Quien oculta los defectos de un musulmán, Allâh ocultará sus defectos en este mundo y en la Otra Vida

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh en su Libro Sagrado: “Los creyentes y las creyentes son amigos aliados unos de otros, ordenan lo reconocido como bueno y prohíben lo reprobable, establecen el salâh, entregan el zakâh y obedecen a Allâh y a Su mensajero. A ésos Allâh les hará entrar en Su misericordia; es cierto que Allâh es Poderoso, Sabio” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 71].

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) se hace eco del siguiente hadîth del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “El creyente es el espejo de su hermano. El creyente es hermano de un creyente: lo protege de la ruina y guarda su espalda”. Este es un hadîth muy corto, pero, como muchas de las palabras de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), profundo en significado. Lo que quiere decir es que tenemos la obligación de señalar a nuestros compañeros sus defectos, y a decir la verdad sobre sus buenos aspectos. No dijo “Un musulmán es una espada (en la corrección de los errores) de otro musulmán” sino “un espejo”. Un espejo tiene las siguientes cualidades, que nosotros también deberíamos reflexionar sobre otros compañeros: 1) Un espejo tiene una relación uno a uno con lo que refleja, después de que la persona se ha ido el espejo no mantiene la imagen para que todos puedan ver, como si la persona siguiera allí; 2) No anunciar un defecto en público. El espejo no murmura; 3) El espejo no distorsiona la imagen, pero da una imagen honesta, imparcial, si hay algo mal lo muestra con la debida la proporción, si hay algo bueno lo muestra también en la debida proporción, es muy justo y tampoco exagera.

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien oculta los defectos de un musulmán, Allâh ocultará sus defectos en este mundo y la Otra Vida”. Otra narración señala que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Para quien oculta los defectos de un musulmán, Allâh ocultará sus defectos Día del Juicio Final. Para quien expone los defectos de un musulmán, Allâh expondrá sus defectos hasta que él va a quedar desgraciado en su propia casa”.

Ibn ‘Umar (radiallâhu ‘anhumâ) narró que una vez el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ascendió al Mimbar y proclamó con voz alta: “¡Oh, pueblo! Cualquiera que haya aceptado el Islam con su lengua mientras la fe no estaba firme en su corazón, no le dejen oprimir a los creyentes, o que se burle de ellos o conozca sus secretos, porque cualquiera que conozca los secretos de otros, Allâh conocerá sus secretos y lo hará desgraciado, aunque se encuentre en el lugar más recóndito de su casa” [Tirmîdhî]. Narró también que un hombre se presentó ante el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) preguntándole: “¡Oh, Mensajero de Allâh! ¿Quiénes son los más queridos por Allâh?”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le respondió: “La gente que está siempre en la ayuda de otra persona, para quienes solucionar un problema de su hermano es más querido por Allâh que aquel que hace I’tikâf (quedar en la mezquita en retiro espiritual) por un mes en mi mezquita. A quién ayuda a su hermano musulmán en sus problemas, Allâh llenará su corazón con felicidad y afirmará sus pies en el Día que lo pies resbalarán”.

‘Alî Ibn Abî Tâlib (radiallâhu ‘anhu) dijo: “El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), antes de la conquista de Makkah, me envió junto con Az-Zubair ibn Al-Auwam a un lugar y dijo: “Allá encontraran a una mujer que tiene una carta de parte de Hatib Ibni Abî Baltah para Quraish informando sobre las intenciones de conquistar de Makkah. Tráiganla a mí”.  La Encontramos justo donde el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) describió y dijimos: “Entréganos la carta que usted tiene” Ella dijo: “No tengo nada”. Dijimos: “El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no miente. ¡Por aquel en cuyas manos está mi alma! si no nos entregas la carta te llevaremos donde Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)” Ella puso su mano en sus trenzas y sacó la carta de Hatib Ibni Abî Baltah a Quraish. Volvimos donde el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) diciendo: “¡Oh Mensajero de Allâh! Hatib ha traicionado a los creyentes. ¡Nos dejó en mala situación porque Informó a Quraish sobre nuestro plan!” Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llamó a Hatib y con toda calma le pregunto: “¡Oh Hatib, ¿Qué te hizo hacerlo?” Hatib dijo: “¡Oh, Mensajero de Allâh! No pienses mal de mí, creo en Allâh y Su Mensajero. Quise refugiarme con Quraish porque no tengo nadie para proteger a mi familia y mi riqueza en Makkah y los demás sahabah tienen gente para proteger a su familia y su riqueza”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Has dicho la verdad” y dijo a sus compañeros: “No digan nada de él, excepto bondad y no lo insulten”. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “¡Oh Mensajero de Allâh! Ciertamente él ha traicionado a Allâh, Su Mensajero y los creyentes, así que permítame golpearlo”. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió: “No. Él es entre aquellos que lucharon con nosotros en la batalla de Badr ¿Acaso no sabes lo que Allâh ha dicho sobre aquellos que participaron en Badr? Allâh ha dicho: “Hagan lo que quieran, porque He garantizado para ustedes el Ÿannah” Al escuchar esto, ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) comenzó a llorar y dijo: “Allâh y Su Mensajero saben mejor”.

El creyente es hermano del creyente, no le causa injusticia alguna. Quien esté al servicio de su hermano, Allâh estará a su servicio, y quien saque de apuros a un musulmán, Allâh le sacara de apuros el Día del Juicio Final, y quien proteja a un musulmán, Allâh le protegerá el Día del Levantamiento.

Ikrima Ibni Abî Jahl (radiallâhu ‘anhu), antes de ser musulmán, no era solo un enemigo porque su padre Abû Jahl, era el faraón de esta nación. Se le conocía como “el león de Quraish” por su ferocidad, lideró el flanco izquierdo de los Quraish contra los musulmanes en Uhud. Después de una experiencia cercana a la muerte en el mar, ‘Ikrima mantuvo el voto que le hizo a Allâh por salvarlo al volver a buscar el perdón del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).  Su esposa, Umm Hakim (ahora musulmana), lo ayudó a persuadirlo para que cumpliera su voto, y obtuvo para él una promesa de seguridad del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Al llegar a Makkah, se difundió la noticia de que “el hijo del enemigo de Allâh” estaba llegando, a lo que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) respondió notablemente. Dijo: “De hecho, ‘Ikrima viene como un migrante fiel, así que asegúrense de no insultar a su padre, porque insultar a los muertos entristece a los vivos y no alcanza a los muertos”. Cuando ‘Ikrima finalmente llegó, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se levantó para recibirlo, dando la bienvenida a su antiguo perseguidor con afecto genuino. ‘Ikrima posteriormente se convirtió en uno de los defensores más apasionados del Islam.

El musulmán es inviolable, en todo, ante otro musulmán: Su vida, honor y propiedad. Allâh no presta atención a vuestros cuerpos ni a vuestras imágenes, sino a vuestros corazones y actos. Dijo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “El Islam nos previene de todas las cosas que nos pueden conducir a la desunión y enemistad, porque somos hermanos y hermanas, y adoramos al mismo y Único Allâh”.

Roguemos a Allâh para que nos conceda el don de entender y aprender de estas invaluables lecciones. Âmîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh