Situaciones llenas de lecciones

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Viernes 19 de Noviembre de 2021

Yumu’ah 14 de Rabith-Thani de 1443

Imam: Sh. Yusuf G. Hoosen

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Altísimo en el Sagrado Qurân: “Los creyentes y las creyentes son amigos aliados unos de otros, ordenan lo reconocido como bueno y prohíben lo reprobable, establecen el salat, entregan el zakat y obedecen a Allâh y a Su mensajero. A ésos Allâh les hará entrar en Su misericordia; es cierto que Allâh es Poderoso, Sabio. Allâh ha prometido a los creyentes y a las creyentes, jardines por cuyo suelo corren los ríos, donde serán inmortales; así como hermosas estancias en los jardines de Adn. Pero la aceptación de Allâh es más importante, ése es el inmenso triunfo.” [Sûrah At-Taubah (9), âyât 71 y 72].

Dice también Allâh: “¡Oh Profeta! Es verdad que te hemos enviado como testigo, anunciador de buenas nuevas y advertidor. Y para llamar a Allâh con Su permiso y como una lámpara luminosa” [Sûrah Al-Ahzâb (33), âyât 45 y 46].

Ÿâbir (radiallâhu ‘anhu) narró: “El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) pasó por el mercado y la gente iba a ambos lados de él. Y vio un cabrito muerto y descompuesto y con las orejas demasiado pequeñas. Entonces lo cogió de una oreja y dijo: “¿A quién de vosotros le gustaría tener esto por un dírham?” Dijeron: “No nos gustaría tenerlo por nada. ¿Pues, qué vamos a hacer con él?” Después dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¿No lo queréis para vosotros?” Dijeron: “¡Por Allâh! Si estuviera vivo sólo tendría el defecto de ser corto de orejas. ¡Pero cómo lo vamos a querer estando muerto!” Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo finalmente: “¡Por Allâh! Que la vida de este mundo es más despreciable para Allâh de lo que es este animal para vosotros”.

Era una cualidad destacada del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que el aprovechaba las situaciones, momentos, instancias y condiciones para dejar a sus compañeros con unas lecciones, enseñanzas, orientaciones y consejos. Inshâ Allâh mencionaremos hoy algunas de estas situaciones:

El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llamó la atención de los sahâbah (radiallâhu ‘anhum) a través de este episodio tratando de hacerlos entender la inmensa misericordia de Allâh: ‘Umar Ibn Al-Jattâb (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Algunos prisioneros fueron llevados hacia el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y había una mujer entre los prisioneros que buscaba a su hijo. Cuando lo encontró lo abrazo y lo puso en su pecho. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos dijo: “¿Creen que esta mujer arrojaría a su hijo al fuego?”. Nosotros dijimos: “No, por Allâh”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Allâh es más misericordioso con Sus siervos que esta mujer con su hijo”. [Al-Bujari].

El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) ejemplificó su preocupación por nosotros cuando dijo: “Mi ejemplo y el vuestro es como el de un hombre que prende un fuego en el que caen las langostas y las mariposas, mientras él trata de apartarlas. Y yo os agarro por la cintura para salvaros del Fuego, sin embargo, vosotros os escapáis de mis manos (y caéis en él por no oír mis mandatos)”.

Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu) aprendió de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) las virtudes de la confianza en Allâh en la siguiente narración: Dijo Abu Hurairah: “¡Por Allâh, por Aquel que no hay dios sino Él! Que solía ir con el estómago pegado al suelo y con una piedra atada al vientre del hambre que tenía. Un día me senté en el camino por el que iba la gente. Y pasó junto a mí el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) sonriendo al verme, pues supo lo que había en mi cara y en mí mismo. Después me llamó: “¡Abu Hurairah!” Dije: “¡A tu servicio Mensajero de Allâh!” Dijo: “Sígueme” Le seguí. A continuación, entró en una de sus casas pidiendo permiso y dándome permiso a mí, entré también. Encontró un recipiente lleno de leche y preguntó: “¿De dónde ha venido esta leche?” Dijeron: “Te la ha traído de regalo fulano o fulana” Dijo (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Abu Hurairah! Ve hacia la gente de As-Suffa y diles que vengan” El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía enviarles cualquier sâdaqah que le llegara, sin tomar nada de ella, y si le llegaba algún regalo los llamaba para distribuirlo entre ellos y él también participaba. Esto me afligió un poco y me dije: “¡Y que puede hacer esta poca leche para la gente de As-Suffa! Si yo soy más merecedor de tomar un sorbo para que me reconforte. Pero si vinieran, yo sería el que se la diera de beber ¿Quedaría para mí de esta leche?” No está en mí desobedecer a Allâh y a su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), así que fui a ellos y les llamé. Llegaron y pidieron permiso para entrar. Se les concedió y tomaron asiento en la casa. Dijo el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Abu Hurairah! Coge la leche y dales que beban” Así pues, cogí el recipiente y se lo di a un hombre que bebió hasta hartarse. Después me lo devolvió y se lo di a otro que bebió hasta hartarse. Después me lo devolvió hasta que llegué al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) habiéndose hartado de beber toda la gente. Y cogiendo el recipiente, lo puso en mi mano, me miró sonriendo y me dijo: “¡Abu Huraira! Quedamos nosotros dos. Siéntate y bebe” Así pues, me senté y bebí, y me dijo de nuevo: “¡Bebe!” y bebí, pues no cesó de decirme: “¡Bebe!” hasta que le dije: “No ¡Por Aquel que te envió con la verdad! No encuentro ya ningún sitio vacío” Después me dijo: “¡Dame el recipiente!” Se lo entregué, alabó a Allâh y en Su nombre bebió el resto”.

Ÿarîr Ibn ‘Abdullâh (radiallâhu ‘anhu) narró que una noche de luna llena el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dirigió su mirada hacia la luna y dijo, para enfatizar la importancia de la oración: “Ciertamente, veréis a vuestro Señor como estáis viendo a esta luna, sin notar cansancio en vuestra visión. Y si no os veis impedidos a hacer la oración antes de la salida del sol y antes de su puesta, hacedla pues”.

En una ocasión, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) entró en su Mezquita y encontró a Abû Umamah (radiallâhu ‘anhu) en momentos en que normalmente no había nadie, entonces le preguntó: “¡Oh Abû Umamah! ¿Qué haces aquí a esta hora?” Él dijo: “Me tienen aquí las preocupaciones, la ansiedad y las deudas” (aquellos que sufren preocupaciones mundanas y están afligidos por las deudas, saben lo que realmente este sahâbî podría haber estado sufriendo). El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo: “Recita el siguiente Du‘â en la mañana y en la tarde: “¡Oh Allâh! Me refugio en Ti de las preocupaciones y las tristezas, me refugio en Ti de la debilidad y la vagancia, me refugio en Ti de la cobardía y la avaricia, me refugio en Ti de estar agobiado por las deudas y de ser dominado por los hombres”. Abû Umamah (ra) concluyó su relato diciendo: “Dije dichas palabras en la mañana y no se escondió el sol en el mismo día sin que Allâh haya removido mis preocupaciones y solucionara mis deudas”. Roguemos a Allâh para que nos conceda el don de entender y aprender de estas invaluables lecciones. Âmîn.

Assalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh