la situación si ésta hubiera sido peor, pues no existe desgracia sin que haya otra mayor que ella.

Por consiguiente, quien sea paciente y sea agradecido, ha completado su fe y se ha salvado, y por eso dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Qué asombrosa es la situación del creyente! Pues todo asunto encierra un bien para él, y esto no le ocurre a nadie que no sea creyente. Si le acontece un bien y es agradecido con Allâh, hay un bien para él. Y si tiene paciencia ante la dificultad, también consigue un bien para él”. Dice Allâh: “Si obedecéis a un humano como vosotros, estaréis perdidos. ¿Es que os promete que luego de que muráis y seáis polvo y huesos seréis resucitados?” [Sûrah Al-Hayy (22), âyât 34 y 35].

La paciencia (sabr) es la cuerda con la que el de corazón abierto a Allâh se ata a su Señor, y es el pie de su sensibilidad espiritual sobre el que se sostiene: no tiene sensibilidad espiritual (îmân) el que carece de paciencia, y si la tiene es un sensibilidad débil en extremo y quien tiene tan poca se dirige hacia Allâh exclusivamente esperando sus favores y no por Él mismo: si un bien lo alcanza se siente en paz, pero si la discordia se abate sobre su corazón da media vuelta y arruina su vida en este mundo y más allá de él. La mejor de las existencias la gozan los dichosos gracias a la fortuna de poseer paciencia a la vez que la gratitud hacia Allâh los eleva a los más altos rangos espirituales: tienen dos alas, la paciencia (sabr) y la gratitud (shukr), con las que vuelan al Ÿannah: ése es el favor de Allâh que concede a quien quiere, y Allâh es el Dueño del Favor Inmenso.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos conceda la capacidad de entender el valor de la paciencia y para que nos conceda la capacidad de ser agradecidos. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh